Mi?rcoles, 17 de enero de 2007
La vida es tartamuda
Retrato de una poeta nacida poeta



Angela Serna





Para hablar de nuestra poeta nos desplazamos hasta Lavapiés, uno de los barrios más emblemáticos de Madrid, donde nació Belén Reyes y donde, cosas del azar, también nació nuestra querida y añorada gran poeta Gloria Fuertes , quien prologó Desnatada , el único libro publicado por Belén hasta la fecha.

Aunque vive en el corazón de nuestro país, Belén Reyes también milita, como tantos otros poetas, en las filas de la periferia, lugar del que Tabucchi dice, cito de memoria, ser el único desde el que se puede expresar aquello que se desea, tal vez por ser el único que procura la distancia suficiente para ver con claridad.

Las páginas que siguen darán cuenta de la autora y del libro Desnatada. Espero, lector/lectora, que este breve paseo te anime a desear sumergirte en los versos escritos por esta gran poeta.

a) La autora

Nacer en el barrio de Lavapiés, en Madrid, para cuantos hemos leído y amado a Gloria Fuertes, es como estar tocado por una buena estrella. Belén Reyes, mujer, poeta, madrileña y de Lavapiés, está tocada por esa varita mágica que asiste a algunas personas elegidas antes de nacer, pues su escritura se desliza por el papel con la misma maestría con la que el pincel del buen pintor se desliza por el lienzo, y su lectura produce una sensación similar a la que sentimos después de ver unos fuegos artificiales haciendo piruetas en el cielo: algo fugaz y sin embargo de una intensidad tal que permanece en nuestra retina y en nuestro recuerdo para siempre.

Belén nace un 22 de 0ctubre de 1964; desde muy niña empieza a escribir poesía: de hecho conserva poemas escritos a los ocho años. Y es que Belén escribe desde casi siempre, pues para ella "escribir y leer son los dos únicos verbos esenciales".

Como otros muchos escritores, Belén ha sido, y es, una lectora empedernida: empezó a leer en la Biblioteca Nacional, donde acudía todas las tardes, devorando cuantos libros caían en sus manos. Confiesa que, siendo adolescente, la poesía le sirvió para no matarse...

Es una mujer "tatuada” por sus lecturas; nos confía que Hermann Hesse la marcó particularmente y que sigue releyendo su obra. Igualmente tiene sus preferencias entre los poetas: Cernuda, Lorca, Edmundo de Ory, Miguel Hernández, Gabriela Mistral, etc., además de su idolatrada Gloria Fuertes.

Con 17 años deja los estudios y se va a vivir a Orozco (Ibarra), País Vasco, donde cuidará niños difíciles. Huye de Madrid para perderse entre los caseríos y para descubrirse a sí misma. Es precisamente tras su regreso a Madrid cuando conoce personalmente a Gloria Fuertes, a la que ya había descubierto a los 16 años (Cómo atar los bigotes al tigre) y a través de la cual se descubre a sí misma como poeta al tiempo que se da cuenta de que se puede escribir sin inflamaciones, en un lenguaje coloquial, punto de vista muy próximo al de Gloria. No en vano, ya en el prólogo de Desnatada, Gloria Fuertes decía: "Belén Reyes llegará a escribir como yo..."

Esta primera impresión de Gloria no parece errónea, pues hoy Belén mantiene en su poesía la misma fuerza y frescura que nuestra gran poeta. Y todo ello porque "esto de escribir versos, en Belén Reyes es de nacimiento. Belén (...) ha nacido poeta..." .

Belén Reyes conoce la poesía desde dentro; en ella la poesía es parte de su existencia cotidiana; y eso se nota en la maestría con que maneja los resortes del idioma en su vertiente más poética: juegos de palabras, dobles sentidos, conocimiento perfecto de la metáfora, rejuvenecida cuando es tocada por sus manos, etc. Nada más entrar en sus versos se advierte que Belén "ama las palabras y las sabe manejar. Juega con ellas, las disfraza, o las inventa para decir lo que siente... Su poesía no es nada artificial, fría, oscura, cerebral, superculta, difícil, no." Siendo sencilla, en apariencia al menos, porque sale del corazón, no por ello está exenta de una crítica cargada de ironía punzante: lo mismo se convierte en francotirador que se lanza, camicace, sin paracaídas, con el fin de denunciar aquello que, como ser humano comprometido, le saca de sus casillas.

En cualquiera de los casos, lo que queda claro es que "sus poemas son supervividos. No miente. No exagera. No inventa... Le inspira más una niña mongólica que una hermosa montaña. Belén poeta no está en las nubes, está en la tierra. Por eso su lenguaje es el del ciudadano de a pie, aderezado a veces con un humor muy madrileño y con una ironía muy tierna".

La propia Belén Reyes da más sentido, si cabe, a las palabras de Gloria Fuertes, cuando afirma que cada uno de sus poemas es "un parto, un vómito...", lo cual no evita que haya poemas "que nacen muertos. Otros mueren a poco de nacer: no se acostumbran a esta atmósfera. Otros viven y crecen para siempre como ángeles...". Y es que la autora considera que sus "poemas son mis hijos, a todos los amo", aunque reconozca que "algunos son hijos de puta, porque son hijos de la vida. Y la vida, a veces, no es muy decente que digamos...".

Con un punto de partida tan claro y rotundo, sólo nos queda esperar de la poesía de Belén Reyes un grito de vida que nos salpique a golpe de metáfora, de imágenes y de cadencias nada frecuentes. Hija de la experiencia, Belén no deja nada al azar, su poesía se nutre de la vida, la suya y la de cuantas personas le rodean o caminan junto a ella.

Belén es una mujer que se impone desde el verso y desde su presencia, una presencia de sonrisa amplia y generosa, a la que acompaña un cuerpo moreno y desenvuelto que ama las distancias cortas y sabe lo que quiere y a quien quiere, aunque a ella no siempre la quieran bien. Mujer que mira de frente la vida, aunque a veces sus gafas de sol le otorguen un aspecto misterioso, probablemente natural. Y es que Belén tiene el don de ser grande sin dar importancia a su grandeza; no se considera una elegida ni salvadora de nadie, simplemente se considera una poeta que dice de sí misma:

Nací como otra gente
que nace y se le olvida.
Cuando era pequeña
recuerdo que sufría.
Que tuve un perro azul
de peluche. Y dormía con él, y le contaba
lo que aún no sabía.
Nací como otra gente
que nace y se le olvida.

Esperamos que este pequeño recorrido sea el primero de los pasos que te conduzcan a la poesía de esta autora, a la que auguramos un porvenir literario rico en éxitos.

b) La obra

Pese a tener un sólo libro publicado, Belén Reyes ha obtenido varios premios a su creación literaria: en 1989 obtuvo el premio de poesía Gerardo Diego en Pozuelo de Alarcón, siendo finalista en varias ocasiones: en 1991 con motivo del premio Barro de Sevilla, con el libro Ve(r)sos que nunca he dado; en 1995 recibe el accésit del premio de poesía Ciudad del Ejido (Almería) con el libro Atrévete a olvidarme; en 1997 es finalista del premio de narrativa Ana María Matute, con un relato que lleva por título “Fotograma de mujer”, etc. Tiene publicados poemas y relatos en varias revistas y libros colectivos. Tiene, además, varios poemarios esperando un editor: Atrévete a olvidarme y Ponerle un bozal al corazón, entre otros, y en la actualidad prepara una novela corta con el título Incisos. También ha sido antologada en la obra Milenio (Ultimísima poesía española)

Mujer polifacética, ha participado, además, en recitales poéticos y ha colaborado en homenajes a Gloria Fuertes. Belén, lo mismo escribe poemas, hace letras para canciones o abre un portal en internet (http://www.geocities.com/elportalsinbelen), todo ello para poder dar rienda suelta a su necesidad creadora.

Pero nuestro cometido en este espacio es detenernos en la poesía de la autora, dejando para mejor ocasión una aproximación a la globalidad de su obra.

La poesía de Belén, en general, habla de amor y desamor, o lo que es lo mismo de encuentros y desencuentros. Y lo hace de manera directa, sin dar rodeos. Su poemario Atrévete a olvidarme, se abre con dos versos “qué voy a hacer sin mí/ cuando te vayas”, seguidos del primer poema que da título al libro: un poema de doble lectura ya que puede interpretarse como amenaza (¡no se te ocurra olvidarme!), o como una invitación (¡olvídame! por tu bien).

Toda la poesía de Belén juega a estos dobles sentidos, huyendo abiertamente de la univocidad en sus planteamientos, probablemente en un esfuerzo por mostrar la contradicción en la que el ser humano está irremediablemente inmerso.

Pero Atrévete a olvidarme es, además, la manifestación del amor en todas sus vertientes: deseo, espera, recuerdo, ausencia, desasosiego, vacío, dolor... Es una estampa de la vida estructurada en torno al otro, incluso cuando está ausente: el poema “no dejar de verte” reproduce obsesivamente el recuerdo del otro, la presencia, en la ausencia, del otro actualizado en los objetos y situaciones cotidianas, lo que supone la búsqueda de la fusión con la persona amada, aunque amar sea “incompatible con respirar”.

Ponerle un bozal al corazón contiene versos de amor y de abandono. Al igual que el libro precedente, el título participa de la antífrasis y, cargado de gran ironía, dice lo contrario de lo que en apariencia expresa, pues el subrayado de lo positivo sólo pone en evidencia el valor negativo subyacente: “Y no hay más que sentarse/ y esperar que suceda.../ponerle un bozal al corazón./Meterte en los ojos dos esponjas./Saturarte los poros/ Quitarle los bafles al deseo.../”.

Ponerle un bozal al corazón, como los demás poemarios de Belén Reyes, es un inventario de lo cotidiano: miseria, droga, paro, etc. y de las reacciones y sentimientos que las diferentes situaciones descritas provocan en la poeta: rabia, esperanza, miedo, resentimiento..., sentimientos, en definitiva, que preocupan a los seres humanos, sobre todo a aquellos que viven un tanto en el límite de lo “políticamente correcto”, en esos márgenes de la sociedad civilizada.

Belén muestra las dos caras de la vida por medio de un cierto eufemismo y de metáforas cotidianas directas. Su poesía se debate entre un romanticismo no disimulado, y un malditismo que le permite mostrar el lado ácido, desagradable de la sociedad en la que vive y en la que se implica directamente, tal y como ha dicho de ella la escritora Cristina Peri Rossi : “Me parece que Belén Reyes escribe poesía maldita porque la vive, con lo cual volvemos al romanticismo: la confusión entre la vida y la literatura, confusión que aplaudo”.


***

Seguidamente ofrecemos, aunque muy someramente, parte de nuestra lectura personal del poemario Desnatada, desde nuestro punto de vista, uno de los poemarios con más fuerza y frescura de cuantos se vienen publicando en los últimos años en este país.

Desnatada

Desnatada contiene 32 poemas: se abre con el poema que da título al libro y se cierra con el único poema que no tiene título. Entre ambos, 30 instantáneas en las que hay un intento de desmitificación y desacralización de la poesía, una constante en la obra de Belén Reyes quien, desde una posición realista al tiempo que algo ingenua (una ingenuidad estudiada), quiere comerse el mundo y degustar sus más profundas sensaciones desde el verbo hecho carne y poesía.

Siguiendo la máxima flaubertiana, autor al que citamos de memoria, Belén Reyes considera que todo puede ser materia de escritura y que tan importante es el fondo, lo que se dice, como la forma, cómo se dice. Por eso Belén Reyes no pone restricciones en sus versos a la hora de detenerse en sensaciones y sentimientos, pues es consciente de que además de las “las flores del parque” también existen “las flores del mal”, y que como poeta no puede permanecer impasible ante las cosas que pasan (“pasan cosas señores...”) y que ella describe, denuncia, caricaturiza... en un deseo de llamar la atención sobre ellas.

Desnatada es un poemario narrativo que traza un itinerario en el que vamos pasando de un tramo a otro sin hacer escalas, sin momentos de reposo para recuperar el aliento. Tan sólo la ironía que dibuja en nuestra cara una sonrisa nos alivia del peso del viaje a través de estas páginas cargadas de crítica que revuelven más de una conciencia.

En nuestro discurrir por el libro, asistimos a una sucesión de imágenes que nos llevan de la experiencia vivida por la autora a la rebelión ante hechos, si no vividos, si presenciados y repudiados. Situaciones ante las que se ve obligada a gritar a un “dios” que de manera recurrente reaparece en todos sus poemarios: un Dios laico, cercano, amigo o colega con el que dialogar, al que reprender o exigir, y al que, en ocasiones, se arropa:

Dios y yo
muy solitos,
como dos jubilados, con los ojos llenitos
de muchos desencantos...
(Como dos jubilados, p. 19)

Desde el principio, la poeta, consciente del sufrimiento que conlleva la vida y el conocimiento, pide a Dios, en un juego cargado de ironía, que la haga mediocre, que la permita situarse en ese limbo inocente "de los justos”, que la deje en medio, en el terreno del no compromiso, en el que los golpes no pueden alcanzarte:

Estoy al borde de ser borde,
me lo noto.
El precipicio crece,
estoy cansada.
(...)
¡Dios mío, hazme mediocre!
(...)
Ten compasión y hazme desnatada.

( Desnatada, pp. 13-14)

Porque la vida no es apta para todos los públicos, "tiene rombos”:



La vida tiene rombos,
es sólo para adultos
¿lo sabías...?
Y es tan seria esta serie.
y el sexo que nos sisa.
El dolor como un dólar
que sube y se cotiza.
Los amigos que amargan.
Esta prisión de prisas.
El mundo, ya una monda
de una fruta comida.
(...)
(La vida tiene rombos, p. 15)

Razón por la que la poeta considera que "debería existir algún seguro":

Debería existir algún seguro
igual que los de vida, o los del coche,
o los de a todo riesgo.

Debería haber:
seguro de que llama,
seguro de que siente,
seguro de que me ama,
seguro de que vuelve.
(...)
¡Fuera el miedo!...
(Debería existir algún seguro, p. 16)

Un seguro que cubriera los riesgos de vivir y que evitara pasar el tiempo hipotecando la vida a cambio de abstracciones; aunque al asegurarnos lo único que garanticemos sea:

- la muerte:“...Y yo era el muerto/ Yo era el único muerto / que había en aquel cementerio.”
- el accidente:“... Y la vida que empuja/ a este semáforo./ Es un dolor en ámbar/-y no paso-./ Los años que me pitan y yo quieta:/ por mi retrovisor los veo/ adelantando”
- el siniestro:“Te arriesgas, sí, / te arriesgas a que un día/ paseando de noche,/ por un verso te den un navajazo”
- o la pérdida: “Yo tenía un pequeño inconveniente:/ no había nadie a mi lado, siempre enfrente” .

Pero no hay seguro que cubra los riesgos de vivir que la poeta refleja en su libro; no hay seguro para tantos seres humanos inmersos en los paisajes urbanos de Belén, pequeñas estampas cotidianas que a fuerza de mirarlas terminamos por no ver, y que Belén retrata y sugiere tan certeramente en el poema “Debajo de mi casa” (p.51):

Debajo de mi casa
Hay una moto triste...
La calle escupe voces
De seres que trasnochan...
Al fondo de mi calle
Se escucha una sirena...
Hay un moro borracho
Meándose en la acera,
Y una vieja y su perro
Meándose en las ruedas...
La vecina de enfrente...

Y es que el mundo que pinta Belén no es “hermoso”, forma parte del catálogo de lo considerado “lacra social”, aquello que nunca se muestra al turista que visita nuestras ciudades, aquello que debe ser alejado del centro y expulsado porque molesta. Es un universo poblado por solitarios, trasnochadores, viejos o jóvenes sin rumbo, dejados de la mano de dios y, lo que es peor, de la de los hombres. Todo ello lleva a la poeta a moverse en un terreno en el que lo único palpable, consistente, real es precisamente esa falta de solidaridad con los marginados, los pobres, los desfavorecidos social, cultural y económicamente. Y en ese terreno, la poeta se muestra dura en sus denuncias, al tiempo que tierna en sus descripciones.

Esta “lacra social”no alcanza sólo al ser “colectivo”, se extiende también al ser humano como individualidad, al estar obligado a mostrar sólo su lado más amable para no correr el riesgo de ser excluido de la tribu. Esta situación de tensión interior y exterior lleva a la poeta a denunciar esas situaciones porque duelen; duelen con tanta intensidad que necesita, implora incluso, un espacio para ella: “dejadme que me quede un día triste”, poema en el que, con un cierto eco nerudiano en el tono, reivindica el dolor personal, el sufrimiento propio y el derecho a hacer su duelo particular. Pero el mundo personal de la poeta no es muy firme; en él sus estructuras parecen tambalearse: todo se basa en el condicional que, si por un lado permite entrever las posibilidades de futuro, también refleja lo inconcluso del pasado, las hipótesis. Su mundo poético es un microcosmos en el que reina el recuerdo, las ausencias, incluida la del propio presente, pues éste si es que existe no se cuenta, se vive: “mi mano si no escribe/ es que acaricia” (“Veo líneas muy rectas”, p. 25)

Su universo personal, sus fantasmas individuales, muy próximos de los fantasmas colectivos que dibuja, participan constantemente de la duda, una duda existencial sin respuesta posible aquí y ahora. Es precisamente la duda la que lleva a la poeta a formular en su último poema el interrogante que subyace en todo el libro:

Y qué sucede
Si de pronto un día
Te das cuenta de que todo es mentira,
Y no sabes si meterte a loca
A puta
O a suicida,
O arrancarte el alma
Y sentarte
en una silla,
Y ya

Medio gilipollas
Ver cómo pasa la vida.

¿Usted qué haría?

(Sin título, p. 55)

La forma del poema en escalera descendente da idea, en cierto modo, de ese descenso a los infiernos que la poeta ha realizado hasta llegar al último trazado del libro. Una búsqueda sin escalas, sin reposos, en la que los miedos, los sentimientos se enfrentan entre sí pugnando por encontrar respuestas a mil interrogantes que pasan, imperceptiblemente, del terreno personal al colectivo y que sitúan frente a frente a Eros y a Tánatos, inseparables compañeros de viaje:

Y es el amor un líder
Que promete y arrastra
A la urna de un beso
Tu voto de esperanza.

Y es el amor un loco
Fanático, que engaña.
Y te alistas al frente
De otro cuerpo, y te matan.
(Y es el amor un líder, p. 30)

Pues en definitiva se trata de eso: de amor y desamor, de vacíos y carencias. Sólo desde este acantilado puede la poeta expresarse. Su atracción por el abismo es su fuerza, matizada por la ironía: la única medicina contra la náusea y la total desesperación. Sin esa dosis de juego permitida, los versos de Belén no serían actos para menores, si es que realmente lo son. Pues aunque su forma, aparentemente sencilla, da una idea desenfadada de su poesía (exactamente lo mismo que le sucediera a Gloria Fuertes), todos sus poemas son, en versos de la autora, “armas cargadas de mercurio”, definición con la que hace un guiño al querido poeta ya desaparecido Gabriel Celaya.

La poesía de Belén Reyes se ofrece sin ruido, despacio para no perturbar, pero contundente en sus planteamientos. Muy pronto podremos leer sus otros poemarios, mientras tanto nos queda “Desnatada” y sus múltiples relatos repartidos en libros y revistas.


NOTAS

Gloria Fuertes fue retratada por Belén Reyes en un poema del que reproducimos aquí algunos versos: “Gloria Fuertes nació en Matriz/ -justo en el centro de todo-/ Actualmente vive en Alberto Escocer...-/ Vive de lo que escribe/ y escribe de lo que vive/ Gloria Fuertes es un misterio con flequillo/ es como un sabio pillo/...-Gloria Fuertes es un desliz de Dios/ es como media hora de recreo/ en esta eternidad tan seria”. El poema fue publicado en la revista Texturas nº 10, 2000, p. 136. ([email protected]). Gloria Fuertes ha inspirado a multitud de poetas, músicos, etc. Hoy, ya desaparecida, son numerosos los homenajes que recibe de amigos y admiradores, en su mayoría jóvenes. Por fin, todos, incluso quienes la ignoraban o criticaban en vida, parecen ponerse de acuerdo sobre la gran valía de esta mujer que se consideraba poeta (nunca poetisa) por encima de todas las cosas.
Desnatada, Ediciones Torremozas, S.L. Madrid, 1992.
op. cit., pp. 9-10.
Gloria Fuertes, op.cit., p. 10.
Ibid. op.cit., p. 10.
Ibid. op.cit., p. 10
Ibid. op.cit., pp. 9-10.
op.cit. p. 10
“La carta”, seleccionado por el premio Contradicción y publicado por Plaza y Janés. “Llevo treinta años esperándote” publicado por la editorial Opera Prima en Lo del amor es un cuento. “Odio los fines de semana”, publicado en la I antología de la colección Ella también cuentan, de la editorial Torremozas.
Editorial Celeste, 2000. En esta Antología, Belén Reyes es presentada por Gloria Fuertes.
“Gloria Fuertes de cerca”, marzo de 1999, Biblioteca Insular de Las palmas; noviembre del mismo año, Fundación Gregorio Sánchez de Madrid.
Cristina Peri Rossi es la autora del prólogo del poemario Ponerle un bozal al corazón.
Verso de Gloria Fuertes, casi idéntico al que encontramos en el poema de Belén Reyes “La vida es tartamuda”: pasan las cosas, pasan, p. 28.
Este “dios” al que hacemos mención aparece explícitamente en los poemas “Desnatada”, “La vida tiene rombos”, “Debería existir algún seguro”, Como dos jubilados”, “Aquella última cena”, “Hay quien se tira el rollo”, “Dormirme en tu mirada”; también se deja sentir en aquellos poemas en los que, la muerte, el dolor, el cielo, etc. remiten también a la presencia de este mismo dios, a veces patético, a veces trasnochado, “cómplice, confidente...”.
“Recuerdo aquel entierro”, p. 33.
“Mi corazón, la llave de contacto”, p. 18.
“Tenerme a mí”, p. 42-43.
“Yo tenía tenía una mirada”, p. 44.
La revista Texturas, en su nº 11, 2001, publicó el relato “Yo no lo estoy”, basado en la novela del escritor canadiense Rejean Ducharme L´avalée des avalés y en la película Leolo.

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Publicado por gala2 @ 17:34  | POETAS
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Comentarios
Publicado por nixona
Martes, 23 de marzo de 2010 | 0:59
Seg?n veo en la ficha, esto es muy atrasado, del 17.1.2007, no s? si este comentario le llegar? a la poeta Bel?n Reyes. De cualquier forma, la he descubierto casualmente y me han gustado algunos poemas suyos, muy originales. Conozco algo la zona de Lavapi?s, su entorno, soy mayor que ella y en los a?os 70 habia otro ambiente muy distinto al de ahora. Escribo poesia y voy a ver si puedo mandar algo.
Adelante Bel?n, esto es muy dif?cil, pero tu est?s muy bien situada en este blog y tambi?n conseguiste publicar. Enhorabuena
Publicado por WalpoleWordsworth
S?bado, 15 de mayo de 2010 | 16:54
Hola. De los poemas de Bel?n Reyes que conozco - no s? si lo he le?do todo - el que m?s me gusta es uno que se titula "Sin t?tulo" :-) y que dice as?:

Sucede que mi boca es una herida
Los ojos de las monjas son medallas.
Mirando al mar de espaldas a la vida.
La espuma es una novia destrozada.

Sucede que es muy tarde para todo
Los ni?os saben cosas y se callan
Mirar el mar sin ti, me da tristeza.
Soy la costra de un sue?o, si me levanto sangro.

Sucede que me duele aqu?, en la tinta.
La radio tiene manos y te abraza.
Tengo que irme ya, me necesito.
Copular con la luz de sombras me embaraza.

Es un poema precioso que no s? por qu? me recuerda mucho al estilo de Carilda Oliver Labra en "Muchacho loco" o alguno similar.

Ciaos ???