Martes, 30 de enero de 2007
Desde la piel del aire


Conoc? a Yose en el acto de entrega de los premios Ernestina de Champourcin 2005, galard?n que obtuvo en la edici?n que conmemoraba los cien a?os del nacimiento de nuestra poeta vitoriana. Hoy, un a?o m?s tarde, Diputaci?n Foral de Alava publica su poemario Estampas de invierno y ella me pide que lo acompa?e con un pr?logo. Desde hace tiempo s?lo escribo sobre aquello que me conmueve, aquello que me permite ponerme en otra piel y que ?presiento como un latido pr?ximo?. Estampas de invierno me ha conmovido, me ha movido a caminar por ?l, con ?l, de la mano de su autora. Esta es la raz?n por la que he aceptado este honor que Yose me brinda. Intentar? transcribir en este breve espacio algunas de las impresiones que estas estampas atrapadas en el papel me han sugerido y algunas emociones que el hilo de la lectura ha ido hilvanando ?sobre los dobladillos de la tarde?.

?No te conozco sin embargo /?/ nuestras soledades caminan paralelas?

Antes de conocer a Yose ya conoc?a sus poemas, y he de confesar que al leerlos sent? un ligero escalofr?o por la espalda. Desde el primer momento sus versos se quedaron prendidos a mi piel, esa misma piel a la que Yose acude con frecuencia: ?la piel del mundo?, ?la piel de las palabras?, ?la piel del aire?, ?tu piel?, ?mi piel?, ?piel desguarecida?, ?cansancio en la piel??; una piel en la que me reconozco y desde la que comparto esa relaci?n con ciertas zonas del lenguaje, ese caminar por un alambre arriesgado y esa espera n?ufraga presente en la poes?a de esta autora. Me veo en la poes?a de Yose como en un espejo, ?espejo adormecido?, en el que, invertida, recupero mi imagen. Es como si ?Entre dos luces? , Yose fuera capaz de captar ?el reverso del aire, ese largo velo incoloro, ese rastro de cenizas pendiente del vac?o? que, al igual que el vac?o de Oteiza, tan consistente como la piedra o el hierro, se convierte en materia po?tica. Pues la poes?a de Yose parece dar respuesta a la inc?gnita planteada por Caballero Bonald: ??Ha valido la pena/ llegar hasta estas vecindades/ inapelables de la incertidumbre/ s?lo para volver a constatar/ que la nada colinda con la nada?? Estampas de invierno demuestra que ha valido la pena aunque s?lo sea para poder ?aprehender? el ?universo?: ?se que conforman las peque?as cosas cotidianas, esas diminutas estampas que, a pesar de sus paradojas o por ellas, descubren los secretos que habitan de este lado del aire o del espejo. Todas esas cosas (?brezo, rosal, coral o adormidera??) ba?adas (?pespunteadas, deshilachadas, sin costuras??) por la sombra (?bruma, crep?sculo?) que resumen la esencia de lo que somos o aspiramos ser: ?la nieve purifica los recuerdos?.

Como buena amante que es de la fotograf?a, en la poes?a de Yose hay un lado ?objetivo? capaz de atrapar los m?nimos detalles que s?lo un ojo entrenado puede ver. Hay adem?s un componente ?on?rico? que dota al conjunto de una tonalidad ?m?gica?, acerc?ndose o alej?ndose en funci?n de las met?foras que filtran cada una de las reflexiones de la autora (la muerte, la guerra, el paso del tiempo, el miedo, la soledad, el amor, la esperanza, la melancol?a?): sensaciones reunidas, en parte, en ese hermoso poema-epitafio titulado ?la esquela?:

?cuando sea una esquela en blanco y negro/ escapado el color qui?n sabe d?nde/ se acordar?n de m? los infinitos/ juglares que mis ojos inventaron// cuando veas la esquela con mi nombre/ piensa que apenas tuve vida propia/ que fui engranaje en mecanismo ajeno/ y lo poco que viv? me fue robado// y aqu? continuar? amarrando instantes/ en los que nunca nada sucedi?/ aqu? estar? hasta el momento ?ltimo/ esper?ndolo todo imaginando?.

Poema-epitafio y poema-po?tica donde la autora ofrece algunas pistas sobre su relaci?n con las palabras, su ?nica posesi?n: ?todo cuanto yo tengo son palabras?.

Treinta son los poemas que configuran estas ?estampas de invierno?, t?tulo tambi?n del primer poema: un largo poema estructurado en cinco partes escritas entre el martes 20 y el domingo 25 de noviembre de 2001, que contiene algunas de las claves del libro: escritura vertical atravesada por grandes blancos que son unas veces silencio, otras un murmullo o incluso un grito contenido: ?un silencio azul como la luz, o los pasos, o los lazos de las trenzas, o el paisaje?, silencio ?arropado por un suave murmullo de las olas?; un silencio al que ?nada impide rebelarse?. Y unos versos cortos donde el endecas?labo convive con metros variables que se deslizan por la p?gina de manera natural, imperceptible casi, all? donde el tiempo (?flecos de la luz?) y el espacio (?esquinas del d?a?) se conjugan un martes en un ?aire espeso y puntiagudo? que cubre ?la piel del mundo?. All? donde ?escapar es como aligerar el alma, sentir en las manos el tiempo caminando y reinventar los d?as?. All? donde viento, agua, arena y fuego se al?an en noviembre agitando todas las conciencias que, una vez abiertas las ?fisuras?, confinan a un deambular sin ?sue?o? ni ?recordar?, s?lo ?vac?o?: ?todos los deseos/ se desploman sin peso/ ni masa ni volumen/ y caen en el olvido/ como el aire en el viento?.

Treinta poemas que trazan el itinerario de un viaje al interior de ?un lugar, como dir?a Claude Esteban , fuera de todo lugar? : la poes?a. Esta poes?a en la que Yose invoca recuerdos, esperanzas, temores? con palabras mimadas, acariciadas o fustigadas por el flujo y el reflujo que el mar, en todos sus alientos, arrastra al atardecer, ?bajo el manto del tiempo?, al contemplar ?el horizonte de ausencias y silencios?. El mar, la nieve, la naturaleza entera son aqu? el imaginario geopo?tico de esta autora que consigue que los poemas fluyan en filigrana de p?gina a p?gina igual que lo har?an las aguas de un r?o (?serpenteante r?o de plata?) desliz?ndose hacia el mar, que aqu? no es el morir sino el resurgir de un paisaje que regresa cada invierno: ?estampas que pasaron por aqu?/ hace tanto tiempo vuelven// inviernos despu?s el mismo agua/ el mismo r?o el mismo puente?. Un mar-poemario ?batido por las olas de noviembre?, en el que cada etapa (fechas y t?tulos) est? marcada por una respiraci?n cambiante en funci?n de las sensaciones y de la mayor o menor urgencia en plasmarlas en este libro que se deja leer como las fotos de un ?lbum, en el que espacios y tiempos transforman cada ?retazo? de vida en preciadas gotas de poes?a.

?Marzo no debe detenerse?

Auguro un futuro brillante a esta poeta que ?rodea la cintura de los ?rboles? arriesg?ndose a que ?la fotograf?a emane hasta mi orilla /?/ ensambladora de im?genes dispersas/ hasta hacer realidad un imposible.?

Deseo que a los ya numerosos premios obtenidos sigan sum?ndose otros muchos y que, m?s all? del mundanal ruido, siga profundizando en ?esa luz de invierno? que el mar, su mar, le ofrece. S?lo as? ?abril? podr? desatar ?los nudos de un febrero confuso?. S?lo as? marzo no se detendr? y podr? responder sin temor ?a la ?nica pregunta que queda por hacer?. La ?nica, tal vez, que conduce al secreto de la poes?a.


?ngela Serna

18/09/2006
Poema de invierno

Tags: Angela Serna prólogo

Publicado por gala2 @ 15:37  | POETAS
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