CARTA
Márgenes del ayer medio borrados,
palomas blancas donde el tiempo puso
su triste nombre: brevedad y olvido.
Pero existió una luz, devanadera
de sueños llenos como lunas: almas
escritas en las manos
vacías y anhelantes de otra orilla,
promisorias palabras
perfumadas de afán, también la rosa
—una rosa más viva que el crepúsculo—
que alguien cortó de abril.
Hoy desvelo el misterio:
en ti encierras
deseos hondos
(bajo la honda noche)
de abrazos dulces, suaves filamentos
de amor, te quiero, tuyo en la distancia,
y besos bocas que jamás tocaron
labio con labio,
casi versos puros.
Como si leves alas,
alas de otro viento,
vinieran con los signos de la sangre
a herir la soledad de mi presente.
Almas, premio “Paul Beckett” (ex aequo con Marta Policinska).
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