Viernes, 30 de marzo de 2007
LA PARED TRANSPARENTE

Concha Garc?a

Confieso que de la obra de Ernestina de Champourcin, cuyo primer libro fue publicado en 1926 En silencio no me gustaba casi nada. Me compromet? a participar en esta mesa porque considero que debemos rescatar del olvido hist?rico a muchas poetas que poco a poco van siendo borradas del mapa del campo literario.
Para mi sorpresa, despu?s de este verano, a medida que me sumerg?a en su poes?a comprobaba que la mayor?a de poemas de juventud y madurez segu?an sin interesarme demasiado, sobre todo por reiterar una y otra vez la asunci?n del papel de esposa feliz y la penetraci?n cada vez con m?s fuerza en lo religioso y como mujer siempre renunciaba a su yo independiente. Reconoc?a, eso s?, su magisterio y su don para la palabra. Fui descubriendo que la poes?a publicada a partir de 1978 con el libro Primer exilio me interesaba y me gustaba. Ten?a ya m?s de setenta a?os cuando comienza a liberarse de la coraza que llevaba puesta a su yo po?tico cuya envoltura ten?a el nombre de Dios.
Ernestina de Champourc?n fue una de las poetas m?s importantes de la denominada Generaci?n del 27 y una traductora important?sima, cuya labor no ha sido tampoco lo suficientemente reconocida. Segun Jos? Angel Ascunce, la paradoja de esta situaci?n se debe en primer lugar, a que ser mujer en una actividad, la literaria, considerada hasta hace poco como ejercicio exclusivo de los hombres, significaba un serio gravamen para la valoraci?n objetiva de la propia creaci?n literaria. Las presiones que recibi? Gerardo Diego desde diversas instancias para excluirla de la obra antol?gica Poes?a espa?ola (Madrid, 1934), como aconteci? con otras poetas de su tiempo, es un buen ejemplo de esta realidad.
Si nos ponemos en lugar de cualquier mujer nacida en Espa?a a principios del siglo XX veremos que ella fue ciertamente afortunada. Pudo estudiar bachillerato en el Instituto Madrile?o ?Cardenal Cisneros? y tambi?n idiomas. Su educaci?n fue triling?e, raz?n clave para poder entender su importante trabajo de traducci?n en la obra de madurez. Ley? a los poetas rom?nticos franceses desde muy joven, influencia natural ya que su apellido Michels de Champourcin, se remonta hasta el siglo XIII y procede de la Provenza. En el siglo XVIII la familia se estableci? en Barcelona, de donde era natural su padre.
A partir de los 6 a?os se desplazan a vivir a Madrid. Cuando Ernestina era todav?a muy joven puede establecer amistad con Juan Ram?n Jim?nez cuya poes?a admir? siempre, y a su esposa Zanobia Camprub?, asist?a a las lecturas po?ticas en la Residencia de Estudiantes de Rafael Alberti, o a las tertulias literarias como las de Concha M?ndez y Manuel Atolaguirre ya en los a?os treinta. Cuando en 1928 publica su segundo poemario Ahora, conoci? al que ser?a su esposo al poeta Juan Jos? Domenchina en el estudio del pintor Valent?n de Zubiaurre, Ernestina adem?s pertenec?a a la secci?n de literatura del Lyceum Club Femenino de Madrid. Al casarse en 1936 con Domenchina, afiliado ?ste a la Izquierda Republicana como secretario del gabinete diplom?tico del presidente de la Rep?blica Manuel Aza?a, tuvieron que moverse al ritmo que impon?a el s?quito presidencial: pasan por Catalu?a y el sur de Francia hasta llegar a M?xico. Escribe el profesor Ascunce que ?el exilio para la poeta no fue ni doloroso ni traum?tico como lo fue para su marido. De esp?ritu aventurero y amante de los viajes, la escritora alavesa tom? el destierro como un viaje de aquellos que imaginaba y narraba en tiempos de su ni?ez?.
En 1936 se public? C?ntico in?til, un poemario donde el desgarro existencial, el tema de la maternidad, la presencia de Dios como salvaci?n, la queja constante y un lenguaje que toma el soneto o el romance como modelos, ci?endo aquellos versos a unos modos que no daban luminosidad a lo que dec?a, a pesar de que son versos sentidos, dolientes, anhelantes, la voz po?tica se dirige a un t? personal y hacia un todo La persona y la naturaleza aparecen como sujetos receptores de la palabra po?tica para llegar a un proceso de indagaci?n po?tica donde destacan la idea de la eternidad y de totalidad:

Dios en mi para siempre, a pesar de tus manos
Y de tu ausencia viva, que ning?n cielo borra,
A pesar del abismo que socaban tus besos,
A pesar de mi carne impregnada de ti.

Dios en tu frente, sonriendo en la cima
Que abri? sobre tu esp?ritu su claridad se?era;
Dios en ti, a pesar de mi cuerpo encendido,
De mis labios que enturbian el agua de tus ojos.

Como muestra de los comentarios que su poes?a despertaba a la cr?tica, os leo lo que escribi? el influyente cr?tico Guillermo de Torre: ?por m?s que lo intente la poetisa no logra ser intelectual, su sentimiento es demasiado fuerte para ser dominado? y escribe en El Sol el 13-6-1936: ?Ya que la mujer nunca sabr? sofisticar mentalmente sus emociones, por la sencilla raz?n de que, como ha escrito Simmel, en la vida de la mujer se identifica profundamente el ser y el sexo?.
Seg?n otro estudioso, Juan Cano Ballesta, en ?Poes?a Espa?ola entre pureza y revoluci?n 1930-1936?, escribe respecto a la poes?a de la poeta vitorina: ?El amante esquivo es sombra que ella presiente, que se alza en la oscuridad. Ella espera anhelante que sea anulada y quede invadida de luz. La poetisa gusta tambi?n de la expresi?n material, dura, concreta, sangrante, met?lica, creando con ella una poes?a intensa y desgarradora.?
?Realmente ella esperaba anhelante a que fuese anulada por el amado? Es algo que deber?a estudiarse. Tengo entendido que los poemas er?ticos de Domenchina, su esposo, tenian la particularidad de estar bastante salidos de todo y ciertamente apuntaban a una misoginia impl?cita, pero este no es el tema que nos ocupa.
Hasta 1952 con la publicaci?n de Presencia a oscuras pasan casi quince a?os desde el anterior libro publicado. Una serie de poemarios posteriores como El nombre que me diste, 1960, Carcel de los sentidos, 1964, Hai_kai espirituales, 1967, Cartas cerradas , 1968 y Poemas del ser y el estar, 1972, seguir? en ese tono donde la voz po?tica experimenta vivencias extremas de enajenaci?n y sublimaci?n. Desde la muerte de su marido, en 1959, su poes?a cada vez se acerca m?s a una b?squeda m?stica del ser celestial. La poes?a se hace ante todo oraci?n y el destinatario es Dios.
Los anhelos del sujeto po?tico se quedan en un mundo para mi gusto demasiado connotado por lo religioso. La poeta no se enfrenta a su soledad cant?ndola o rememor?ndola, sino exorciz?ndola mediante dicha enajenaci?n religiosa.

Presencia a oscuras

S?lo por aquel momento
Y aquella luz en la noche,
Aquella presencia a oscuras...
Aquella contig?idad
M?s estrecha que un abrazo,
Aquella angustia trocada
En lumbre de amaneceres

Solo por aquella voz
Esencia de tus silencios;
Aquel adem?n exacto
Sin volumen ni contorno,
Aquel estar junto a m?
Cuando todo me faltaba.

De esa experiencia ?ntima, ?iluminaci?n instant?nea de la presencia divina?, dice el profesor Ascunce, nace la obsesi?n po?tica de la b?squeda de Dios. La b?squeda se convierte en un largo y penoso proceso interior de indagaci?n expresado po?ticamente a trav?s del s?mbolo del camino. Aunque tambi?n se impone con fuerza otro de sus s?mbolos: el muro que no s?lo ejemplifica la interrupci?n del camino sino especialmente el ocultamiento de la luz divina. El muro, que dar? posteriormente paso a la ?pared?, significa anulaci?n del ser y negaci?n de la divinidad, y sin embargo entre sus grietas entran resquicios de luz divina:

?D?nde querr? que vaya, si no quedan caminos?
El que me dio termina contra la cal de un muro
Ese muro que quiebra la plegaria m?s honda
Y se yergue hace a?os, obstruy?ndome el cielo.

En esta etapa po?tica, la presencia de Cristo, el Padre y el Esp?ritu Santo, ha dado como resultado que la cr?tica le llame un fundamento trinitario. El exceso de religiosidad, si no estuviera tan condicionado por las figuras del cristianismo, quiz?s habr?a seducido a mayor n?mero de lectores contempor?neos.
Como he dicho antes, hay una poes?a escrita a partir de 1973, cuando ella ya alcanza casi los setenta a?os, que es la que m?s me interesa. Y no s?lo eso, creo que se deber?a rescatar en una nueva edici?n esta poes?a que poco tiene que envidiar a la de poetas como la peruana Blanca Varela, o la argentina Olga Orozco. Su vuelo es alto y enigm?tico, en sus versos interroga acerca de lo humano y eso facilita los referentes al lector. Como apunt? la poeta alemana en su estudio sobre la l?rica, Hilde Domin, hay que escribir acerca de lo veraz. Y en esa nueva etapa Ernestina lo logra porque sus versos connotan la veracidad de la b?squeda que lleva realizando desde siempre, pero esta vez, a solas, sin que la figura de Dios est? omnipresente.
Estamos ante una mujer que regresa de su exilio en M?xico despu?s de 33 a?os, de los cuales pasa 13 sin su esposo. En 1972 concretamente regresa a Madrid. Pero no se le da el reconocimiento institucional que cualquier poeta var?n hubiese tenido.
En 1991 la editorial Anthropos, y gracias a la subvenci?n del Departamento de Cultura y Turismo del Gobierno Vasco, edita Poes?a a trav?s del tiempo, con un estudio de Jos? Angel Ascunce, una antolog?a que desgraciadamente ya no podemos encontrar sino en algunas bibliotecas.
En el a?o 1999, a?o de su muerte, la Editorial Castalia edita la Antolog?a de poetisas del 27 a cargo de Emilio Mir?. Tuvo sus detractores en la prensa nacional, recuerdo un art?culo cuando muri? Ernestina de Miguel Garc?a Posada en el que la denostaba como poeta y desde luego no aceptaba que ninguna mujer estuviese en el parnaso po?tico del 27.

Primer exilio, 1978, La pared transparente, 1984 y Huyeron todas las islas, 1988 son un ejemplo de la m?s alta poes?a de la autora que indaga acerca de lo humano y se detiene en la inutilidad de los movimientos apresurados. Cuando escribe Primer Exilio tiene m?s de sesenta a?os. Al llegar a Madrid despu?s de su exilio, en 1972, ve un Madrid que no se parece al que dej? y esa experiencia desencadenar? este poemario. Como escribe Asunce, la vuelta definitiva a Espa?a, m?s concretamente a Madrid, reverdece experiencias y vivencias de su pasado juvenil, propiciando recuerdos y evocaciones de su vida anterior. Los lugares, las personas, las cosas, etc., despiertan la memoria afectiva de la escritora, que propicia el recuerdo de hechos pasados, pero esta vez va a acercar los hechos, los objetos al poema, no habr? tanta distancia entre la voz po?tica y lo que nos dice, su poes?a pretende m?s la b?squeda a trav?s de lo humano, no s?lo de lo divino. En Primer exilio logra una fusi?n sencilla e intensa que evoca un itinerario f?sico, tal como ha observado Emilio Mir?, que va desde Madrid hasta M?xico, pasando por Valencia, Catalu?a y Francia- que era, a la vez, un ?xodo colectivo, una tragedia hist?rica y un profund?simo desgarramiento personal. Se nos narran experiencias vividas en el largo viaje, peque?os sucesos, objetos humildes, y emociones diversas, algunas deslumbradoramente est?ticas.

Bu?ols

Una grieta de luz
Abri?ndose camino
De pronto
En nuestras sienes.
Las voces sorprendidas
Ascendieron de tono.
?era cierto el paisaje?

Aunque s?lo durara
Lo que un d?bil chispazo
Se nos impuso a todos.
Y fuimos otra vez
Andadura gozosa
De lo verde a lo azul
Y quisimos perdernos
En aquel vericueto
De tr?bol con roc?o.
?una grieta de luz
en la ya larga noche!

Todo el itinerario del exilio, escrito curiosamente al regresar a Espa?a, contiene una esencia de veracidad que s?lo el poema es capaz de transmitir. La ?ltima parte del libro, ?Poemas con Rilke al fondo?, un poema predilecto de Champourc?n, reanuda el discurso meditativo. Pero es en la segunda secci?n de Primer Exilio ?Etapas de un tiempo?, donde el profesor Mir? ha visto el testimonio emocionado y dolorido y en donde el lirismo trasciende a la an?cdota, y sobre todo en ?El ?ltimo di?logo? recreaci?n de la ?ltima noche de la existencia de Juan Jos? Domenchina, del que transcribo una estrofa:

Todo qued? en la noche
Porque al volver el d?a
La mitad del di?logo
Se hab?a cercenado.
Tan s?lo una palabra
Reiteraci?n mon?tona
Med?a dos insomnios
Paralelos, heridos.

Pasaron 6 a?os hasta que se edita La pared transparente. Ahora el muro se convierte en pared y la pared simboliza la muralla, con la particularidad de que desde la misma puede divisarlo todo:

Obstrucci?n

Todo es dique, muralla,
Bloque de soledad,
De asfixia, de silencios.
No hay sol que lo atraviese,
Ni llama que lo funda.

Ciudad desierta

Aqu? no hay nada, nadie.
Entre tanto gentio
Nadie va, nadie viene.
S?lo se toca el aire,
Silencio en el bullicio,
Vac?o en la palabra
Oquedad en movimiento,
Presencia sin personas.
Las calles son aquellas ya descritas por Baudelaire en 1851, ?sea cual sea el partido al que se pertenezca, sean cuales fueren los prejuicios que le hayan alimentado a uno, no conmoverse ante el espect?culo de esa multitud enfermiza que respira el polvo de los talleres (...) Esa multitud suspirante y l?nguida a la que la tierra debe sus maravillas?. La poes?a de Champourc?n adquiere conciencia de lo que ya escribi? Baudelaire e interpret? Walter Benjam?n. El h?roe moderno era un hombre, una mujer de esa multitud. Todos los hombres de esa gran ciudad parecen seres sin coraz?n y rostros sin miradas ?escribe J.A Ascunce-, representa la ciudad de la soledad, del silencio, de la desesperaci?n y de la muerte.

Paisaje urbano

Largas calles sin rostro.
Hay cuerpos jadeantes
Que parecen buscar
Algo desconocido.
Van en serie empe?ados
En ser iguales todos,
En fundirse en un solo
Deambular sin prisas.

?Hacia qu?? ?Para qu??
?es estar en la luna
pisar este desierto
de hombres y edificios?
No hay oasis frondosos
Donde la sed se apague.
Amar, correr, pasar
De un desamor a otro,
De soledades solas
A la atroz soledad
Compartida entre varios

(...)

La mirada de la poeta ya no se desv?a solamente hacia la esperanza de que un Dios la reciba y la redima en un futuro. Ahora ?sta tambi?n deambulea con sus semejantes y pienso que esa toma de postura le otorgan, a estos versos, una indiscutible modernidad. Ni el lenguaje resulta gastado a fuerza de los t?picos de siempre, ni el relato, en heptas?labos blancos, resulta abigarrado. Su ligereza nos parece af?n porque el ritmo r?pido y dotado de una mirada perspicaz aunque tambi?n cr?tica, se deja caer en la lectura con toda naturalidad.
La pared transparente podr?a ser ese bloque de palabras que se convertir?n en poema en cuanto la mirada de la poeta sepa c?mo colocarlas, descifrarlas. La pared, como la existencia, es un reflejo que s?lo dura un instante:

Reflejo del que pasa
Y esboza una sonrisa,
No hay muchas paredes
Con un sol en sus entra?as
Una cruz? mi calle
En rauda primavera.

La poes?a de Ernestina de Champourc?n busca una verdad, y por lo tanto, sus versos contienen algo de sabidur?a. ?Se van concretando los recuerdos del exilio: la larga traves?a por el mar, la llegada al puerto de Veracruz, el encuentro con una tierra de nuevos colores y nuevas fragancias, los a?os de vida en M?xico que van calando como llovizna pertinaz hasta las m?dulas del coraz?n, el sentido de provisionalidad del exilio, la soledad y el vac?o tras la muerte del esposo?. No estoy muy segura de que el exilio actuase tan negativamente en la vida de la autora alavesa, me decanto en pensar que lo que m?s le doli? a su regreso fue precisamente la p?rdida de todo aquello: treinta a?os en un pa?s son suficientes como para que una se sienta tambi?n parte del mismo. La vejez, la falta de fuerza, la melancol?a, la certeza del paso del tiempo, todo ello formaba parte tambi?n de un muro:

De cara a la pared

Yo no quiero mirarla,
Ni mirarla ni verla
Y mis ojos se van
A llanuras de oro,
A horizontes sin sombra,
Y trepo hacia su cima,
Pero sube m?s alto.

Un resquicio, una quiebra
En su lisura blanca,
Un trozo solidario
Que florezca de musgos,
hormigas, mariposas (...)

?No habr? quien la derrumbe? Se pregunta al final del poema. S?lo a trav?s del amor puede pacificarse, esa raz?n de amor a la que se llega despu?s de haber tenido la suerte de vivir una existencia tan completa. El mundo, poblado de nadas que tropiezan con las paredes, incapaz de comunicarse, permite una b?squeda de una pared transparente que le facilite la comunicaci?n con aquello que am? y que ama. Sus creencias religiosas siguen inamovibles, pero se han suavizado, han adquirido ligereza, y el amor es menos ego?sta puesto que no va a ese Dios trinitario, sino hacia una luz plena e indefinible.
Curiosamente a los 83 a?os otra obra, Huyeron todas las islas, sorprende a todos. La intuici?n de su muerte, la conciencia clara de que va a estar en paz consigo misma y de que por fin entrar? en un di?logo con esa divinidad con la que dialog? siempre, sus poemas son n?tidos y clarividentes. Contra toda esperanza de continuar viviendo mucho m?s tiempo, estos poemas son exquisitos hallazgos amorosos.

Cuando se nos revelan las rosas de aquel tiempo
Y entre las manos crujen
Unos tallos quebrados,
?d?nde pueden alentar lo que pas?
y adivino,
lo bello que persiste y es y ser? siempre?

No se cuentan los a?os: lo que queda es un zumo
De perfecci?n extra?a,
Lo que vale y sonr?e porque ya es
Eterno.

Y no es en el aire, ni en el mar,
Ni en la hola donde puedan hallarse
Los relevos que faltan;
Y no es necesario que se trate de rosas,
Todo es flor si se quiere
Y se sabe cogerlo. (...)

La vida se resume en una sabidur?a delicada que abarca cualquier acto, cualquier recuerdo, s?lo hay que saber cogerlo, apresarlo. Como explica J.A Ascunce, en esta poes?a se refleja que el hombre, mientras se vive, expresado simb?lico de hiedra, asciende por el muro de la negaci?n, imponiendo una marcha terca siempre encaminada hacia lo alto en busca de luz y de sol. La muerte es el tema de estos versos, pero tambi?n la reflexi?n sobre la existencia.
En 1996, con 91 a?os, un nuevo op?sculo, Presencia del pasado, constituido por 10 poemas escritos entre 1994 y 1995 que contin?a con la misma indagaci?n existencial desde un presente, abocado a su final, la sed de plenitud no cesa en las composiciones y con una de ellas quiero cerrar esta peque?a ponencia en homenaje a Ernestina de Champourcin

V

Y era todo distinto y todo transparente,
Claroscuro de ahora sin aquel gozo enorme
A nivel de alegr?a.
?Qu? sorda diferencia,
qu? dif?cil plegarse a esta falta de cielo,
de horizontes borrosos
y caminos sin l?mites!
Plegarse al no tener,
Al no ser, al no o?rse latir lo que nos marca el alma.


BIBLIOGRAF?A

MIR?, Emilio, Antolog?a de poetisas del 27, Ed. Castalia, Madrid 1999
ASCUNCE, Jos? Angel, Poes?a a trav?s del tiempo, Ed Anthropos, Barcelona 1991
Ernestina de Champourcin- Centro Cultural de la Generaci?n del 27- M?laga 1991
CANO BALLESTA, Juan, Poes?a espa?ola 1930-1936, entre pureza y revoluci?n, Ed. Gredos, Madrid 1972
CHAMPOURCIN, Ernestina de, Antolog?a po?tica, Pr?logo y selecci?n de Luz Mar?a Jim?nez Faro, Ed. Torremozas, Madrid 1988
BENJAM?N, Walter, Poes?a y capitalismo, Ed. Taurus, Madrid, 1990.

(Art?culo del libro ACTAS DEL VIII ENCUENTRO DE POETAS, Diversidad de voces y formas, editado por Diputaci?n Foral de Alava, 2006)
Publicado por gala2 @ 7:30  | POETAS
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