S?bado, 19 de mayo de 2007
REDEFINIENDO LOS L?MITES: LA REPRESENTACI?N DEL ESPACIO
EN LA POES?A ESPA?OLA ESCRITA POR MUJERES (1950-2000)




Considero que vosotras, las poetas, sois muy generosas. Escribir un poema l?rico requiere no s?lo un don, un gran esfuerzo creativo, el empe?o del pulido art?stico, sino adem?s una asombrosa franqueza ?ntima. Y el d?a que se publica el poema todo eso lo regal?is al lector. Porque una vez publicado es v?lido preguntar: ?De qui?n es el poema? ?De la autora o de los lectores? Como lectora gozo del regalo. No hay como el placer de estar en un lugar tranquilo con un libro de poes?a entre manos y vivir a trav?s del texto intensas emociones conocidas y desconocidas y captar con claridad en el momento de la lectura los impenetrables misterios de la experiencia humana.
Os advierto que como investigadora tambi?n gozo del regalo. Sin nunca perder de vista el placer est?tico acepto el obsequio como un rico caudal de informaci?n socio-hist?rica. La voz po?tica colectiva de una ?poca ilumina con intensidad y precisi?n el impacto de las construcciones sociales en lo m?s ?ntimo del ser. Y mi prop?sito hoy es precisamente enfocar en la poes?a escrita por mujeres en la segunda mitad del siglo XX como un testimonio de la evoluci?n de la estructura del g?nero, vista a trav?s del prisma de las pr?cticas espaciales, que ocupan un lugar fundamental en el an?lisis de la hist?rica subyugaci?n femenina. Algunas de las interrogaciones m?s virulentas del feminismo, seg?n Minrose C. Gwin, se centran en los problemas espaciales de la exclusi?n y el encierro: la prohibici?n de entrar o la prohibici?n de salir (20).
Las ciencias sociales reconocen una relaci?n estrecha entre la estructura social del espacio y del g?nero. Explican lo que todos observamos en la vida cotidiana, que la construcci?n social del espacio designa que determinados espacios son femeninos y otros masculinos. La reclusi?n de las mujeres en recintos cerrados, predominantemente dom?sticos, ha contribuido a reproducir, generaci?n tras generaci?n, la jerarqu?a patriarcal. El refr?n popular, ?La mujer honrada, en casa y con la pata quebrada,? ejemplifica la naturalizaci?n de las pr?cticas espaciales, como si fuera dada por la naturaleza y por consiguiente inalterable, la localizaci?n de las mujeres en los espacios interiores privados. El refr?n no s?lo revela la relaci?n que existe entre la construcci?n social del espacio y del g?nero, sino tambi?n la pr?ctica de asignar a los espacios una ?esencia? que a su vez funda un mito que reproduce una estructura de poder que subyuga a las mujeres.
Algunas propuestas te?ricas recientes ponen ?nfasis, no en los contenidos establecidos del espacio, sino en el poder transformador de las pr?cticas espaciales. Michel de Certeau afirma que el espacio no s?lo restringe sino que libera procesos de transformaci?n. En otras palabras, el uso del espacio, adem?s de reproducir construcciones sociales establecidas, puede nutrir el cambio social. La ge?grafa feminista Doreen Massey asevera que las pr?cticas espaciales no son congeladas y est?ticas, sino ?abiertas y porosas? (Space, 5). Vistas tanto diacr?nica como sincr?nicamente, constituyen una compleja serie de capas de interrelaciones sociales que fluct?an y cambian, desafiando ?cualquier afirmaci?n de historias eternas o identidades imperecederas? (Space 5). Hoy en d?a entonces, el estudio del espacio sirve para analizar tanto las estructuras patriarcales opresivas como la resistencia de las mujeres frente a la segregaci?n espacial binaria que fortalece la dominaci?n masculina.
En mi an?lisis, primero considero la generaci?n de medio siglo, poetas nacidas entre 1924-1939. Su representaci?n de una divisi?n binaria del espacio, basada en el g?nero, corrobora el papel del espacio esencializado en la reproducci?n del poder vigente. Despu?s, considero c?mo la configuraci?n discursiva del espacio?en este caso los textos po?ticos?puede liberar procesos de transformaci?n, abriendo nuevos terrenos a las mujeres. En el ?ltimo apartado vuelvo a una perspectiva hist?rica para analizar la poes?a escrita por mujeres de los a?os 80 y 90. Despu?s de la Transici?n en Espa?a las poetas exploran territorios antes prohibidos y subrayan la constante fluctuaci?n de las fronteras.

Las poetas de medio siglo

Llama la atenci?n la frecuencia con que las poetas de medio siglo representan el espacio como un poder que restringe. Las alusiones al encierro y al encarcelamiento reflejan la r?gida configuraci?n del espacio femenino en las primeras d?cadas de la posguerra. El acceso de las mujeres al espacio p?blico?la pol?tica, la producci?n cultural, el empleo?era sumamente limitado. El mensaje del comportamiento femenino socialmente aceptable se filtraba por m?ltiples sitios discursivos, desde los juguetes y los anuncios publicitarios hasta el confesionario, y era inequ?voco e intransigente: ellas deber?an ser sumisas, dependientes, modestas y no demasiado inteligentes. En la ?poca franquista las mujeres llevaban en la espalda el peso de una doble censura?la del R?gimen que prohib?a la expresi?n de una pol?tica de oposici?n y acceso a informaci?n del extranjero, y la del g?nero que silenciaba sus voces y restring?a sus lugares en la sociedad.
Las poetas de medio siglo no abordan abiertamente la tem?tica de las pr?cticas espaciales en relaci?n al g?nero, sino, desde la perspectiva de una vivencia ?ntima dejan vislumbrar las redes de poder subyacentes. Los poemas brindan un conocimiento profundo del impacto de las pr?cticas espaciales en la vida de las mujeres; no es una visi?n abstracta sino de carne y hueso. Algunos ejemplos ilustrar?n c?mo la poes?a de las ni?as de la guerra constituye un testimonio socio-hist?rico, a la vez ?ntimo, de las pr?cticas espaciales femeninas de la ?poca.
La poes?a de Mar?a Teresa Cervantes (Cartagena, 1931) pone de manifiesto la naturalizaci?n de las pr?cticas que exclu?an a las mujeres del espacio exterior. En Ventana de amanecer (1954), el primer libro de Cervantes, se resalta de inmediato un espacio cercado, si no por las peque?as dimensiones del librito, s? por la ilustraci?n de la portada: una ventana abierta que sugiere una mirada que desde adentro contempla el paisaje exterior. Es la perspectiva de la ?ventanera? que describe Carmen Mart?n Gaite en sus ensayos sobre el comportamiento femenino de los a?os de la posguerra. En ?Poema III? encontramos efectivamente a un sujeto l?rico que est? en casa mirando por la ventana:

Muere el sol,
el conf?n lo est? llorando.

--El hogar est? encendido.
--?Espera que estoy pensando!

Fr?o, fr?o, mucho fr?o.
En la sierra est? nevando.
Los hierros de mi ventana
se ponen un traje blanco.

--Vente, vamos al hogar.
--?Espera que estoy pensando!

Est?n hablando a mi espalda,
me llaman por todos lados.
Sigo en la ventana inm?vil
mirando un mundo so?ado.

--Sigue el hogar encendido.
--?Espera que estoy pensando! (13-14)

El breve di?logo, espont?neo y familiar, recuerda las cantigas de amigo de los cancioneros gallego-portugueses, pero no se lamenta la ausencia de la amada, sino la prohibici?n de aventurarse m?s all? de los hierros de la ventana hacia ?un mundo so?ado?. A trav?s de un di?logo ?ntimo entre el sujeto l?rico y otro miembro de la familia, quien le llama al centro de la domesticidad, simbolizada por ?el hogar?, se transparenta con nitidez el conflicto interior del entre transgredir los l?mites o asumir el lugar debido en la estructura dom?stica. Un crescendo estructura el texto expresando la presi?n cada vez mayor de cumplir con el comportamiento femenino normativo: primero, el aviso que la chimenea est? encendida, luego la advertencia que es hora de acercarse al hogar, y finalmente, con la reiteraci?n, ?Sigue el hogar encendido?, la insinuaci?n que todos est?n esperando que se cumplan las normas. La repetida respuesta a la llamada incesante, ??Espera que estoy pensando!?, es un estribillo que intensifica la expresi?n del dilema de la ventanera. La voz que insiste en que la mujer se reintegre a la familia presenta una visi?n c?lida y luminosa de la casa: ?El hogar est? encendido?, mientras el sujeto l?rico percibe oscuridad y tristeza: ?Muere el sol / el conf?n lo est? llorando?. Para ella la casa conlleva connotaciones de una prisi?n fr?a: ?En la sierra est? nevando. / Los hierros de mi ventana / se ponen un traje blanco?.
La poes?a de Cristina Lacasa (Barcelona, 1929) nos brinda otros ejemplos de la representaci?n de la relaci?n entre el espacio y el g?nero. En ?Estas cuatro paredes?, un poema del primer libro de Lacasa, La voz oculta (1953), encontramos una aceptaci?n pasiva del encierro femenino: ?Esas cuatro paredes me conocen, / m?s, mejor que yo misma? (29-30). Las paredes, ?de ladrillo y cemento,? se saturan del ser ?ntimo del sujeto l?rico y hasta exhiben calidades tel?ricas atractivas: ?Como la madreselva, perfumadas / intensamente, con mi propio aliento?.
La conformidad con los l?mites espaciales sufre un cambio marcado en el segundo libro de la poeta, Los brazos en estela (1958). El poema ?La calle? recalca el papel de la madre en la reproducci?n de la divisi?n binaria del espacio, pero el sujeto l?rico ya no se adhiere pasivamente a las pr?cticas espaciales naturalizadas:

la madre
prohibiendo, firmes la voluntad y el rostro,
el pretendido sue?o de la calle.
Temores y reparos en sus labios:
"Las ni?as deben ser obedientes, hija;
la calle es un cami?n monstruoso, siempre en acecho (16)

Lacasa utiliza varios recursos po?ticos para expresar los recuerdos desabridos, provocados por los l?mites espaciales que ella vivi? durante su adolescencia. Por ejemplo, el uso del participio de presente, en lugar del verbo conjugado, intensifica la sensaci?n del encierro. Como es evidente en los versos siguientes la protagonista se siente ?detenida,? sin poder asumir la posici?n de sujeto verbal: ?Yo aprisionada en el alto balc?n, / creciendo en melancol?a y en impaciencia? (16).
Las poetas de medio siglo que representan el efecto nocivo del binarismo que gobernaba el uso del espacio comparten ciertas im?genes; la m?s destacada es ?el muro? o sus variantes, ?la muralla? o ?la pared?. Aurora de Albornoz (Luarca, Asturias, 1926-Madrid, 1990) elabora con especial esmero la imagen del muro, que en su obra llega a expresar un estado de ?casi muerta?, relacionado con la exclusi?n de la mujer del espacio p?blico. En el poema ?Emma Bovary? (Poemas para alcanzar un segundo, 1961), Albornoz combina la imagen del muro con la intertextualidad literaria, evidente en el t?tulo del poema que refiere a la novela de Gustave Flaubert. Los muros adquieren dimensiones y espesura hiperb?licas, y su impenetrabilidad resalta el extremo del vac?o ontol?gico que sufre la protagonista al sentirse incapaz de librarse de las convenciones sociales que la apresan: ?Qu? espesos son los muros / C?mo duele apartarlos / C?mo se nos aprietan en torno / ?Qui?n se atreve a romperlos?? (60-61).
Otra imagen recurrente es ?el paso de cebra?. En poemas que recrean la experiencia ?ntima de la adolescencia o de una mujer joven en los a?os cincuenta o sesenta, el paso de cebra invariablemente alude a las restricciones que imped?an que las mujeres se desplazaran por las calles libremente. En la Espa?a de la posguerra el espacio urbano era territorio peligroso para las mujeres, poniendo a riesgo su decencia. Crisitina Lascasa, por ejemplo, en ?Ya perd? medio siglo? (?palos del instante, 1982) recuerda su adolescencia como ?un sue?o de imposibles / pasos de cebra? (62). Encontramos una variante ir?nica de la imagen en la poes?a de Blanca Sarasua (Bilbao, 1939). En un poema titulado precisamente ?Paso de cebra? (Atico para dos, 1989), Sarasua expresa el deseo ferviente de transgredir las normas del comportamiento femenino que exig?an la moderaci?n y la modestia, aunque fuera una trasgresi?n moment?nea, para despu?s tener m?s fuerza para aguantar una existencia est?tica y delimitada. La poeta aborda distintos atributos del concepto del espacio: el ?rea, al referirse a ?campa acotada? y la distancia y la direcci?n, ambas negadas con la referencia al ?sem?foro encubierto.? Una alusi?n al paso de cebra, en el sentido de l?neas pintadas en la calle pisadas por los peatones, sugiere la subyugaci?n femenina. El humor ir?nico al final del poema constituye un golpe subversivo en contra del encierro femenino.

Si pudiese ser tormenta
s?lo por un momento,
volver?a a ser paso de cebra,
campa acotada,
sem?foro encubierto,
sin chistar, pensando que est? bien,
que es as? nuestro tiempo.

La representaci?n del espacio como proceso libertador

Elizabeth Grosz nos recuerda que ?la l?nea entre la obediencia y la subversi?n es siempre tenue? y que las redes de poder, tales como las pr?cticas espaciales, nunca ?nos dejan completamente pasivas y obedientes? (144). Minrose C. Gwin, en su estudio de mujeres novelistas, tambi?n subraya la posibilidad de cambio aseverando que ?La contemplaci?n del espacio, tal como se evoca imaginariamente en la literatura, nos hace conscientes de la vulnerabilidad de las fronteras? (9). Nuestra lectura de la poes?a escrita por mujeres de Espa?a en la segunda mitad del siglo XX confirma estas observaciones. Con sus textos las poetas, consciente o inconscientemente, sutilmente ensanchan las fronteras que restringen a las mujeres.
El poema ?El mundo de M.V.? de Mar?a Victoria Atencia (M?laga, 1931) ilustra admirablemente el poder transformador del arte:

El mundo de M.V.
Si mi mano acaricia la cretona de p?jaros
inglesa y he encendido el quinqu? y hay un lirio
en la opalina y huele a madera la casa,
puedo llegarme al verde y al azul de los bosques
de Aubusson y sentarme al borde de un estanque
cuyas aguas retiene el tapiz en sus hilos.

Me asomo a las umbr?as de cuanto en esta hora
dispongo y pueda darme su reposo: tambi?n
este mundo es el m?o. Entreabro la puerta
de su ficci?n y dejo que sobre este a?adido
vegetal de mi casa, por donde los insectos
derivan su zumbido, se instale una paloma. (63)

Inicialmente, en la primera estrofa, se identifica el espacio cotidiano del sujeto l?rico, la casa, con todo cuidadosamente ordenado, hasta el detalle del lirio en la opalina, para luego resaltar (l. 3-6) la presencia atrayente de una obra de arte con el potencial de redefinir los l?mites habituales. El tapiz de Aubusson abre las fronteras a un lugar de belleza perenne donde la fluidez de las aguas y del tiempo se detiene. En la segunda estrofa, el sujeto l?rico reclama como suyo el espacio ilimitado de la imaginaci?n creativa: ?tambi?n / este mundo es el m?o. Entreabro la puerta / a la ficci?n?. Con gran dominio de la s?ntesis conceptual, Atencia simult?neamente conquista el espacio ilimitado de la creaci?n art?stica y disuelve fronteras confundiendo la realidad y la ficci?n y negando de divisi?n entre el papel tradicional de la mujer ?espacio interior privado-- y su papel de escritora ?espacio exterior, p?blico.
La desestabilizaci?n de los l?mites no s?lo se manifiesta en poemas que realzan como propio el poder del arte sino tambi?n en otros que crean un lugar distinto m?s all? del imaginario patriarcal. Teresa de Lauretis sit?a este otro-lugar al margen de los discursos hegemon?nicos, en espacios sociales tallados en los intersticios de las instituciones y en las grietas de los bloques del poder. Varias poetas de la generaci?n de medio siglo crean un espacio de diferencia que recuerda el orden semi?tico que Julia Kristeva, bas?ndose en el Orden Imaginario lacaniano, identifica con la etapa pre-?dipica del proceso de la individuaci?n, durante el cual el cuerpo de la madre ocupa el espacio principal y los l?mites entre el mismo y los otros son ambiguos.
Elena Andr?s (Madrid, 1931) es la poeta que m?s insiste en una visi?n de un espacio m?s all? del imaginario patriarcal. En su b?squeda de auto-conocimiento la poeta expresa un deseo de repasar los l?mites de la racionalidad y de la linealidad del orden simb?lico y de regresar a un espacio primordial. El sujeto l?rico ?comete el acto delictivo de volverse hacia los or?genes en busca de ?sedimento o poros de su ser?? (Newton, 165). En poemas como ?Mujeres? (Eterna vela, 1961) y ?Bajo los pinos? (Desde aqu? mis se?ales, 1971), Andr?s establece una relaci?n entre el espacio primordial y el cuerpo femenino. En ?Bajo los pinos? el sujeto l?rico exclama: ??desn?ceme en tu b?veda, / ac?geme en su vientre / como a precriatura!? (88). Pero es en el poema ?Dos caminos? (Dos caminos, 1964), donde culmina la fuerza expresiva de la imaginer?a acu?tica. En el arduo camino hacia el conocimiento de un lugar al margen de los discursos hegem?nicos, el sujeto l?rico siente primero ?una sombra primaria? para luego alcanzar ?las aguas lentas? (56).
Aun en momentos de mayor inflexibilidad en las pr?cticas espaciales jer?rquicas, las poetas, palabra a palabra, renegocian la configuraci?n social del espacio y del g?nero activando procesos de cambio. Descubren sorprendentes salidas del encierro. El reconocimiento del poder art?stico propio y la creaci?n de un espacio m?s all? del imaginario patriarcal son dos rutas propuestas por las poetas de los a?os 50, 60 y 70.

Los cambios de los a?os ochenta y noventa

Desde fines de los a?os 70 hasta la entrada de la d?cada de los noventa, el papel de la mujer en la sociedad espa?ola cambia radicalmente, tanto en el contexto legal y laboral como en el sistema educativo. La nueva construcci?n del g?nero se manifiesta en la transformaci?n de las pr?cticas espaciales, confirmando la declaraci?n de David Harvey que ?La historia de los cambios sociales es vista en parte a trav?s de la historia de la conceptualizaci?n del espacio y del tiempo? y que ?las pr?cticas espaciales. . . nunca son neutrales en cuestiones sociales? (218, 239). Al leer la poes?a escrita por mujeres de las ?ltimas dos d?cadas del siglo XX, es evidente que la angustia del encierro y la preocupaci?n con los muros impenetrables ya no dominan la representaci?n de las pr?cticas espaciales, ni tampoco el imaginarse un otro-lugar. Ahora las poetas representan a las mujeres desplaz?ndose con toda normalidad por espacios urbanos.
El primer libro de Ana Rossetti, Los devaneos de Erato (1980), ejemplifica c?mo la poes?a refleja, y promueve, la reconfiguraci?n del g?nero y de las pr?cticas espaciales. En ?A la puerta del cabaret? la poeta se deleita en transgredir las normas y reclamar con br?o subversivo territorios antes prohibidos. Despu?s de Rossetti, son abundantes las representaciones de mujeres localizadas en espacios previamente reservados s?lo para hombres. La conquista territorial es evidente en ?Casablanca? (La canci?n del olvido, 1985) de ?ngeles Mora, ?Tango de noche? (Los d?as laborales, 1988) de Inmaculada Meng?bar y en ?El tiempo de los puentes de Bilbao? (Tiempo, 2000) de Mar?a Maizkurrena, cuyo sujeto l?rico da por hecho que la ciudad entera ?las calles, los caf?s, los bares, los cines y el metro? es terreno suyo. Aurora Luque tambi?n crea, en poemas como ?Terraza? y ?Calle de Altamirano? (Problemas de doblaje, 1990), un sujeto l?rico que se siente c?modo en los espacios p?blicos urbanos, movi?ndose independiente y libremente por la ciudad y que, adem?s, viaja, ?como si nada?, al extranjero.
Las referencias a modos de transporte recalcan el cambio en las pr?cticas espaciales de las mujeres. En ?Los viajes detenidos?, (Carpe noctem) de Aurora Luque, el motif del viaje, manifiesto en la repetici?n de la palabra viajeros y en las alusiones a distintos modos de transporte, como los buques o los helic?pteros, es la base de un discurso metaf?rico cuidadosamente construido. Algunas poetas utilizan un modo de transporte como escenario del poema, por ejemplo, Isla Correyero en su poema ?Crimen en el metro? (Cr?menes, 1993) y Rosa D?az en su libro Mon?logos con la SE-30.
Los muros insuperables y los l?mites absolutos quedan relegados al pasado. Los sujetos l?ricos del fin del milenio transitan d?nde y cu?ndo quieren por las calles urbanas y los viajes al extranjero son rutinarios. La representaci?n de las pr?cticas espaciales femeninas parece tener un fin feliz pero aqu? no se acaba la historia.
A la vez que las poetas de los 80 y los 90 representan la mejora en la posici?n de la mujer en la sociedad espa?ola con su nueva libertad espacial, crean unos sujetos l?ricos que van a la deriva, deambulan, incapaces de arraigarse en un lugar que tenga significaci?n ontol?gica. Estos sujetos reflejan la cultura posmoderna frecuentemente descrita en t?rminos de pr?cticas espaciales. Hannah Ardent, por ejemplo, habla de un espacio vac?o, un espacio en blanco, en el que predomina una sensaci?n de abandono. Patricia Yaeger resume las formulaciones de Ardent de esta forma: ?Cuando el mundo deja de ofrecer la ilusi?n de ser una morada en com?n, los lugares llenos de sentido y significaci?n se transforman en un espacio an?nimo trastornado.? Aurora Luque expresa esta sensaci?n un poema titulado ?Ciudad? (Carpe noctum) cuando dice: ?Tanta, tanta es la luz sin asidero? (43). Se podr?a pensar en nuestro mundo global de ahora como el no-lugar, el no-centro, la no-fijaci?n. El espacio an?nimo trastornado lleva a la fragmentaci?n de la subjetividad, un estado doloroso de desorientaci?n, y al anhelo de la reintegraci?n en espacios que tengan significaci?n.
La visi?n perturbadora de la cultura posmoderna penetra la poes?a de Concha Garc?a. La coherencia de su obra se debe en gran parte a la expresi?n reiterada de una sensaci?n de desorientaci?n. Rosa Mar?a Belda habla de ?la suma de p?rdidas que expresan el desencuentro con el mundo? (395). En Ayer y calles (1994) el sujeto l?rico vaga sin rumbo por un espacio urbano, un no-lugar de calles, bares y cuartos de hotel abstractos. Como asidero busca objetos y rituales diarios pero todo es ?Cansancio? (Otra ley, 1987) y ?Aburrimiento (Pormenor, 1993). En Cu?ntas llaves (1998) la poeta expresa con aguda intensidad la sensaci?n de estar rodeada de espacios sin sentido: ?Espacios que salen a flote / para que no est?s? (50). Un lenguaje fracturado y disidente, caracterizado por una sintaxis quebrantada, los neologismos y la elipsis, reflejan la desorientaci?n de una subjetividad para quien s?lo existe el no-lugar.
Cada vez con mayor frecuencia las poetas representan las secuelas ?ntimas del espacio an?nimo. Metaf?sica del trapo (2000) de Mar?a Eloy-Garc?a (M?laga, 1972) es un ejemplo, y otro, Dados y dudas (1996) de Amalia Iglesias Serna (Palencia, 1962), en el cual el vagar sin rumbo ocupa un primer plano:

Tal vez mejor
ser peregrino que sendero,
no repetir m?s huellas.
N?madas, y pasar como este cielo. (57)

En su segundo libro, La llave de niebla (2003), Guadalupe Grande (Madrid 1965) igualmente capta con precisi?n y hondura emocional la crisis cultural posmoderna, formul?ndola en t?rminos espaciales. Grande combina con originalidad un lenguaje enga?osamente sencillo, ritmos quebrantados, la repetici?n, y la fusi?n de registros cotidianos y metaf?sicos. El sujeto l?rico se mueve en un laberinto urbano, un espacio que no le ofrece ning?n refugio. En el poema ?Postal I? acaba declarando: ?Una ciudad, hoy, es estar lejos? (10).

Punto final

Al contemplar la representaci?n del espacio en la poes?a espa?ola escrita por mujeres entre 1950 y el fin de milenio, descubrimos una trayectoria en auge, del encierro que lamentan las poetas de medio siglo en sus libros iniciales a la conquista territorial evidente en libros publicados despu?s de la Transici?n. Las poetas mismas, a?n en ?pocas represivas, contribuyen a la transformaci?n de las pr?cticas espaciales y con ella a la reconfiguraci?n del g?nero, sea por reconocer el poder creativo de su arte, por descubrir espacios m?s all? del imaginario patriarcal o por una atrevida subversi?n textual de las normas. Al acercarse el fin del siglo XX esta trayectoria ascendente aparentemente se estanca en la desorientaci?n del no-lugar y la no-fijaci?n. Pero propongo que el trastorno del espacio an?nimo posmoderno tiene su lado positivo. Una subjetividad n?mada, como la de los sujetos l?ricos de Concha Garc?a, Amalia Iglesias, Guadalupe Grande, Mar?a Eloy-Garc?a y otras, es valiosa porque impide el arraigo del absolutismo. Rosa Braidotti explica que el nomadismo ?se refiere al tipo de conciencia cr?tica que se resiste a establecerse en los modos socialmente codificados de pensamiento y conducta. . . . Lo que define el estado n?made es la subversi?n de las convenciones establecidas? (31). Para Braidotti lo m?s admirable es que los desplazamientos n?mades, ?designan un estilo creativo de transformaci?n; una met?fora performativa que permite que surjan encuentros y fuentes de interacci?n de experiencia y conocimiento insospechadas...? (32). Los desplazamientos n?mades entonces no indican el fin de una trayectoria en alza. Al cerrarse el siglo XX sigue habiendo motivos para celebrar el proceso de reterritorializaci?n manifiesta en la poes?a escrita por mujeres.



BIBLIOGRAF?A DE OBRAS CONSULTADAS


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Sarasua, Blanca. ?tico para dos. Bilbao, 1989.



Sharon Keefe Ugalde
Texas State University, San Marcos


(Texto recogido en las Actas del VIII Encuentro Internacional de Mujeres Poetas, publicado por Diputaci?n Foral de Alava en 2006)

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Publicado por gala2 @ 6:01  | POETAS
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Domingo, 20 de mayo de 2007 | 18:50
De la misma autora y con una introducci?n muy pr?xima a este texto: "EN VOZ ALTA" Las poetas de las geenracionbes de los a?os 50 y los 70, Antolog?a".
Ed. Hiperi?n, mMdrid 2007

Creo que ya lo hab?a citado antes en alg?n comentario.
Un abrazo.
Mariano Ibeas