Lunes, 17 de septiembre de 2007
TALISMAN

El r?o mec?a suavemente los camalotes que cabalgaban las peque?as olas alumbradas por el titilar de las estrellas. El mon?tono golpeteo de los remos y la respiraci?n acompasada del pescador guiando con destreza la embarcaci?n en pos de la costa y luchando contra la corriente que aunque invisible trata infructuosamente de arrastrarlo aguas abajo. Luego los remos se detienen abruptamente cuando la proa roza la playa dejando escapar un corto quejido de las maderas ara?adas por la arena.
Manuel regresaba al campamento situado en lo alto donde no llegan las aguas en las crecientes. Fue all? donde su padre don Carlos construyo un refugio amplio y prolijo para albergar a su esposa y su peque?o hijo. El eligi? este lugar porque era parte de un paisaje espl?ndido con grandes extensiones cubiertas por vegetaci?n y bajo la cual la maleza como una alfombra llegaba hasta el agua. Por la ma?ana un coro de vida te despertaba donde predominaban las aves con sus trinos y el los d?as de cambio de tiempo los monos aulladores gritabas sobre las copas de los sauces y alisos, all? la vida se manifestaba a cada paso.
Un d?a apareci? un gran cartel que declaraba a la franja costera como Zona Industrial. Pronto se edificaron f?bricas, astilleros y frigor?ficos con la idea que esto traer?a el progreso a la provincia y el esperado trabajo a las personas del lugar.
Ya no estaban solos los pescadores, el predio se pobl? de camiones, ca?er?as y humo.
Pasaron los a?os y algunas de las industrias como la curtiembre ?Oeste? cerraron y quedaron abandonadas las oficinas, los galpones y las cisternas donde trataban los desperdicios l?quidos antes de arrojarlos al r?o, pero aun as? en d?as ventosos se puede sentir el bao picante y nauseabundo que hace arder los ojos y la garganta.
Pero a Manuel solo le preocupa la falta de peces, era el oficio ense?ado por su padre, al cual acompa?aba en sus tareas hasta que enfermo de los pulmones, igual que su madre y ambos terminaron muertos, - Es el humo de las f?bricas - dijeron los doctores.
El muchacho era joven pero con a?os de trabajo arduo que ti?era su mirada de incertidumbre y despobl? sus pensamientos de sue?os esperanzados, pues a pasado los ?ltimos meses tratando de atrapar algunos peces con la red y no lo a logrado aun triplicando el esfuerzo. Cada d?a ha visto como las peque?as boyas amarillas desaparecen r?pidamente bajo el agua, arrastrados por los plomos. Manuel hab?a estado sentado y quieto esperando el momento de levantar la red cuando llegara a la se?al prefijada, solo se mov?a para dar un golpe de remo y corregir el rumbo mientras sus pensamientos lo arrastraban por los recuerdos de leyendas o?das, escudri?ando en los comentarios hechos en d?as de reuniones, tratando de descubrir la palabra, el hecho m?gico o el elemento preciso que le devolviera el don de atrapar esas presas escurridizas.
El nuevo amanecer lo encontr? meditando, sentado en la costa viendo como su embarcaci?n se sacud?a con violencia a causa de la tormenta que hab?a llegado al alba.
- Con esto se empeoro las cosas!- pens? y se dirigi? a un grupo de pescadores que como el sufr?a del mismo problema; alguno recordaron a a?os anteriores cuando ocurr?a algo similar, colgaban sus herramientas y se empleaban en las empresas del lugar.
Pero el se negaba a apartarse del r?o, convencido que hallar?a remedio a la situaci?n. Despu?s que el grupo se desmembr? quedando solo en el arenal, con don Benigno habitante de la isla de enfrente, que entre relatos, chistes e historias fant?sticas, cont? al muchacho que su abuelo extra?a de la cabeza del Dorado un huesillo conocido popularmente con el nombre de San Antonio, que extra?do de acuerdo a un ritual ancestral, adquir?a el poder de convertirse en el mas poderoso talism?n para la pesca.
Esta idea encendi? una hoguera en su mente, all? estaba lo que tanto busco, aquella era la soluci?n definitiva y el comienzo de un futuro promisorio.
Luego de disimular la prisa se alejo con la promesa de volver.
Estando en su rancho farfullaba y revisaba el equipo que tenia para la pesca de costa, anzuelos, cambiadores, patejas, l?neas y dem?s, luego acomodo todo en un zurr?n y se dirigi? a buscar carnadas con su tarraja a corta distancia de su hogar en un diminuto estero, mientras esperaba que aminore la tormenta.
Amaneci? gris y aunque la calma no era total el peligro hab?a pasado.
Al medio d?a despu?s de remar toda la ma?ana r?o arriba, se detuvo en el extremo sur de la Isla Grande. Bajo todas sus cosas con premura y tiro seis l?neas encarnadas con cascarudos. Seguidamente corto ramas, coloco sobre estas un trozo de carpa, junto le?a y encendi? una hoguera. Una hora despu?s se sent? a esperar mientras fumaba un cigarro y beb?a unos sorbos de ca?a en su precario campamento. Pasaron las horas y todos los peces que atrapaba los devolv?a como dictaba el rito. Un tir?n de una de sus l?neas hizo replicar la campanilla de alerta, esto lo saco bruscamente del sopor, con movimientos apresurados atrapo la tanza con fuerza y comprob? que la presa estaba atrapada; all? se inicio una lucha que se extendi? por varios minutos. En la desesperaci?n de sentirse prisionero el animal dio un desesperado salto fuera del agua y Manuel pudo ver un resplandor de cobre y oro en sus escamas, un sentimiento de j?bilo elevo su estima, mientras recogi? al Dorado vencido en la batalla por la libertad. Manuel repet?a las mismas palabras una y otra vez, primero como un susurro y luego se fue elevando hasta convertirse en un grito ?la mitad del camino esta recorrido, tengo el animal que posee el hueso m?gico, desde ahora el boleto de ida hacia la gran cosecha de peces?. Siguiendo estrictamente el ritual que le expresara el anciano, obtuvo el talism?n y luego devoro con ansias la carne como lo dictara la leyenda.
Mientras com?a pensaba sobre su sabor era delicioso como de los peces de la laguna interior de la isla, su textura es m?s suave, su color m?s agradable. All? la pesca era magnifica, y se quedo por unos d?as a disfrutar de la naturaleza.
Todo estaba dispuesto para volver, tenia el talism?n dentro de una bolsita atada a la canoa. Luego de varias horas diviso el paisaje cotidiano de las inmediaciones de su casa.
Primero divis? el ca?o del desag?e principal de las cloacas de la ciudad, mas all? esta el puerto de la industria qu?mica y entre este y el frigor?fico la curtiembre.
Paso lentamente frente a estos ca?os color ocre que se sumerg?an en el agua. Algunos de ellos perforados por el oxido, se pod?a apreciar en su interior el fluir de una cantidad imprecisa de liquido f?tido y oscuro que descend?a hacia el r?o, en todo ese sector las hiervas estaban secas.
Todos los d?as ve?a lo mismo y no prestaba mayor atenci?n a la acostumbrada desolaci?n del paisaje, que se fue degradando con el pasar de los a?os y hacia mucho que las aves y los monos se hab?an retirado de la regi?n, pero eso no lo preocupaba, solo los peces lo manten?an alerta.
Preparo todo para el amanecer, el d?a estaba calmo. Se dirigi? al a se?al de inicio y echo la red al agua.
Espero veinte minutos que duraba su red para recorrer ?la cancha? seg?n la jerga pescadora llaman a una secci?n del lecho del r?o libre de trabas las que fueron retiradas precedentemente para tal fin. Las manos traspiradas y la boca seca como evidente se?al de la ansiedad que le daba estar atento a la marca que fijaba el final de la labor que generalmente es alguna chimenea que sobresale en la ciudad.
Sonre?a constantemente como saboreando de antemano el logro que se suscitar?a pronto.
-Ha llegado el momento!- pens? y se aferr? con energ?a a la boya de la punta y comenz? a izar la maya y a depositarla desordenadamente en la tabla fija sobre las cuadernas de su canoa.
Una, dos, diez brazadas de hilos enmara?ados y ning?n pez! Pero se calmo un poco pensando que con todo los metros que aun faltaban en recoger alcanzaban para marcar el triunfo. Cuando hubo sacado m?s de la mitad la duda comenz? a corroerlo y de la t?mida incertidumbre paso a la zozobra mas descarnada ya que antes de concluir su labor pudo comprender su total fracaso.
-En que he fallado?- se preguntaba entre lagrimas, mirando con tristeza el agua.
Pero lo que no pod?a comprender Manuel es que los peces que no hab?an muerto emigraron lejos de la contaminaci?n como las aves y los monos, pues casi nunca prestaba atenci?n del reclamo que se o?a en la radio de los grupos ecol?gicos, y cuando lo hacia era para mofarse de los anuncios asegurando - Esa es otra manera de timar a la gente! Su descreimiento sumado a su desinformaci?n lo convirti? en c?mplice parad?jicamente del problema que desbastaba su h?bitat y su trabajo.
Lo que all? aprendi? Manuel es que los peces no eran m?s escurridizos que antes y no necesitaba un talism?n para atraparlos, porque no estaban all?, lo que necesita el lugar era un plan de protecci?n ambiental.-





Roberto Attias
Fontana-Chaco-Argentina
http://robertoattias.galeon.com
http://escribeya.com/robertoattias
http://letrasderoberto.blogspot.com





a?o 2006
Buenos Aires ---- Argentina
Premio participaci?n en la "NUEVA ANTOLOGIA DE HABLA HISPANA 2006"
"XIV Certamen Internacional de Poesia y Narrativa Breve"
Editorial Nuevo Ser
2 CUENTOS BREVES:
* TALISMAN
* EL COLCHONERO


http://robertoattias.galeon.com/enlaces1251322.html

Tags: Attias

Publicado por gala2 @ 8:35  | RELATANDO
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