Viernes, 23 de noviembre de 2007

VECINOS PER VERSOS?
Por Gustavo Marcelo GALLIANO



El documento de identidad no es falaz. En ?l se puede a?n leer claramente, a pesar del sepia creciente de sus hojas: Nic?fora Aquilina BEDETODO.
Pero ella se hab?a encargado minuciosamente de que casi nadie se enterase. Dec?a llamarse Nissette, por sus abuelos franceses, tan lum?nicos como ilustrados. Seg?n su historia, seg?n su histeria. Y gustaba que le llamaran Niza. Fino y delicado, tan dulce y recatado. Como la vida deseada, all? de joven, en aquellas horas de carne tr?mula y Cor?n Tellado.
Desde peque?a fue educada para cuidarse de los males de este mundo, de los vicios y sus vecinos, de la lujuria y su embrujo, de los hombres y los nombres, de las voces y los roces, de la noche y el derroche, de la mirada y la sonrisa, del qu? dir?n y pensar?an. Y fue un enorme esfuerzo, una tarea delicada, un trabajo dedicado el mantenerse pura y recta. Es que a veces por las noches, envuelta en sus frazadas, la carne le reclamaba por las ansias reprimidas. Pero su madre le hab?a dicho que la piel es traicionera. Que si es propia es gran pecado, m?s a?n si es ajena.
Y los rezos, y el silencio y los ojos aprisionados, rogando una oscuridad que oscurezca hasta el llanto. Y ese manto se hizo eterno con el paso de los d?as, y la tersura fue ave que presurosa volando le adormeci? el almanaque a cambio de sus arrugas.
Fue entonces que decidi? que merec?a compa??a. No importa si ?l era bello, dulce o considerado. Su madre le hab?a explicado que los hombres eran calcados. Que se guiaban por el deseo y no piensan demasiado. Por ello deb?a encontrarse a alguien mayor que ella, a m?s a?os menos llama, a menos llama menos fuego, a menos fuego m?s calma, y a m?s calma m?s consuelo. En lo posible honesto, o al menos parecerlo. Eso dec?a su madre, si lo dec?a ella, pues deb?a de ser cierto.
Tambi?n que fuere propietario. Un inmueble o un negocio, respaldo de futuros a?os. Y ella hallar trabajo, en lo posible a diario, para estar m?s tranquila y no deber soportarlo. ?La tempestad del tiempo termina apagando la posibilidad ef?mera que una brasa subsista y reavive un incendio?. Eso dec?a su madre... por ello, deb?a de ser cierto.
Y as? ella fue que lo hizo y se cas? con Hortensio. Trabajador y callado, conservador y sumiso, pero ante todo: converso. Tan d?cil y manejable como una mascota vieja, con respetable apellido y un respaldo financiero. Distancia durante el d?a. A la noche solo calma. Sin velos ni m?s desvelos. Tranquilidad en la cama.
Pero sus problemas eran otros. Eran sus nuevos vecinos. Siempre fueron los vecinos. Hoy, los de la casa de enfrente, con sus cuatro malditos cr?os. Todo el d?a que entran y salen, y su puerta que hace ruido. Que la mayor es muy aguda y la menor estridente, que el del medio es travieso y con vozarr?n agobiante, y? de padres permisivos? ?Hay si los viera mi madre!, pensaba desconsolada. Si hasta por las noches percibe unas extra?a vibraciones, casi imperceptibles salvo para su agudeza, col?ndose por la ventana, ?ser? que acaso respiran con demasiada resonancia? Malditos nuevos vecinos, siempre vienen a destrozar la calma.
?Y los escandalosos de al lado?, lujuriosos, pervertidos. Seguramente promiscuos que jadeantes se babean. Los gemidos por las tardes se vuelven insoportables, y por las noches terrible, pareciera no se cansan. ?Acaso es que los j?venes siempre gozan... y no descansan?... Y a escasos cincuenta metros, ??Dios me salve!? un colegio mixto, bulliciosa secundaria. Adolescentes que adoran comportarse como simios. Mujercitas convertidas en hembras de la jaur?a. Los gritos de esos imberbes que se esparcen por el aire. Sus grotescas risotadas... sus corridas resonantes... sus burdos ecos machacando las veredas, produciendo desniveles cual riscos en la pendiente. Delincuentes en potencia que los nervios le han crispado. Viciosos, maleducados.
Y para colmo de sus males, han derribado en la esquina el viejo restaurante italiano y construir?n a lo breve un moderno edificio. Que de seguro ser? enorme, como una muralla china obstruyendo luz y el aire. Si hasta casi puede sentir el ahogo. El sofocarse de pronto. Y ser?n demasiadas nuevas voces, demasiadas nuevas risas, demasiados nuevos llantos. Todo ese gran gent?o respirando, conversando, contaminando, dentro de esas cajitas que llaman apartamentos. Infinidad de ventanas. E infinitos pensamientos. Demasiada luz de noche, ??qu? derroche!?, demasiada sombra de d?a ,??ser?n justos mis reproches??. Y de seguro que ahora estacionaran sus coches rob?ndonos el espacio que nos perteneciera por a?os, a los antiguos, los de este lado. Se hurtan nuestros derechos, pisotean nuestro pasado. Niza suele a?orar: ??Hay si mi madre viviera!?.
No termina de comprender como nadie se da cuenta. El porqu? no se procede contra la turba infame, como pueden tolerar tanto desorden, tanta fanfarria. Tanta insulsa algarab?a, tanta alegr?a por nada. No termina de entender porqu? parecen felices. Ser feliz es perder tiempo, aunque el tiempo ahora no valga nada. Derrocharlo es pecado, sufrirlo es nuestro cargo.
Niza siempre est? atenta. A?n al llegar el descanso; ha optado por jubilarse, no volver? al trabajo. Ahora tiene todo su tiempo para estar sola en la casa. Para cuidar de lo suyo. Para hacer suyo el cuidado. Y apostada cual vig?a, parapetada y encubierta, controla a los invasores desde la trinchera de su cortinado.
Conoce todos sus horarios, los pasos y los descansos, hasta distingue los dejos de suspiros extraviados, el retumbar de tacones, el tintinear de sus llaves. Nadie podr?a enga?arla, ella perdura atenta. Cuid?ndose de los perversos. Protegi?ndose de los extra?os. De sus vecinos. Se repite una y otra vez: ?nadie debe sorprenderme?. Por ello el despuntar del alba ya la encuentra en su ventana, controlando movimientos, a los ni?os o los extra?os. De ella nadie escapa.
Acaso sin comprender que se ha abarrotado de gula y de avaricia, de lujuria y pecado, de codicia y desidia, de maldad y de tristeza, de pensamientos extra?os, de odio a los humanos. Y que el peor de sus defectos, que por a?os ha acrecentado, es que ante todo ha olvidado, que vida hay una sola, que so?ar es algo preciado. Que la vida es mucho m?s simple y bella siendo cauto, y no un mal pensado. Que al buscar dobles sentidos, su soledad ha duplicado.
Mientras tanto, su esposo pasea, pasea y pasea al perro, desde hace mucho, mucho, mucho tiempo.
Si hasta ha comenzado a pensar que se ha convertido en un anciano muy, muy pero muy extra?o.-




1er. Premio en el II Concurso Internacional de Cuento y Poes?a Rosario 2006, organizado por el Ciclo Narradores y Poetas de Rosario, el 08 de Abril de 2007, en la ciudad de Rosario, Santa Fe, Rep?blica Argentina.




OLVIDANDO A XIARA ?
Por Gustavo Marcelo GALLIANO

?C?mo olvidarme de Xiara?...
Ser?a como quedar atrapado eternamente, en la cima del magno Aconcag?a.
Pero ser?a una utop?a. Utop?a de aquellos que a?n resisten a creer en el olvido. Imposible abstraerse ante ella. Su sola presencia todo lo invade y todo lo torna supremo.
Es como si una r?faga de aire fresco, mezcla de pino y hierba fresca, te insuflara los pulmones, te despertara el alma, te convirtiera en alguien mejor, y a la vez, otra r?faga de calor intenso, denso, te lleva a desearla m?s que a nada en el Universo. A desear su infierno, si existiera un infierno, o m?s de uno, seg?n el Gran Dante.
Su figura felina logra encender hasta el deseo de aquellos que creen que el deseo es algo que ya no lograr?an desear, ni encender.
Esa es Xiara. Mi Xiara.
?C?mo olvidarla despu?s que haya posado sus ojos en m??
Esa mirada de fuego, fuego de lava. Lava de incontrolable volc?n. Corriente infernal que te hace sentir vivo, pleno, ?tomo repleto de energ?a.
Ni el Faro de Alejandr?a o el Coloso de Rodas, ni el Templo de Artemisa o la Estatua de Zeus, ni los Jardines Colgantes de Babilonia o el Mausoleo de Halicarnaso... ni siquiera las Pir?mides de Guiza... nada es comparable a mis d?as con Xiara.
Un inmenso torbellino me envuelve en su fragancia, sin permiso ni descanso. Y me devuelve a la realidad de manera injusta, insensata. Cruel y arrogante. Castigo excesivo a mi testaruda ignorancia sobrecargada de hormonas.
Como arrojarse sin ataduras desde las Cataratas del Ni?gara y sentir esa sensaci?n que nace en el est?mago, explota en el pecho y estalla en el cerebro, tan intensa y compleja como la muerte misma, tan llena de adrenalina como la vida misma.
Respirar junto a ella era conocer a las Parcas en un instante... como si Nona, D?cima y Morta se convirtieran en solo una, y poderosas decidieran embriagarme con el destello de Xiara, hasta dejarme satisfecho. O m?s insatisfecho a?n.
Pero decid? saltar, saltar hacia la duda.
Como si me arrojase desde la cima de los C?rpatos Occidentales, desde los Alpes de Transilvania, como si lo nuevo fuese bueno, solo por nuevo, solo por aventura, por violar las reglas. Sin necesidad, solo porque s?.
Saltar hacia la nada y a la vez saltar al todo.
Saltar sin parapente ni paraca?das. Saltar. Cuando no se conoce hacia donde se salta pero se creyendo firmemente en que vale la pena.
Y sin embargo, mi interior me lo imploraba.
Como una voz que te martilla y martilla los o?dos desde la ma?ana hasta la noche. Y vuelta a comenzar. Y t?rmino del d?a me encontraba extenuado, extenuado y m?s conflictuado que el interior del mism?simo Kafka.
Hoy el despertar sin ella es como despertar en un t?rrido desierto.
Con la garganta reseca y arterias palpitantes. Con la mente confusa y el coraz?n casi inerte. M?sculo convertido casi en fibra. Fibra sin calor.
Despertar sin Xiara es como no llegar a despertar nunca. Como no poder volver a so?ar, y solo tener acceso a pesadillas constantes. Como si estuviera en el ?rido Sahara, cuid?ndome de oasis y moros. Como si estuviera en el reseco sur del Kalahari, huyendo de bosquimanos.
Un presagio me ha invadido: estoy comenzando a olvidar a Xiara.
Olvidar es comenzar a recordar un poco menos.
Como comenzar a desandar el camino. A ovillar la madeja. Y poco a poco, se obtiene la nada. Xiara es el todo. Yo equivoqu? mi camino y hoy soy lamento sin muro. Cre? que tras el muro estaba la vida plagada de dicha y escapar a la calle ser?a solo una aventura. Aventura con retorno. Retorno y regreso. O n?. Despu?s de todo... eso es la aventura.
Mi anterior hogar era un chalet antiguo, ventilado y soleado. Con eco de risas de ni?os, perfume a rosas y jazmines cultivados. Con aroma a alegr?a, dicha, calma. Mi nueva casa es gris, oscura y h?meda, aroma a incienso repulsivo, a hiedra y malva.
De ellos solo distingo sus zapatos. No son muy cari?osos ni considerados. Hace algunos d?as, o semanas, como saberlo, me llevaron ante un profesional de la salud, seg?n ellos. Dijeron que era por mi bien, que estar?a m?s calmo.
Hoy mi voz es apenas un eco desgarrado en la distancia... Una implosi?n que me destroza... un destello de lo que fuera... si acaso fui... o pude ser.
Extra?o mi antigua casa... aunque cada vez el recuerdo brote m?s tenue. Extra?o mi anterior nombre... aunque ?Xum? ya no me resulte tan interesante, jam?s me acostumbrar? al de ?Rodr?guez?.
S?... extra?o tanto a Xiara... parad?jico... aunque de a poco haya comenzado a olvidarla... a?n a pesar de no desearlo... pero es inevitable... aqu? en el sill?n frente al TV todo es hast?o y sue?o sin sue?os... como queriendo no ser.
?Porqu? habr? escapado? ... ?comprender?n alg?n d?a los humanos lo que siente un gato esterilizado?...
El fr?o de esta casa es mi necr?polis, sin duda, sin Xiara, es tan fr?a como la cima del magno Aconcag?a.-





Cuento finalista del XIII Certamen Internacional de Poes?a y Narrativa, y seleccionado para participar de la ?Antolog?a Poetas y Narradores Contempor?neos 2007?, organizado por De Los Cuatro Vientos Ediciones, presentado el 30 de Junio de 2007. En la ciudad de Buenos Aires, Argentina.

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Publicado por gala2 @ 13:52  | RELATANDO
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