Martes, 01 de diciembre de 2009

CREER  NACERTE.

 

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OTRA VEZ PARTIÓ OTRO BARCO.

 

Con los soles de las tardes

y las lunas de las noches

sigo esperando el regreso viejo.

 

Anoche vi partir un barco.

Otra vez partió otro barco.

Otro barco, otros sueños, otros mares.

Quizá tras este barco

también haya corazones rotos bajo el puerto.

Tal vez peces montando corazones jóvenes

sobre las redes que esconden pañuelos blancos.

 

¡No es posible que el mar

no sepa a mar sino a llanto!.No es posible

que haya tantos esquejes sin flores.

 

(Esta noche otros ojos drenarán agua.

Esta noche, quizás, busques en el mar

ese amor que has intentado con rumbo norte).

                                         

Mis aguas se quedaron detenidas

hace tiempo, cuando mi amor zarpó

rumbo a otros océanos, a otros piélagos...

mas la arena del tiempo cicatrizó

la herida, y hoy por hoy, sigo amando.

¡Qué tus aguas alcancen otros cauces,

y en ellos encuentren otros sueños.

otros soles, otras lunas, otras olas!

Y como aquellas antiguas tardes,

junto a otras húmedas carnes,

siga la sonrisa viviendo en el aire.

 

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TUS OJOS.

 

Me dices que vienes de la ciudad alta

donde las piedras resbalan

y las fuentes no vierten allí agua.

 

De nuevo pregunto: ¿De dónde vienes?

¿Desde qué lejanas tierras te acercas?

Pero callas ajena a lo que te rodea,

por toda respuesta sólo tu mirada

anclada en un punto para el olvido.

En mis ojos anclados tus ojos acuosos.

 

Tus ojos oceánicos me envuelven en su fondo.

En sus ondas se esculpen mis palabras.

Sólo el reclinar de tus ojos escucho,

la reclusión sólo del líquido en ellos.

Sólo el agua que de ellos escapa,

el murmullo de sus gotas cayendo sólo,

con un deje de tristeza en sus indomables

selvas llenas de guacamayos y ríos.

                                         

Son tus ojos subterráneos, marinos.

Agua azul o verde, velas, delfines, peces.

Agua de bosques, agua de torrenteras.

 

En ellos que me envuelven reconstruyo:

y hay una casa y al fondo una higuera,

y todos han caído y ya nadie queda.

Y sudan, azul y rojo: tus ojos cuando lloran.

 

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En el movimiento de sus alas mis palabras bogan.

En tus ojos dolidos reconstruyo

escenarios donde la lluvia es constante,

donde las peñas se precipitan a los valles...

Hacia el fondo de tus ojos me destierro

para conocerte tan sólo y saber de tu existencia.

 

(Es día de aguaceros. Tarde de tormenta).

 

 

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CAOS.

 

En el horizonte solo...

veo un sol de fuego como una navaja

que me acerca los ojos a su fluido etéreo.

 

Hay en la tierra un gran todo caído,

deslumbradamente abierto, con ojos encendidos.

Con sus fauces en la mano yo,

con las vísceras tendidas él,

y sobre el polvo sus entrañas encendidas.

 

Un caos indecible bulle través del mundo.

Y llueve. Y regenera la savia.

Y lava las entrañas. Y hay barro limpio.

Y los cuernos han caído: se agigantan las aguas.

 

A lo lejos, más lejos, en la distancia,

presentí los odres derruidos, las tinajas vacías,

las olas como fuente. (Las viandas y los panes

se escapan). Y en la noche las ollas se abren

y se dilatan, alargándose en la aurora.

 

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DOLOR.

 

Tuve un dolor inmenso,

una grieta que no alcanzo a comprender.

Como un abrir las carnes y desatarme

al vacío de un cuenco sin manos...

¿Para qué posar las plantas?

¿Para qué culminar mis días?

 

Siempre estatuas: ceniza y piedra.

Un gran cerco de nada me acomete.

Una gran jaula invisible me sujeta

y no me deja alas para extenderme:

“Solo vine. Sí, solo llegué y solo he de irme”.

 

Descubrir la noche y sus mentiras:

hollar en tierra destruida.

Un gran peso profundo existe

desleído desde mi frente sola.

Culmina la espalda reclinada

en un punto del horizonte infinito.

(¡Qué dolor no sentir nada!).

Una larga lengua de olvido

recorrió  ayer el camino; más hoy soy futuro.

 

 

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Y VI como

los caimanes

surcaron las esquinas...

 

Y aquel niño blanco

de transparentes lágrimas

se fue haciendo viejo

bajo un fango maloliente...

mientras los perros aullaban

saludando a una luna roja....

 

Caían las hojas putrefactas

perdiéndose en el polvo.

 

A través de la ventana,

por encima del aire,

un olor oscuro se avecina...

 

 

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COMO BOSQUES,

como selvas

que ven en lontananza

la imagen doblada de los días.

 

Como torres, como bocas

quebradas al decir soy,

donde la voz es pájaro sin alas.

 

Allende un grito grita

--y grito—y se esculpe

en las paredes sin sonido.

 

Y caen las manos,

sin alas, sin carne,

desmemoriadas... ¡cercenadas!

 

 

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ANOTACIONES.

 

Había vestidos blancos

                                              cual sombrillas antiguas,

y el azul del mar me recordó tus ojos.

 

Las carnes

se tambaleaban cual las olas

morenas por el sol

                                      entre la arena tímida.

 

Al fondo,

como un mástil,

un barco echaba

sus redes a proa

al punto que recogía el aire con sus velas.

 

La cálida brisa

                               me anunció el nuevo día.

La brisa fría

                         me dijo que la noche se despedía.


Tags: JUAN OROZCO

Publicado por gala2 @ 3:10  | POEMAS
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