Viernes, 02 de abril de 2010


FERNANDO PARRILLA

El alma en un bote de cristal

-Ángela Mallén-

 

 

 

 No hay otra cosa que fragmentos, piezas, retales, vestigios. Universo fragmentado. Micropartículas de microuniversos. Fracciones de vivencias. El artista nos predispone a un ejercicio de humildad: somos partes. No hay “todos”. La totalidad es una extrapolación, una interpretación megalómana.

 

Los cuadros de Fernando Parrilla no se pueden tocar, sólo se pueden presentir. Todo dentro de ellos posee una naturaleza evanescente y a la vez patentizada. Como si los sentimientos y las impresiones, una vez experimentados, se volvieran de arena. Arena de colores que el artista debe manipular para reconstruirlos o, en ocasiones, para presentirlos. Sus cuadros son como si los universos, las almas (sus trizas, hebras, migas, gotas) se recogieran en un tarro de cristal.

 

Fernando Parrilla utiliza el color para subvertir la forma. Y la forma para reafirmar los mundos. Maneja la impavidez de los objetos para hacernos experienciar nuestro propio vértigo. Es el pintor de lo obvio y también de lo obviado, lo evadido, lo eludido.

 

Fernando pinta la vejez de los niños y la niñez de los viejos. La acumulación de la vida. La vida vivida, revivida.


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Publicado por gala2 @ 9:35  | IMAGENES HABLAN POESIA
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