Martes, 02 de febrero de 2010




Una herida que las cursivas aún no sanan

 

Mis manuscritas aún no curan la honda herida,

Ni se esfuma la mañana que pasé entre tanta gente.

A mi puerta aún no toca la mano que me salve.

Indecisos silogismos anoté en aquella papeleta.

 

Pretendí forzar la rima para que tu cara se disuelva;

Poco a poco, cada la letra dedicada la va desintegrando.

Grandiosas guillotinas decapitan el cuerpo de mis versos.

Iracundos amaneceres despuntaron en la casa del exilio.

 

Simbólicos rituales lo acercaron a su tierra;

Jamás leí tu prosa, tu puño es traicionero.

Parecen tus sentencias desvalidas de coraje.

Aunque resaltan entre aquellos de tu misma especie.

 

Forzosas doctrinas de mis antepasados me rogaron

Que matara a mis hijos con un solo estacazo

Del reprimido hierro de las mediocridades,

Que ahora, ya está navegando en agotables superficies.

 

Urgentes, mis manos precipitaron a su sangre

Encima de la hoja inmaculada que un minuto antes

Con delicada y fina prosa se esmeraba en dedicarte

El recuerdo de mis tardes por la ciudad de Argos.

 

 

Paradoja

 

Mis queridos son insanos, dejaron en mi pecho

Prolongado llanto que las horas no detienen.

El Malo detuvo mi pregunta, pues ha querido

Rituales paganos alrededor de su gobierno.

 

El Malo me persigue, me suplica… Me reprime;

Y cuando lo nombro las migajas de un alivio

Se instalan en el nido de las traiciones y la angustia…

Y mi pecho respira profundas bocanadas invernales.

 

Paradójicos cantares rescataron inusuales beatitudes…

Reconocer que el Malo nos gobierna antes que el bueno

Es el primer paso que promete liberarnos del encierro;

Pero sigue reprimido en la caverna este grito indescriptible .

 

Aliviados versos quisieron culminar mi último cuarteto;

En otro rostro vio a su amada el gaucho que pelea;

Dio forma a su verso la voz del Malo que escuchaba...

Honraron esta estrofa simulados sacrificios.


Tags: LÓPEZ DALLARA

Publicado por gala2 @ 2:54
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