CREER NACERTE.
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OTRA VEZ PARTIÓ OTRO BARCO.
Con los soles de las tardes
y las lunas de las noches
sigo esperando el regreso viejo.
Anoche vi partir un barco.
Otra vez partió otro barco.
Otro barco, otros sueños, otros mares.
Quizá tras este barco
también haya corazones rotos bajo el puerto.
Tal vez peces montando corazones jóvenes
sobre las redes que esconden pañuelos blancos.
¡No es posible que el mar
no sepa a mar sino a llanto!.No es posible
que haya tantos esquejes sin flores.
(Esta noche otros ojos drenarán agua.
Esta noche, quizás, busques en el mar
ese amor que has intentado con rumbo norte).
Mis aguas se quedaron detenidas
hace tiempo, cuando mi amor zarpó
rumbo a otros océanos, a otros piélagos...
mas la arena del tiempo cicatrizó
la herida, y hoy por hoy, sigo amando.
¡Qué tus aguas alcancen otros cauces,
y en ellos encuentren otros sueños.
otros soles, otras lunas, otras olas!
Y como aquellas antiguas tardes,
junto a otras húmedas carnes,
siga la sonrisa viviendo en el aire.
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TUS OJOS.
Me dices que vienes de la ciudad alta
donde las piedras resbalan
y las fuentes no vierten allí agua.
De nuevo pregunto: ¿De dónde vienes?
¿Desde qué lejanas tierras te acercas?
Pero callas ajena a lo que te rodea,
por toda respuesta sólo tu mirada
anclada en un punto para el olvido.
En mis ojos anclados tus ojos acuosos.
Tus ojos oceánicos me envuelven en su fondo.
En sus ondas se esculpen mis palabras.
Sólo el reclinar de tus ojos escucho,
la reclusión sólo del líquido en ellos.
Sólo el agua que de ellos escapa,
el murmullo de sus gotas cayendo sólo,
con un deje de tristeza en sus indomables
selvas llenas de guacamayos y ríos.
Son tus ojos subterráneos, marinos.
Agua azul o verde, velas, delfines, peces.
Agua de bosques, agua de torrenteras.
En ellos que me envuelven reconstruyo:
y hay una casa y al fondo una higuera,
y todos han caído y ya nadie queda.
Y sudan, azul y rojo: tus ojos cuando lloran.
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En el movimiento de sus alas mis palabras bogan.
En tus ojos dolidos reconstruyo
escenarios donde la lluvia es constante,
donde las peñas se precipitan a los valles...
Hacia el fondo de tus ojos me destierro
para conocerte tan sólo y saber de tu existencia.
(Es día de aguaceros. Tarde de tormenta).
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CAOS.
En el horizonte solo...
veo un sol de fuego como una navaja
que me acerca los ojos a su fluido etéreo.
Hay en la tierra un gran todo caído,
deslumbradamente abierto, con ojos encendidos.
Con sus fauces en la mano yo,
con las vísceras tendidas él,
y sobre el polvo sus entrañas encendidas.
Un caos indecible bulle través del mundo.
Y llueve. Y regenera la savia.
Y lava las entrañas. Y hay barro limpio.
Y los cuernos han caído: se agigantan las aguas.
A lo lejos, más lejos, en la distancia,
presentí los odres derruidos, las tinajas vacías,
las olas como fuente. (Las viandas y los panes
se escapan). Y en la noche las ollas se abren
y se dilatan, alargándose en la aurora.
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DOLOR.
Tuve un dolor inmenso,
una grieta que no alcanzo a comprender.
Como un abrir las carnes y desatarme
al vacío de un cuenco sin manos...
¿Para qué posar las plantas?
¿Para qué culminar mis días?
Siempre estatuas: ceniza y piedra.
Un gran cerco de nada me acomete.
Una gran jaula invisible me sujeta
y no me deja alas para extenderme:
“Solo vine. Sí, solo llegué y solo he de irme”.
Descubrir la noche y sus mentiras:
hollar en tierra destruida.
Un gran peso profundo existe
desleído desde mi frente sola.
Culmina la espalda reclinada
en un punto del horizonte infinito.
(¡Qué dolor no sentir nada!).
Una larga lengua de olvido
recorrió ayer el camino; más hoy soy futuro.
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Y VI como
los caimanes
surcaron las esquinas...
Y aquel niño blanco
de transparentes lágrimas
se fue haciendo viejo
bajo un fango maloliente...
mientras los perros aullaban
saludando a una luna roja....
Caían las hojas putrefactas
perdiéndose en el polvo.
A través de la ventana,
por encima del aire,
un olor oscuro se avecina...
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COMO BOSQUES,
como selvas
que ven en lontananza
la imagen doblada de los días.
Como torres, como bocas
quebradas al decir soy,
donde la voz es pájaro sin alas.
Allende un grito grita
--y grito—y se esculpe
en las paredes sin sonido.
Y caen las manos,
sin alas, sin carne,
desmemoriadas... ¡cercenadas!
20
ANOTACIONES.
Había vestidos blancos
cual sombrillas antiguas,
y el azul del mar me recordó tus ojos.
Las carnes
se tambaleaban cual las olas
morenas por el sol
entre la arena tímida.
Al fondo,
como un mástil,
un barco echaba
sus redes a proa
al punto que recogía el aire con sus velas.
La cálida brisa
me anunció el nuevo día.
La brisa fría
me dijo que la noche se despedía.
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