Mi?rcoles, 07 de noviembre de 2007

Cuento 20 --- El Colchonero



Me llamo Ram?n, Tengo setenta y pico, bueno, hoy cumplo setenta y cuatro.
Frente a la cama que ocupaba en la celda, hab?a una mancha de humedad que tenia aspectos variados dependiendo de mi estado de ?nimo y del ?ngulo en que se lo mire.
Antes de ayer despert? melanc?lico y parec?a una nube oscura que hu?a de una tormenta sobre la pintura gris de la pared.
Estaba particularmente abstra?do por los recuerdos los cuales me condujeron hasta los d?as en que viv?a en un barrio humilde en la avenida Rodr?guez Pe?a (al fondo), cerca de la barraca La Uni?n. En esa casita donde nac?, all? pase mi ni?ez hasta que la muerte arrebato la vida de mi madre tras un largo sufrimiento. Siendo todav?a muy joven quede al cuidado de don Juan Saravia, mi padre, fue hura?o pero buen compa?ero, dec?a que el colchonero era un artista, de el adquir? los conocimientos de colchoner?a como el lo recibiera del suyo. Nuestro hogar ten?a un local al frente, al costado de este un pasillo angosto en cuyos m?rgenes estaban las plantas medicinales dejadas all? por mis abuelos. Por esta sucesi?n de ladrillos h?bilmente colocados se pod?a acceder al escusado. Completaba la edificaci?n una sala que us?bamos de cocina-comedor, mas dos piezas de las cuales una fue nuestro dormitorio y la otra un deposito para la lana y la escardadora. Esta era una maquina manual que separaba la lana apelmazada dej?ndola mas esponjosa, a la vez que se desprend?a el polvo y la suciedad.
Cada ma?ana nuestra labor desarmando un extremo del colch?n, sacaba los bordes y los botones, el cot?n se lavaba o se cambiaba y se rellenaba nuevamente con la lana cardada, y se lo cos?a. Esto lo hicimos por muchos a?os hasta que don Juan muri? de c?ncer. Desde entonces estoy hu?rfano y solo, ya que soy hijo ?nico y adem?s soltero.
Cuando cumpl? 45 a?os, entre mates, el trabajo y los programas de m?sica de la radio pasaba las semanas en soledad. Meses despu?s conoc? a una bella mujer, que cada cuatro d?as venia a visitarme. Martha era muy coqueta pero poco refinada, siempre la atend?a bien pues me alegraba con sus visitas y porque me sobraba el tiempo. Comenzaba la moda de los colchones sint?ticos de goma-espuma que adem?s eran econ?micos.
Pasado un corto tiempo comenc? a celar de sus compa??as ocasionales, pero a ella no le importaba pues no olvidaba sus objetivos y yo le servia para pasarla bien. En algunas oportunidades se quedaba a pernotar. Mi sentimiento de amor-odio fue creciendo hasta hacerse intolerable. Un d?a me ausente en busca de algunos insumos y a mi regreso la halle en mi lecho con otro hombre. En estado de ebriedad, la ira nublo mi entendimiento y corte el hilo de su vida y su pareja salvo la suya porque descubri? todo lo veloz que pod?a ser corriendo desnudo. Luego me entregue a la comisar?a. El juicio fue corto y brutal, la ciudad se quedo con mi casita y mis herramientas que nadie quer?a, fueron a parar a una empresa recicladora de chatarras.
Ayer hizo 29 a?os de aquel primer d?a en el cual fui encerrado en esa c?rcel la que fue mi ?nico hogar desde entonces. Con los a?os logre tener mi vida bien ordenada, los guardias y el sistema me convirtieron en un hombre obediente de los reglamentos y horarios.
Pero algo golpeo la reja de mi celda, era el dictamen que otorga libertad condicional a los mayores de setenta a?os y que hab?a solicitado su aplicaci?n en mi favor una Fundaci?n de Derechos Humanos.
En ese momento pens? - Se supone que es una oportunidad para los viejos pero yo no la quiero! Estaba furioso con el sistema que no consideraba mis opciones y repet?a en vos baja solo para mi, - Aqu? estoy a salvo de la violencia urbana, de los problemas para conseguir alimentos y el dinero para pagar el alquiler, aqu? estoy c?modo y seguro, ac? esta mi casa y dentro de ella la ?nica familia que conozco!, ?Ma?ana tendr? que marcharme!-
El p?nico a la libertad fue demoledor, tenia la boca seca y tartamudeaba. Era media noche y no pod?a dormir, todos los pensamientos se mezclaban y giraban dentro de m?. At?nito con la mirada fija en el techo esperaba que aflore una idea salvadora. De pronto halle la soluci?n, estando en libertad, esperare la noche y no faltara que una de esas mujeres que deambulan por las aceras me done su infeliz vida para poder volver a mi hogar, en pocas horas estar? nuevamente de regreso en mi cama, feliz y sin temores. Con ese nuevo pensamiento me dorm?.
A llegar el d?a el guardia me condujo ante las autoridades del penal y despu?s de las primeras horas de la tarde sal? a la ciudad, al bullicio ensordecedor. No soportaba esos ruidos estridentes y el reflejo del sol en los vidrios de los autos her?an mis pupilas acostumbradas a la penumbra. Con prontitud me dirig? a una plaza y me cobije en las sombras. Luego de un rato, ya repuesto, camine por las veredas tropezando con la gente presurosa. A poco andar llegu? a una direcci?n que me dieran, es un albergue para indigentes, me habr?an indicaran que deb?a registrarme y lo hice.
Transcurr?a el tiempo con lentitud, libre de compromisos me dirig? a un parque esperando la noche. La tarde era fresca, tenia un saco, un chaleco y un ponchillo de lana Merino con rayas sobre los hombros y en la manga un trozo de hierro aguzado.
Al llegar el ocaso invernal el lugar se despobl? y quede solo entre los canteros sin flores. Caminaba bajo la luz amarillenta de las farolas que acompa?an los pasillos de piedra que surcan el lugar.
En un recodo vi a la joven correa aterrada, -No tendr?a m?s de 20 a?os ? Medite mientras observaba con curiosidad sus ropas desgarradas. En su af?n de huir tropezaba, miraba hacia atr?s y se levantaba con premura. Sin saberlo continuaba huyendo hacia m?. De pronto en la penumbra nuestras miradas se encontraron y suplicando mi auxilio me estrecho con desesperaci?n.
-?Esta es la oportunidad que esperaba para completar el plan!
Pens?, mientras apretaba con fuerza el mango del arma. Con movimientos veloces la cubr? con mi ponchillo aferr?ndola con fuerza y sin darle tregua la arrastre hasta un frondoso ?rbol. Seguidamente mire en derredor y no halle a nadie mas, el silencio era absoluto, la quietud, perfecta. Sin dejar de sujetarla nos deslizamos apoyando nuestras espaldas en el tronco hasta sentarnos en la tierra h?meda. Descubr? el alba con los trinos de las aves, aun estoy despierto y alerta, empu?ando con fiereza la chuza. Pude observar que el fri? hab?a cristalizado el roc?o trasformando el paisaje en una escena irreal, todo estaba cubierto con ese manto blanquecino como si una copa de finos y perfectos diamantes se derramara sobre todos esos objetos inm?viles. Envolv? el arma con mi pa?uelo de cuello y la guardo en la cintura. A mi lado el cuerpo de la muchacha estaba cubierto con mi abrigo, ten?a las manos y el rostro helado, estaba inm?vil. La aurora se arrastraba lentamente desde el fondo y venia pintando de luces toda la escena. Aspire profundamente y exhale una bocanada de vapor mientras sonre? complacido, me puse de pie, restriegue las manos y frote con vigor mis piernas entumecidas mientras taconeaba el suelo para entrar en calor. Ella debi? o?r mis movimientos y abri? los ojos con lentitud, la luz del amanecer que le ba?aba el rostro la molestaba. Luego se desperezo lentamente con la visible incomodidad del que ha dormido acurrucado en un lecho de tierra. All? a mis pies ya totalmente despabilada me extiendo una mano para que la ayude a incorporarse, posteriormente sacudi? su ropa tratando de hallarse lo mas prolija posible y a percatarse que estaba desde?ada, se paso la palma de la mano sobre el pelo aplast?ndolo y aun con el rostro sucio y manchado con el maquillaje me miro con mas atenci?n y pregunto ? Usted es de por ac?? A lo que le respondo- Si! - agrego ? Es que usted parece haber salido de una estampa de otro tiempo, no solo por su forma de vestirse sino tambi?n por su impronta ante el peligro. Ambos hicimos silencio y un momento despu?s ella dijo con marcada curiosidad ? Vive cerca de aqu??. No me hago esperar y le explico ? No, he estado ausente por muchos a?os y ahora no tengo a nadie en esta ciudad ni a donde ir. Ella debi? verme como un naufrago a la deriva, se acomodo mi abrigo sobre los hombros, me tomo con mucha suavidad la mano cual si fuera mi nodriza y sent? que mitigaba mi tristeza cuando se expreso as? ? Vamos conmigo te llevare a mi casa, all? mis hijitos deben estar afligidos por mi larga ausencia. Caminamos lentamente hacia el oeste lejos de mis p?rfidos pensamientos de ayer. As? nos alejamos de ese parque que no supe su nombre, pero que lo rebautice solo para mis futuras aneadotas como ?Paso a La Libertad? ya que ese lugar representaba para mi algo magnifico m?s all? de la comprensi?n real de muchos hombres. De pronto la sirena de una patrulla policial se oy? a la distancia y me saco de mis cavilaciones, record? la c?rcel y pens? ? No volver?! - ella estaba feliz de la seguridad que le brind? mi coraje.-





Roberto Attias
Fontana-Chaco-Argentina
http://robertoattias.galeon.com

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Publicado por gala2 @ 12:05
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