Martes, 03 de abril de 2007
Pr?logo del poemario de Angela Serna De eternidad en eternidad, Editorial La Palma, Madrid, diciembre 2006)

Andr?e Mart?nez

EL VALOR DE UNA C?PULA


Una conjunci?n copulativa basta para presentar este poemario como una conclusi?n; para dar fe de la clausura de una etapa: ?Y todo lo que es aqu? / y ahora, en esta orilla / renace ingr?vido / en la b?veda oscura de nuestro mar.?

Atravesado de parte a parte por ecos de deudas adquiridas en m?ltiples lecturas, descubrimos a Valente en un verso que da t?tulo al libro, a Angela Figuera, a Juan Ram?n Jim?nez, a Baudelaire, a Olga Orozco, a Blanca Varela y, en sordina, a otros muchos poetas, hombres y mujeres, intuidos en la lectura de un poemario que se quiere ?grito del silencio?, renacer a la palabra desde la palabra misma: ?palabra-placenta, claustro / de cada uno de los signos / que dibujan mi alfabeto / l?quido...? Una palabra que, inesperada, di?fana, ind?mita, son?mbula, olvidada o desflorada, es el leitmotiv de este bello canto a la poes?a.

Escrito en agosto de 2005, seg?n nos informa la autora, De eternidad en eternidad es, ante todo, el comienzo de una escritura que se sabe y se quiere otra, pues este poemario marca una ?ruptura? con todo lo escrito anteriormente por Angela Serna. Se trata de un poemario surgido de un vac?o o, mejor dicho, de un vaciarse para llenarse con otras voces llegadas de repente y que, desde la palabra distinta y distante, se congregan en la orilla de un mar que es m?s que agua: un mar vaso-comunicante en el que transitan toda clase de barcos en direcci?n a un horizonte que deja de ser l?mite para convertirse en punto de reuni?n de voces ancestrales, miembros de una misma tribu: la de quienes cantan en tiempos de tormenta y en tiempos de calma chicha.

Un canto a la palabra que se teje y se desteje, que avanza y retrocede en una espera infinita. Un reconocimiento a la palabra po?tica desde la ausencia de la palabra: la ignota, la a?n no nacida y, sin embargo, latente en cada verso. Un poemario escrito desde la carencia, la p?rdida, el silencio, el olvido: pilares necesarios para encontrarse en la distancia que supone la escritura en los m?rgenes, ese punto que es y no es al mismo tiempo, ese lugar que s?lo es posible en poes?a, en el que la poeta se despoja de todos sus ropajes con la firme decisi?n de vestirse con las palabras que la atraviesan, y en el deseo de fundirse con ellas: ?S?lo as? ser?s, seremos, / cuerpo y alma enamorados / en tiempos de carencia.?

Con todo, advertimos una cierta resistencia a perder el habla (Tu palabra / prendida en un rosal, / -perfumada aunque marchita- / se resiste a ausentarse / con el viento de la tarde?), junto a un ardiente deseo, casi obsesivo, de cortejar a la palabra ?otra?, de dejarse seducir por ella: ?Desn?date, palabra, / entr?gate a m? ?nica y eterna /(...) Vuelve nueva y despojada / para que pueda, despierta, / reconocerme en ti?, para verificar que lo que est? ocurriendo entre las dos (palabra y poeta) no es un sue?o. Pues palabra y papel laten al un?sono en este ?peque?o mundo? donde, de eternidad en eternidad, se van vertebrando ?arrugas y canas ... / al amparo de un tiempo perdido en esperarte?. ?Y qu? es la poes?a sino eso: una espera perpetua, ?principio y fin de una demora, / presencia de una ausencia...?? Poes?a siempre n?ufraga, ?alumbrada en la frontera del olvido.?

S?lo desde el olvido son posibles los versos que aqu? se nos ofrecen. S?lo desde la carencia: ?faltan palabras para avanzar...?, s?lo desde la b?squeda de ?la palabra invertebrada / y ?nica que me permitir? / nombrarte m?s all? del verbo? puede surgir esta poes?a ?desmesuradamente blanca?, capaz de rasgar el sue?o ?en diminutos p?talos de ausencia.?

Estamos ante un poemario construido en dos partes: ?De eternidad en eternidad? y ?variaciones?. Dos pulsiones inseparables, pues ?desde la palabra redundante / emergen, infinitas, / modulaciones / de una ?nica / voz distinta / en cada / verso.?

Dos partes s?stole y di?stole de un solo coraz?n de barro con forma de tambor. El mismo tambor de arcilla y carne que clausura el libro, presente ya en Fases de Tumiluna, en un bello poema dedicado a Francisco Peralto.

Aunque muy distinto a los dem?s, este poemario recupera algunos ecos como el arpa, noviembre, o la caracola, presente tambi?n en La piel ?ltima trinchera y seis cad?veres, poemario in?dito de la autora. Esa caracola que conserva en su memoria tiempos y espacios pasados ayudando a comprender mejor el presente, pues otorga la perspectiva necesaria para poder mirar a la Parca de frente, sin ning?n dramatismo.

Del primero al ?ltimo verso, los poemas se suceden fragmentados, separados de p?gina a p?gina, pero, en realidad, todos ellos constituyen un ?nico poema. Y es que, seg?n la autora, los poemas surgieron, con liger?simos desplazamientos y correcciones, tal y como se presentan en el libro: las palabras se le fueron imponiendo sin poder ejercer control alguno sobre ellas. Es como si al tiempo que la poeta se iba vaciando se fuera llenando la p?gina, ocupada por los signos negros de la escritura y por la blancura del papel, tan elocuente aqu? como las propias palabras. Esto no quiere decir que la escritura haya sido m?s f?cil en este caso, al contrario, pues junto al pulso f?cil del gesto de escribir, se observa una reflexi?n profunda que s?lo puede ser fruto de una larga convivencia con las palabras.

Asistimos, por tanto, al nacimiento de una nueva mujer: ?Desde el margen de la voz / silenciada ayer / descubro mi cuerpo / en ese punto informe / donde me reconozco otra?, y al nacimiento de una nueva poes?a: ?amante tard?a / en el ocaso del mundo: / t? / r?o de lava / t? / palabra?, ?anunciaci?n de una escritura / otra.?

Oscilando entre el sue?o (pasado) y la evidencia (presente) de una poes?a ?fermentada?, parida desde la madurez, la poeta se deja mecer en brazos de unos versos que pugnan por mostrarse, por imponerse, pues sabe que s?lo tras la muerte de la palabra silenciada ayer puede nacer la ??ltima palabra?: ...la que a?n desconozco: / intransigente y bronca. La palabra ?ltima que, al cerrar las dos partes del libro, se convierte en s?ntesis del poemario mostrando ese lugar en el que se dan cita todos los elementos del imaginario concreto y abstracto, l?quido y s?lido, et?reo y firme de un encuentro: el que se produce entre poeta y poes?a fundidas ?en sintagma / transitivamente tierno.?

Llegados aqu?, s?lo procede detenerse en cada uno de los versos, en cada una de las palabras, pues todas encierran la inmensidad de una experiencia que se sabe parte de otras experiencias po?ticas y vitales: ?Atr?pame en la hiedra de tus voces / y deja que mi voz se pierda en ella.? En un espacio ?donde tus ra?ces / comunican presente y pasado?, desde el v?rtigo que supone saberse inc?gnita de tiempos y espacios venideros en los que la poes?a ser? (es) ?variaciones... / para un tambor.../ cansado de batirse / en retirada.?

Estamos ante un poemario en el que, sin duda, te reconocer?s porque tu palabra como la de la poeta, y tu voz como la suya, coincidir?n y alumbrar?n ?en el horizonte / nonatas escrituras / paridas desde la fisura / primera del vientre.?


Traducci?n: Serena Gal?n

Tags: angela serna

Publicado por gala2 @ 7:05  | RESE?AS
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