Domingo, 03 de junio de 2007
LA SIRENA LETRADA:
MAR, MUJER Y PIRATER?A
EN LA POES?A FEMENINA ESPA?OLA RECIENTE.



Yo no digo esta canci?n
Sino a quien conmigo va.




En la tradici?n cultural de occidente desde la antiguedad hasta nuestros d?as, el hombre se ha inclinado a una vida de aventuras en la que, estereotipadamente se escapaba hacia el mar para as? encontrar la libertad y nuevas experiencias, y de esta manera escapar de las demandas y limitaciones propias de la domesticidad, del matrimonio y de las obligaciones familiares. En contraste con esta tradici?n mar?tima que se centra en el hombre, las mujeres fueron generalmente relegadas a ocupaciones secundarias como las caminatas de viudas por ejemplo, y ten?an que demostar las virtudes femeninas culturalmente impuestas de observar y esperar, ejemplificado por la fiel, larga y sufriente espera de Pen?lope por el regreso de Ulises de su largo viaje, o por la omisi?n de la esposa de Ahab en Moby Dick.

La poes?a can?nica espa?ola, espec?ficamente aquella escrita por hombres, tambi?n refleja un fuerte predominio en una tradici?n l?rica mar?tima que hasta hoy ha excluido a las mujeres y sus voces, quienes generalmente tienen una limitada presencia en la costa, para as? cumplir la t?pica ocupaci?n de esperar el regreso del esposo o del amante. Se evoca esta ausencia femenina en el famoso romance espa?ol ? El infante Arnaldos?, que comienza con el llamado del mar: ?Quien hubiera tal ventura / sobre las aguas del mar / como hubo el infante Arnaldos /la ma?ana de San Juan!?, y que termina con un cierre enigm?tico que atrae otras almas gemelas a responder a la misteriosa llamada del marino: ?Yo no digo esta canci?n/sino a quien conmigo va?. Innumerables ejemplos de esta tradici?n l?rica mar?tima dominada por voces masculinas, puede ser encontrada en la poes?a espa?ola desde tiempos medievales hasta hoy. Sin embargo, se ha originado recientemente una tendencia para recuperar por cuenta propia de la mujer, su participaci?n y explotaci?n en el contexto mar?timo y de la costa. Este posicionamiento del sujeto femenino como el activo incitador de la aventura mar?tima subvierte el cl?sico viaje ?pico, como el de Ulises y los argonautas, y supone otra lectura m?s actual del famoso romance espa?ol citado con anterioridad: ya puede ser una voz femenina que dice: ?Yo no digo esta canci?n / sino a quien conmigo va.? Varias investigadoras han empezado a desenterrar documentos que dan una visi?n m?s equilibrada de la participaci?n de la mujer en todos los aspectos de la vida n?utica a trav?s de esta tradici?n occidental, la cual extiende los horizontes femeninos m?s all? de las posibilidades sancionadas por el g?nero de mantenerla en la costa, el hogar de la casa, en espera del regreso del amante tan querido.
La cr?tica feminista que ha empezado a aparecer tambi?n sondea la riqueza y significaci?n en relaci?n a las mujeres y el mar, proponiendo una voz femenina, o al menos una voz de g?nero ambiguo, que desaf?a la continua perspectiva masculina en relaci?n a la vida del mar. Esta cr?tica rechaza el esencialistamente falso rol de la mujer como la madre tierra, una visi?n de lo femenino que insiste sobre el rol de la mujer con una generosidad y fertilidad ciega y que le niega la posibilidad de descubrir al ser a trav?s de met?foras del mar abierto, de la aventura, nueva identidad, territorio desconocido, inexploradas profundidades sin l?mites, met?foras y signos usualmente asignados al hombre. Anca Vlasopolos en su art?culo explora los modos en los que varias mujeres escritoras utilizan el mar como un significador para descubrir una identidad aparte de la que ya ha sido impuesta por la sociedad faloc?ntrica. Para esta cr?tica, el mar representa el territorio no delimitado, innominado, sin due?os e incontrolable, y por tanto el espacio femenino ideal donde la mujer puede representar una resistencia a toda frontera real o metaf?rica (73). Las mujeres hacen su reclamo del espacio mar?timo a trav?s de la apropiaci?n de met?foras de ilimitaciones, as? como a partir de la inscripci?n del cuerpo femenino como un territorio no delimitado a?n, a ser explorado y reclamado de acuerdo al deseo femenino. Este territorio no limitado puede tambi?n manifestarse a s? mismo como un espacio de escritura de la mujer, lo que subvierte el rol que el falocentrismo demanda para ella como una receptora pasiva de la atenci?n masculina.
El inter?s en los aspectos creativos de la participaci?n femenina en la actividad mar?tima tambi?n se extiende a las mujeres poetas espa?olas, muchas de las cuales se han apropiado de la met?fora y de las m?scaras de la vida del mar para as? reflexionar en torno a las complejidades de g?nero, cultura, creatividad y las competitivas demandas de la vida p?blica y privada. En este trabajo y en el tiempo que se me ha proporcionado, quisiera proponer una tradici?n mar?tima femenina po?tica en castellano, que a ratos se empareja y en otros contrasta con su contraparte masculina. Me he concentrado en algunos textos ya conocidos y en autoras incluidas en varias antolog?as, por ejemplo la compilada por Jos? Manuel Blecua, El mar en la poes?a espa?ola, que fue publicada en 1945, as? como en trabajos m?s recientes. Solamente tres mujeres poetas son las nombradas por Blecua, entre ochenta y ocho poetas: Rosal?a de Castro, Carolina Coronado y Gertrudis G?mez de Avellaneda. M?s recientemente, La poes?a y el mar/ A poesia e mar, coordinada por Luis Alberto de Cuenca, apareci? en 1998, pero la raz?n entre poetas hombre y mujeres no cambi? significativamente comparada con el tomo anterior. Este ?ltimo fue producido luego de la Expo 98, una exposici?n internacional que tuvo lugar en Lisboa, donde los poetas espa?oles fueron invitados a leer su poes?a. De los cuarenta y cuatro poetas cuyo trabajo es antologado en este texto, solamente tres son mujeres: Amalia Bautista, Rosa Romojaro y Ana Rossetti.
Obviamente las poetas mujeres salieron a la luz m?s ampliamente en Ellas tienen la palabra: Dos d?cadas de poes?a espa?ola, editada por Noni Benegas y Jes?s Mun?rriz (1997), una antolog?a de poes?a reciente en espa?ol escrita por mujeres, en la cual m?s de una docena de las cuarenta y una antologadas nacidas entre 1950 y 1971 hacen referencia al mar. A esta lista otras colecciones de poes?a de mujeres activas en la mitad del siglo pueden ser agregadas, tales como: Surtidor (1928) y Canciones de mar y tierra (1930) por Concha M?ndez Cuesta y de Carmen Conde Y el mar (1992), que reflejan una modificada perspectiva femenina. Estos textos sugieren nuevas posiciones epistemol?gicas de las mujeres poetas, quienes toman en cuenta tem?ticas como el g?nero, la creaci?n de subjetividades divididas y una codificaci?n cultural de g?nero desde una perspectiva mar?tima. M?s a?n, en esta tradici?n femenina mar?tima que propongo, estas poetas espa?olas tienen la oportunidad de confrontar y subvertir la imagen tradicional de femineidad pasiva del silencioso recept?culo de la semilla del hombre. A partir de una visi?n no esencialista de la mujer, ellas exploran roles no gen?ricos, participan en activo en una aventura auto-motivada y hacen propio el motivo de dejar el hogar, manteniendo a la vez una definida conexi?n femenina, pero nuevamente estructurada con la naturaleza y la cultura. En t?rminos de territorio, ellas hacen el reclamo no tanto a un espacio geogr?fico espec?fico como a uno definido por nuevas visiones del ser. El mensaje m?s palpitante es que las viejas fronteras y restricciones ya no funcionan.

La poes?a espa?ola contempor?nea escrita por mujeres contribuye a esta no reconocida tradici?n mar?tima de manera novedosa, como lo sugieren los siguientes t?tulos. Estas poetas se han apropiado para ellas mismas el medio del mar como un significante para explorar identidades, territorios y l?mites femeninos, y la posibilidad de la aventura liberada de las contenciones de la domesticidad, lo apropiado y la convenci?n social. Por ejemplo, Ballenas (1988) de Luisa Castro, originalmente escrita y publicada en gallego con el t?tulo de Baleas e baleas, y su Odisea definitiva (1984) hacen uso y reescriben la tradici?n mar?tima masculina como un contexto desde el que se explora la libertad femenina y la libertad de expresi?n. Pilar de Valderrama tiene su De mar a mar (1984) y m?s recientemente Avelina Garc?a Colmener ha publicado L?mites del mar (1996); ambas exploran los l?mites y posibilidades para las maneras de ser de la mujer y lo femenino. Angeles Mora en su Canto de sirenas (1997), revisa el mito cl?sico de las seductoras marinas para confrontar y evaluar la expresi?n sexual femenina liberada. En su Cuaderno de bit?cora, Julia Otxoa utiliza el motivo de la bit?cora de un barco para comunicar la visi?n del viaje de una mujer hacia un desconocido territorio anteriormente fuera de la esfera de lo posible.
Extrapolando desde el comentario que ella hiciera en la conferencia Expo 98 en Lisboa en relaci?n a ?el mar que todos llevamos dentro?, Ana Rossetti, de C?diz en la costa Mediterr?nea, adopta a ratos una pose muy l?dica y a?n asertiva en relaci?n a la tradici?n l?rica espa?ola. Por ejemplo su ?Mi marinero en tierra?, tomado de Indicios vehementes y dedicado a Rafael Alberti, donde la primera persona hablante sin g?nero evoca y participa en la escena de carga altamente er?tica del regreso del marinero: ?Bruscamente en la puerta: la luz interrumpiendo, / adelgaz?ndose, incandescente y afilado hilo, / trazo que te devuelve del mar?timo azul? (67). La elecci?n de la poeta de dejar ambigua la identidad de g?nero del ?yo? del texto contribuye a su efecto excitante, especialmente en los versos que cierran el poema: ?Y me adelanto. Y s?. Y me apresuro. / Y destreza supl?cole a mis dedos, / tantos son los botones que tu pretina celan.? El g?nero ambiguo contribuye a un juego de significaci?n, ya que el poema honra y traduce tanto al hombre, la tradici?n l?rica mar?tima, evocando y parodiando simult?neamente las convenciones faloc?ntricas. Si la persona que espera en la orilla es mujer, su afirmaci?n como perseguidora er?tica subvierte el ideal de la femineidad pasiva. No obstante, si este amante que rodea ese borde es hombre, entonces debilita la presuposici?n can?nica de la heterosexualidad codificada por la tradici?n l?rica espa?ola desde las ?Cantigas de amiga? en adelante.
Mar?a Victoria Atencia ha escrito numerosos textos mar?timos, incluyendo aquellos contenidos en su colecci?n Paseo de la Farola (1978) que llevan t?tulos como ?Gaviotas? o ?El carguero?. En su reciente colecci?n, Las contemplaciones (1997), que tiene resonancias intertextuales con El contemplado de Pedro Salinas, el pen?ltimo poema es titulado ?Ulises?, y reflexiona sobre el valor y el balance necesario entre el viaje y el regreso: ?un puerto feliz al que siempre regreso?, como el hablante dice. Esto tiene como efecto una concisa y enumeradora dial?ctica entre la kinesis y el extasis, aventura y contemplaci?n. En la revisi?n que hace Atencia de la historia de Ulises, la primera persona hablante sin g?nero identificable parte hacia una tierra desconocida y se va al mar, en un nivel imaginario. El contexto del poema es el d?a de hoy, y una cierta desfamiliarizaci?n de la experiencia de extranjer?a es notada por medio de seсales culturalmente codificadas: ?Confundir estaci?n o aeropuerto / y el cambio de reloj, de los signos de las lenguas/ o las frondas, el claro asfalto, el cesped o la arena? (115). La fuerza es siempre volver, hay una fuerza centr?peta que desea volver a la seguridad de lo conocido, a ese feliz puerto que es reconocido como el hogar, ?con sus claras respuestas y sus orientaciones/ hacia un puerto feliz al que siempre regreso?. La ambiguedad del g?nero de la voz del poema sugiere una apertura a la posibilidad de inversi?n del tiempo-honrado, modelo culturalmente sancionado por la aventura mar?tima, en la cual el hombre escapa hacia el mar y la mujer se queda en el hogar esperando. Dado que el g?nero del aventurero en el texto de Atencia es indeterminado, la posibilidad del abandono es h?bilmente anunciada. En un giro enigm?tico, el poema termina con una cita en franc?s, en bastardilla, como si evocara la experiencia, la memoria y la extra?eza as? como tambi?n la excitaci?n del viaje y el desaf?o de la otredad en una tierra desconocida: ?Heureux qui, comme Ulysse, a fait un beau voyage?. Adem?s, el centro de este poema de ocho versos hace referencia a ?el punto del l?piz a la p?gina?, lo que implica que este texto puede ser le?do como un comentario de la aventura y del acto de escribir; la escritora encuentra comodidad en volver al territorio conocido que puede ser escrito con seguridad y confianza. El ?puerto feliz al que siempre regreso? es el punto de partida para el viaje creativo, as? como el puerto de refugio seguro en contra de la duda sobre s? misma y la desesperanza al enfrentarse con la p?gina en blanco. El poema en s? mismo representa la aventura conectada con el oficio de escribir: Ulises y el joven escritor, -ya sea hombre o mujer-, deben ambos ir de viaje y regresar siempre al hogar, al puerto seguro, para que la historia pueda hacerse conocida.

Entrenada como una fil?loga cl?sica, Aurora Luque refleja y reflexiona en su poes?a sobre los mitos que forman la herencia cultural occidental. Por lo tanto no sorprende, que el mar, la vida de aventura, y los l?mites y fronteras aparezcan en muchos de sus textos po?ticos. Es significante que una selecci?n de su poes?a titulada Carpe marem incluya poemas de diversas de su colecciones previas, demostrando que el mar se manifiesta como una met?fora central capaz de expresar este intento de la poeta por actualizar los temas cl?sicos con el ambiente contempor?neo. En el poema ?Gel? (13), por ejemplo, la primera persona hablante tendida en la playa se equipara al generosamente esparcido gel de broceador solar con ?el esperma del mito, / el cuerpo primitivo y trastornado de Urano, / un susurro de olas mar adentro?, el cual sucesivamente lleva a rumias concerncientes dentro del mar: ?Me punza una emoci?n tan anacr?nica, un penoso latir, hondo y absurdo, / por ese mar. Por ese solo mar. Busco una dosis/ de mares suced?neos.? El poema termina con el hablante comentando la poderosa personal conexi?n de identidad, lugar, y el poder de la cultura para determinar una visi?n del mundo: ?C?mo podr?a desintoxicarme. / Dependo de por vida/ de una droga. De Grecia.? El mito de Europa y Zeus metamorfoseado en un toro aparece en varios de los poemas en prosa de Luque, ?Palinodia del mar? (20), y ?Europa? entre ellos. En el antiguo hablante, la voz l?rica se sumerge bajo la superficie de los mitos cl?sicos para ofrecer una lectura desde una perspectiva femenina. ?ste comienza con la declaraci?n de que ?Europa no sigui? nunca al toro?, y propone que la hermosa princesa fenicia piense mejor en una aventura mar?tima con su don Juan bovino: ?Hasta ese instante hab?a asido sus cuernos resplandecientes con una rabia instintiva, pero advirti? de pronto que sus palmas, sudorosas, pod?an resbalar y liberarla del terror de aquel viaje?.
La reescritura del mito por Luque muestra a Europa conociendo su final en las profundidades del mar, acompa?ada por un delf?n suicida: ?Pero todos acallaron m?s tarde el fracaso de Zeus. Un delf?n fue a morir entre los muslos de la muerta. Acaba de morir, suicidado, cuatro mil a?os despu?s-hoy-en una arena sucia del regazo de Europa.? La conexi?n entre el tiempo m?tico y la Europa contempor?nea es sugerida por la desaparici?n del delf?n, ya sea para acompa?ar a la hermosa princesa en su muerte o como un resultado de sus propios vagabundeos en el mar Mediterr?neo, el Aregazo de Europa?. La voz l?rica comenta al final que ?El resto de la leyenda es una falsa y fascinante palinodia del mar?. El segundo poema, ?Europa? (22), ofrece otra meditaci?n sobre el mito cl?sico y empieza con ?Europa, Zeus, mar. Es decir, miedo, deseo, infinito. Es decir, p?nico, ardor, serenidad marina. El deseo es un toro n?mada sobre el mar. Rumbo a Creta, Europa se despega de Asia contra su voluntad?. Pero este poema insiste sobre la continuada y furtiva presencia de mitos, y del proceso por el cual estos mitos est?n continuamente renaciendo o manifest?ndose en la cultura contempor?nea. Dentro de este texto, la voz l?rica considera la presencia de Europa y Zeus en una relaci?n amorosa, como tambi?n lo es la corrida de toros espa?ola: ?El deseo, como la muerte en la plaza, es tambi?n un aguij?n. El deseo del toro es negado y reconducido a la muerte. Cada corrida frustra el deseo de un dios de raptar y copular con Europa. Qui?n sabe si obligamos al mito cada tarde a no nacer?. El hablante termina el poema con un comentario que sit?a el mito sobre costas extranjeras como sobrevivientes de un hundimiento buscando un refugio seguro: ?Un relevo de mitos cada vez m?s delgados, d?biles como n?ufragos, regresar? furtivamente de su exilio y dejar? sus fardos de secretos en una playa oculta, posados en la arena?. Lo significante en la poes?a de Luque es que la voz l?rica no se identifica siempre como femenina; sin embargo, usando el mar como met?fora o tel?n de fondo, la voz l?rica propone nuevas lecturas de los mitos cl?sicos que abren posibilidades frescas para los protagonistas, ya sean mujeres u hombres, y sugiere identidades tanto como posiciones epistemol?gicas de libertad o de restricciones femeninas para la escritora y tambi?n para el lector o lectora.
Muchas mujeres poetas espa?olas contempor?neas hacen uso del agua y del mar como un leit motif en sus textos individuales para as? explorar experiencias femeninas alternativas y paralelas -el ?no territorio? se?alado por Vlasopolos. M?s a?n, un n?mero de j?venes poetas mujeres se ha apropiado del marinero, mar?timo o simplemente del medio acu?tico, para as? revisar la experiencia femenina y la visi?n de mundo. Por ejemplo, en el exc?ntrico y ecl?ctico texto de Andrea Luca titulado ?Poema del pez?, el hablante en primera persona, en una voz conversacional desprovista de sentimientos, expl?citamente iguala a una pecera deshabitada por un pez con su mente:

(Y)
El opaco cristal que es mi mente
tiene un magn?fico pez en la pecera
craneal
que come plancton de neuronas
y s?lo es fotografiado por la NASA.
Quien tenga un pez como el m?o
puede acariciarlo y morir en su convulsi?n El?ctrica. (Ellas, 282)

El hablante describe la solitaria existencia de esta refinada met?fora, notando que ?Est? inquieto por su l?mite occipital? (283). Ella tambi?n lamenta la sensaci?n de encarcelamiento, una proyecci?n impl?cita de una asumida condici?n femenina. Esta comparaci?n se manifiesta en dos preguntas directas: ?Y c?mo dejarle suelto/ en un mundo al que no pertenece? ) Y c?mo dejarme libre/ si s?lo a ?l pertenezco?? El hablante alcanza la conclusi?n tan pesimista de ?S?lo queda consolarle con un baile / de r?tmicas realidades / o llorar para que escape/ desde mi punto lacrimal hacia su muerte, s?rdida y seca, sobre el asfalto?, lo que claramente expresa la desesperaci?n, el p?nico y el destino final del llamado pez fuera del agua. Aqu?, la poeta fusiona la sociedad, centrada en el macho de imposibles restricciones, con las mujeres, la muerte de ambos, cuerpo y esp?ritu que resulta, y la otredad de la intelectualidad femenina en un mundo no de ella haciendo, y fuera de control. El intelecto femenino no tiene significado de desarrollo ni incluso de supervivencia, ya sea con esas predeterminadas estructuras o fuera de esos mismos l?mites. El ?baile de r?tmicas realidades?, ofrecido como consuelo y como un pobre sustituto para las corrientes pulsantes del mar, s?lo lleva a una muerte certera lejos del oc?ano, de la posibilidad por siempre cerrada para este esp?cimen del acuario.
Por su parte, Mar?a Sanz, en un poema titulado ?Argonauta? (Ellas 262-263) reescribe la historia de los antiguos h?roes griegos errantes, adoptando una perspectiva similar a la utilizada por Atencia en su poema previamente citado ?Ulises?. Ambas mujeres poetas revisan los cl?sicos mitos marinos para as? proponer la subjetividad femenina y la agencia en un medio mar?timo. En este texto la hablante es la escultura de una diosa en m?rmol cuyo flexible y quieto cuerpo seduce al ?intr?pido muchacho?. El poema depende de la t?ctica del ?kfrasis que permite a la obra de arte
hablar por s? misma. Pone en pr?ctica una ruptura no s?lo con la dial?ctica espacio / tiempo del arte verbal y visual sino tambi?n la diacron?a hist?rica del trabajo, ya que al final del texto po?tico, la obra de arte -la escultura del cuerpo femenino-, comenta que ?Nunca se han explicado los arque?logos/ estas huellas extra?as/ en mi cuerpo de m?rmol?. Esas ?huellas extra?as? son el resultado de que el ?bello muchacho? (Y) ?roz? mis piernas/ que ard?an con el sol, tent? mi talle/ ce?ido por la brisa, y en mis manos/ sus dorados cabellos se prendieron?. A trav?s de esta versi?n feminizada del mito heroico del Argonauta, la poeta literalmente inscribe una presencia de g?nero que supera tanto el tiempo como el espacio de la versi?n original. Esto tambi?n perturba y cuestiona la un?voca, masculina visi?n de la b?squeda heroica. Fiel a la convenci?n, el ?dulce muchacho? eventualmente ?regres? a su nave?. La hablante femenina ir?nicamente comenta que ?siempre hay un alba?, una ligera referencia intertextual a la tradici?n l?rica de la ?albada?, un tipo de poes?a amorosa que data de tiempos medievales y que expresa el arrepentimiento de los amantes una vez que llega el amanecer y manda su separaci?n. Sin embargo, el texto transgrede la versi?n masculina de este mito cl?sico, sugiriendo una trama de narrativa femenina que es an?loga a la experiencia masculina. Este argumento es al menos tan interesante, durable y misterioso como aquel del ?intr?pido?, ?bello? y ?dulce muchacho?. Tambi?n sugiere que cuando los hombres van hacia el mar no pueden y no ocultan completamente su capacidad de sentir un apego humano, sea er?tico u otro. La voz l?rica marca en la superficie de la estatua de m?rmol, y en la funci?n po?tica del texto, un signo del emparejamiento de la experiencia masculina y femenina, una reescritura de la b?squeda del h?roe desde una perspectiva femenina, y un cuestionamiento de cualquier posici?n interpretativa un?voca, ya sea m?tica, arqueol?gica o est?tica.

?Carta de un n?ufrago? (Ellas 650) de Ana Merino presenta a una hablante femenina en primera persona que reescribe la historia de un naufragio, utilizando la circunstancia como met?fora de una crisis emocional desde la perspectiva de una mujer. El poema presenta un paisaje no de un mar sacudido por el viento, sino de una noche nevada, en la cual la hablante abandonada trata de encontrar su camino: ?(Y) Estar? ciega por el fr?o, / har? paradas breves, / sacudir? el paraguas y empezar? de nuevo?. El tambalearse por la nieve le hace reordenar su mirada sobre la vida y darse cuenta de que ha esperado demasiado, y que es mejor ?No aceptar nunca las invitaciones/ que la neblina/ sugiere al anidar con sus disfraces/ de paisaje feliz, de grandes sueсos?. El poema concluye:

Alguien habr? que diga, se ha perdido
Alguien saldr? a buscarme,
Y llevar? el calor de una botella
Donde podr? mandarte este mensaje.

La liberaci?n de una mujer para navegar en un oc?ano sin l?mites al ?no territorio? de Vlasopolos -no obstante el mar de la incertidumbre- tambi?n significa que ella debe aceptar responsabilidad por sus acciones, incluyendo la posibilidad de un naufragio, p?rdida, y el corte de sus conexiones. El verso final apunta a un nost?lgico anhelo de reconciliaci?n, el para?so perdido y las flexibles fronteras femeninas entre el sujeto hablante y el objeto del afecto. El texto po?tico va m?s all? del nivel mim?tico, y representa el mensaje en una botella viajando al pasado del naufragio de la alienaci?n de la vida en el mar.

Amalia Iglesias relaciona el deseo er?tico de una marina y decididamente femenina ballena, en su ?De luna acu?tica y ballenas? (Ellas 430-31). La leve modificaci?n de la l?nea que abre el poema -?Noche profunda de luna acu?tica y ballenas?, que deviene ?Profunda luna de noche acu?tica y ballenas?- , captura la posibilidad de una mujer que est? viviendo y prosperando en niveles m?s y m?s profundos. El final del poema refleja adecuadamente cualquier sensible, razonante interminable del ser en busca por la profundidad con ?m?s profunda de noche acu?tica y ballenas?. Este fin recuerda simultaneamente, en un nivel mim?tico, la adaptaci?n ambiental del mam?fero acu?tico para la supervivencia que es, sucesivamente, un comentario oblicuo concerniente al sobrevivir del ser humano femenino. La hablante po?tica iguala con destreza a esta belleza mam?fera de proporciones gigantescas con la quintaesencia de Venus, estereot?picamente presentada en la crespa espuma del mar con una concha en sus pies. Aqu?, la enamorada ballena est? ?predestinada a recoger eternamente la lujuria del agua/ y un laberinto de algas ascendiendo a tus sienes?. Hay una referencia tambi?n a la habilidad de sonar de la ballena, con un giro sinest?sico- ?Oyes tu desnudez, / oyes nadar m?s lejos su imperio ensimismado?. La habilidad navegacional est? al servicio del colosal deseo er?tico; es s?lo en las l?neas finales del poema donde el hablante revela el foco del deseo cet?ceo:

Y susurras un nombre: ?Moby Dick?
Con el agua en los labios,
Ahora que todav?a sabe a sal su piel de luna
M?s profunda de noche acu?tica y ballenas.

Este poema subversivamente revisa varias tradiciones est?ticas, tanto literarias como pict?ricas. La Venus de Botticelli desde el Renacimiento es reconfigurada en esta canci?n de amor de la profanidad, la protagonista femenina amorosamente enuncia una atractiva versi?n de la vida privada del magn?fico antagonista del Capit?n Ahab. La muerte engendra vida en el acto de recontar y reescribir la t?mida resistencia de Moby Dick a la mujer, m?s que a la persecuci?n del macho, representado por la figura del Capit?n Ahab. En la reconfiguraci?n del cuento de Melville, esta poeta actualiza y feminiza el ambiente mar?timo. Su antropomorfosis general de los habitantes de las profundidades incluye la inserci?n de un elemento decididamente femenino en un texto que tradicionalmente ha sido le?do como un manifiesto culturalmente inscrito del antagonismo entre el hombre y la bestia, la naturaleza en sus m?s violentas permutaciones. Las im?genes de vista, sonido y tacto evocan la realidad f?sica y emocional de la ballena hembra, y niegan la rabia y furia en el texto original de Melville.
Dos colecciones en particular merecen especial atenci?n dentro del contexto de las mujeres y el mar. La primera es Elphistone ( 1988) de Blanca Andreu, y la segunda Capitanes de tiniebla por Angela Vallvey, cuyos poemas est?n fechados por la autora entre 1980 y 1985, y publicados en un libro en 1997. Blanca Andreu revel? el origen de Elphistone en una entrevista aparecida en el libro de Sharon Keefe Ugalde, Conversaciones y poemas: ?Hered? (Y) un estudio que ven?a con un peque?o escritorio, que lleva una placa donde est? escrito que dicho capit?n Elphistone le regalaba ese peque?o escritorio a un tal Бngel Gal?n. El estudio es como una habitaci?n de barco, y cuando empec? a utilizarlo, me rondaba por la cabeza la imagen de ese capit?n del que s?lo ten?a el nombre?. Ella tambi?n revela en la entrevista que ?Capit?n Elphistone?, creado en su colecci?n po?tica, ?no es una persona del todo de fiar, aparatado? (256), y que los principales temas de su colecci?n son el mar y la muerte. Estos detalles explanatorios no aparecen en la publicaci?n original de su colecci?n de poes?a en 1988, que llevaba simplemente el t?tulo de Elphistone. Sin embargo en su antolog?a de poemas, El sueсo oscuro, publicado en 1994, Andreu incluye un pr?logo para el libro llamado ahora Capit?n Elphistone, y se extiende sobre la explicaci?n del t?tulo del trabajo y su g?nesis, al tiempo que proporciona una descripci?n ricamente detallada del cuarto mismo. Tambi?n documenta el camino de la escritora para descubrir hechos biogr?ficos acerca del esquivo capit?n ingl?s, y revela el rol de su esposo, el novelista Juan Benet, en este proceso creativo. Este pr?logo es llamativo porque en su prosa po?tica, ella misma realiza un acto de pirateo: la voz po?tica de Blanca Andr?u se apropia no s?lo de la figura del Capit?n Elphistone, sino tambi?n del espacio de la escritura, para as? explorar el proceso mismo en el cual ella participa.
La colecci?n se inicia con una historia del espacio de escritura del capit?n, y de la poeta misma. La extrapolaci?n productiva de la poeta de los leit motivs del mar y la muerte, podr?an ser interpretados como elementos del proceso de escritura, con un fuerte indicio de una reflexi?n metatextual, en ambos sentidos de la palabra, que es tanto contemplaci?n como duplicaci?n. Hay una referencia intertextual impl?cita a Roomґs of One?s Own [Un cuarto propio] de Virginia Wolf, y a la funci?n de la musa, en este caso ejemplificada por el esposo de la poeta, Juan Benet. Esta poeta secuestra el espacio de escritura ligado al mar, tanto en un sentido mim?tico como semi?tico, y subvierte numerosas reglas de comportamiento social basadas en el g?nero que limitan el horizonte de expectativa femenino. A trav?s de esta colecci?n, hay un vago hilo conductor de lucha, escritura, metatextualidad, y muerte. Por ejemplo, el poema titulado ?Pale Fire?, que evoca la inclinaci?n metaficcional de Nabokov, termina con:

Y el resto no es sino la mano de un ahogado
Como una hoja que tiembla eternamente sobre las aguas,
No es sino una profunda posibilidad
En el fondo ciego, all? donde no alcanza
El silbato del capit?n Elphistone. (43)

La hablante recuerda en una confabulaci?n metaf?rica los juicios y tribulaciones de la aventura de escribir alg?n lugar entre muerte y liberaci?n, discurso y escritura, sonido y silencio. La enigm?tica figura del Capit?n Elphistone aparece fantasmag?ricamente y de manera difusa, un eco de la nunca desvanecida y recalcitrante musa femenina para el escritor masculino. Sin embargo en este caso, lo misterioso, el comandante extranjero se pavonea en las sombras, nunca a la entera disposici?n de la hablante po?tica: ?l inspira y somete la mano y el ojo de la poeta, dentro de un espacio pirateado fuera de una posesi?n masculina desde varias perspectivas. Tanto al evocar, como al co-optar por el espacio del capit?n, esta poeta pone al desnudo las convenciones de una femineidad sumisa y los l?mites predeterminados de g?neros tradicionalmente definidos como femeninos por la mujer escritora.

La colecci?n de Angela Vallvey, Capitanes de tiniebla, toma una mirada m?s l?dica y a veces par?dica del medio mar?timo y su relaci?n con la literatura, textualidad e intertextualidad, historia, costumbre, mujeres y el proceso creativo. En su ?Ars po?tica?, la joven poeta revela que una de sus tempranas influencias fue la del poeta rom?ntico Jos? de Espronceda, especialmente su ?Canci?n de pirata?. Ella comenta: ?En fin, lo importante es que yo me sent?a persona mientras lo recitaba para m? misma. (Y) Adem?s, esos versos me descubrieron una nueva y excitante religi?n: la de un dios llamado Libertad. No me pareci? mala idea, la verdad, si se la comparaba con la que ofrec?an otras confesiones, desde la Iglesia Cat?lica hasta los Rosacruces de California? (Ellas 559). De hecho, ella se toma libertades en relaci?n con los roles tradicionales y convenciones, ya sea aquellos de g?nero y literatura, o de cultura y costumbres. Vallvey abre varias posibilidades al lector para la dial?ctica ?Yo/t??, por medio de un sistema juguet?n de subjetividad flotante. Ella se apropia del mundo mar?timo del pirateo, la aventura, la violencia, la posibilidad libertina y desafiadora de la costumbre, especialmente aquella basada en el g?nero, como un arena viable para la experimentaci?n y realizaci?n femenina. En los textos titulados ?Mary Read?, ?La paradoja del coraz?n de Anne Bonney?, y ?Cuando Anne Bonney se enamor? de Mary Read?, la voz po?tica llama a la fama de las mujeres piratas travestidas del siglo dieciocho, mientras que en ?Jeanne de Belleville, viuda de Clisson, Caballero de Nantes?, celebra las memorias de una mujer que ha enviudado por el mar.
Remotos y ex?ticos locales son recordados en ?El exquisito color de la crueldad (La se?ora Ching)? y ?El a?o de Arouj (Barbaroja I)?, mientras ?Yajiro, San Francisco Javier y los mares del Jap?n? se refiere a la experiencia misionaria que sigui? a los descubrimientos por parte de Espa?a de dominios extranjeros v?a rutas mar?timas. Adem?s, en ?La mujer del pirata lava la ropa? la hablante femenina en primera persona desmitifica la supuestamente glamurosa vida de pirateo, contando su propia existencia rutinaria y encerrada: ella se sostiene a s? misma y a su hijo a partir de su trabajo como una lavandera durante cuatro largos a?os de esperar y mirar el horizonte esperando el retorno del barco de su esposo. En el texto final de la colecci?n titulada ?Vista marina del puerto de Plymouth?, el hablante sin g?nero, en primera persona, cuenta las tribulaciones de dejar su patria, pero admite francamente: ?A ninguno echo de menos?. El futuro se extiende hacia al oeste, en este lugar extra?o aunque familiar, donde la tierra en s? misma es personificada como un ser inestable y fr?gil:

No siento el balanceo
del agua negra que mece nuestro barco, al contrario,
es la tierra, all? en la lejan?a, quien parece inestable
desde aqu?, como si no estuviera quieta, como si
fuese fr?gil su sustancia. (67)

La visi?n marina del puerto da s?lo un confort parcial; se sobreentiende que la base s?lida y la lectura de la br?jula se encuentran dentro del hablante. El poema termina con: ?Han pasado los a?os. / Ya no sabr?a volver?, un mantra que se ajusta a la reciente ocupaci?n de las poetas espa?olas del dominio previamente masculino de la poes?a mar?tima.
Esta visi?n general de la poes?a escrita por mujeres espa?olas con un molde n?utico subraya la existencia de una distintiva tradici?n po?tica mar?tima femenina que corre paralela y a veces extra?a en relaci?n a la versi?n masculina, y refleja desde una perspectiva teor?tica y cultural los cambios en los roles femeninos en una sociedad que va desde la mitad del siglo veinte hasta nuestros d?as. Las poetas espa?olas se han apropiado del mar para explorar la identidad femenina y crear un espacio claramente femenino que respalda la agencia femenina, la aventura y la habilidad para entrar hacia una literal y metaf?rica tierra de nadie [no man?s land], no tanto como un medio para escapar, sino m?s bien, de autodescubrimiento en un contexto liberado de las presuposiciones y expectativas faloc?ntricas. Las fluidas fronteras de los oc?anos hacen eco y reflejan, en un sentido tradicional, el modo de conocimeinto de la mujer, ejemplificado en el amamantar de la madre a su hijo. Desde una perspectiva feminista, este espacio antiguamente masculino ahora puede ser interpretado como una met?fora ideal de los l?mites de una reivindicaci?n, un paralelo al desaf?o contempor?neo y de oportunidad para las mujeres. Estas poetas ofrecen un recuento de estas viejas historias y, con su apropiaci?n subversiva del leit motif mar?timo, insertan voces gen?ricas o ambiguas en el canon l?rico espa?ol, que sucesivamente cuestiona de manera impl?cita la visi?n tradicional centrada en lo masculino. Parafraseando al hablante de Vallvey en el poema final, ?Ya han pasado los a?os, / No sabr?an volver?. O como Jos? Manuel Blecua comenta en la introducci?n a El mar en la poes?a espa?ola, titulada ?Carta de navegar?: ?Navegar ha sido siempre correr un riesgo, pero bien merece la pena ser audaces ante el misterio de lo desconocido? (13). Este esp?ritu refleja bien la realizaci?n de las mujeres espa?olas poetas hoy, cuya inversi?n, subversi?n y revisi?n del falocentrismo, la l?rica y la tradici?n mar?tima han abierto el camino para el descubrimiento de un nuevo territorio m?s all? de lo can?nico tradicional y literario, y del alcance de la mera geograf?a. Todas estas escritoras quisieran moverse m?s all? de sus l?mites para explorar las previamente desconocidas profundidades, para crear su propio discurso personal, de las profundidades y de su propio ser.


NOTAS

en tierra de Rafael Alberti o El contemplado de Pedro Salinas vienen f?cilmente a la mente.
Para leer m?s acerca de relaciones femeninas no esencialistas a la naturaleza, v?ase Patrick Murphys ?Ecofeminist Dialogics?, y Karla Armbursters ?A Postructuralist Approach to Ecofeminist Criticism?, ambos en Lawrence Coupe, ed., The Green Studies Reader (London: Routledge, 2000). V?ase tambi?n Annete Koloknys U?nearthing Herstory: An Introduction? en Cheryll Glotfelty & Harold Fromm, eds., The Ecocriticism Reader: Landmarks in Literary Ecology (Athens: The University of Georgia Press, 1996).
Anca Vlasopolos, Staking Claims for No Territory: The Sea As Womans Space? en Margaret R. Higonnet, ed., Reconfigured Spheres: Feminist Explorations of Literary Space (Amherst: University of Massachusetts Press, 1994), 72-88. Su estudio trata de novelas como las de Jane Austen, Virginia Woolf y Kate Chopin.
Jos? Manuel Blecua, ed., El mar en la poes?a espa?ola (Madrid: Editorial Hisp?nica, 1945).
Luis Alberto de Cuenca, ed., La poes?a y el mar/ A poesia e o mar (Madrid: Visor, 1998).
Noni Benegas y Jes?s Mun?rriz, ed., Ellas tienen la palabra: Dos d?cadas de poes?a espa?ola (Madrid: Hiperi?n, 1997). Siguientes referencias en el cuerpo del texto.
La joven poeta femenina Andrea Luca establece una casa editorial y la llama ?Sirena de los Vientos?.
Ana Rossetti, Indicios vehementes (Poes?a 1979-1984) (Madrid: Hiperi?n, 1985).
Ver la antolog?a de los versos de Atencia que llevan el t?tulo de La seсal: Poes?a 1961-1989 (M?laga: Excmo. Ayuntamiento de M?laga, 1990).
Aurora Luque, Carpe mare (M?laga: Miguel G?mez Ediciones, 1996).
El poema de Luque titulado ?Lotofagia? (48-49) de una de sus siguientes colecciones de poes?a titulada Transitoria (Renacimiento, 1998) ofrece una meditaci?n sobre los comedores de loto como met?fora de la lectura y del proceso de escritura. El poema empieza con ?Tardamos tanto a veces/ en entender un verso rele?do?; y dice ?Homero puso tantas palabras en la orilla. / Podr?as ser el loto que Odisea/ nunca lleg? a probar: ser la misma sustancia.? El poema finaliza con ?Tardan tanto los versos rele?dos/ en encontrar el cuerpo que los narre?.
Este poema est? dedicado a Unica Zurn y Luisa Castro; la ?ltima es poeta, previamente mencionada, y la autora de la colecci?n titulada Ballenas, publicada en 1988.
Blanca Andreu, Elphistone (Madrid: Visor, 1988). Angela Vallvey, Capitanes de tiniebla (Valencia: Ediciones Epistme S.L., 1997).
Sharon Keefe Ugalde, Conversaciones y poemas: la nueva poes?a femenina espa?ola en castellano (Madrid: Siglo Veintiuno Editores, 1991), 255.
Blanca Andreu, El sueсo oscuro: Poes?a reunida 1980-1989 (Madrid: Hiperi?n, 1994).
En She Captains, Druett discute Pirate Queens en el cap?tulo 4, y Mary Read en el cap?tulo 7. Marcus Rediker discute acerca de las mujeres piratas Ann Bonny y Mary Read en su Liberty beneath the Jolly Roger, mientras Dianne Dugaw considera las hero?nas travestis y las marcas de clase y de g?nero en su Female Sailors Bold, los dos ?ltimos art?culos se encuentran en Iron Men, Wooden Women, editado por Creighton y Norling.
Este estudio est? dedicado a Helen Halaburda Persin, quien ayud? a su joven hija a la tierna edad de diecinueve a?os a escaparse al mar. Con este acto, esta intr?pida hija descubri? una nueva tierra y cambi? su vida por siempre. Gracias, mam?.


Margaret Persin
Rutgers University
Department of Spanish and Portuguese
New Brunswick, NJ 08901
USA


(Texto recogido en las Actas del VIII Encuentro Internacional de Mujeres Poetas, publicado por Diputaci?n Foral de Alava en 2006)

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Publicado por gala2 @ 1:53  | POETAS
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Domingo, 08 de julio de 2007 | 8:20
Interesant?simo. Me gustaria participar.
Visita mi blog: footu.blogspot.com
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Domingo, 08 de julio de 2007 | 18:21
Hola amigo. Puedes participar cuando quieras. S?lo tienes que enviar tus poemas o noticias al mail: [email protected] indicando en asunto: PARA BLOG DE POES?A.
Un cordial saludo. Y sigue con tu blog. La poes?a siempre tiende puentes y reduce distancias entre quienes amamos las palabras. Gala.