S?bado, 24 de marzo de 2007
Querida Bego?a:

Hoy es un d?a muy especial para t?. Hoy, m?s que nunca, las palabras despliegan su color y las ni?as de agua te dedican sus versos al un?sono. Versos que han ido llegando hasta aqu? en este orden:


OLGA NOVO

Aleluya de la Mujer que Despierta

Para ti, Bego?a,
que eres el ser m?s parecido
a aquellos que no existen.


Est?s dotada para todo lo que comienza:
las abejas trabajan a tu lado tu misterio
y ni cuenta te das
de que hasta las ondas sonoras
no saben si son de mar o tuyas cuando las haces hablar
o de repente creen que est?n siendo emitidas
por el p?jaro dios de todos los p?jaros.

En mi bulto de noches
cantas una nana como el ?guila.

El d?a se apresura a abrirse
algo tiene que decir ocupando tu boca con una luz inminente
El d?a
no viene en vano observa desde su este c?mo el sue?o abandona tus p?rpados
y se recoge en la sombra como un murci?lago m?s.

Pero yo
atacada por el insomnio a veces
observo tu coraz?n al microscopio late y bate la noche en ?l
hasta hacer de m? una cient?fica de tu sue?o.

Para saber qui?n eres
sin embargo
habr?a que preguntarles
a aquellos que curaste de la orfandad
y te dio igual
subir caries arriba
por su esp?ritu desgastado
por su olor de abandono
por su p?stula de rencor.

No sab?as
nadie advert?a
en tu primera infancia
que la primavera vi?ndote
se convert?a en t?tere
y confiaba sus cuerdas a t?.

A t? tal y como hacemos
todos los ?rganos vitales que somos alimentados por la sonda del solsticio
Tal y como hacemos
aquellas que mir?ndote comprendemos al fin
que estamos succionando para vivir tu tubo de polen el alma
aleluya el tr?nsito final entre la estructura de la flor y la de la mujer madura.
Aleleuya Aleluya Aleluya.

***

Muller que esperta


Estas dotada para todo o que comeza
as abellas traballan ao teu lado o teu misterio
e nin conta te das
que ata ondas sonoras
non saben se son de mar ou tuas cando as fas falar
ou cren de supeto que estan sendo emitidas
polo p?xaro deus de todolos paxaros.

No meu vulto de noites
Cantas o arrorro coma unha aguia.

O dia apresurase a abrirse
algo ten que dicir ocupando a tua boca cunha luz inminente
O dia
non ven en van observa desde o seu leste como o sono che abandoa as palpebras
e se recolle na sombra coma un muracego mais.

Mais eu
atacada polo insomnio as veces
observo o teu corazon ao microscopio late e bate a noite nel
ata facer de min unha cientifica do teu sono.

Para saber qu?n es
sen embargo
haberia que lle preguntar
a aqueles que curaches da orfandade
e che deu igual
subir caries arriba
polo seu espirito desgastado
polo seu olor de abandono
pola sua pustula de rancor.

Non sabias
ningu?n advertia
na tua primeira infancia
que a primavera v?ndote
convertiase en titere
e confiaba as suas cordas a ti.


CARMEN RUIZ FLETA

Fue el empe?o
por amamantar palabras.
Por parirlas, retorcerlas
hervirlas, servirlas
y devorarlas
como lobas salvajes,
como lobas hambrientas,
bajo la luna.
Fue el empe?o
por repetir el banquete de versos,
por degustar sin fin nuestras voces,
hasta que los adjetivos se nos escurrieran
por las comisuras de estas bocas raras,
de estas bocas que se cierran
s?lo para seguir comiendo,
para alimentarse de los sonidos desconocidos,
de idiomas desconocidos,
de las ideas voladas en un templo,
en una era,
en un tren.
Fue el empe?o.
Fue tu empe?o.
Fue tu risa,
fue tu pelo az?l,
las manos sabias
que eligieron escribir otro episodio.
Cap?tulo dos del banquete de palabras.



ANA ALCARAZ

Bego?a,
he roto un espejo y en uno de sus fragmentos he visto el mar de mi ni?ez.
Te ofrezco mi mar, ese mar deshabitado.



Danza del Mar


Danz?bamos hasta quedar exhaustas,

los pies descalzos.

El mar nos proteg?a,

nos regalaba con su sonido

toda la inmensidad.


Que risas, nos parec?a que el tiempo era infinito

era salado.

Sobre la piel se nos dorm?a el sol,

med?amos la orilla, saltando sobre el agua,

corr?amos empapadas de min?sculos espejos,

?ramos como hojas azules, que echadas al mar

llevaban un mensaje......

Quiz?, en alguna isla, sabr?an de nosotras...

Quiz?, otras danzarinas.



ELVIRA LOZANO

NOSTALGIA DEL FUTURO

(para Bego)

Al borde mismo de quedarme vac?a. Rescato
a golpes, a pedazos, lo que no alcanzo a decir.
Me imagino como era contigo. La que era
sigue siendo lo que soy. Mecida en tus palabras,
atrapada entre besos que apenas merezco.
Es azul el mech?n que me queda en los dedos
cuando estiro, retuerzo, saboreo el tiempo
que he vivido. Y es azul. Azul cobalto
la carne enredada en el tic tac caliente
de todos los relojes que llevas contigo.
Bendita primavera la que nos toc? vivir
a las puertas de ese invierno en ciernes
en que te reconoc?.


MIRIAM REYES

Como Miriam entiende de esto de internet, te lleva la sorpresita en un l?piz m?gico de esos que tu ya conoces. As? que a esperar...

BEL?N REYES

Sin color
y sin palabras
palidamente, cerrada
anestesiada, mordida
como una risa sesgada.
A veces creci de golpe
fui una adolescente anciana
las arrugas como cuerdas
tensaron esta mirada.
Soy mayor y muy del norte
no me quito mis albarcas
sufro en euskera y me ducho
sin acentos y con faltas.

No tengo pais ni lengua
soy una hortera en el alma
rezo a la rocio jurado
a carmina y a quien haga
de su capa un sayo, y muera
sin decir adios. El agua
llevaba ni?as y versos,
era marzo, una nevada.
bego?a cumplia a?os
mi madre ya no sonaba,
y un punto muerto muy muerto
acelero esta nostalgia.

Soy belen sin navidades
mujer sin hijos ni faldas
reyes sin incienso y -mirra,
asomate a mi baranda.

Quisiera estar con vosotros
pero ya no tengo casa
y estoy aqui pululando
son las 2 de la ma?ana
en blanco y negro
y mudita
sin color
y sin palabras.


ANGELA SERNA

Querida amiga:

Hoy es tu d?a, el d?a de la poes?a y el de la amistad.

Las palabras me faltan para decirte todo lo que quisiera, por eso callo. S?lo esbozo tres alientos,tres tercetos min?sculos, casi et?reos que se me vienen a la boca hoy. Ya los conoces, los camufl? entre los versos de las ni?as de agua en Vitoria. Hoy te los regalo porque me devuelven algunas de las im?genes que tengo de ti:

En equilibrio
el p?jaro cantor
hace su nido.

Gotas de lluvia.
Con las cuerdas tensadas,
el arcoiris.

Bermell?n y azul.
En la cuerda del viol?n
descansa el sol.

As? te veo yo: como ?un p?jaro cantor que hace su nido en equilibrio?; como ?esas gotas de lluvia que buscan las cuerdas del viol?n cuando asoma el arcoiris, o ?ese rayo de sol que se aloja en la cartera junto a la foto m?s querida?. Pura poes?a.

***

Por eso Y POR MUCHO M?S, tambi?n te dejamos algunos versos de un autor que te gusta. ?se que todos los d?as te saluda desde la puerta: Cesare Pavese. Feliz cumplea?os amiga poeta. Un fuerte abrazo.



POEMAS DE CESARE PAVESE


VENDR? LA MUERTE Y TENDR? TUS OJOS


Vendr? la muerte y tendr? tus ojos
esta muerte que nos acompa?a
desde el alba a la noche, insomne,
sorda, como un viejo remordimiento
o un absurdo defecto. Tus ojos
ser?n una palabra in?til,
un grito callado, un silencio.
As? los ves cada ma?ana
cuando sola te inclinas
ante el espejo. Oh, amada esperanza,
aquel d?a sabremos, tambi?n,
que eres la vida y eres la nada.

Para todos tiene la muerte una mirada.
Vendr? la muerte y tendr? tus ojos.
Ser? como dejar un vicio,
como ver en el espejo
asomar un rostro muerto,
como escuchar un labio ya cerrado.
Mudos, descenderemos al abismo.


CELOS

1

Uno se sienta de frente y se vac?an los primeros vasos
lentamente, contemplando fijamente al rival con adversa mirada.
Despu?s se espera el borboteo del vino. Se mira al vac?o,
bromeando. Si tiemblan todav?a los m?sculos,
tambi?n le tiemblan al rival. Hay que esforzarse
para no beber de un trago y embriagarse de golpe.

Allende el bosque, se oye el bailable y se ven faroles
bamboleantes -s?lo han quedado mujeres
en el entarimado. El bofet?n asestado a la rubia
congreg? a todo el mundo para regodearse con el lance.
Los rivales notaban en la boca un gusto de rabia
y de sangre; ahora notan el gusto del vino.
Para liarse a golpes, es preciso estar solos,
como para hacer el amor, pero siempre est? la noche.

En el entarimado, los faroles de papel y las mujeres
no est?n quietos con el aire fresco. La rubia, nerviosa,
se sienta e intenta re?r, pero se imagina un prado
en que los dos contienden y se desangran.
Les ha o?do vocear m?s all? de la vegetaci?n.
Melanc?lica, sobre el entarimado, una pareja de mujeres
pasea en c?rculo; alguna que otra rodea a la rubia
y se informan acerca de si en verdad le duele la cara.

Para liarse a golpes es preciso estar solos.
Entre los compa?eros siempre hay alguno que charla
y es objeto de bromas. La porf?a del vino
ni siquiera es un desahogo: uno nota la rabia
borboteando en el eructo y quemando el gaznate.
El rival, m?s sosegado, ase el vaso
y lo apura sin interrupci?n. Ha trasegado un litro
y acomete el segundo. El calor de la sangre,
al igual que una estufa, seca pronto los vasos.
Los compa?eros en derredor tienen rostros l?vidos
y oscilantes, las voces apenas se oyen.
Se busca el vaso y no est?. Por esta noche
-incluso venciendo- la rubia regresa sola a casa.

2

El viejo tiene la tierra durante el d?a y, de noche,
tiene una mujer que es suya -que hasta ayer fue suya.
Le gustaba desnudarla, como quien abre la tierra,
y mirarla largo tiempo, boca arriba en la sombra,
esperando. La mujer sonre?a con sus ojos cerrados.

Se ha sentado el viejo esta noche al borde
de su campo desnudo, pero no escruta la mancha
del seto lejano, no extiende su mano
para arrancar la hierba. Contempla entre los surcos
un pensamiento candente. La tierra revela
si alguien ha colocado sus manos sobre ella y la ha violado:
lo revela incluso en la oscuridad. Mas no hay mujer viviente
que conserve el vestigio del abrazo del hombre.

El viejo ha advertido que la mujer sonr?e
?nicamente con los ojos cerrados, esperando supina,
y comprende de pronto que sobre su joven cuerpo
pasa, en sue?os, el abrazo de otro recuerdo.
El viejo ya no contempla el campo en la sombra.
Se ha arrodillado, estrechando la tierra
como si fuese una mujer que supiera hablar.
Pero la mujer, tendida en la sombra, no habla.

All? donde est? tendida, con los ojos cerrados, la mujer no habla
ni sonr?e, esta noche, desde la boca torcida
al hombro l?vido. Revela en su cuerpo,
finalmente, el abrazo de un hombre: el ?nico
que podr?a dejarle huella y que le ha borrado la sonrisa.


FIN DE FANTAS?A


Este cuerpo no volver? a empezar de nuevo. Al tocar las
cuencas de sus ojos,
uno nota que un mont?n de tierra est? m?s vivo,
ya que, incluso al alba, la tierra no hace sino guardar
silencio en su interior.
Pero un cad?ver es un resto de demasiados despertares.

No tenemos m?s que esta virtud: comenzar
cada d?a la vida -ante la tierra,
bajo un cielo que calla-, esperando un despertar.
Se asombra alguien de que el alba implique tanto esfuerzo;
de despertar en despertar, una labor ha sido efectuada.
Pero vivimos solamente para darnos en un estremecimiento
al trabajo futuro y despertar, de una vez, la tierra.
Y alguna vez ocurre. Despu?s vuelve a callar con nosotros.

Si al rozar aquel rostro la mano no estuviese insegura
-viva mano que siente la vida si toca-,
si de veras aquel fr?o no fuese otra cosa que el fr?o
de la tierra, en el alba que hiela la tierra,
tal vez eso ser?a un despertar y las cosas que callan
bajo el alba dir?an todav?a palabras. Pero tiembla
mi mano y entre todas las cosas se asemeja
a la mano inm?vil.
Otras veces, despertarse al alba
era un dolor seco, un jir?n de luz,
pero era asimismo una liberaci?n. La avara palabra
de la tierra era alegre, en un r?pido instante,
y morir era todav?a regresar a ella. Ahora, el cuerpo que espera
es un resto de demasiados despertares y no regresa a la tierra.
Ni siquiera lo dicen los labios endurecidos.


***

CESARE PAVESE naci? el 9 de septiembre de 1908 en Santo Stefano Belbo (C?neo). Fue el m?s peque?o de cinco hermanos. Perteneci? a una familia peque?o burguesa de origen campesino. Su padre muri? cuando ?l ten?a seis a?os. Estudi? en Tur?n. En 1932 se licenci? en letras con una tesis sobre Walt Whitman; en esa misma ?poca, empez? su actividad de traductor con Moby Dick de Melville y La risa negra de Sherwood Andersoni. Tradujo tambi?n a Gertrude Stein, John Steinbeck y Ernest Hemingway, y comenz? a escribir cr?tica literaria.

En 1934 lo nombraron director de la revista "Cultura", donde public? sus escritos antifascistas. En mayo de 1935 fue detenido por motivos pol?ticos y confinado en Brancaleone Calabro. En 1936 regres? a Tur?n y public? el libro de poes?a Lavorare stanca.

Durante la guerra, se refugi? con su hermana en Serralunga y, cuando aqu?lla termin?, se inscribi? en el Partido Comunista Italiano.

La narrativa de Pavese se centra por lo general en los conflictos de la vida contempor?nea trata. La luna y las fogatas (1950) est? considerada como su mejor novela.

Cesare Pavese, que sufri? varias crisis depresivas, acab? suicid?ndose el 27 de agosto de 1950 en un hotel de Tur?n, ingiriendo doce sobres de somn?feros.

Entre sus libros publicados se encuentran

De poes?a

Trabajar cansa, 1936
Vendr? la muerte y tendr? tus ojos, 1951

De narrativa

De tu tierra, 1941
La playa, 1942
El camarada, 1947
La casa de la colina, 1948
El bello verano, 1949
La luna y las fogatas, 1950
Di?logos con Leuco, 1947
El oficio de vivir, 1952

***

CIERRE


COMO COLOF?N te dejo aqu? el texto de la presentaci?n de tu libro en Vitoria. Es un encargo tuyo y una, como es obediente, cumple con lo prometido aunque sea con cierto retraso, o no:

PRESENTACION LIBRO BEGO?A EN CIERNES DE BEGO?A ABAD
Casa de Cultura de Vitoria-Gasteiz. 01/03/07. 19.30 horas.
(?ngela serna)


Es para mi un placer acompa?ar a Bego?a Abad esta tarde. Y un verdadero honor tener la oportunidad de presentar a todos ustedes a una gran poeta.

Hoy hace exactamente seis meses que conoc? a Bego?a. Nuestro encuentro se produjo en el Hotel Las Brujas de B?cquer de Tarazona. Ambas hab?amos sido invitadas al V Festival de Poes?a del Moncayo, y fue a las faldas del monte, por esos pueblos de Trasmoz, Tarrellas y Veruela, donde nos miramos a los ojos por primera vez y donde escuchamos nuestros versos por primera vez.

Desde entonces, una relaci?n de profunda amistad se ha creado entre nosotras y el resto de las poetas que acudieron a aquel Festival a las que Bego?a tuvo la idea de llamar ?Ni?as de agua?.

As? la conoc?. Creo que ambas est?bamos destinadas a encontrarnos y que aquel fue el momento y el espacio id?neo.

Cuando hablo de Bego?a, cosa que hago frecuentemente, se me llena la boca de palabras que salen atropelladas en mi impaciencia por hacer un retrato lo m?s fiel posible de ella. Y en mi atropello creo que lo que resulta es un cuadro de Picasso o una figura de Magritte, es decir algo dif?cilmente aprehensible de un solo golpe de vista: puede que ?ste sea el mejor retrato de Bego?a.

Igual me ocurre cuando quiero hablar de su poes?a: se me vienen a la mente ecos de numerosos poetas que a, modo de r?fagas, me remiten a su poes?a:

Se me viene a la memoria una cierta Olga Orozco, ?sa que desde ?el laberinto? dice:

M?s de veinte mil d?as avanzando?
No s? si al continuar no retrocedo
o si al hallar un paso no confundo por una bocanada de
[niebla mi camino.
Tal vez volver atr?s sea como perder dos veces la partida,
a menos que prefiera demorarme castigando las culpas
o aprendiendo a ce?ir de una vez para siempre los nudos de la duda y el adi?s,
pero no est? en mi ley el escarmiento, la trampa en el reverso del tapiz,
y tampoco podr? nacer de nuevo como la flor cerrada.
Habr? que proseguir desenrollando el mundo, deshaciendo el ovillo,
para entregar los restos a la tejedora,
comoquiera que sea, en el extremo o en el centro, a la salida.

Tambi?n algunos ecos de Concha M?ndez, ?sa que no sabe

?si son de aire
los invisibles ojos que me miran
asomados al mundo y esparcidos.

Ni por qu? esas miradas tienen voces,
como voces de aire que se clavan,
que detienen mis pasos en la lucha
o aceleran mi marcha.

O, por cerrar la terna, la Sophia de Mello tan certera, que dice a modo de ?Oraci?n?:

Que ninguna estrella queme tu perfil
Que ning?n dios se acuerde de tu nombre
Que ni siquiera el viento pase por donde pasas.

Para ti yo crear? un d?a puro
(Para ti eu criarei un dia puro)
Tan libre como el viento y repetido
(Livre como o vento e repetido)
Como florecen las olas ordenadas.
(Como o florir das ondas ordenadas.)

Son tantas las poetas y los poetas que resuenan en mi cabeza tras los versos de Bego?a, que su poes?a viene a ser para m? como un compendio del universo po?tico: un microcosmos, el suyo, que se puede hacer extensivo al m?o y al de cuantas personas se acerquen y atraviesen sus palabras.

Pues Bego?a es, sin serlo, ?sa que ?entre diez y seis / apoya su espalda contra la ventana, hace tintinear la cucharilla / en la taza de caf? /. Es la (que) hace preguntas, confidencias / aunque no la escuchen? /Porque ella lee en tus labios y sube hasta tus ojos? al igual que Ana Alc?raz, la primera de sus ni?as de agua.

Bego?a, como Bel?n Reyes (segunda ni?a de agua) sabe ?que quien nos cubri? de besos/ azules y promesas, / quien abri? nuestro cuerpo/ y nos sorbi? la esencia/ ? Quien nos am? a lo loco/ nos dejar? a lo bestia?

Como Olga Novo (tercera ni?a de agua?), tambi?n est? ?acostumbrada a tirar hacia un poema como hacia un becerro cuando se le ven las patas?, pues sabe que ?toda maduraci?n requiere un desgarro de tendones? y que s?lo entonces ?corren polo meu peito (corren por mi pecho) reba?os de cabras/ que non se direixen a ninguna parte (que no se dirigen a ninguna parte)?.
Bego?a, como Miriam Reyes (cuarta ni?a de agua) sabe bien ?de su padre enfermo de sue?os / en el asfalto incandescente de cien mil mediod?as caminando/ bajo el sol vertical?. Y sabe tambi?n, como Carmen Ruiz Fleta (quinta ni?a de agua), ?que el tiempo y las pelusas anidan en las tripas? y que ?la ?nica forma satisfactoria de amar / -esto lo dice Elvira Lozano, la m?s joven de las ni?as de agua- ?la ?nica forma satisfactoria de amar/ es a trav?s de las palabras. / O quiz?, amar a las palabras, / hacer el amor a las palabras?

Ellas, las ni?as de agua, no pod?an faltar hoy aqu?. Pues Bego?a forma parte de todas ellas: es como un aliento necesario, como ?un p?jaro cantor que hace su nido en equilibrio?; como ?esas gotas de lluvia que buscan las cuerdas del viol?n cuando asoma el arco-iris?. ?Ese rayo de sol que se aloja en la cartera junto a la foto m?s querida?. Bego?a, si me lo permite/ si me lo permiten, es poes?a. (as? lo siento yo, s?ptima ni?a de agua)

Pero, lo que hoy nos ha tra?do aqu? es el poemario Bego?a en ciernes, publicado por la editorial 4 de agosto el a?o pasado y que va ya por la segunda edici?n.

Estoy segura de que el T?tulo, Bego?a en ciernes, no les ha pasado desapercibido. En ciernes. Esto lo dice Bego?a, una mujer, una poeta, que lleva un buen tramo del camino andado, y a la que su modestia impide reconocer que forma parte de esa tribu de hombres y mujeres dotados con el don de la palabra po?tica. Pero de esta cuesti?n les hablar? ella, m?s tarde, no me cabe la menor duda.

En ciernes o no, Bego?a es POETA. Tal vez una poeta at?pica, por hacerle alguna concesi?n, pero poeta al fin y al cabo.

En su poes?a, que siempre se muestra muy cercana, encontramos aspectos de la vida cotidiana de la autora: la suya y la de todos sus compa?eros de viaje: la madre, los hijos (a quienes dedica el libro porque, dice, ?me aceptan tambi?n como madre en ciernes?), su perro (Mousse), los amigos, los sue?os, los amores, los encuentros y desencuentros? Todo ello arropado siempre por una mirada esperanzada.

Pues Bego?a es una mujer optimista, extrovertida, risue?a, que dice acercarse a la poes?a de la ?nica manera que sabe: sin tomarla en serio. Eso tambi?n lo dice ella, que si algo se toma en serio es la poes?a, las amistades, la vida. Aunque su iron?a y desparpajo parezcan destinados a quitarle seriedad, a dar a su actitud ante la vida y ante la poes?a una pincelada de desenfado.

En este libro los poemas se suceden sin que nada obstaculice su deambular por las p?ginas, y desde la primera a la ?ltima se muestran como esos pasos acelerados hacia un lugar preciso, o aquellos otros pasos lentos hacia ning?n lugar: pasos distra?dos hacia qui?n sabe d?nde.

Y as? vamos pasando, sin orden aparente, como la vida misma, de los ?ojos verdes? a ?las jap?nicas?, ?del orden? a ?la ensalada?, del ?lugar de encuentro? al ?caf? cubano??

Y en el camino nos encontramos con ?la amante consentida? y con ?Mousse? (su perro), o pasamos ?de un terreno minado? a ?lo sublime de lo cotidiano?. Todo ello seguido de varias ?enumeraciones?, de una ?Venecia? ofrecida a Ben?tez Reyes?, para volver otra vez ?al regreso?, a ?la infancia?, al ?refugio??, o para emprender un nuevo viaje, ahora a ?Ruman?a? sin moverse de casa, cargados, eso s?, de ?anestesia? y de una ?f? de erratas vitales?.

Y As? hasta llegar casi al final con un poema extraordinario dedicado a la madre: ?Mater amabilis?, con un paseo por una ?Sevilla?-or?culo? para cerrar, definitivamente, con un ?atraco a mano alzada? y con el poema que lleva por t?tulo ?poeta?.

El libro es un viaje, una aventura con momentos de mayor intensidad, donde vemos la rebeld?a de la autora ante ciertos temas, otros de una tonalidad rom?ntica y c?lida, y otros en los que la sonrisa se dibuja en nuestros labios?

Todo est? atrapado en este peque?o libro, cuyas dimensiones no deben confundirles. Pues es mucho lo que ofrece. Y ofrece mucho porque Bego?a es una mujer que, adem?s de beberse la vida, escribe mucho, ha escrito mucho. Tanto es as?, que a esos poemas que recupera del ba?l de los recuerdos les llama ?vertidos incontrolados?. Son poemas rescatados del tiempo, con los que abona nuestros correos electr?nicos de vez en cuando. Poemas que yo veo como gotas destiladas de poes?a, de vida. Una invitaci?n a seguir levant?ndose cada ma?ana sintiendo lo privilegiados que somos por respirar en un mundo en el que hasta respirar resulta incierto para muchos seres humanos privados de nombre.

Cuando de Bego?a se trata sobran todas las palabras. A Bego?a hay que leerla y dejarse llevar, dejarse mecer por sus palabras. Hay que dejarse sentir. Su poes?a es rom?ntica, porque en perfecta simbiosis con la vida, y tiene tambi?n su punto de provocaci?n. Su poes?a es de verdad porque est? escrita desde la sinceridad y la necesidad. Tal vez por eso es diversa y, a pesar de su aparente sencillez, o por ello, acaba instal?ndose en los pliegues de nuestro pensamiento y, con sus s?stoles y di?stoles termina resonando dentro de nosotros como algo que nos hubiera acompa?ado desde siempre.

Ser? su poes?a la que realmente les proporcione las claves de esta mujer poeta.

Antes de darle la palabra, me van a permitir leer algunos poemas: uno est? en el libro ?Bego?a en ciernes?, y los otros, m?s recientes, forman parte de esos vertidos incontrolados recibidos hace unos d?as:


ENSALADA

Como a solas ensalada
Y a veces como soledad.
Cae a mi plato, transparente, cruda
Y la tomo?
De vez en cuando la cocino,
Invento recetas:
Soledad al vapor,
Guisada, estofada,
En salsa rosa, verde.
La verdad es que me sienta bien
A cualquier hora.
Dicen que en la noche no se debe tomar,
Que es dura, que no se digiere.
Tambi?n dicen que de ma?ana
Deja el cuerpo triste, como en ayuno,
Insatisfecho.
Pero no es verdad,
Quiz?s sea que la tomo
Despu?s de estar contigo.

***

Tendr?a que escribirte un poema.
Un poema blando como el pan de cada d?a
y azul como el mech?n de mi pelo.
Uno que te atara a mi piel
y que dejara en la tuya
palabras de porcelana.
Tendr?a que usar las letras
de un alfabeto sin inventar,
las notas de un pentagrama,
las s?labas de los silencios,
los acordes de un coraz?n latiendo.
Tendr?a que escribirte un poema
que no olvidaras nunca,
un brev?simo poema de arena
derram?ndose por los espacios
que dejamos al besarnos
sin apenas rozarnos los labios,
un min?sculo poema
que durmiera siempre en tu pupila
mientras yo no estuviera en ella.
Pero no s? escribir poemas de amor.
Dic06

Prodigios de la ni?ez

Hace un hoyo en la arena,
un hoyo profundo y h?medo,
camina descalzo a la orilla,
espera que se acerque la ola,
la atrapa, espumosa, con las manos
y vuelve a depositarla en el hoyo.
Una tras otra, las olas cambian de lugar
y el mar inmenso se achica
y en el hoyo crece otro mar
donde, al atardecer,
el ni?o se sentar? a pescar
seguro de que lo habitan peces,
igual que lo habita la luna
que se refleja en sus aguas.
dic06

Hermanas

Suman ciento setenta y cinco a?os
repartidos en dos cuerpos.
Hacinadas en sus miserias
se lamen las heridas a solas,
como siempre estuvieron,
aunque nacieran de la misma madre.
Echan a suertes la hora de su muerte
y desean sobrevivir para ganar
una partida que perdieron hace tiempo.
Se saben atadas, que no unidas,
a una m?sera pensi?n que justo alcanza
si se suma a la otra.
Suman ciento setenta y cinco a?os
y dividen sus espacios como lobas
en tiempo de hambruna.
Huele a orines que raspan la garganta
y hay ropas oscuras, hules,
des?rdenes en los rincones
del sal?n oscuro de su mente.
Se encorvan las espaldas
y la mirada se cae.
S e saben enemigas
porque el miedo puede con todo
y la parte animal
siempre arrastra a su presa
hasta el lugar donde poder devorarla.
dic06


GASTA LUEGO QUERIDA AMIGA.
Publicado por gala2 @ 6:08  | FELIZ CUMPLEA?OS POETA
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