LA PIEL, tu piel y mi piel,
Nuestras pieles fundidas en un abrazo
De luz de placer inigualables
Debajo de la ducha, húmedas
Y suaves, con profusión de gel
Aromático,… y deliciosas al tacto.
Esa sensación de ayer, única,
Leinaz, primera en mi experiencia,
Preciosísima; y de una belleza tal,
Que me elevó al paraíso del gusto.
Es tu piel y mi piel, de una tersura
Tan dulce y extraña a la vez,
Que… ¡ojalá se vuelva a repetir
Amigo mío,, por muchos años,
Pues tantos deseo conservarte!
Eres tan exquisito, en el trato,
Y al tiempo, en el acto de entrega,
De confraternización, que es mi deseo,
Tenerte años y años en libertad.
Sé que siempre tendrás tu sitio
En mi corazón, un sitio que nadie
Puede ya arrebatarte, ¡oh dulzor!
Tu ternura y vigor inundan
Los recovecos de mi alma, y…
Es tanto mi deseo por tenerte
Tendido junto a mí sobre las sábanas.
Es tal mi emoción de tu refriega,
Tan emocionante el frotar de tus manos
Por mi epidermis, que he grabado
Esta escena en mi recuerdo como un regalo
Preciosos de los dioses, --¡y ternura!—
Dando gracias por ello, al cielo.
ME CONSIDERO DICHOSO DE TENERTE
Como un ser excepcional, ¡oh Leinaz!
Entre mis amigos, eres tan especial,
Tan digno de mi confianza, cariño,
Que doy mil gracias al cielo
Pòr haberte encontrado en Mayo,
De forma imprevista y maravillosa.
Significas ya, tanto para mí,
Ha sido tan rápida y fructífera
La comunicación entre tu ser y mi ser,
Tan dulce a la vez, que aún me sorprende
Como obra Dios sus milagros. Cómo
Rebosa y colma Dios a los suyos,
Cómo nos une y nos encuentra
Y nos da aliento para seguir adelante.
Y encima, Leinaz, eres tan bello
Por dentro y por fuera, que dijere yo
Que eres un ángel poderoso reencarnado,
Por la Gracia de Dios todopoderoso.
Ante ti estoy, compañero, y de sol
Irradian sus rayos nuestras almas
Por comunicarnos, no sólo de palabra,
Sino de luz y gesto en lo íntimo.
¡Por favor, en lo íntimo, Leinaz!
Que sea nuestra amistad un gozo,
Pleno en libertad de amarnos,
Sin coacciones, Amor mío,
Por siempre, sin titubeos, indefectiblemente.
POR AMOR, TE ADORO LEINAZ,
Aunque esté feo reconocerlo
Abiertamente y sin titubeos, doncel.
En mediana edad estamos,
Ni demasiado jóvenes ni viejos,
Dignos de la soltura de la lengua
Y equiparables a soles radiantes.
Te amo con “locura” y paciencia
A la vez, te amo con tal intensidad
Que mi disfrute es máximo en el otrora.
Te vivo en el presente, y te recuerdo
Con un regusto tal, que pienso eres,
Eres el mejor regalo que me ha pasado
En “mi torpe vida” como humano.
¡Oh tú, mi tierno rubor, tu vigor
Me subió la color del rostro, ayer!
Es tan intenso mi recuerdo, tan actual,
Tan vivo, que te siento muy cerca
Precioso: querubín de entendimiento
Que no se arroba en el entendimiento de la luz,
¿Porque es lumen, esencia, pureza,
Claridad misma, chispa divina, pleno Amor!
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