QUIERO AMARTE, DESEO AMARTE,
Pero tengo miedo a hacerte llegar
Mi deseo varón de luz, Imán,
Gran atleta de coral,
Príncipe lobular de presagios;
Te deseo tanto, tanto es mi deseo,…
Y sin embargo tengo miedo;
Y quisiera tanto sentir tus besos,
Las deslices de tus manos esbeltas
Por mi espalda y mis glúteos.
Deseo tanto tu abrazo, la tersura
De tu piel de divino elegido.
La prudencia del verde mirar
De tus reales ojos amorosos.
Por mí iría a tu placer verdadero,
A elevarte sobre tu propio cuerpo,
A extenuarte de gusto vehemente,
A filigranarte sobre los laureles,
A sentir exquisiteces sublimes
En toda tu piel apoteósica,
A enhebrar besos y más besos,
Sintiendo la luna y el sol
Sobre tu epidermis. Sí, Imán,
Yo soy tu sultán, pero te respeto…
Por tanto quisiera y… tuya es
la última palabra. De ti depende ahora.
NO TENGAS PRISA, CARIÑO MÍO,
No tengas prisa; ven despacito.
Amor de mis entretelas,
Ven despacito; y al café, café,
Y al vino, vino: ven despacito.
No te cortes ni un pelo,
Ven de soleares y de bendito.
No te cortes ni un pelo
Cariño mío, cariño mío.
De aurora y de gloria
Por los caminos, por los caminos.
En mi casa te espero,
Romero dulce, amigo mío.
Y en la noche a jazmín,
Lucero bueno, lucero puro.
Dama de noche me entrego
Hasta el alba, amor mío.
Y en la albura no tengas prisa,
No tengas prisa, ven despacito.
No te cortes ni un pelo,
Ven de albahaca y de tomillo,
Ven de azahares y de lirios.
Ven con poleo y azúcar
Ya sea vestido o desnudo,
Que sí, que sí, cariño mío.
De aurora y de gloria
Por los caminos hasta el cortijo.
No tengas prisa, ven despacito,
Ven despacito, mi cariñito.
Lucero bueno, lucero puro,
Dame de gloria, como un bendito.
EN EL HUERTO.
En el alto extremo de las varas
Busco acento de flores blancas.
Me contaron, me dijeron, y os veo,
A vosotros lustrosos cobres de azur,
Tutelados limones dulces y sabrosos,
Que ayer fuisteis azahares puros,
Cayendo sobre las sábanas de luz
Primorosa, en racimos de fe.
El arrumaco del palomo que soy
Prende su caricia al limonar,
Y con su pico ama, y con su rostro
Amaranta las hojas, frutos y ramas.
Es tanto mi cariño por este árbol
De aromas renovados en su ilusión,
Que por vosotros, amigos míos,
“libelos” tiernos de ambrosía
Abierta a la plenitud del huerto.
Por vosotros, amados míos,
Entono mi canto de trinos convulsivos.
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