Mi?rcoles, 02 de enero de 2008
Cuento 29 --- Melodia Nocturna



Vivo feliz junto a mis dos hermanos en una casa precaria en el asentamiento al sur de la ciudad, dentro de los l?mites del ejido municipal.
Este lugar cerca de las v?as f?rreas es sucio y descuidado en muchos aspectos por lo que los habitantes del lugar lo llamamos con sorna ?el arrabal de la ca?ada? a causa del los desniveles la humedad es constante. Este espacio esta surcado de numerosos senderos estrechos que cumplen la doble funci?n de calles y veredas y donde a sus m?rgenes se amontonan los residuos domiciliarios y estos propician el pulular de las ratas. Como no ha de faltar en la marginalidad que se precie de tal, los innumerables perros flacos y pulguientos ponen toda su tenacidad para molestar cuando cruzan frente a las portadas de los ranchos y en consecuencia las noches se pueblan de ladridos.
Cada tarde me ciento en el patio a tomar unos mates junto al bracero, all? oigo el crepitar del fuego y observo las pavesas danzar en el aire mientras cavilo sobre los vericuetos del destino y siempre arribo a la misma conclusi?n, con la que puedo asegurar que todos los que terminamos desprotegidos aqu? y en todos los lugares similares a este tuvimos alguna vez sue?os gloriosos o anhelamos vidas mas afortunadas, pero con los constantes fracasos renunciamos a ellos abandon?ndolos como jirones en los alambres de p?as, realizando trabajos agobiantes rayanos a la esclavitud o en las botellas de vinos baratos de alg?n quiosco de mala muerte. La mayor?a de nuestros vecinos provienen de otros asentamientos pero nosotros vinimos de la zona rural hartos de gastar en esperanzas infructuosas, con los bolsillos vac?os y la piel manchada de soles abrasadores y de heladas impiadosas. All? la chacra nos cobro con peque?as voluntades diarias hasta lograr derrotarnos y aun as? sin estar saciada del sudor que depositamos en ella se quedo con el aliento de nuestros padres que hoy descansan a la sombra de los ceibos en un peque?o cementerio solitario y como ?nico reconocimiento por todos los aportes por varios lustros de labor incansable.
Nuestro hogar en la colonia fue ameno, fuimos educados con sabidur?a y enriquecidos con la m?sica, el canto y el acompa?amiento de la guitarra. Nuestros padres amaban y a?oraban las viejas serenatas y dec?an que era el don m?gico que pose?a el hombre para expresar sus sentimientos como el amor y el agradecimiento, inclusive pod?a lograr una reconciliaci?n si entonaba las estrofas de una canci?n melodiosa a la sombra de la noche y frente a la ventana de su amada, por que es un regalo espl?ndido que siempre ser? apreciado por una mujer de buena crianza. Vinimos aqu? despu?s de quedar hu?rfanos y de dudar por varias semanas si deb?amos abandonar ese terreno est?ril, triste y polvoriento pero b?sicamente vac?o de ilusiones.
Al arribar y despu?s de seguir las indicaciones de otros pobres como nosotros limpiamos un amplio lote. Este lugar aciago nos pareci? el para?so. Aqu? no hab?a que acarrear agua ya que la sac?bamos fresca y limpia de una canilla p?blica a solo veinte metros de la casa. La luz el?ctrica amenizo con m?sica y programas de televisi?n nuestros atardeceres alej?ndonos de los silencios
demoledores embebidos de nostalgias. Como ?nico basti?n de aquella otra vida trajimos las chapas, puertas y el carro con algunos equinos junto a un reducido grupo muebles gastados y r?sticos. Este nuevo albergue posee un peque?o corral y un galponcito para guardar los arneses. Aqu? de a poco todos conseguimos trabajo, Carlos es fletero con el carro y de noche junta cartones y botellas, Juan es alba?il en una empresa y yo vendo diarios y loter?a en una esquina en el centro de la ciudad. En algunas oportunidades ellos sal?an juntos a bailar y pronto se enamoraron de dos bellas j?venes, por mi parte como mis labores me exigen ir a las madrugadas prefiero otro tipo de diversi?n mas austera.
Desde que Carlos conoci? a Mabel la inseguridad los consumi? y fundi? en un crisol de pasiones desenfrenadas. Ella venia todos los d?as y algunas veces se quedaba a pernotar. Ese martes despu?s de una peque?a ri?a - Por celos infundados- seg?n el, sali? corriendo entre sollozos pero al mudar el primer paso para transponer la ruta su imprudencia vestida de fatalidad hizo que salpicara por doquier su sangre joven. All? su bello cuerpo quedo dislocado y como un mu?eco grotesco enluto la noche. Ese tramo fr?o de cemento que fuera an?nimo se convirti? en el epicentro de nuestras tristezas inmediatas a la vez que absorbi? la tragedia y limpio a Mabel de la locura de su accionar descabellado.
Mi hermano sin saber el triste desenlace tomo su guitarra y fue a buscarla para cantarle algunas tonadas de su preferencia como habitualmente lo hacia y la hallo l?vida en el f?retro, apoyado en el lloro amargamente como lo hacen los hombres enamorados cuando se les desgarran los sue?os y a su regreso permaneci? acongojado y taciturno por muchos meses.
Parec?a que el dolor hab?a anidado en nuestra casa, es que tambi?n Juan tuvo un desencuentro con su pareja y resigno las salidas, prefiri? quedarse a ver pel?culas conmigo sumido en un laconismo abrumador. Desde hace unas semanas los saque de sus letargos y de a poco los obligue a tener ilusiones induci?ndolos a cumplir un ritual los s?bados por las noches.
En esos momentos visitamos con el sonido de nuestras canciones las alcobas de alguna de las j?venes del barrio de los chalecitos de paredes amarillas, all? entonamos suaves y antiguas melod?as de amor y de esperanzas acompa?adas por la guitarra de Carlos bajo la luz de las estrellas.
Mientras cantamos se enciende el velador en el cuarto de la homenajeada que luego de un brev?simo momento abre la ventana para que veamos su sonrisa feliz. Secretamente se que todas ellas nos aman y sue?an ser las ?nica favorecidas, adem?s sus padres y abuelos, algunos ancianos nos agradecen sin palabras por rescatar del olvido sus recuerdos mas bellos. Los j?venes del barrio que estaban reacios ahora nos acompa?an algunas veces y creo sinceramente que esto de juntarnos para dar serenatas mantiene a muchos de ellos lejos de la violencia y a nosotros nos conduce con pasos seguros hacia la anhelada felicidad.-------FIN.-





Roberto Attias
Fontana-Chaco-Argentina
http://robertoattias.galeon.com

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Publicado por gala2 @ 7:20  | RELATANDO
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