S?bado, 31 de marzo de 2007
ANNA AJM?TOVA: POES?A Y DESTINO

Dionisia Garc?a

Vivimos una ?poca donde la marca de fronteras tiende a difuminarse, a brindar proximidad o, al menos, a paliar dificultades. Hemos de decir que la poes?a, el arte en general, ha sido pionero en este aspecto de abrir ventanas al exterior hasta donde ha sido posible. En poes?a ten?amos la carencia de traducciones y, en ocasiones, de traducciones fiables. Afortunadamente, en los ?ltimos a?os, han entrado a nuestras editoriales, bocanadas de aire fresco, a trav?s de dignas traducciones, que permiten un mayor acercamiento a interesantes autores de la poes?a universal. Digamos que gran parte de ellos ya fueron traducidos, si bien sus ediciones est?n agotadas. En definitiva, es deseable una dedicaci?n amplia a la traducci?n para que ese intercambio entre pa?ses, a la poes?a me refiero en este caso, sea favorecido.
En este encuentro, he querido acercarme a la poeta Anna Ajm?tova, cuya vida y obra creo lo merecen, por tratarse de la poeta rusa por excelencia. Ajm?tova logr? profundizar en su poes?a, esencializarla. Dar a conocer a trav?s de experiencias personales el sentir de su pueblo. Lo llev? a cabo a trav?s de ese desdoblamiento loable, que s?lo poseen los poetas de alto rango, desdoblamiento advertido especialmente en una de sus obras mayores, R?quiem. El aguij?n del dolor es a veces tan fuerte, que no merece ser notado, y precisa de otra voz, de otro momento de la palabra, tocado por la gracia, por el ?don? o como se quiera llamar.
En Ajm?tova tres realidades se apoyan entre s?, los sucesos de su pa?s, parte de su historia como destino personal y dram?tico, y su poes?a como aliento de vida que, indudablemente, tiene mucho que ver con su biograf?a, pero no lo es todo. La poeta pose?a amplitud de miras. Entre otros, era la naturaleza uno de sus temas cantados, recordemos el poema ?El sauce? de su libro La ca?a, donde advertimos esa sensibilidad tan especial de quien escribe: ?Yo amaba la ortiga y la bardana,/ pero por encima de todo el sauce plateado. Agradecido ?l vivi? siempre junto a m?...?. A continuaci?n dice que el sauce muere y lo llora como a un hermano. En la autora, esa personalizaci?n despersonalizada es muy caracter?stica, y as? dice del sauce en otro verso, ?Afuera el tronco cercenado permanece...?. El amor tambi?n tiene presencia en la poes?a de Ajm?tova. Un amor que seg?n el poeta Josep Brodsky, es ?la nostalgia de lo finito por lo infinito, y no las verdaderas relaciones?. Su aventura po?tica comenz? muy pronto, con participaci?n en las tertulias juveniles donde la bohemia compart?a las edades. Aquella actitud, aparentemente fr?vola, pronto pasar?a a otro estadio, a otra mirada diferente ante la vida. Nacida en Ucrania, cerca de Odesa, en 1890, Anna Andr?yevna Gorenko, para la poes?a Anna Ajm?tova, convivi? con tendencias po?ticas como el simbolismo y futurismo, si bien no se adhiri? a estos movimientos, porque deseaba que las cosas fueran en s?, sin ning?n tipo de representaci?n, y sin perder de vista al gran poeta ruso Alexander Puskin, a quien admiraba. Desde su manera de entender la poes?a, no rehu?a los otros movimientos, que en alguna medida pod?an ser enriquecedores. Tal vez pensaba que lo importante era mantener el temblor po?tico, estar en ?l como algo vivo, junto a su pueblo al que se sent?a ligada, y no quiso abandonar en momentos dif?ciles. No hemos de olvidar, por otro lado, el acercamiento a la otra Europa: Francia e Italia, entre otros pa?ses (recordemos la influencia de Marinetti en la Rusia de aquella ?poca). Nos atrevemos a apuntar el posible impulso de tales influencias en el Arte en general. Ajm?tova mantuvo siempre una posici?n de apertura ante esas influencias, o intercambios, en cuanto a la poes?a se refiere. Nos llegan comentarios que dicen de dicha actitud. Desde un punto de vista personalizado, hemos de recordar la relaci?n con pintores y poetas, entre ellos, Modigliani y Gabriela Mistral, la poeta chilena en cuya poes?a parece que influy? Ajm?tova. La etapa parisina fue importante para nuestra poeta, interesada por la poes?a francesa: Verlaine, Laforgue, Mallarm? y Baudelaire eran sus nombres, afinidad compartida con el pintor Modigliani, con quien coincidi? cuando era un desconocido, y no ten?a ni para pagar una silla en el Parque de Luxemburgo. S? fue capaz de pintar el famoso retrato de la poeta, cuya realizaci?n comenta Anna: ?me pint? no del natural, sino en su propia casa?. La admiraci?n y cercan?a hacia el artista la llev? a decir, ?todo lo divino en Modigliani resplandec?a como a trav?s de unas tinieblas?. Ajm?tova guardar?a en el recuerdo este pasaje de su intrahistoria vivido en la juventud.
Bajo el cielo neblinoso de San Petersburgo, con matices viol?ceos, transcurri? buena parte de la existencia de Ajm?tova, salvo las interrupciones para viajar, con la frecuencia que su temperamento o necesidad ped?an, ya fuera para encontrarse con un amor, conocer otras tierras, o recibir honores. Sabemos de su doctorado Honoris Causa concedido por la universidad de Oxford, entre otros reconocimientos. Junto a esas salidas, necesarias o deseadas, Ajm?tova amaba San Petersburgo, su tradici?n literaria y el Arte de sus monumentos. Amaba a su pueblo, el pueblo ruso, y fue testigo en parte de su calvario, durante y despu?s de los zares. En ese despu?s, en cuanto a la llegada de la libertad, confi? ingenuamente, y esta confianza la llev? a escribir unos versos de alabanza a Stalin: ?y el pueblo reconoce/ y oye la voz: Hemos venido,/ para decir: all? donde est? Stalin est? la libertad,/ la paz y la grandeza de la tierra?. Versos de esperanza y juventud, de los que sin duda se arrepentir?a Ajm?tova, y fueron disculpados, porque la intenci?n era conseguir la liberaci?n de su hijo. Su poes?a posterior dar? testimonio del verdadero sentido de su actitud, perdida ya toda esperanza.
Como apuntamos al comienzo, la poeta rusa convivi? con los diferentes movimientos po?ticos, con los ?ismos? surgidos en los comienzos del siglo XX, que propiciaron la diversidad, si bien su poes?a apuntaba hacia una direcci?n, otro ?ismo?, del cual surgi? la tendencia acmeista, cuyo lema consist?a en tratar la realidad con palabras reales. Este movimiento tiene lugar en 1912 (en ese mismo a?o publica Ajm?tova su libro La tarde) Sus representantes m?s destacados fueron Nikol?i Gumiliov, con quien contrajo matrimonio Anna Ajm?tova dos a?os antes, Gorodi?tsky, Mija?l Zenki?vich, Vladimir Narbut, ?sip Mandelshtam y la misma Anna. Todos ellos reivindicaron el acmeismo, la vuelta a la clasicidad, y recoger en las palabras las realidades de cada d?a. ?sip Mandelshtam escribe en 1913 el primer manifiesto acmeista. Una de sus directrices dice as?: ?Amad m?s la existencia de una cosa que a la cosa misma y vuestra vida m?s que a vosotros mismos?. A diferencia de los futuristas, ?que consideraban la palabra po?tica como un fin en s? misma?. Imaginemos a una Ajm?tova de veintitr?s a?os, formando parte de aquellos momentos de esplendor de la poes?a rusa, con toda su vitalidad f?sica y mental. Se dice de su silueta gr?cil, de la flexibilidad de su cuerpo, demostrada en las veladas po?ticas de aquellos j?venes a?os, donde Anna Andr?yevna daba a conocer sus habilidades, al doblarse desde el lateral de una silla, hasta conseguir la curvatura perfecta y recobrar sin dificultades la postura de sentada. Estas demostraciones dicen de una joven vivaz y divertida, que pronto habr?a de incorporarse a un mundo oscurecido, cuyo destino ser?a forjado por la misma historia. Sin embargo, sus gestos y temperamento permanecieron. Nos dice Vladimir Leon?vich que ?ya mayor, marcada por el peso de los a?os, Ajm?tova segu?a sorprendiendo con sus gestos repentinos, fulgurantes y gr?ciles como lo era su verso y verbo po?tico: raudo, parad?gico y preciso, que bien se podr?a llamar cl?sico?.
En los primeros libros Ajm?tova canta la sencillez de lo cotidiano (?En mi aguamanil/ el cobre ha enmohecido/ y el rayo juega con ?l,/ en esta casa vac?a/ ?l es una fiesta ?urea/ y un consuelo para m?). No sorprende que en su juventud el tema de soledad estuviera presente, como bien dicen estos otros versos: ?? Prot?geme, viento, sep?ltame! Los m?os no llegaron,/ sobre m? est? la noche peregrina/ y la respiraci?n de la tierra apacible?. Y no sorprende, porque nos atrevemos a afirmar que, el alma del poeta alberga desde los comienzos los grandes temas, y uno de ellos es la soledad. A esto hemos de a?adir que el esp?ritu ruso parece, en sus manifestaciones, impregnado de una cierta melancol?a, de un deseo de acogimento, quiz? por tantas generaciones sufridas en menosprecio de su condici?n humana.
En 1910 se casa Anna Ajm?tova, como ya hemos indicado, con Nikol?i Gumiliov. De esa ?poca son unos versos amorosos, recogidos en el libro Caballo blanco, y cuyo referente parece ser el esposo, si bien se aprecia una cierta ambig?edad. Los versos dicen as?: ?Estoy serena. Pero no quiero/ que me hablen de ?l,/ t?, querido y fiel, ser?s mi amado.../ Pasearemos, nos besaremos, envejeceremos...?. No exenta de contradicciones nos dice ir?nica ?Un ocioso ha inventado/ que existe el amor sobre la tierra?. Digamos que la poeta era como un torrente que arrastraba la invasi?n de vida, una vida desgraciada, como sabemos, que propiciaba su escritura po?tica. Unos versos suyos lo dicen: ?Sin verdugo y sin cadalso/ no se es poeta en la tierra?. A pesar de esa creencia, y desde ella, no dej? de tratar temas, aparentemente superficiales, que cristalizaban en hondura y belleza a trav?s de su palabra, porque cantaba los d?as acostumbrados en la ciudad que tanto amaba, San Petesrburgo y en su casa de Fontanka, donde reun?a a sus amigos, pero donde tambi?n era una vecina m?s, que compart?a con el entorno lo alegre y lo amargo. Recordemos el poema dedicado en memoria del ni?o V. Smirnov muerto durante el cerco de Leningrado (?Toca con el pu?o, abrir?./ Siempre te he abierto?). Era su peque?o vecino, arrastrado por la barbarie, que seguramente no lleg? a entender.
La poeta rusa, como todo intelectual que se precie, plantaba cara a la injusticia y a la opresi?n, en este caso al P.C.R, de ah? que no quisiera figurar en la asociaci?n Uni?n de Escritores Sovi?ticos. Su hijo compart?a ese modo de pensar, porque ella misma apoy? esta intenci?n en ?l, al decirle que ?si quer?a ser hijo suyo hasta el final, ante todo deb?a ser hijo de su padre Nikol?i Gumiliov, fusilado por el poder sovi?tico?. Lev Gumiliov trat? de ser consecuente y obediente. La suerte no fue su mejor compa??a, y los intentos de liberaci?n de Ajm?tova no dieron resultado como podemos advertir en estos versos: ?Diecisiete meses hace que grito./ Te llamo a casa./ Me arroj? a los pies del verdugo...?. Las relaciones entre madre e hijo quedaron deterioradas, sin remedio. Cuando la libertad lleg? ambos no se conoc?an, se sintieron extra?os, hab?a transcurrido mucho tiempo. Como podemos apreciar, Anna Andr?yevna sufri? el horror, tanto en solidaridad con su pueblo, como en su vida personal. A pesar de todo, permaneci? fiel, y as? lo dicen unos versos que presiden R?quiem: ?Jam?s busqu? refugio bajo un cielo extranjero,/ ni amparo procur? bajo alas extra?as./ Junto a mi pueblo permanec? estos a?os,/ donde la gente padeci? su desdicha?.
El amor de Ajm?tova a su ciudad, como ya hemos indicado, se deja notar tambi?n en los poemas. El r?o Neva es testigo de infortunios, tambi?n de momentos dichosos. El trasiego de los barcos parece intentar rutas hacia una libertad deseada, como si los caminos del agua no se vieran vigilados. La poeta dej? este mundo, a?orante de esa libertad que le pertenec?a, no s?lo por sus duras experiencias personales sino tambi?n por la opresi?n que el pueblo ruso sufr?a. Amigos y compa?eros, que vivieron con ella la aventura po?tica fueron desapareciendo, entre ellos, su querido amigo ?sip Mandelshtam a quien dedic? un poema, tras su visita a la prisi?n de Voronez donde el poeta se encontraba enfermo. Por parecer significativos, citaremos los ?ltimos cuatro versos: ?...en la habitaci?n del poeta proscrito/ montan la guardia tan pronto la musa como el temor,/ y la noche cae/ sin la esperanza de la aurora?. Conmovedor, sobre todo, el ?ltimo verso, por su patetismo, por el oscuro horizonte, sin el posible beso del despertar, porque los desaf?os a la supervivencia se repitieron durante muchos a?os, y con ?l los vaivenes de ?nimo, el intento de superar la falta de aliento.
Sabemos que las dos obras fundamentales de Ajm?tova son R?quiem y Poema sin h?roe. Distintas en la configuraci?n de los poemas, y escrita la segunda tras un largo silencio durante el cual la poeta quiso reflexionar sobre su escritura. Poema sin h?roe nos ofrece un texto singular, que dice de la intensidad y consistencia de esta poes?a. En la composici?n aparecen elementos nuevos, entre ellos, la intertextualidad (incluso con la inserci?n de versos propios), tambi?n abundantes referencias a poetas contempor?neos, y citas frecuentes al mundo cl?sico. Se trata de una composici?n dif?cil y compleja, que precisa de una lectura concentrada. En ese A?o Nuevo de ?m?scaras? que Ajm?tova quiere representar, van pasando personajes amigos, incluido Isaiah Berlin, una de las personas cercanas a Ajm?tova en sus ?ltimas etapas, y cuya amistad valoraba mucho. Poema sin h?roe, escrito entre 1940 y 1962, es sin duda una composici?n ambiciosa que la autora se neg? a explicar, y a una nueva revisi?n. Lo expres? con la frase: ?lo escrito escrito queda?, como en la cita b?blica, una de las muchas que ilustran la poes?a de Ajm?tova, junto a otras de diferentes autores y obras, contenidas en el texto referido. Tambi?n la mitolog?a est? presente dado que el poema re?ne un amplio mundo plagado de aconteceres y referencias culturales, considerada la s?lida formaci?n intelectual de Anna Ajm?tova. Capaz de ahondar, por otro lado, en su alma po?tica, advierte el tono y los contenidos del poema. Establece as? un nexo entre la tercera parte de Poema sin h?roe y R?quiem. En esa tercera parte, y en uno de los fragmentos finales, la poeta recoge un hecho que merece la pena recordar. Se trata de la alusi?n al vuelo de Shostakovich para salvar la S?ptima Sinfon?a, en su primera parte, del asedio de Leningrado (siempre el arte nos sit?a en un estado l?mite, recordemos a Walter Benjam?n con su famosa maleta). Los versos de Ajm?tova al comunicarlo, mantienen un emocionado temblor: ?...La S?ptima/ volaba hacia una fiesta nunca o?da...?. Fueron creadores padecidos, artistas admirables por salvaguardar su trabajo creativo, aportaci?n que la posteridad ha sabido agradecer. Algunos de los fragmentos de Poema sin h?roe, dadas las continuadas enumeraciones, se convierten en letan?a. Una letan?a que favorece la intensidad del verso y denota, de alguna manera, el ritmo y m?sica de la literatura rusa, que logra mantenerse en la traducci?n. Lo advertimos en estos versos: ?Hoy tengo que hacer muchas cosas:/ Hay que matar la memoria./ Hay que petrificar el alma,/ hay que aprender de nuevo a vivir...?.
Anna Andr?yevna/Ajm?tova vivi? en una etapa de su juventud, La edad de plata de la poes?a rusa, y fue heredera de La edad de oro cristalizada en Pushkin. Finalmente podr?amos a?adir La edad de Ajm?tova por su voz abarcadora e inconfundible, en tiempos dif?ciles, y por ser la voz desgarrada ante la barbarie padecida por el pueblo ruso, no a trav?s de una expresi?n pla?idera, sino a trav?s de un verso emocionado, vital y terso, impregnado de modernidad, digamos de esa modernidad que, de alg?n modo, ella inicia y preside, sobre todo, en sus obras finales. Como suele suceder, no fue reconocida en su momento como merec?a. En primer lugar por los turbulentos a?os que vivi?, y a la par por ese ?purgatorio? que todo creador sufre despu?s de su desaparici?n. Nos atrevemos a afirmar que la poeta, fundamentalmente entregada a las respuestas de la vida, act?a con despreocupaci?n en cuanto a la posteridad, quiz? por intuir que sus versos estar?an siempre presentes.
En la lucha por la igualdad de las mujeres, una escritora, Ariadna Vladimirovna dijo de ella: ?Annuchka tambi?n alcanz? la igualdad para s?. Esta afirmaci?n es coherente con su mundo, donde era respetada por sus amigos y contempor?neos. Tambi?n es cierto que en su entorno no abundan las voces femeninas. Marina Tsviet?ieva, excelente poeta con desgraciado final, apenas es mencionada por Ajm?tova. Se dice de una falta de entendimiento entre ellas. Tsviet?ieva dec?a que ?ser poeta comportaba la conciencia de una desposesi?n, un desamparo?. Dotada de un alto poder po?tico era fr?gil para la vida, dicha fragilidad debi? llevarla al suicidio, a los 49 a?os, tras el fusilamiento de su marido. Anna Ajm?tova llor? su p?rdida, y la de todos los poetas que no pudieron soportar el reto de la dif?cil situaci?n en Rusia, o los motivos personales, como fueron Serguei Esenin y Maiakovski, entre otros, sin olvidar a los poetas buscados y maltratados antes de su irreversible final. La ?Rosa negra? marchita es el s?mbolo del lamento de la poeta. Sabemos que la rosa era su flor preferida, negra ahora como la faz de la tierra que pisaba.
Los tristes acontecimientos impregnaron la poes?a de Ajm?tova y, aun antes, la muerte siempre tuvo presencia en su poes?a. En los momentos de desolaci?n, dada su gran soledad, la retaba de este modo: ?Si has de venir ?por qu? no ahora?/ Te espero. Me siento muy mal./ He apagado la luz y te he abierto la puerta...?. Podemos imaginarla en su casa de Fontanka, lugar de reuniones literarias y amistosas en un tiempo, casa cuyas paredes hab?an acogido el esplendor de una juventud esperanzada, de unos ideales vividos despu?s en clandestinidad. Ahora s?lo encontramos una placa sobre la carcasa, el recuerdo de que all? vivi? Anna Andr?yevna /Ajm?tova.
Ya en los finales de este recuerdo escrito podemos preguntarnos, ?qu? ha significado Ajm?tova para la poes?a rusa, y en general para la europea? Ya hemos dicho algo al respecto, si bien es dif?cil en este caso separar a la creadora de la persona, dado que siempre fueron a la par la vida con sus gratificaciones e infortunios y el modo de estar en ella en lo po?tico. Sin duda nos encontramos ante un ser cuya grandeza emana de una voz po?tica que merece alto reconocimiento. Vladimir Leon?vich, prologuista de una de sus antolog?as, escribe: ?En la Rusia actual, en el amanecer del tercer milenio, no se puede decir en modo alguno que haya llegado el alba?. Para nosotros, los lectores de Ajm?tova s? ha llegado. Es cierto que la poeta am? mucho pero no fue comprendida. Su poes?a no s?lo fue su refugio sino el modo de estar en la vida. Nos entreg? su obra y hoy, una vez m?s, la celebramos.


(Art?culo del libro ACTAS DEL VIII ENCUENTRO DE POETAS, Diversidad de voces y formas, editado por Diputaci?n Foral de Alava, 2006)

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Publicado por gala2 @ 9:33  | POETAS
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