Mi?rcoles, 17 de enero de 2007
?NGELA SERNA

CONCHA GARC?A, POETA DE LAS MIL Y UNA VOCES

POES?A ESPA?OLA CONTEMPOR?NEA:


Esta es la cuarta escala en nuestro viaje a trav?s de la poes?a espa?ola contempor?nea. Hoy atracamos en un puerto llamado Concha Garc?a donde nos detendremos con plena conciencia de que ?la poes?a tambi?n es cosa de mujeres?, algo demasiado obvio hoy pero que no siempre ha sido as? en nuestro pa?s ni en ning?n otro. Recordemos que es en 1985 cuando se publica la antolog?a de poes?a que lleva por t?tulo Las Diosas Blancas , haci?ndose de dominio p?blico algo que muchas, y algunos, ya sospech?bamos: tambi?n hay mujeres poetas. A?os m?s tarde, en 1997, la editorial Hiperi?n publica la antolog?a Ellas tienen la palabra , con un n?mero de poetas lo suficientemente representativo como para confirmar que la poes?a escrita por mujeres tiene un peso espec?fico dentro del panorama po?tico espa?ol.

Es en Ellas tienen la palabra donde descubro a Concha Garc?a. Desde entonces he seguido su obra y he quedado atrapada en su poes?a, especialmente en su poemario Arboles que ya florecer?n que m?s adelante pasar? a presentarles.

LA AUTORA:

Concha Garc?a nace en La Rambla (C?rdoba) en 1956. Desde su infancia reside en Barcelona, ciudad en la que realiz? estudios de Filolog?a Hisp?nica. Como a muchos otros escritores, a Concha Garc?a siempre le gust? mirar y escuchar cuanto ocurr?a a su alrededor, costumbre que inici? en su infancia y que no parece haber perdido con los a?os. De hecho, considera que ?la curiosidad y la ingenuidad fueron los est?mulos y la fuente de su escritura?. Tambi?n, como en muchos otros casos, Concha Garc?a confiesa haber sido una gran lectora hasta el punto de leer cuanto ca?a en sus manos, ya fueran c?mics, el reverso de los cromos de las tabletas de chocolate, vidas de santos, o cualquier otra lectura que encontraba en la biblioteca de su abuelo. Algo importante en ella, que la diferencia de algunas mujeres poetas, es precisamente el hecho de que se identificaba m?s con los personajes masculinos, activos, que con los femeninos, mucho m?s pasivos y aburridos.

Su gran capacidad lectora y la necesidad de descubrir algo nuevo en la literatura la llev? muy pronto a elaborar su propia tradici?n, su propio canon de lecturas que, en buena medida, estaba constituido por autores extranjeros que le procuraban un punto de vista muy distinto al de la tradici?n espa?ola.

Desde sus inicios como poeta, Concha Garc?a construy? un sujeto po?tico af?n a su experiencia, pero siendo consciente de que ?a veces no soy yo quien habla, sino mis otredades? , haciendo suya la m?xima que tan cuerdamente expresara el joven poeta Rimbaud a finales del siglo XIX.

Tambi?n desde el principio, movida por un af?n de innovaci?n, intent? ?subvertir el lenguaje cambiando la sintaxis, alterando el orden gramatical y mediante el empleo de neologismos y la fracturaci?n de los finales? , caracter?stica ?sta visible en todas sus obras.

Adem?s de poeta, Concha Garc?a es una de las fundadoras del Aula de Poes?a de Barcelona y de la Asociaci?n de Mujeres y Letras, cuyo objetivo fundamental es dar a conocer la obra de mujeres poetas; tambi?n es colaboradora de los peri?dicos ABC Cultural y Avui en su secci?n de libros, as? como codirectora de la prestigiosa revista Ficciones que se edita en Granada. Mujer implicada directamente en la promoci?n de la literatura escrita por mujeres, colabora activamente en los Encuentros de poetas que desde hace unos a?os vienen organiz?ndose en nuestro pa?s con una amplia representaci?n de escritoras de todas partes del mundo.

LA OBRA:

Poeta desde casi siempre, Concha Garc?a ha publicado buen n?mero de poemarios entre los que cabe destacar Otra ley (V?ctor Orenga, Valencia,1987), Ya nada es rito (Editora Municipal, Albacete,1988), Desd?n (Libertarias, Madrid,1990), Pormenor (Libertarias, Madrid,1993), Ayer y calles (Visor, Madrid,1995) y Cu?ntas llaves (Icaria, Barcelona,1998) , libro que precede al que analizaremos aqu?. En 2001 present? su primera novela que lleva por t?tulo Miamor.doc (Paza & Jan?s, DeBolsillo, Barcelona), una novela de gran contenido po?tico -no en vano est? escrita con fragmentos no incluidos en su poemario Arboles que ya florecer?n- que le da la oportunidad de mostrar expl?citamente una historia de amor entre mujeres -punto de vista l?sbico presente tambi?n en sus poemarios-.

Sus trabajos sobre poes?a han sido publicados en revistas como ?nsula, Revista de la Universidad de M?xico, Taifa, Zurgai, Cuadernos Hispanoamericanos, Texturas... Son varias las antolog?as , nacionales e internacionales, que acogen la obra de esta poeta galardonada con varios premios: ?Barcarola? con el poemario Ya nada es rito (1987), ?Jaime Gil de Biedma con Ayer y calles (1994), o Premio Poes?a ?Aula Negra?, Universidad de Le?n, con el poemario Por mi no arder?n los quicios ni se quemar?n las teas (1984); en 1986 qued? finalista del premio ?Claraboya?.

En la trayectoria po?tica de Concha Garc?a existen varios momentos clave marcados por sus poemarios Pormenor, que introduce un giro en su producci?n, y Arboles que ya florecer?n, su ?ltimo poemario y el m?s maduro de todos.

Con el fin de comprender la importancia de su evoluci?n po?tica nos detendremos un instante en los poemarios Otra ley, Ya nada es rito y Desd?n, concebidos por la autora como un tr?ptico: Escritos a finales de los a?os ochenta, estos poemarios se centran en el empleo de ?una lengua desbordante y laboriosa que materializaba la singularidad de una voz que apostaba por marcar sus distancias respecto a la inteligibilidad del poema?. En los tres, incluso en poemarios posteriores, la autobiograf?a ocupar? un espacio destacado, aunque, en todos ellos, se ver? complicada e incluso expulsada del libro gracias a la utilizaci?n de mecanismos destinados a hacer desistir al lector de cualquier interpretaci?n simplista en este sentido.

En los tres poemarios la autora analiza las cosas centr?ndose en los m?nimos detalles; ahora bien, ?quien escrib?a habla de la vida y de sus hechos, pero parec?a hacerlo no con nosotros, sus lectores reales, sino con ese oyente inscrito en la propia escritura (...); es precisamente ese interlocutor impl?cito en la obra quien determina la condici?n formal de ?sta?.

Pormenor ser? un poemario m?s reflexivo, en el que la escritura parece abrirse al di?logo no ensimism?ndose tanto. Aqu?, aparece una mirada mucho m?s ?relativizadora? (anclada en la monoton?a caracter?stica en la producci?n de la autora, mucho m?s marcada a?n si cabe). Y, aunque centrado en el desamor, como los poemarios anteriores, se observa una mayor madurez. Aparece tambi?n un sujeto po?tico m?ltiple y los otros encuentran, por fin, un espacio: su propio espacio. Por otro lado, se observa un descentramiento del sujeto po?tico, que ya se intu?a en poemarios precedentes y que se acusar? igualmente en poemarios futuros: En Pormenor ?una mujer se ladea y piensa?, en Ayer y calles ? el sentimiento nocturno/ hace que se balancee la vida de los dem?s/ en la m?a propia?. En Desd?n ?verla acercarse a los lindes de todo/ como si el centro fuese un lado...?.
Tanto en Pormenor como en los poemarios posteriores la mirada tendr? una gran importancia. La observaci?n se revela como componente esencial para la escritura, y los otros (mis otredades inclu?das) desplazar?n, en alguna medida, al yo del poeta.

En todos los casos se pone de manifiesto la afirmaci?n y presencia de un yo femenino fragmentado, consciente de que yo es otro, aunque este hecho sea mucho m?s evidente y necesario a partir, sobre todo, de Ayer y calles, tal y como se?ala la propia autora: ?Ahora me interesa el juego a dos o tres voces, darles salida a todas las que soy?.

Son tantas las claves de la obra de Concha Garc?a que para entenderla parece fundamental reflexionar a partir de las palabras que V?quez Montalb?n se?ala en el pr?logo de Cu?ntas llaves: ?De espaldas al camino, la mujer que protagoniza este libro de poemas se sabe personaje, es decir, un personaje expl?cito al servicio del relato de desencuentros esenciales. No estamos ante la complicidad del poeta convertido en punto de vista falsamente extranjero de sus propias experiencias, sino del poeta implicado en ellas...?

Y es que aunque no siempre obra y autor, en este caso autora, van de la mano, creo que no me equivoco al decir que en el caso de Concha Garc?a, la persona y la obra se complementan a la perfecci?n: piel y poes?a, met?fora y vida en perfecta simbiosis.

A partir de aqu?, nos detendremos en ?rboles que ya florecer?n, por ser un compendio de los m?ltiples registros utilizados por la autora a lo largo de su trayectoria como poeta, al tiempo que el inicio de una evoluci?n visible, sobre todo, en su escritura.

?RBOLES QUE YA FLORECERAN

Al leer ?rboles que ya florecer?n de Concha Garc?a se intuye, al igual que en la obra de Flaubert, la presencia de una m?sica de fondo que, de manera casi imperceptible, se impone a la lectura y acompa?a a la escritura formando parte de ella, pero siendo algo distinto a la vez. Creo, adem?s, que Concha Garc?a, como Flaubert, piensa que se puede hacer una obra en la que todo pueda ser materia de escritura, y que tambi?n comparte con ?l la b?squeda de una cierta ?imparcialidad? al pretender que el autor est? ausente, y si no ausente s?, al menos, que sea ?invisible?: estrategia que domina magistralmente Concha Garc?a, quien parapetada tras esos ??rboles que ya florecer?n? de Clarice Lispector crea un yo, que son muchos yos al mismo tiempo, en una aparente disgregaci?n que no es otra cosa que la cristalizaci?n del yo a lo largo de la existencia y de las sensaciones.

Arboles que ya florecer?n se instala en el terreno de la no-certeza que el adverbio ya introduce en el sintagma: son 9 las ocasiones en las que expl?citamente aparece la figura del ?rbol en el poemario y, salvo una alusi?n concreta al ??lamo negro? (?y la posesi?n tiene forma de ?lamo negro?, p. 50), dos gen?ricas a los ??rboles? (?Arboles deprisa son difuminados?, p. 44; ?otros ?rboles/ de la misma familia?, p. 50) y la constataci?n ?los ?rboles florecen cuando saben? (p. 47) o ?los ?rboles florecieron hace tiempo? (p.61), en el resto de ocasiones, el t?rmino aparece acompa?ado del adverbio ?ya?:

?Pero ?rboles que ya florecer?n./ Estancamiento en la visita? (p. 29); ?de pies en la sombra, sabemos/ que los ?rboles ya florecer?n./ Estancamiento por distancias? (p. 32); ?en un plato vac?o, qu? adorable/es mirarte. Arboles ya florecidos.? (p. 40); ?en este lugar donde/ los ?rboles ya florecer?n? (p. 67)

Pero, aunque instalado en la no-certeza, el libro, impregnado de una gran sensualidad, no renuncia al deseo-convicci?n de una cierta esperanza en el amor a trav?s de los a?os: ??rboles ya florecidos, ?rboles que ya florecieron, ?rboles que ya florecer?n... pues sabemos que los ?rboles florecen cuando saben?; unos a?os que se rinden ante el pasado y el futuro y que abren una grieta en el presente, mucho m?s indefinible, mucho m?s ef?mero.

Todo el poemario se asienta en esa l?nea inconsistente de lo probable, en esa paradoja que produce el deseo y en la que siempre se sit?an los sue?os (aquellos que se tienen despiertos), lugar privilegiado desde el que es posible recuperar los pedazos de la existencia y hacerse un porvenir en el que ?los ?rboles florecen cuando saben? y como pueden, aunque ya florecer?n o nunca florezcan:

...No quiero
que te distraigan las carcasas
de la fruta que se cay? hace tiempo
los ?rboles florecen cuando saben... (p.47)

Esos ?rboles, met?fora de la existencia o de las existencias del yo po?tico, se articulan en torno a los s?es y noes que van surgiendo en el camino y que Concha Garc?a recrea sobre un escenario reconocible por las referencias a la ciudad, la calle, el autob?s, los libros, etc. y por un l?xico propicio a la empat?a . Un escenario m?s complejo de lo que puede parecer en un principio, pues esa referencia externa, reconocible en las cosas y en los lugares, no es sino la carcasa, la corteza de lo que corre por el interior de un tronco que se resquebraja, se tambalea, se ladea y, en su ?diagonalidad?, muestra la inestabilidad del ser.

Inestabilidad reforzada por la cita de Cioran que, junto a la de Clarice Lispector, ayuda a la poeta a construir parte del andamiaje del poemario, al tiempo que introduce una clave importante para el lector:

?Este es el drama de todo pensamiento estructurado: el no permitir la contradicci?n. As? se cae en lo falso, se miente para resguardar la coherencia. En cambio, si uno hace fragmentos, en el curso de un mismo d?a puede uno decir una cosa y la contraria. ?Por qu?? Porque surge cada fragmento de una experiencia diferente y esas experiencias si son verdaderas: son lo m?s importante?

El fragmento como ?nico espacio desde el que mostrar, en aparente caos, los trazos, retazos y momentos de la existencia desde la contradicci?n y desde el recuerdo y la memoria: mirando hacia atr?s, como si lo que queda delante, ese porvenir incierto, ?no fuese considerado? y sin que por ello ese mirar hacia atr?s, o desde atr?s, suponga una renuncia voluntaria a lo que ser?, a lo que florecer? si es que un d?a florece. Pues la vida, aunque discurre inevitablemente hacia un ma?ana, no es una l?nea recta ni est? inmersa en un ?nico tiempo, cada experiencia es un fragmento de esa vida, ?y esas experiencias, como dice Cioran, son lo m?s importante?:

En sombras emerge una conciencia
Tomando el sol con las dos,
Cambiamos de retrato y de poemas
De textura y de materia,
Nos regalamos antolog?as
De pies en la sombra, sabemos
Que los ?rboles ya florecer?n... (p.32)

El poemario de Concha Garc?a, ?rboles que ya florecer?n, es la muestra de una poes?a muy personal y, aunque encontremos en ?l ecos de las m?ltiples lecturas de la autora , entre otras de Adrienne Rich: las calles, los a?os, el paso del tiempo, la vivencia del amor... pues de alguna manera, los ?rboles de Concha Garc?a como los de Adrienne Rich ?a?n florecen cubiertos de cicatrices? , o ecos de un cierto Neruda trasmutado y trascendido , as? como de ciertas vanguardias ..., no obstante, la autora crea un universo personal muy pr?ximo del terreno biogr?fico, pero en un sentido diferente a lo que generalmente entendemos por biograf?a, pues, aunque anclada en la primera persona, Concha crea un espacio paradigm?tico en el que nada, ni siquiera ?se, o esos yos, se muestran sin ambig?edad: nueva plasmaci?n de la inconsistencia; podr?amos decir, incluso, de un cierto misterio pretendido, que no premeditado, en el que los niveles de escritura y los registros de pensamiento tejen un pentagrama en clave de mon?logo interior altamente connotado y renovado, acentuado si cabe por la utilizaci?n de la cursiva, marca indeleble de la diversidad de voces presentes en el poema.

En Arboles que ya florecer?n no hay autocomplacencia, ni siquiera complacencia, sino una mirada exterior e interior al mismo tiempo: como un observarse desde fuera al tiempo que se vive desde dentro... experiencia que no se muestra en su devenir, sino en su reiteraci?n, perduraci?n en el tiempo: en otro tiempo: el de la fotograf?a, la memoria, el recuerdo, o lo que es lo mismo aquello que la memoria, siempre selectiva, construye y hace perdurar aunque sea lo m?s inestable: algo a lo que aferrarse: Un ejemplo claro lo encontramos en el poema de la p?gina 42:

?Es un d?a cualquiera/ las ventanas abren/ paso a una luz/ bajo la mujer que/ de las briznas construye/ una maleta compacta,/ blusas sueltas y botones,/ qu? decir de ellos/ si fueron la imagen/ m?s libre de la fotograf?a/ ca?da sobre el pecho./ Quiero deshacerme de todo/ ?sabes? As? que l?rgate/ mi delicadeza llega/ hasta la silueta de un sobre.?

Otros tiempos atrapados en el ?nico tiempo posible: el que nos enfrenta al espacio: resorte que nos cuadra frente a la existencia. Y si una melod?a o un sabor permit?an al protagonista proustiano recuperar vivencias del pasado, en Concha Garc?a son los objetos, las cosas de un espacio a veces compartido, las que traen a la memoria algunos momentos de la coincidencia, sobre todo, amorosa :

no depende de una
ni de otra, ni de instantes
de d?as, ni de volcarse
calle abajo como con prisa,
sino de un ansia que se prolonga
hasta que se vuelca la silla
donde te sentaste
en una misma habitaci?n... (p.53)

Y aunque el libro se sit?a fuera del tiempo cronol?gico, en un tiempo recompuesto y recuperable por los fragmentos de existencia, de la primera a la ?ltima p?gina puede observarse una ligera progresi?n en espiral: si el primer poema est? marcado por la terminolog?a de la ruina: descomposici?n, apuntalar, resquebrajar, parapeto, estatua rota, amputaci?n, etc. y por sensaciones como la desgana, la frustraci?n, el dolor... , el ?ltimo lo est? por una cierta certeza del amor, el cambio de paisaje, un cierto renacimiento, una cierta esperanza: ??rboles que ya florecer?n?.

Y es que ?rboles que ya florecer?n est? lleno de claves visibles a trav?s de sus puertas y ventanas , de sus alusiones a la edad, a la muerte, a la desesperanza, al dolor: ese ??lamo negro?; visibles a trav?s de los contrastes: ausencia / presencia, estatismo / movimiento... :


?INMOVILIZADA por el amor
la ?nica actividad natural
en permanente deslizamiento
cuerpo abajo (arriba un azul
enmarcado en ocho por catorce)
era que no se obstruyese
la naturaleza del amor... (p.30)

A pesar de ser una llamada al 112 (tel?fono de urgencias), el poema brinda varias lecturas y permite observar, una vez m?s, la naturaleza de los l?mites: los de un marco, los de la edad, los del amor, los del deseo... Pero, pese a tantas limitaciones, el libro se clausura -queda abierto?- desde un ?te quiero?:

... Te quiero.
Lo dice la voluntad de desasirme
y el edificio de enfrente
y el pertinaz son del cielo
que llega hasta aqu?
en este lugar donde
los ?rboles ya florecer?n. (p.67)

Un final de poema, y de poemario, que nos recuerda los ?ltimos versos de ?Le Lac? de Lamartine, en los que el poeta suplica a la naturaleza para que haga perdurar la huella de la amada y del amor compartido en el pasado: ?que tout dise, ils ont aim?, traducido en el poema de Concha Garc?a desde el convencimiento a trav?s, tambi?n, de las manifestaciones externas al propio ser que siente y disfruta en el momento presente: ?te quiero?.

S?lo me resta invitarles a leer los poemas de Concha Garc?a y a descubrir sus llaves, tantas como son necesarias para abrir las puertas de un poemario escrito probablemente, como dec?a Rilke, ?desde una absoluta necesidad?.


NOTAS

Hiperi?n, Madrid.
Hiperi?n, Madrid. A cargo de Noni Benegas y Jes?s Mun?rriz, con pr?logo de Noni Benegas. En esta antolog?a aparcen poemas de Eloisa Otero, Angeles Mora, Olvido Garc?a Vald?s, Ana Rossetti, Amalia Bautista, Ruth Toledano, Julia Otxoa, etc. Todas ellas grandes voces de la poes?a espa?ola contempor?nea.
Ediciones Igitur/Poes?a, Montblanc, 2001. Con pr?logo de Olvido Garc?a Vald?s.
Ellas tienen la palabra, p. 227.
Celan, Stevens, Rich, Bachmann, Trakl, Milosz, Holan, Ajm?tova, Moore, Clarice Lispector, Pessoa, Eliot..., tal vez esta influencia es la que hace que todos los poemarios de Concha Garc?a contengan citas de autores que, de alguna manera, condicionan o predisponen su lectura.
Ellas tienen la palabra, p.227.
Op. Cit., p. 228.
Adem?s tiene publicados Por m? no arder?n los quicios ni se quemar?n las teas (Margen, Le?n,1986), Di?logos de la hetaira (Barcelona, 1986) y las plaquettes: Rabitos de pasas (Cuadernos del Mar, Valencia,1981), Trasunto (Ultismo, Madrid,1986), Horizontalidad (Fern?n N??ez, C?rdoba,1991), Y lo de ella (Barcelona,2001).
Conversaciones y poemas, Siglo XXI, Madrid, 1991; La prueba del nueve, (Antonio Ortega), C?tedra, Madrid, 1994; Ellas tienen la palabra, (Noni Benegas y Jes?s Mun?rriz), Hiperi?n, Madrid, 1997; De lo imposible a lo verdadero, Antonio Garrido, Madrid, 2000; Historia de la literatura espa?ola, Cr?tica, Madrid, 2000. Entre la antolog?as extranjeras: Poesia espanhola de agora, de J.M. Magalhaes, Rel?gio d?Agua Editores, Lisboa, 1997; Agenda An Anthology of Spanish Poetry, Vol. 35. 2 London, 1997; Antolog?a della Poesia Spagnola dal 1961 ad oggi. Nove Amadeus Edizioni, Citadella, Italia, 1996; Sette Poeti Spagnoli d?oggi, Emilio Coco, traductor. S.M.S. de Carolis. San Marco in Lamis (FG), Italia, 2001.
Arboles que ya florecer?n. p. 9.
Op.cit. p. 10-11.
Op.cit. p. 228.
En unos casos la poeta se entretiene dando pistas al lector/a, mientras que en otros parece jugar a despistarle.
M. VAZQUEZ MONTALBAN, ?Las manos llenas de llaves en una realidad sin puertas?, pr?logo del poemario de Concha Garc?a Cu?ntas llaves, Icaria Editorial S.A., Barcelona, 1998. p. 7.
Marulho e silencio/ leve porcelana/ temple submerso/ trigo e vinho/ tristeza de coisa vivida/ ?rvores ja floresceram.
Concha Garc?a apuesta por un lenguaje pr?ximo, acorde con los tiempos que le han tocado vivir. En este poemario la bebida, signo de socializaci?n, de lugares de encuentro y diversi?n, ocupa un gran espacio, aunque en este caso representa el mundo cerrado y solitario del yo po?tico, como si la bebida formase parte del ritual de encuentros y desencuentros consigo mismo a trav?s de la rememoraci?n de momentos vividos y disfrutados junto al ser amado: la constataci?n de una soledad sin remedio.
Pues Concha Garc?a no tiene ning?n problema a la hora de nombrar sus lecturas, sus gustos po?ticos... y, lejos de quienes defienden una escritura ?libre de influencias?, en ella hay gui?os expl?citos e impl?citos a otros poetas.
De Veinti?n poemas del Amor, de Adrienne Rich. Tambi?n la poeta alemana Hilde Domin, como otros muchos poetas, utiliza la met?fora del ?rbol en su poemario publicado con el t?tulo Der Baum bl?ht trotzdem (El ?rbol, sin embargo, florece), aunque en este caso el punto de partida es bien distinto: el convencimiento. Uno de sus poemas, traducido al espa?ol por Rafael-Jos? D?az, ha sido publicado en el n?mero 5 de La ? literaria que edita La Comisi?n de Cultura del Excmo. Ayuntamiento y Biblioteca Municipal de Due?as y que coordina el poeta palentino Juli?n Alonso.
?Me gusta mirarte cuando me vac?o...? (p.40) que reenv?a a ese ?me gusta cuando callas / porque est?s como ausente / y me oyes desde lejos y mi voz no te toca... de Veinte poemas de amor y una canci?n desesperada.
?Apollinaire, Pound, Eliot... cuya ra?z estaba ya en el romanticismo alem?n, y, al tiempo, en la de una escritura de las mujeres que a lo largo del siglo XX ha ido abriendo nuevos modos de vida y expresi?n?, tal y como se?ala Olvido Garc?a Vald?s en el pr?logo de Arboles que ya florecer?n.
Como ejemplo puede servirnos, entre otros, el poema de la p?gina 34: ?NO estar es la distancia/ entre la ventana y el regodeo/ de la memoria. Si lo sue?as/ todo parece. Emerge/ la imagen preponderante del porvenir/ inventado mediante saturaciones/ de lugares que no se han visto/ nunca. La verdadera dimensi?n/ de la realidad est? atrapada/ en este recuerdo vol?til/ de lo que viv? apretada entre las s?banas?.
Una estatua descomponi?ndose,/ todav?a en el sof?./ Ahora la apuntalan/ como si fuesen secretos/ las hendeduras de lo que se/ resquebraja...
Si en el poemario anterior, V?zquez Montalb?n se?alaba ?demasiadas llaves para una realidad sin puertas?, en ?ste ocurre algo similar con las puertas y ventanas, pero no por su ausencia sino por el hecho de convertirse en barreras que dificultan la comunicaci?n con el exterior. Puerta-muro que impide penetrar en el mundo del yo po?tico.
Todas las oposiciones est?n marcadas por las oscilaciones del deseo.
Arboles que ya florecer?n, op.cit. p. 67.
Si en Lamartine es la desesperaci?n del poeta ante la p?rdida inminente de la amada lo que le hace suplicar a la naturaleza en un intento de hacer revivir, perdurar el amor a trav?s de los espacios compartidos, en Concha Garc?a son estos mismos espacios los que confirman, rubrican la existencia del amor o, al menos, de la posibilidad del amor. La desesperaci?n en el primer caso viene marcada por la presencia del subjuntivo, mientras que el segundo es el indicativo, el tiempo de la certeza, el que predomina. De ah? la paradoja en este poemario que, marcado por el signo de la probabilidad en todo su recorrido, sin embargo se cierra con la certeza, la convicci?n. De ah? tambi?n su fuerza.

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Publicado por gala2 @ 17:16  | POETAS
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