S?bado, 02 de enero de 2010

Escrito en tierra de Francisco Mena Cantero y el milagro de la fe.

 

 

El poeta verdadero siempre escribe sintiendo el éxtasis.  Crea y se deja guiar por lo que siente sin pudor ni miedo a las tendencias impuestas por el momento. Es así como la poesía traspasa el umbral  de la actualidad donde se escribe, llega  al lector intacta y pura, que es como todo poema navega en el curso del tiempo.

Francisco Mena Cantero contiene en su mensaje poético la templanza de su propia fortaleza. Escribir de su obra es volver a labrar la tierra preñada de cosecha de un buen poeta. No descubro nada, pues de él ya se ha dicho todo, y su obra ha sido estudiada hasta en los pormenores  por el escritor  Enrique Barrero Rodríguez en el ensayo bajo el titulo de “Un silencioso laboreo Visión poética de Francisco Mena Cantero”, por lo que a partir de esa publicación  deja fácil el conocimiento acerca de un poeta y su obra.

 

Enrique Barrero Rodríguez ha sido generoso en su exposición y análisis de este hombre que es un gran poeta además de un maravilloso humanista.  De tal manera que  él afirma en el Capítulo Primero, página 25 “ en la obra del autor yo destacaría, muy particularmente, una visión inquietante y en cierto modo agónica del tiempo y de la existencia, no cerrada jamás a la esperanza ni a la constatación de la dimensión espiritual y trascendente  del acontecer humano. Esta dialéctica confiere a la poesía de  Francisco Mena una tensión característica y hace que sus versos trasmitan por momentos  una turbadora sensación de lucha interior.

Cuando se continua la lectura  expuesta al descubierto por Enrique Barrero las citas a la espiritualidad y trascendencia del poeta atestiguan su concepción conciliadora sobre los valores humanos a través del conocimiento de Dios. Bajo ese tamiz los libros se suceden en su análisis sin desperdiciar su vasto contenido hasta llegar a este que me ocupa de Escrito en tierra, donde Barrero Rodríguez  dice, y muy bien dicho: No constituye , en modo alguno, un libro de paisajes o escenarios concretos, pero todo ese mundo natural que circunda al poeta o motiva a sus ensueños ( la vid, la espiga, el campo, el pinar, el árbol el río o incluso la elemental  y sencilla gota de agua) se  fusionan con perfección para convertir el libro, además de un bello canto a lo creado, en una reflexión de acusada humanidad sobre los dones de la existencia. Y no es coincidencia, si no más bien certeza, de que la contemplación de lo que rodea y cerca, que es todo lo creado, suscita  los sentidos y los eleva hasta el éxtasis  místico de la búsqueda interior con Dios. Así, Escrito en Tierra, se presenta con la cita de Juan, 8,8 donde el discípulo narrador dice que Jesús, inclinándose, escribía con el dedo en tierra. Con esta imagen el poeta se deja llevar por un amanecer distinto caminando el libro por un sendero de comprensión humana. No por eso pierde belleza poética ni  decae en simplicidades las metáforas, no es necesario hacerlo, antes creo que sí es conveniente escribir de esta  manera, al hacerlo la poesía llega al corazón y se entiende, se comparte y se convierte en un bálsamo reparador del alma.

Aprendo día a día que leer  a los escritores es acceder al alma del otro. Sobre todo, cuando no hay manipulación del contenido de un libro, ni  ese libro ha nacido bajo el signo de un dictamen de moda o movimiento de grupos que suelen imponer  su opinión como dogma de fe, tan solo, porque ocupan una pequeña parcela de poder. Poder en círculos literarios donde también en ocasiones se asienta la corrupción.

Escribir de un libro de poesía es escribir para una minoría, de tal manera es cierto que no suelen encontrarse estos libros con facilidad cuando se buscan en puntos de venta no habituales. Pero casi todos los escritores quieren ser poetas, y pocos poetas los son como Francisco Mena Cantero.

Escrito en tierra, es un hermoso libro, sencillo y cercano, comprensible, exento de inexplicables conceptos que casi nadie entiende, además tiene el crédito de la filosofía humana orientada hacia el bien. Se penetra en el poema al instante. El lector lo hace suyo,  porque la vivencia del poeta, es también compartida a la perfección. Y se suele olvidar con facilidad por los editores y grupos literarios que esa es la poesía que no se cae de las manos.

Los poemarios se escriben para ser leídos. Leídos por un publico desconocido, múltiple y dispar. Si el  poeta y su obra es conocido en las ermitas de la intelectualidad y seguido en artículos literarios publicados al socaire de unos cuantos, lo más probable es que no salga de esos cenáculos por mucho que publique. Y poco importa al gran público que el poeta sea agnóstico o creyente si los poemas  no son leídos por carecer de emoción. Curiosamente a pesar  de las corrientes diversas un poeta lo es cuando su poesía emociona sin condicionamientos de ninguna índole.

Escrito en tierra, superará la barrera del tiempo porque ha sido concebido con honestidad y fe en muchos valores que aún desprestigiados hoy, por muchos, son inherentes a todos los seres humanos.

Valga como ejemplo este poema  con el titulo de “Parábola del tiempo” de la Parte Segunda:  Tuve toda la vida. Fue un milagro/ multiplicar los peces de mi tiempo./ Tuve toda la vida/ para recuperarte, y a tu puerta./ Luego, la noche echó cerrojo,/ y un hermetismo desacostumbrado/ nos envolvió de pronto./ Tuve/ toda la vida, pero siempre/ debemos esperar la aurora /tras la larga agonía del enfermo./ Al fin se abrió la puerta/ e intentamos entrar. Quise pasar,/ yo, que dispuse de vida,/ pero fue inútil . /No me quedaba entre las manos tiempo/ ni peces en el río/  para un nuevo milagro.

 

 

                                                                                            

 

 

 


Tags: natividad cepeda

Publicado por gala2 @ 4:35  | POETAS
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