Jueves, 15 de marzo de 2007
Al oeste de los sueños
Aproximación a un poema de Amina Saïd


La verdad es como las estrellas: no aparece
sino detrás de la oscuridad de la noche.

Khalil Gibrán



Amina Saïd es una poeta nacida en Túnez, con residencia en Francia (Paris) desde muy temprana edad. Tiene en su haber una obra importante : cuentos1, traducciones2 y sobre todo un número considerable de poemarios : Paysages, nuit friable3, Métamorphose de l´île et de la vague4, Sables funambules5, Feu d´oiseaux6 (premio Jean-Malrieu); Nul autre lieu7, L´Une et l´Autre nuit8 (premio Charles-Vildrac, Société des gens de lettres, Paris, 1994); Marcher sur la Terre9, Gisements de lumière10, De décembre à la mer11, La douleur des seuils12.

Amina colabora en diversas publicaciones, da recitales de poesía y participa en congresos literarios y en festivales de poesía por todo el mundo.13 El pianista y compositor Thierry Machuel ha musicado varios de sus poemas que, bajo el título Le livre de sable, han sido interpretados por el coro de cámara Mikrokosmos, con el que ha realizado giras por Francia, Méjico y Japón.

Mi primer contacto con la poesía de Amina Saïd se realizó a través del poema “je suis née sur les bords”: primer umbral del poemario La douleur des seuils. Este poema me invitó a leer el resto de su obra, en la que, a través de una palabra que devuelve paisajes de la infancia y que rescata viejos y múltiples espejos tras la palabra, descubrí a una poeta que desde su imaginario de mujer, desde su voz, unas veces serena, otras desgarrada, invita a mirar el otro lado del horizonte.

En realidad, descubrir la poesía de Amina es (re)descubrirse a una misma, pues a pesar de las distancias, por encima de las culturas y de las razas, más allá de las lenguas y de la Historia, Amina escribe desde la soledad y el silencio: lugares que no saben de patrias.

Confieso que desconozco casi todo sobre Amina; que lo que sigue son tan sólo unas cuantas impresiones escritas desde el vértigo de una lectura apasionada, realizada por esta lectora que ama Túnez, sus gentes, sus costumbres, y que, además, ama la poesía de verdad, ésa que sin imposiciones consigue instalarse en el alma para no abandonarnos jamás. Espero lector-lectora que las impresiones apresuradas de lectora que te ofrezco sirvan para que te acerques al universo poético de esta mujer poeta que consiguió un día decir “yo” gracias al poema.

***

Mujer mediterránea y poeta, Amina Saïd nace en 1953, “sur les bords / de la mer du soleil couchant / la grande mer... / la mer des Philistins / qui baigna Carthage...”14. Su padre, tunecino, y su madre, francesa, constituyen los pilares de una herencia duplicada que se verá reflejada en su poesía: “ j´avais deux visages je vivais dans deux mondes”. Mujer poeta y mediterránea, Amina ha bebido de dos lenguas y de dos culturas, las que conforman el Oriente y el Poniente de una existencia tatuada desde el origen, marcada antes incluso de nacer mujer árabe, mediterránea y poeta. Una existencia situada a ambos lados de un espejo que la luna ilumina en una reflexión perpetua e inevitable; los dos lados de una barrera invisible, pero tan poderosa, que condiciona todo el material con el que Amina construye y deconstruye los recuerdos, los deseos y los sueños: la poesía.

Amina poeta escribe en francés, lengua materna en tanto que lengua de su madre, lengua de los otros en tanto que distinta de aquella de sus orígenes. Amina poeta escribe desde casi siempre, en todos los tiempos, en Oriente y desde Occidente, pues es sobre todo hija del tiempo en busca de un espacio que no es este lado ni aquel lado del mar; un espacio situado a ambos lados del umbral de la historia; un espacio reconocible en los límites del poema: única “frontera” cuando el resto de fronteras son abolidas. Por eso, porque le ha tocado asumir y resolver en su seno las contradicciones de una biografía que el tiempo y el espacio van construyendo a golpe de palabra, verso a verso, poema a poema y libro a libro, la poesía de Amina, más allá de velos y de máscaras, es más poesía en la Babel de la vida y en el microcosmos del poema: allí donde se muestran las fisuras y se producen las metamorfosis; donde las recurrencias son evidentes sin que ello sea demérito, sino esencia de una escritura palimpsesto de escrituras: “he dormido tres siglos sobre un lecho de rocas...”.

Amina, mujer mediterránea y poeta, despliega en sus poemas un universo que, a fuerza de ser personal, termina siendo universal, pues, sabedora de que la “memoria es tan extensa como el mundo”, aborda temas que trazan un itinerario físico y mental con el que el lector, al menos esta lectora, se identifica fácilmente. Empatía que, formalmente, se produce de manera sutil con el paso imperceptible de la primera persona del singular (“je”, “moi”) a la primera persona del plural (“nous”, notre”, “nos”), característica de toda su poesía; desplazamiento que pone de relieve la conciencia de pertenencia a una colectividad que va más allá de lo racial y de lo cultural, pues habitante de “deux mondes”, el sujeto poético camina por el mundo descubriendo en “lo otro” sus propios dobles, sus sombras: “doble exacto de mí misma”.

Búsqueda inevitable, viaje ineludible para quien, mirando al cielo junto a “un palmier qui bientôt caressa les nuages”, descubre que su destino está también al otro lado y que ni siquiera la esfinge, ciega, podrá negarlo: “merveilleusement immobiles / des sphinx aveugles peuplaient mes jardins de sable”.

Tan cerca y tan lejos del mundo (“il y avait entre le monde et moi / tant d´espace et si peu”), Amina, mujer poeta, dibuja una gran franja de mar, siempre el mismo, útero primigenio unido por dos tierras, por dos seuils iniciáticos que invitan y condenan a la errance: “nunca dejaremos de vagar / en busca de un lugar / que no tiene lugar”. Paisaje y pasaje marinos, único viaje desde el Aleph que abre y cierra su nombre; viaje hacia el fin desde el principio que es, en definitiva, el fin: la infancia: “je suis de mon enfance et donc de nul ailleurs”. Vaivén obligado en una poesía donde la voz poética se reclama “algue vague poisson” en primera persona, apuntalando, fijando y mostrando sus andamiajes (que son también los de la autora) sin estridencias, sin rubores, asumiendo la realidad doble que le permite saberse “minuit de lumière alphabet du rien... /grande mer intérieure à l´oeuest de nos rêves”, que siempre están al Este. Viaje sobre todo interior en el que el yo mira siempre hacia el horizonte, telón de fondo desde el que atar y desatar los nudos de la incertidumbre.

Libre de metros y de rima, doce fragmentos son suficientes para trazar una biografía siempre incompleta: “existe aún una palabra para lo imposible (...), cómo encontrar el camino / que conduce al occidente de mí misma...? ”; anticipación y flash back al unísono. Doce estrofas para tejer y destejer las instantáneas de una vida dedicada a “calligraphier les siècles / à l´encre bleue de la mer”.

“Je suis née sur les bords” pertenece al poemario La douleur des seuils (2002) y constituye por sí sólo un apartado: “Naissances”. Situado en el umbral del libro, este poema abre la puerta a todo lo que encontramos entre “todos los nombres del mundo” y “del otro lado del sol”. Su lectura remite irremediablemente a libros anteriores: mismo imaginario, mismas metáforas, mismo contexto... mismas palabras siempre y siempre distintas, pues la poesía de Amina no dibuja un círculo (aunque pueda parecerlo), sino espirales por las que se deslizan las palabras como se desliza la vida, navegando siempre por orillas inciertas, haciéndose las mismas preguntas sin reclamar respuestas, ya que pregunta y respuesta acaban siendo lo mismo.

Más que de repetición habría que hablar de variaciones, de nuevas connotaciones para “viejas vivencias” (estrofas construidas con versos de estrofas precedentes, poemas con ecos de otros poemas...), obsesión a la hora de dar forma a un microcosmos marino del que no pueden ser excluidos el cielo, ni las sombras, ni la luz, ni los pájaros, ni la palmera, ni las máscaras...: elementos todos que marcan también los límites semántico-léxicos en los que tan bien se mueve la poesía de Amina creando isotopías que, partiendo del contraste, terminan haciendo del oxímoron el lugar de convivencia de los contrarios, en un universo como éste donde cielo y tierra, día y noche, luz y sombra son inseparables, y donde las contradicciones se desvanecen en la línea sutil en la que se confunden los puntos cardinales a la hora del crepúsculo: “soy el lugar del que vengo / aquel al que voy”; “ya no tengo sombra no sigo ninguna orilla / la tierra ya no es mi tierra / ya no hay país para mi libertad / habitamos aún la casa del alma / nuestra ciudad está aquí está en otra parte...?”

Una biografía orientada en todo momento hacia el pasado que fue y que es en el recuerdo (“je me souviens d´une nuit jeune / vécue au rythme de la mer”), incluso a los cuarenta años cuando, “toujours habitée par mes ombres”, el sujeto poético se reconoce, “entre passé et avenir”, hija de la infancia.

El tiempo, en su devenir, señala cada una de las etapas de la escritura, de la lectura y de la vida: nacimiento (“je suis née sur les bords de la mer...”), infancia (“à sept ans... / à neuf ans...”), adolescencia (“à onze ans...”), juventud (“à seize ans...”) y madurez (“à quarante ans...”): viaje del pasado hasta el presente según los dictados de una cronología que deja de ser lógica al descubrir que lo que permanecerá de ese viaje no es “ sino la nostalgia / alimentada con imágenes mentales”.

Retorno a los orígenes, al útero acuático que cierra el bucle, la fisura, recuperando y neutralizando la anáfora marina de la primera estrofa aligerada, desde el léxico, del peso de la Historia: “la mer blanche intérieure des arabes” es ahora el mar interior de todos. Exilio necesario para no perder el norte, el que un día mostrara “le palmier” plantada en suelo paterno señalando suelo materno: dos mitades de una misma realidad, reunidas desde “les deux syllabes libres du soleil”. Exilio obligatorio para saber, al fin, que “hemos luchado / por conquistar el Lugar / el mejor de los dos mundos”.

En la frontera de sí misma, Amina reconstruye las luces y las sombras de un pasado que la memoria intenta recuperar desde la “serenidad” que da el paso del tiempo y desde la libertad que procura la distancia: alejarse para encontrarse: “ya no hay lugar para ser / nos abandonamos / para entendernos mejor”. Descenso a los abismos interiores: del poema al mundo y viceversa: “loué soit le monde parce que tout existe / ailleurs que dans le poème et en lui”.

Nacida entre un mar de agua y un mar de arena, espacios propicios para la soledad y el silencio e idóneos para el espejismo, Amina establece con la arena y con el agua una estrecha alianza, y su poesía se mueve al ritmo del “alfabeto de arena” y de las “ondulaciones de la ola”. Amina es extranjera, sí, pero sobre todo “es”, y es desde su voz de mujer, en un espacio intermedio entre Oriente y Occidente, una especie de “Oridente” en el que las dos mitades del “simbǒlum” se funden anulando la diferencia, pues, quemadas todas “ las patrias”, sólo el poema puede rubricar la existencia. Más si, como en el caso de Amina, se confiesa ser “por lo que he escrito”.

***

Cuando se lee la poesía de Amina Saïd resulta complicado permanecer en los límites del poema. Su poesía invita, cual canto de sirena, a pasar al otro lado del verso, a otras orillas. Confieso que no he podido evitar la tentación. Con todo, lo aquí expresado es sólo el umbral que conduce a “las mil y una noches” de una poesía tan profunda que estos párrafos apenas si pueden esbozar.

Seguiré abriendo puertas: el silencio de los blancos, el alcance de los verbos, el valor de los opuestos, lo que esconden los números, la función del intertexto, las metáforas y, por supuesto, los lugares del encuentro-desencuentro. Siete puertas, siete, desde las que acceder a tantas estancias interiores como noches tiene el tiempo: el de los relojes y el otro: el tiempo de la memoria, el de los objetos, el del silencio... Pero eso será otro día, cuando, en conversación reposada con la poesía de Amina, pueda con ella “marcher sur la terre”, asistir a la “métamorphose de l´île et de la vague”, vagar por “sables funambules” y, de “une nuit-à- l´autre”, atravesando los “territoires de l´ombre”, llegar “de décembre à la mer”. Siete puertas para poder decir “-soy- cada letra del alfabeto”, “-prefiero- la noche al olvido”. Mientras llega ese momento, les invito a leer, desde cualquier orilla, la poesía de esta mujer que pone el alma (envés de su nombre) en cada palabra que escribe como si fuera la última: “las palabras me abandonan .../ soy un poema / que muere en tu boca”.


POÈME

Je suis née sur les bords
de la mer du soleil couchant
la grande mer la très verte
la mer des Philistins
celle qui baigna Carthage
la mer blanche intérieure des Arabes
dont les chevaux déferlèrent sur les rives
*
algue j’ai grandi vague poisson
étoile aux multiples branches
la première lettre de l’alphabet
incrustée sur le front
*
á sept ans je nageais sur les eaux noires
dans le chemin de lumière que traçait la lune
j’allais jusqu’à l’impasse du soleil
jusqu’au pays des limites
je prenais des leçons de mirage
scribe intemporel
appliqué à calligraphier les siècles
à l’encre bleue de la mer
*
à neuf ans je découvris éblouie une ville engloutie
au retour je mis mes ailes à sécher sur les dunes
je comptais les pierres avant de les ramasser
j’avais deux visages je vivais dans deux mondes
*
à onze ans je ne parlais déjà plus à personne
pourtant une langue naissait dans ma bouche
je cherchais dans le silence les secrets du poème
essayais de me définir dans l’ordre des clartés
sous son voile blanc derrière ses paupières fardées
ma ville gardait ses mystères
ne se consolait pas de sa beauté perdue
la porte de la mer n’ouvrait plus sur le large
négligeant nos plus belles légendes
nous vivions nos jours et nos nuits assis
autour du marbre d’une fontaine tarie
*
à seize ans j’avais le sourire grave
de qui rêve d’évasion
j’avais deux visages je vivais dans deux mondes
merveilleusement immobiles
des sphinx aveugles peuplaient mes jardins de sable
des oiseaux de feu traversaient mon ciel
fissures de silence dans le lent travail du jour
avec la mort pour horizon la mer nous retenait
ses cuisses de méduse ondulant sous nos doigts
*
nous vivions nos jours et nos nuits assis
autour du marbre d’une fontaine tarie
la porte de la mer n’ouvrait plus sur le large
des sphinx aveugles peuplaient mes jardins de sable
on y fit planter un palmier qui bientôt caressa les nuages
je restais à ses pieds les yeux au ciel
ma grand-mère apparut
c’est un signe dit-elle tu vas nous quitter
fit les recommandations d’usage
versa l’eau verte sous mon pas
pour que je reviennes un jour, dit-elle
déjà j’étais sur l’autre rive
*
à quarante ans toujours habitée par mes ombres
entre passé et avenir
je suis de mon enfance et donc de nul ailleurs
je me souviens d’une nuit jeune
vécue au rythme de la mer
il y avait entre le monde et moi
tant d’espace et si peu
l’enchantement la connivence
c’était avant la lente agonie de la planète
avant la fissure du masque
j’avais deux visages je vivais dans deux mondes
je rêvais des rides du désert
face à l’étreinte bleue de l’horizon
*
je suis de mon enfance et donc de nul ailleurs
quelle vérité découvrir alors
que celle du soleil de chaque jour
celle d’une pluie de sable dans ma main ailée
la grande voix du monde
dans la trame unique
de la langue patiente qui me fut donnée
*
moi qui ne fais que revenir qui ne fais que partir
chaque seuil franchi
j’avance vers ma mort vers le premier jour
ainsi se creuse notre solitude
comme on explore au fond d’un puits sans eau
pour l’ombre rien que pour l’ombre
et face à soi-même
ce lieu où gît un reflet de la lumière
*
louées soient les deux syllabes libres du soleil
l’archipel du silence où je trouve les mots
le voyage de seuil en seuil qui est le vrai voyage
loué soit celui qui s’égare
celui dont la parole est dans l’écart
loué soit le monde parce que tout existe
ailleurs que dans le poème et en lui
*
toujours entre passé et avenir
j’ai voulu trouver celle qui devait être
je cherche désormais celle qui fut
je suis de mon enfance et donc de nul ailleurs
minuit de lumière alphabet du rien
mer blanche mer du soleil couchant
grande mer intérieure à l’ouest de nos rêves.


ANGELA SERNA ( publicado inicialmente en Revista Rimbaud, Francia



Notas

1 Le Secret (cuento tunecino). Paris, Critérion, 1994 ; Demi-Coq et compagnie (fábula tunecina). Paris, L’Harmattan, 1997.
2 Chants tatoués de Ahmed Ben Dhiab, Rotterdam, Hiwar, 1987. Le Dieu volé, (choix de nouvelles) de Francisco Sionil José, traducido del inglés (Philippines), prólogo, París, coedición Critérion/Unesco, 1996. Y las novelas del mismo autor : Viajero, le Chant de l’errant, Paris, Critérion, 1997; Po-on, Paris, Fayard, 2001; A l´ombre du balete, Fayard, 2002; Mon frère, mon bourreau, Fayard, 2003 ; Les Prétendants, Fayard, 2004.
3 Barbare,Vitry-sur-Seine, 1980.
4 Arcantère, Paris,1985.
5 Arcantère/ Écrits des Forges, Paris-Trois-Rivières (Québec), 1988.
6 Marseille, Sud, Marseille, 1989.
7 Ecrits des Forges/ Trois-Rivières (Québec), 1992.
8 Le Dé bleu, Chaillé-sous-les-Ormeaux, 1993.
9 La Différence, Paris, 1994.
10La Différence, Paris, 1998.
11La Différence, Paris, 2001.
12La Différence, Paris, 2002.
Igualmente, tiene editado el CD L´horizon est toujours étranger, Paris, Artalect, 2003.
13 Poeta (Salernes), Le Temps des livres (Djibouti), Festival de poésie (Trois-Rivières- Québec), La Caravane de la poésie (Sénégal, Mali), StAnza (Ecosse), Poetry Africa (Durban, Afrique du sud), Voci Lontane, vici Sorelle (Florence), Weltklang (Berlin), etc.
14 Del poema “Je suis née sur les bords”. Ponemos en cursiva los versos de este poema para diferenciarlos de otros versos de la autora que, citados casi de memoria, nos ayudan a comprender mejor la riqueza poética de Amina Saïd.

Tags: ANGELA SERNA

Publicado por gala2 @ 5:02  | REFLEXIONES/PENSAMIENTOS
Comentarios (1)  | Enviar
Comentarios
Publicado por nombre
Viernes, 16 de marzo de 2007 | 22:51
Merci, merci bien pour le cadeau, les vers ?mouvants d' Amina Sa?d. Ces mots nous rapprochent de la mer, de la douceur du sable qui coule entre les doigts, de la paix du soleil couchant...
J'aime bien.
Mariano Ibeas