Martes, 16 de enero de 2007
JUAN L?PEZ DE AEL, POETA DEL COLOR


POES?A ESPA?OLA CONTEMPOR?NEA:


?ngela Serna



En nuestro recorrido a trav?s de la poes?a espa?ola contempor?nea hacemos hoy escala en Juan L?pez de Ael, un hombre llegado a la poes?a desde la pintura, o mejor dicho, desde las manifestaciones art?sticas m?s diversas: pintura, poes?a visual, escultura, libro objeto, etc. Un artista global que sabe plasmar con palabras todo el color contenido en una paleta, pues Juan L?pez de Ael ha escrito con su pintura tanto como los buenos poetas han plasmado en sus libros. Hoy, adem?s, ha hecho realidad el sue?o de organizar su primer poemario, Sentado en el borde de un vaso, con el que qued? finalista en el ?XXI premio de Poes?a Ciudad de Benicarl? en su convocatoria del a?o 2001.

EL AUTOR:

Juan L?pez de Ael nace en Quintanilla San Garc?a, Burgos, un 22 de junio de 1951. Aunque reside en tierras vascas desde muy joven, nunca ha perdido el contacto con sus or?genes y se siente, con los a?os, fuertemente atra?do por sus ra?ces castellanas: una atracci?n que no es s?lo tel?rica, sino, sobre todo, espiritual. En Castilla se reconcilia consigo mismo y en su cielo y su tierra rojiza se sue?a pr?ximo de Teresa de Cepeda y Ahumada y de Juan de Yepes , o sentado a la sombra de un olmo leyendo a los cl?sicos, descubriendo en el murmullo del viento viejas leyendas y canciones de esta tierra luchadora y recia, marcada por su historia y su cultura.
Cuando llega a Vitoria-Gasteiz recibe clases de dibujo, escultura, cer?mica y pintura en la Escuela de Artes y Oficios de la ciudad y en el taller de Jos? Luis Alv?rez V?lez. Corren por entonces los a?os sesenta. A finales de los 70 viaja a Madrid con la maqueta de un disco en la maleta para intentar abrirse camino en el mundo de la canci?n; la censura hizo que la m?sica se perdiera una voz privilegiada, pero esta breve estancia en Madrid le puso en contacto con cantantes hoy consagrados como Ana Bel?n, V?ctor Manuel, Luis Eduardo Aute, etc. y le proporcion? la ocasi?n de conocer y mezclarse con aquellos que desde su voz, opuesta a la del r?gimen, ten?an algo que aportar en plena dictadura y en los primeros a?os de la transici?n. Sin embargo, ser?n los a?os ochenta, concretamente 1988, a ra?z de los primeros encuentros con el escultor Jorge Oteiza, con quien mantiene una fluida y amplia correspondencia desde entonces, el a?o que marcar? la puesta de largo de la trayectoria art?stica de Juan L?pez de Ael: ese momento en que decide dar rienda suelta a su desbordante imaginaci?n. Desde entonces no ha cesado un instante de crear en el sentido m?s amplio del t?rmino. Tambi?n por entonces nace su otro yo: ?Mar?a da Silva Andrade?, pintora portuguesa con la que realiza varias exposiciones y que, como nuestro autor, tambi?n escribir? bellos poemas m?s adelante. En los a?os noventa, a partir de 1992, Juan L?pez de Ael entra a formar parte del Consejo de Redacci?n de la revista Texturas , siendo desde entonces uno de sus colaboradores m?s prol?ficos.
Entre 1992 y 1996, la actividad de nuestro autor es fren?tica: exposiciones nacionales e internacionales, individuales y colectivas, colaboraciones en muestras de mail-art, y gran proyecci?n en el terreno de la poes?a visual, lo que le hace figurar en la pr?ctica totalidad de las antolog?as sobre el g?nero aparecidas en los ?ltimos a?os en Espa?a... Ya entrado el a?o 2000, en octubre, inaugura una particular Galer?a: ?Galer?a Itinerante Juan L?pez de Ael?, un lugar destinado al encuentro de las manifestaciones art?sticas plurales fuera de cualquier oficialismo.
Resumir la trayectoria vital de L?pez de Ael no es tarea f?cil: su gran capacidad intelectual y su desbordante ?imaginario? hacen que cada minuto de su existencia est? cargado de poes?a, pues Juan, como Rimbaud, no crea desde la carencia vital, sino m?s bien desde el exceso: exceso de vida y de sentimiento: demasiada espiritualidad en un solo ser.
Con todo, estamos convencidos de que el mejor retrato de este hombre es aquel que se desprende de su obra, por ello no seguiremos los senderos de la biograf?a, sino aquellos de su trayectoria art?stica.

LA OBRA

Consciente de la ?inutilidad? del arte, pero convencido de que es lo ?nico que puede ?salvar al ser humano de la mediocridad?, Juan L?pez de Ael no se resiste a la tentaci?n de buscar m?s all? de los l?mites que ?el arte oficial? suele imponer. No contento con dar forma a la materia pict?rica sobre el lienzo, advierte enseguida el intr?nseco car?cter pluridimensional del arte, y su pintura, cada vez con m?s relieve, se quiere pr?xima de la escultura, de la escritura..., en un intento de romper cadenas y barreras expresivas. Por ello no tarda en incorporar a sus obras todo tipo de materiales que le llevan al collage, a la instalaci?n y a otras manifestaciones en las que las fronteras entre la obra y el espectador son cada vez menos visibles y en las que la letra, el trazo, signo primero de escritura, aparece constantemente. Obras como ?Poes?a eres t?? o ?Cromlech? exigen la incorporaci?n del espectador para poder resolverse como tales: la primera atrapando la imagen del que mira, la segunda ofreciendo un espacio para ser recorrido y penetrado.
Cada una de las obras de Juan L?pez de Ael es un pedacito de s? mismo, de sus contradicciones y de su imaginario ?obsesivamente? recurrente: la dualidad, el vac?o, la m?sica, el sexo, o lo que es lo mismo Pessoa y su inseparable Lisboa, Oteiza, Amalia Rodrigues, San Juan de la Cruz... Un universo grandioso que nos descubre la ?m?sica callada? de un artista capaz de crear un lenguaje ?ntimo y personal.
Desde la pintura, el dibujo, el collage, la escultura, la instalaci?n, la escritura..., Juan L?pez de Ael constituye uno de los ejemplos m?s claros de lo que hoy denominamos experimentaci?n art?stica, entendiendo el arte como algo global que abarca todas las manifestaciones expresivas.
La diversidad de soportes y materiales utilizados en su producci?n pl?stica, presente tambi?n en su poes?a, supone la manifestaci?n coherente de una forma de ver el mundo y el arte desde una heterogeneidad capaz de llenar el vac?o existencial. Por ello, dicotom?as, t?rmino que da t?tulo a una de sus obras m?s emblem?ticas , no es una forma maniquea de ver el mundo, pues la est?tica de Juan L?pez de Ael no expresa el blanco o el negro de la vida, sino que contempla las tonalidades, los grados y niveles que, entre un extremo y otro de la existencia, dibuja la contradicci?n del ser humano.
El soporte de la obra (lienzo, suelo, p?gina en blanco...) y la materia que lo ocupa (pintura, objetos, letras) constituyen una ?nica arquitectura-escultura-escritura po?tica m?s o menos figurativa, m?s o menos abstracta, pero siempre abierta a los cambios y modulaciones previstos: en unos casos por el autor y en otros incorporados por el lector-espectador, responsable ?ltimo de la configuraci?n y destino final de la obra, cuando no parte integrante de ella. Objetos que reclaman ser manipulados, lecturas que abren caminos diversos, espejos que nos atrapan, piezas transitables, etc., van configurando sin prisas un universo polimorfo, rico en c?digos y consignas.
Cada l?nea, plano, volumen, signo... habla un lenguaje ?global? cuando de L?pez de Ael se trata. Un buen ejemplo lo constituye el montaje ?Cromlech?, homenaje a Itziar Carre?o : Partiendo de la idea del cromlech-c?rculo, b?sica en la b?squeda experimental realizada por Oteiza hasta el a?o 58 en escultura, Juan L?pez de Ael establece una serie de correspondencias entre el c?rculo-fuego-escritura y el espacio arquitect?nico en el que se instala la obra. En este caso, el autor escribe-pinta-esculpe sobre el suelo un cuadrado de textos sometidos a un proceso de fragmentaci?n manipulando la tipograf?a, agrand?ndola, rompi?ndola incluso. As?, los textos se convierten en tapiz-recept?culo-altar del c?rculo de cirios que con su llama zigzagueante envolver?n el recinto expositivo y mecer?n los textos, ilegibles en su mayor parte, del maestro Oteiza.
Dedicada a una persona muerta, el c?rculo-tiempo, atrapado en el cuadrado-espacio, se transforma en ofrenda y comunicaci?n con la persona evocada. Pero, aunque as? planteada, la propia obra rompe inmediatamente el espejismo de sacralidad inaccesible, invitando al espectador a fundirse con ella, a sumergirse en ella y a ?vagar? entre los ?l?mites? que sus muros de ?vac?o y silencio? dibujan. Lo pagano y lo divino no pueden separarse, constituyen por s? mismos, y en s? mismos, un microcosmos que no es la suma de ambos, ni siquiera su contemplaci?n como contrarios, sino la s?ntesis de la expresi?n art?stica del individuo. Ambas manifestaciones tejen una misma tela que, en cada caso, se cargar? de connotaciones espirituales y vitales, si es que ambas no son una sola.
Esta simbiosis est? en la base de la obra po?tica de L?pez de Ael, un hombre que ha mostrado su poes?a visual, pict?rica, verbal, en las revistas m?s representativas del ?mbito experimental . Cada una de sus composiciones podr?a considerarse el ?c?ntico-po?tico-espiritual? al arte y a la vida.

Hoy intentaremos centrarnos en su poes?a, esos versos que, tal vez sin pretenderlo, nos introducen en el terreno de lo parad?jico, ya que hablar de la poes?a de L?pez de Ael obliga a pasar del otro lado del espejo, como hiciera Alicia, y a ver las cosas sin prejuicios.
Aunque, como ya hemos dicho anteriormente, s?lo tiene un poemario articulado como tal, su obra po?tica es muy extensa , por eso, intentaremos aqu? dar algunas pinceladas sobre sus constantes.
Marcado por sus numerosas lecturas y relecturas de los autores cl?sicos, fundamentalmente de San Juan de la Cruz, as? como por poetas como Pessoa, Eugenio de Andrade, Claudio Rodr?guez, Blas de Otero, Gabriel Celaya, Federico Garc?a Lorca, etc., la poes?a de L?pez de Ael tiene un componente espiritual importante. Su poes?a contiene ecos de tiempos pasados (Qui?n pudiera dormir/en tus pupilas,/descansar en su paz/hecho ya nada.) a la vez que utiliza un lenguaje rabiosamente actual, consiguiendo en cada poema atrapar momentos, sensaciones, im?genes que dan tanta perspectiva a lo representado que el lector/a termina por visualizar, antes que interiorizar, aquello que ofrece como materia po?tica. Sus composiciones podr?an muy bien definirse como ?poema-cuadro?, tal es la fuerza expresiva de su voz.
Juan L?pez de Ael escribe movido por una fuerza interior que le lleva a poetizar su vida cotidiana, sus obsesiones, sus miedos, sus deseos. Se trata de una poes?a de lo cotidiano, pero no de lo f?cil aunque pudiera parecerlo; el m?s m?nimo detalle de cada verso contiene, tal un palimpsesto, varias capas, ecos, referencias de lecturas, etc., que s?lo un lector avisado podr? degustar y paladear en toda su extensi?n: Blanco de cal/sobre cal/en otra cal anclada./ Rel?mpago azulado/en la mirada/que un cuchillo de luna/va cortando.
Sus referencias a la pl?stica son evidentes no s?lo por la capacidad de crear im?genes y de hacer del poema un cuadro, una fotograf?a, sino por la presencia de un l?xico cercano, en numerosas ocasiones, a ese territorio tan conocido por el autor: Paisaje cotidiano/amarillo trigal/y al fondo un negro perla...
La forma es fundamental en su escritura : el lugar de cada palabra, de cada verso, la espacializaci?n del poema en la p?gina... son un encaje bien trabajado, cuyo resultado final no deja entrever las fases de elaboraci?n:

Desde el otero de Alzuza
Oteiza dibuja
Un c?rculo
En el suelo...
El sol se est? ocultando...
Te digo: Jorge, habr? que ir a acostarse.
Me dices: Pronto
Pronto

Repites: Pronto
Pronto...

Para L?pez de Ael la poes?a es m?s un medio que un fin y su disfrute se encuentra en los pasos intermedios m?s que en el poema terminado (si es que puede darse por terminado alguna vez). Lo que no impide que sea un escritor de impulso y de confecci?n r?pida, esa rapidez que muy pocas personas son capaces de alcanzar y que poseen quienes conocen bien el oficio.
En cuanto a la tem?tica, una constante fundamental: su recurrencia a la muerte, la p?rdida, la separaci?n y, en contrapartida, su visi?n de la vida, de los objetos, de la cotidianeidad: Desde una botella vac?a /que hay en el estante /paleta en mano, Goya me mira triste, /pensativo tal vez, /no comprendiendo nada /de esta larga tormenta /que sin cesar me mata. Tem?tica reforzada por la presencia de un l?xico tambi?n recurrente: el c?rculo, representando el vacio oteiziano en la mayor?a de los casos, el color en todas sus gamas, desde los tonos c?lidos a los m?s fr?os, y los espejos , los que devuelven la propia imagen y los otros: escaparates, cristal en general...Vida y muerte, amor y muerte, el mundo cotidiano, constantes presentes en buena parte de nuestros poetas actuales.

SENTADO EN EL BORDE DE UN VASO:

Sentado en el borde de un vaso es un conjunto de fragmentos de existencia, una existencia que, en sus altibajos, va mostrando a un ser que sufre porque ?sabe? y busca saber m?s; un poemario que tiene mucho de autobiogr?fico, aunque supere f?cilmente los l?mites del yo (poeta) para mostrar un yo-plural, pues L?pez de Ael se desdobla en varias voces que dan cuerpo a su preocupaci?n m?s honda: el ser en su devenir.Y es que el sujeto l?rico, en este caso como en muchos otros, ?es un palimpsesto de rostros amados (...) es la voz del otro que me habla, es la voz de los otros que hablan en m?, y es incluso la voz que yo dirijo a los otros...? : Desnudo y frente al viento,/Paseabas airoso.../T? pre?ado de rasgos/De todas las culturas,/Mi Dios adolescente...

El borde de un vaso -?de un precipicio?- es la met?fora elegida por el poeta para introducirnos en ese territorio personal -y universal- del hombre enfrentado a sus dudas, a su propio dolor, a sus esperanzas y frustraciones. El hombre que, en su filosof?a m?s primaria, se cuestiona sobre su esencia y sobre cuanto le rodea.
Este t?tulo contiene las leyes que van a regir todo el poemario: sentado -tal vez pensativo-, en el borde -ese l?mite en el que nos vemos obligados a tomar decisiones, pues m?s all? est? lo otro, lo desconocido-, de un vaso: ?el vaso grial? ?el vaso en el que saciar la sed? ?en el que ahogar las penas...?
Objeto de connotaciones divergentes, el vaso metaforiza por s? solo, y por su relaci?n con los t?rminos precedentes, la inestabilidad en la que se sit?a nuestro poeta. La fragilidad del cristal y la fragilidad del poeta confluyen en el borde de ese sutil abismo representado por el vaso que, por su tama?o, ofrece una imagen ?empeque?ecida? del poeta, visto por s? mismo?cual mono peque?ito.?
El t?tulo funciona como ideograma de lo que encontraremos en el interior del poemario y, ya desde este umbral, podemos intuir la dicotom?a vida-muerte presente en todo el libro, cuya solidez se asienta parad?jicamente en la duda, en la ?contradicci?n?, tan bien tratada desde el oximor?n presente en la mayor?a de poemas.
En este poemario, la escritura es como un exorcismo, o m?s bien un duelo personal (la muerte del padre, la propia enfermedad, la enfermedad de la madre, etc), siempre acompa?ada por poemas-oasis en los que el color, la pl?stica, terminan dando sentido a la vida. Tal vez por eso, a pesar de que la muerte ronde el poemario en sus m?ltiples manifestaciones, sea el color el que, al final, permita salir del laberinto del pensamiento y reconsiderar la vida, verla desde otro ?ngulo. En este sentido, se tratar?a de un poemario de aprendizaje, de educaci?n sentimental y vital: un recorrido inici?tico a trav?s de las sensaciones, de los sentidos.
Desconocemos qu? hace ?o har?- el poeta sentado en el vaso; tampoco sabemos si el vaso est? lleno o vac?o o si es un espacio desde el que observar o desde el que precipitarse: ?hacia fuera?: el mundo, ?hacia dentro?: su mundo (el del poeta).
En cualquiera de los casos, la idea de v?rtigo queda patente en el t?tulo, al mostrar esa atracci?n a caer a la que tantas veces invita el abismo: ?suicidio f?sico? ?intelectual? ?Renacimiento por la escritura?:

Ap?tico, vac?o
Me asomo al borde
De un vaso de cristal
Que hay en la mesa
(...)
Doy un salto
Y me lanzo
Hacia el fondo
Rompi?ndome en pedazos.

Este poema pone en evidencia la fragilidad del poeta (y por extensi?n la del ser humano), pero tambi?n la toma de conciencia de la pluralidad del ?yo?: ese yo es otro que dijera Rimbaud y que tan reconocible resulta en la poes?a de L?pez de Ael.

Las etapas de la vida: infancia, juventud, madurez, trazan un itinerario no pautado: Un horizonte de esmeraldas /bordea la espesura.../ Si pudiera pintar / el canto de los grillos / tendr?a sobre el lienzo / toda Castilla anclada / hecha mies y roc?o./?Ay! Mi Castilla amada.
Un recorrido transitable a trav?s de, al menos, tres ejes que podr?amos denominar paisajes, amor-desamor y muerte; ejes en torno a los que se articula tanto la forma como el contenido del poemario . El primer eje pertenece al territorio de lo concreto, los otros dos a la categor?a de lo abstracto.
Paisajes muestra, sobre todo, un grupo de poemas de tono descriptivo; son poemas pr?ximos a la biograf?a del poeta y en ellos se rememoran algunos de los lugares m?s emblem?ticos en su trayectoria personal: Alsasua, Aranzazu, Granada, Baena... y sobre todo su Castilla natal; otros son m?s concretos y se recrean en esos lugares y ojetos de la vida cotidiana: la casa, la calle, la ciudad...
En Amor-desamor encontramos poemas marcados por un tono nost?lgico. En ellos, la soledad, el miedo y la p?rdida son los motivos principales: Lo m?s duro de todo / fue escuchar tus silencios.
La Muerte, por su parte, aunque recorre todo el poemario, es m?s patente en poemas como ?R?quiem? y en aquellos que hablan de enfermedad, desaparici?n... y suicidio, un suicidio-salvaci?n posible s?lo en la escritura: Me ir? de ti /de mi / que la le?a se acaba / y el alma / no resiste tanto fr?o.
Si los ?paisajes? llegan a tener un tono buc?lico, no exento de cr?tica e iron?a en buen n?mero de ocasiones, en ?amor-desamor? es donde el poeta despliega un l?xico urbano muy pr?ximo del lector/a.
En cuanto a la ?muerte?, es el territorio del abismo (vaso-balc?n, ventana), de la ruptura, del espejo...: S?lo al verme / en un espejo roto / soy capaz de imaginar / tantos trozos distintos / de m? mismo.
Los paisajes son el color y el sonido que, en una utilizaci?n proustiana, permiten recuperar sensaciones del pasado: ?Un horizonte de esmeraldas?, ?Cuatro muros?, ?Tu redondez?, ?Alsasua?, ?Desde el otero de Alzuza?, etc., o el poema que lleva por t?tulo ?Paisaje?: Cobalto / rojo Venecia / verde botella / y una pizca de blanco / en bermell?n fundido... Mi coraz?n es un grillo invisible /o un croar en la charca... : Todo un canto al color y a los sonidos de la naturaleza, ?nico refugio para quien, cansado de vivir busca fundirse con su entorno en un canto de espiritualidad de quien se sabe parte ?nfima del universo.
?Amor-desamor? es el cristal, lo v?treo (vaso, cristal, espejo, lente...), lo fr?gil: Y de tanto beber / mi alma se hizo vidrio / chocando en el cristal / de la botella. Pero es sobre todo la visi?n-reflexi?n sobre el amor, claramente expuesto en poemas como ?Hoy suena a jazz?, ?Lo m?s duro de todo?, ?Me ir? sin ti?, ?Digo luna?, ?El ?ltimo vaso?..., o el que lleva por t?tulo ?Ya ven se?ores?: Te pones a hacer cuentas / y amor m?s amor / te sale resta... donde queda claro que el amor, si no muere, mata... Pues el amor s?lo puede ser concebido m?s all? del enamoramiento (muerte y p?rdida de uno mismo); el amor s?lo puede existir desde el sosiego que procura el paso del tiempo.
La ?muerte? es un pretexto para reflexionar sobre el sentido de la vida. En este sentido, el poema ?R?quiem?, que por s? s?lo merecer?a un estudio en profundidad, es la mejor muestra de ello. En este poema asistimos, paso a paso, al desarrollo del ritual de un funeral: padre e hijo ven desde el lado de la muerte cuanto sucede en el lado de la vida. En el fondo, este r?quiem es un descenso al infierno, un viaje necesario para hacer un duelo personal y para resurgir tras la llamada del abismo.
Agazapados, resguardados (c?rculo), padre e hijo asisten al inicio de la desaparici?n de los recuerdos (silencio), al drama de la separaci?n, de la p?rdida, mientras todo se mueve en el exterior (sombra, tic-tac).
De la mano del padre, como Dante hiciera de la mano de Virgilio, el poeta recorre su infierno particular, pasando por el purgatorio donde salva a sus mitos, reales y ficticios (Lorca, Yerma, El Camborio, Amalia Rodrigues, Juan de Yepes, Pessoa, Teresa de Ahumada), y donde, en su di?logo con el padre, es capaz de perder el miedo a la vida, ?sa que en el poema se consume, como se consume la cera de los cirios que marcan los l?mites del f?retro (la evidencia)...
Una cierta reflexi?n sobre la perduraci?n tras la muerte en el recuerdo de los dem?s (?A?n vivo en el recuerdo,/Todav?a me piensan.?) da un toque rom?ntico al poema, y refleja una clara conciencia del paso del tiempo: el de los relojes, el de las campanas, el de la m?sica..., m?s prosaica e ir?nicamente descrito a trav?s del humo de un cigarrillo: el tiempo es un cigarro que se acaba.
Ante tanta solemnidad, el poema se clausura, no pod?a ser de otro modo, con un toque ir?nico ??qui?n abrir? ma?ana mi apartado de correos??: contacto con el resto del mundo y s?mbolo de permanencia en este lado, una vez realizado el descenso obligado al infierno: la luz al final del t?nel para seguir adelante pese al desaliento y el cansancio de vivir: Cansancio digo y callo, / pues hasta en este escrito / pongo m?s voluntad / de la que ya me queda.
En los tres niveles, Paisajes, Amor-desamor, Muerte, el poeta parece escribir desde la herida, la ruptura: separaci?n de los lugares (Castilla), cicatrices del amor, p?rdida de los seres queridos..., y lo hace siempre con la mirada puesta en el horizonte: ese punto m?gico en el que se encuentran todas las respuestas imposibles en el aqu? y el ahora: Cuando pinto / casi siempre / lo hago / en vertical / subida / A veces me falta lienzo/y en el espacio / sigo pintando / como un loco / incapaz de dejar / en ?l mi huella.
Pues en esa necesidad de trascender los l?mites del lienzo se representa la b?squeda de lo espiritual, un intento de acercarse a Dios pintando el aire, el vac?o invisible e inaprensible, el ?ltimo salvavidas al que asirse y que, por el momento, s?lo existe en la poes?a: Cuatro muros/muy blancos /y un cipr?s /casi negro /en medio de la noche./ A lo lejos dos perros /le ladran a la luna./ Cojo papel y pinto /paisajes de palabras.

Sentado en el borde de un vaso se muestra sin pre?mbulo al ritmo del latido card?aco: Un coraz?n espera,/ tiene fr?o. /Latido tras latido / se fatiga / y quisiera contar /s?lo hasta siete / y no seguir, morir,/ hacerse olvido.

En ?l, los poemas se abrazan (c?culo-ritual, vac?o inalcanzable y protector) creando un movimiento similar al de las olas, con sus crestas y sus momentos de calma, como queriendo dibujar el flujo y reflujo de la existencia. Una existencia matizada por el uso perfecto de la met?fora y de la comparaci?n, as? como por ese sutil paseo que lleva a nuestro poeta de lo figurativo a lo abstracto y, sobre todo, a lo metaf?sico. Probablemente es ah? donde radica la fuerza y el inter?s de este poemario:

Y volar a una incierta
Luz del d?a
Malherida
Ya el alma,
Echar ra?ces
En los sauces del r?o,
A sus orillas.

Sentado en el borde de un vaso es el poemario de la verticalidad (volar, escribir en vertical subida, el balc?n, el otero...) que es la que permite al poeta mostrar la distancia que separa cielo y subsuelo, cielo e infierno , a menudo con-fundidos en esta tierra-horizonte que pisamos. Adem?s, Sentado en el borde de un vaso es el territorio de los sentidos, sobre todo los de la vista y el o?do por ser, en este caso, los que mejor permiten recuperar y conservar los recuerdos de la infancia: las sensaciones de un ayer cada vez m?s implicado en el hoy reconstruido desde el arte.


Notas

Santa Teresa de Jes?s y San Juan de la Cruz.
Fue el coordinador del Monogr?fico del n?mero 10 que la revista dedic? al escultor vasco Jorge Oteiza. El n?mero 12 le ha dedicado su Monogr?fico L, en un intento de mostrar la faceta humana y art?stica de L?pez de Ael.
Se trata de una sala autogestionaria, sede de la Asociaci?n ARTeragin Elkartea, en la que, adem?s de exposiciones de pintura, se llevan a cabo recitales po?ticos y otras muchas actividades.
Amigo de sus amigos y fetichista empedernido, L?pez de Ael es infatigable a la hora de acercarse a las personas que le gustan: gracias a ello pudo entablar una buena amistad con la fadista portuguesa, hoy fallecida, Amalia Rodrigues, etc., siguiendo la m?xima que un d?a le confiara el maestro Oteiza ?siempre intenta estar cerca de los mejores, pues es de quienes realmente se puede aprender algo.?
En clara alusi?n a nuestro poeta Gustavo Adolfo B?cquer y a una de sus rimas m?s conocidas. En el caso de Juan L?pez de Ael, el espejo, lugar de lo transitorio, es una especie de front?n que atrapa devolviendo la propia imagen sin ninguna posibilidad de huida. Poeta y espectador quedan atrapados en esa ventana intraspasable que es el espejo, enfrentados a s? mismos.
?Dicotom?as? es un conjunto de poemas-objeto, cargados de gran fuerza expresiva en un af?n de sugerir m?s que explicar, en los que el lector-espectador se introduce en un universo de ruido y silencio, de tonalidades... en definitiva, de preguntas...
Itziar Carre?o, esposa del escultor vasco Jorge Oteiza.
Texturas, P?ntalo de verde, La Nueva poes?a el?ctrica, Caja de truenos, Phayum...(Espa?a); Herbarium (Alemania), Dimen?ao (Brasil), Vox (Argentina), etc.
Para mayor informaci?n sobre el autor y su obra pl?stica, remitimos a nuestro art?culo ?La m?sica callada de Juan L?pez de Ael?, Elgacena ,Navarra, 1998, Arte activo, Vitoria-Gasteiz, 2000.
Juan tiene tanta poes?a guardada en sus cajones que ser?a dif?cil reunirla toda, sobre todo porque su infatigable af?n por escribir le lleva a hacerlo en cualquier trozo de papel que encuentra a mano (la servilleta de un bar, un pedacito de esquina de un peri?dico...) y que en no pocas ocasiones termina destrozado en el bolsillo de su chaqueta o perdido para siempre entre los montones de papeles que alfombran su casa. Parte de sus poemas han sido recogidos en libros colectivos como Antilog?a po?tica, Esferas l?quidas, Forma y sintagma... y en revistas como La Botica, Texturas...
Alusi?n al cineasta Luis Bu?uel y al poeta Federico Garc?a Lorca.
De ello dan fe poemas como ?Desde el otero de Alzuza?, ?R?quiem?, ?De MI TU silencio? o aqu?llos de corte afor?stico, muy pr?ximos del haik?.
JEAN-MICHEL MAULPOUX, La po?sie comme l?amour, Mercure de france, 1998.pp. 46-47. La traducci?n es nuestra.
Estos ejes o r?bricas no funcionan de manera estanca, acogiendo un conjunto cerrado de poemas, sino de manera abierta, dejando que cada poema circule por ellos libremente.
La vertical est? presente, tambi?n, en la obra pl?stica de Juan L?pez de Ael, quien reconoce servirse de la horizontal solamente en la medida en que le sirve de cu?a para elevar m?s el cuadro, la pintura, el deseo de conectar con lo sublime, lo inalcanzable.

Tags: ÁNGELA SERNA

Publicado por gala2 @ 21:29  | POETAS
Comentarios (3)  | Enviar
Comentarios
Publicado por nombre
Domingo, 21 de enero de 2007 | 14:17
Yo tambi?n soy artista pl?stico y escribo algunas cosas. Me gustar?a saber m?s sobre Juan L?pez de Ael. Me ha interesado mucho lo que hace y lo que escribe. Gracias. I?AKI
Publicado por Angela
Mi?rcoles, 31 de enero de 2007 | 22:44
Hola I?aki: Ya que te interesas por Juan L?pez de Ael, te dir? algunas cosas: es artista pl?stico (pintor), aunque tambi?n practica la poes?a visula, la instalaci?n, y la poes?a discursiva. Su obra visual est? recogida en numerosas antolog?as. Y tiene publicado un libro de poemas (Sentado en el borde de un vaso). Desde el a?o 2000 tiene una Galer?a de arte (y mucho m?s) que se llama GALER?A ITINERANTE, est? en Vitoria (C/ Zapater?a, 79 bajo) y es un espacio abierto a todas las manifestaciones art?sticas: pintura, fotograf?a, libros, esculturas, recitales, etc. Es totalmente independiente. Si te interesa conocer m?s sobre Juan puedes escribirle a la Galer?a (cita el blog para que sepa que le escribes de nuestra parte). Gracias. ?Para cu?ndo esos versos que anuncias?
Publicado por toni prat
Domingo, 28 de diciembre de 2008 | 23:39
Hola buenos dias, le comunico que recientemente he publicado un libro
de poesia visual que se llama "Eloq??ncies" con Tabelaria Edicions y
pr?logo en Castellano, Catal?n e Ingl?s del profesor Miquel Toneu
adjunto al rectorado de la Universidad de Vic. Me dirijo a Vd. porque
me gustaria tener su opini?n como entendido en esta materia.
Si desea ver parte de los poemas puede consultar a poemesvisuals.com o poemesobjecte.com
No se si es posible pero en el caso que si, me encantaria que me
abrieran un enlace en su p?gina.
Muchas gracias por su atenci?n.

toni prat