Jueves, 03 de diciembre de 2009

CREER  NACERTE.

 

                                   

COMO UN INCIENSARIO

soñoliento y lejano

rememoro los días

olvidados de tu ausencia.

 

Igual que se va el olor del incienso

viene a mi tu recuerdo al momento.

 

 

LEJOS.

 

Lejos de todo...

soñoliento y sonámbulo

de racimos dorados

                                          y espigas maduras.

 

Lejos,

                   como antiguos combates

que nunca llegaron

                                          de los dioses a los hombres.

 

 

                            

PARA MÍ el agua,

siempre el agua,

toda el agua,

y los peces que lloran

y las navajas y las algas.

 

Para mí el mar,

el barco, la sombra

de la parra en las arenas.

Un mástil solo de pie queda.

 

Y un largo río, largo y ancho....

envuelto en las hojas, en el fango,

en las riberas, sin ser llanto ni tierra.

 

 

                                         

 TÚ ERAS LA TARDE.

 

Es la tarde. En esta tarde

redobla el sol las casas.

Es la tarde, y tú, en ella.

Y yo por las aceras

bajo los árboles prohibidos al verano.

 

Era. Eras. Tú serás la tarde.

Tú, aquella luz en las arcadas

de esta urbe universal varada:

las manos a los cuatro puntos cardinales.

Tú, aquel resto abigarrado

viviendo en la tarde y creciendo en ella.

Tú, tú eras la tarde: tú eras.

Agazapada, inquieta, indócil,

como un volcarse al aire,

y en él todo, replicar tu canto

en esta ciudad de río abierta.

Y llegar a ti hasta hacerme amaneceres,

luz contigo, campana u odre.

Subir a tus ojos diáfanos, y en ellos, ¡catedrales!

¡Balcones a las calles en fiestas!

 

En ti, la luz: tú eras.

                                         

 

                                          

 

TÚ NACÍAS AGUA.

 

Rumiar toda la tarde

y asentarla en el costado

acaparando restos de espuma,

al tiempo que una orla

amarilla se enjuaga en el agua

y rebota en tu frente,

es tomar un trozo de mar

y replegarlo en tus entrañas

para el recuerdo de otras tardes.

 

También dejar que la sal

del viento penetre tus cabellos,

y en ellos, cristalice como perlas,

es tomar un trozo de mar.

 

O levantar la marea

y subir la arena en tus manos,

es tomar un trozo de mar.

 

Como adentrarse en el pescador y las redes,

y ser al mismo tiempo, pez, red y pescador,...

es tomar un trozo de mar para tus manos.

 

 

 

PARTIDO EN DOS.

 

Vientos del sur me contemplaron de niño;

vientos del norte me contemplan de mayor:

entre dos mares tengo dividido el corazón.

 

 

FUGAZ.

 

Arrebato de campanas.

¡Fuego en la sierra!

En el cielo, estrellas.

 

 

 

NOCTURNO.

 

Rompes los hijos de la noche

a través de los aleros dormidos

que van a caer a las calles

desnudas y en penumbra.

 

Las calles no saben nada.

Sólo las estrellas te acompañan.

 

Pasas, sientes, observas y callas.

Todo está en silencio: la luna

y las estrellas y la calle que pasas.

 

 

TRIDENTE.

 

He tomado entre mis manos un tridente envejecido.

No sé por qué caminos se desvanece

ni por qué veredas llegó hasta mis manos,

ni siquiera cuando he de dejarlo tras de mí...

o quizá deba enterrarlo, desterrarlo de la vista.

 

Fue ayer, casi siempre se vive de olvidos,

tras los mares que sabían a mariscos endebles

y a ramas tronchas por unos pies salvajes.

 

¿Qué importa si todo queda irremisiblemente atrás...?

Bajo las olas que ocultaron un tridente en la arena.

 

                                    
 

FUE EL AGUA que en las casas se duerme,

la que en los grifos y en las tuberías se estanca.

Y el viento norte, el que a bosque huele

los días en que las horas mastican humedad.

Y tu risa abandonada en cualquier lugar

por el que paso, detrás de ti, desnudo.

Fue el niño que vino con las estrellas,

a través de las estrellas una noche de verano.

Y la mujer que comió las manzanas

recién cortadas de la rama del árbol.

Y el hombre que rompió las redes

porque creyó que los peces eran del mundo.

Por eso busco el agua, el viento, la risa,

a la mujer, al hombre y al niño...

en este campo habitado de sol y laureles.

  

 

ADIV VIBRANTE.

 

No debiera de haber más que un galope.

Aquel que sabe a yunque viejo

y como onda se expande:

quiero ser tu piedra para que tú me lances.

 

Quiero seguir tu trayectoria,

nunca quieto, siempre vibrante:

que lo alcanzo, que lo logro: ¡quiero encontrarte!

 

Quiero encontrarte

y tenerte en los recodos,

y vivirte en las ciudades,

y dejar que pase el soplo

llenándome de aire.

 

¡Vuela galope!

¡Golpe, suena!

 

Que entro y me rehago

y salgo y no me hallo.

 

Quiero ser campana

para esparcir crestas y valles.

Tocar lo que me circunda,

escuchar verdades.

 

 

 

Quiero ser punta,

sentir un cuerpo;

conocer a la mujer y al hombre

que nunca llegaron…

 

Quiero ser parte de ti, Adiv:

proyectil para que tú me lances.

 

 

SOBRE LAS MATAS

                                          perezosas

descubrí yo tu cuerpo.

 

A flor de tierra

se hacía llorando.

 

Sobre

la tierra

descansamos

hacia el sol

                        tendidos.

 

 

                                    

 

APRECIACIONES

 

Soplo de viento

sentir quisiera

 

Haz de luz

visible apenas

 

Caricia tierna

amar pudiera

 

Beso blanco

sueño reviviera

 

Blanco velo

ráfaga aparente

 

Húmeda negrura:

vida o muerte.

 

 

 

GAVIOTAS.

 

El mar removía montañas

y el sol pegaba fuerte,

mientras las gaviotas

gemían en la arena

emborronadas de brea

como momias vivas

que ven la muerte cerca.

 

No tenían ni fuerzas,

ni aliento, ni esperanzas.

Estaban marchitas

deshojando la vida

que se les iba por las alas.

 

Miran agonizantes

lo que un día fue,

su espacio azul,

su mar de libertad,

su estepa solitaria,

con ojos melancólicos

desde sus negras cárcavas.

 

Y desde mi negros ojos

yo vi sus negros tristes ojos,

deseosos de un vuelo imposible,

y rodó una lágrima larga

hasta caer muerta a mis pies,

junto a ellas, en la arena.

 

 

 

DECIDME.

 

Hijos, decidme

del dolor de la madre.

Hijos, ¿tanto dolor

y tanto sufrimiento?

¿Tanto amor y esperanza

en la línea del futuro?

 

Porque sois pájaros pequeños

con alas grandes.

¡Con alas verdes

al viento del mundo!

 

 

Decidme, decidme pequeños míos,

¿dónde os habéis escondido;

dónde vuestra risa y vuestro vuelo?

 

Habéis bajado

del vientre oscuro…

y ahora, ¿dónde estáis?

 

Y vendrá el viento

y caerá la lluvia,

pero no vendrán los hijos

que se han marchado.

 

                                

HOMBRE DE SAL Y AGUA.

 

El sol de la tarde

acunando los árboles.

Entre el césped

y la marea

un hombre de verano.

Un hombre de sal y agua,

de viento  y adarce

sobre las playas.

 

¡Ay, peces

del hombre del agua!

¡Ay, peces

del hombre del sueño!

 

El sol de la tarde

acunando los árboles.

En el cielo aves

desplegando el plumaje.

 

Un hombre en el estío

adentrándose en las costas,

en los litorales penetrando…

 

Agua, sol,

viento y adarce,

del hombre del agua.

¡Ay, peces

del hombre del sueño!.

 

 

                                  

HIJOS DE LOS VIENTOS.

 

¡Oh vientos!,

¿por qué me elegisteis vuestro?

¿por qué llamáteis

a mi puerta perentoria?

 

En vuestras manos

me siento grande:

me hago libre de ver el mundo.

 

Ahora os siento

dentro, demasiado dentro

para renegar de la sangre

que redime del pecado.

 

¡Oh vientos!,

¿por qué me elegisteis

si yo sólo nací en la ribera

de los clásicos juncos anidados.

 

Vuestro mi primer llanto.

Vuestro mi primer beso.

 

Llegasteis despacio

Y entrasteis de prisa.

Como un soplo ascendente:

verte y no verte.

 

Vuestro mi último adiós.

Vuestro mi último suspiro.

 

                                

 

Viento:

Hijos de los vientos:

Hijo del mundo.

 

 

DeL VIENTO Y DEL MAR.

 

Del viento y del mar

vendrán los días,

llamando a las puertas y a las ventanas.

 

Y un olor a penumbra

se irá abriendo,

como se abre una flor

o se siente el fuego.

 

 

                                        

Y un olor a pan

vendrá llegando,

como se llega la muerte

y se hace la distancia…

llamando a las puertas

y a las ventanas.

 

Y abrirás tu risa

y callarás tu canto,

como se hace el día

y se llega la noche tan callando.

 

Del viento y del mar,

Vendrán los días.

 

Que extenderás tus alas

y subirás al cielo

viéndolo todo

a vista de pájaro.

 

(Del viento y del mar,

vendrán los días).

 

 

 

AGUAS/VIENTOS.

 

Vientos tengo en el alma,

vientos que me arrastran.

Agua tengo en el cuerpo,

sangre que nieva o quema.

 

¿Adónde lleváis mis pensamientos, vientos?

¿Aguas, adónde lleváis mis cimientos?

 

Como agujas de infinito

me agujereáis por dentro:

Sangre y fuego. Agua. Hielo.

 

Como agujas de infinito

que al escaparse, vuelan,

y cantan y llegan.

 

¡Cómo doléis aguas!

¡Cómo doléis vientos!

Pero llevadme, seguid llevándome:

¡adonde están los pájaros;

adónde son los peces!

 

 


SIGNOS.

 

Signos.

Corpúsculos de luz

a través del horizonte,

a través de la noche

soplos y olores.

Venas que laten

y manos en las venas.

 

Soplo a soplo y beso a beso.

diente a vientre, y diente a flor:

Vacío. Cero. Nada.

 

Roces laterales y enteros

recorren las montañas…

Al llegar al sexo

del aire se abren

las espigas maduras;

se dejan acariciar

los grandes masturbadotes.

 

Signos,

como uvas calientes

en los labios de cal;

en los dientes alados,

licores prohibidos.

 

Como bastones de mando

entrando en la tierra,

como se abre la luna y el sol entra:

Suspiros, cadencias, silencio, signos.


Tags: juan orozco

Publicado por gala2 @ 3:17  | POEMAS
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