Martes, 13 de marzo de 2007
Mil calles llevan hacia all?
Pongamos que hablamos de poes?a.


Hoy les invito a acudir al Noroeste de la ciudad y a perderse en sus calles con nombre de poeta. Descubrir?n con Blas de Otero que, ?adelantando el paso a trav?s de las ruinas, labraremos la paz? y que, aunque perdamos ?la vida, el tiempo, la voz en la maleza, nos queda la palabra?. Con suerte, escuchar?n c?mo Gabriel Celaya le dice a Blas ?que detr?s de cada cosa hay otra que es la misma, id?ntica y distinta, real y a un tiempo extra?a?; que ?detr?s de cada hombre un espejo repite los gestos consabidos, m?s lejos, muy lejos?, y que ?es posible vivir, salvar el mundo entero? porque ?la poes?a es un arma cargada de futuro?. Es probable que Angela Figuera, quien tanto denunci? el hambre, la miseria, las desigualdades y la guerra, les diga al o?do que quiere ser ?palabra desnuda. Ser ala sin plumas en un cielo sin aire.? O que Ernestina de Champourcin, nuestra poeta vitoriana, les haga alguna confidencia desde el otro lado de su pared transparente, all? donde se pregunta si ?es estar en la luna pisar este desierto de hombres y edificios?. Estoy segura de que Pedro Salinas, m?s contenido, les confesar? que hay que mirar atr?s para avanzar hacia el ma?ana y que hay que ?inventar las ruinas del mundo a fuerza de besos,/sin armas?. Sin duda, tambi?n D?maso Alonso, Don D?maso, y Vicente Aleixandre les dir?n que no est?n locos y les regalar?n, sin que ustedes lo requieran, alg?n poema de amor? C?mo no, Alberti les hablar? del Sur para rogarles que si su ?voz muriera en tierra, la lleven al nivel del mar y la dejen en la ribera?.

Una vez all?, ver?n c?mo estas calles dibujan un min?sculo D?dalo en ese lugar donde dice Oteiza que tambi?n existe Dios y, c?mo, unidas por el fr?gil hilo de Ariadna, todas ellas abren sus puertas a la poes?a de una ciudad que se despereza envuelta en niebla. Pues la ciudad, la nuestra, respira poes?a por todos sus poros, ya sean calles, palacios, museos, aulas, librer?as, bares o iglesias?, desde sus colectivos y asociaciones, sus edificios, revistas, editoriales, y en sus numerosos cert?menes y recitales?Cada ma?ana, la ciudad, desde su ?privilegiada? periferia geogr?fica y existencial, da la bienvenida a la poes?a abriendo sus amplios ventanales, y en su entramado de calles, poblado de fun?mbulos del verso, sus poetas escriben para seguir haciendo camino, para dejar constancia de ?aquello que no puede ser dicho: ese ?ntimo secreto cosido a la piel del poema?, pues saben que la escritura les procura ?unos instantes de libertad ante el precipicio del mundo.?

Nuestra ciudad convive con la poes?a como lo hace con otras muchas expresiones art?sticas, pero necesita perder algunos complejos y darse la oportunidad de descubrir y disfrutar de todas las propuestas culturales que la vertebran. Necesita desprenderse del ruido y dejarse atravesar por el murmullo de ese otro lugar ?fuera de todo lugar?, como dir?a mi querido poeta Claude Esteban, donde todo es posible, donde el Tempo funde vida y escritura, y donde amor y escritura son lo mismo: ?ese preciso lugar en el que yace un suspiro?.

No me negar?n que cualquier lugar es bueno para amar, incluso el que est? hecho de papel y tinta, el ?nico, tal vez, capaz de plasmar la totalidad que a la vida se le niega. Por eso, perm?tanme so?ar aqu?: pongamos que hoy hablamos de poes?a y que ustedes pasean por esas calles de la mano de aquel verso que les visita desde siempre, ?se que, incluso ?cuando la cuerda de la guitarra llora y ronco suena el tambor?, sigue haci?ndoles compa??a a pesar de estar ?cansado de batirse en retirada?. Pongamos que hoy, parafraseando a Joaqu?n Sabina, hablamos de Gasteiz.


?ngela Serna


(Texto publicado originalmente en la revista CULTURAL ALAVA, 2 de febrero 2007, Vitoria-Gasteiz)

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Publicado por gala2 @ 3:48
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