CREER NACERTE.
4
AGUA.
Volver al origen y encontrarte...
Nacer de nuevo,
y creer que los mares se desbordan.
Regresar a mi centro, ayer minúsculo,
y extender mis átomos de agua
a la tierra, al fuego, al viento,
para sentirte mía y no perderte,
libre como el viento en la mañana.
5
SÓLO TU VOZ SOLA ME RECUERDA.
Sólo tu luz, tu mediodía,
el negro de tus ojos, tus profundas selvas.
Tu piel amarilla y húmeda y frondosa.
Sólo una vez te tuve, sólo una.
Como uno soy, y en mí habito,
como uno soy y en ti me vacio.
Sólo una vez, sólo una.
Como una llegaste el día del agua,
y agua fuiste y mar y sales.
Como uno fui aquel día,
y espumas y signos y navajas:
gritamos un grito de luz y lo esculpimos.
Ido tu cuerpo regreso tu memoria:
tu agua sola como única agua.
Tu agua que al mar retorna,
que al mar, donde el mar es vida,
y deja un sabor entre los dientes...
y deja un líquido deseo de regresar de nuevo.
6
MI PUEBLO.
Encerrado entre las sierras
mi pueblo se alza altivamente como un almendro.
De entre los acantilados se escapa
arrugando sus pétalos como un almendro.
Sus calles son de piedra
como la corteza de un almendro.
Sus paredes, ¡blancas!,
como las flores del almendro.
Por entre sus calles se desliza
la lombriz de invierno con el agua del almendro.
Y en las calzadas de tierra,
juegan los niños, dejando sus huellas de almendro.
Que en sus riadas de otoño
se escurren los barcos de papel de almendro.
Y yo, con plomo en las manos
y plata en las uñas, me parezco a un almendro.
Allá, entre las sierras,
se encuentra mi pueblo, blanco y pequeño como un almendro.
7
DE ESTA TARDE EL NOMBRE.
Gemir, ése es el nombre,
ése el susurro,
el lamento, la víscera,
el agua leve que a veces
leve en la piel entra.
Éste el pasar de los días:
un hormiguero lleno de hormigas
o una colmena repleta de abejas.
El puente sobre el río...
y todo inmóvil queda.
El puente enlaza
tu colina y mi cintura:
todo varado, blanco, quieto.
(Un barco se repara en las arenas.
Un mástil se conduce en la bahía).
Éste es el nombre (no gemir: vivir).
El nombre de la rosa y el ave.
Esta tarde no hay más nombres,
sólo éste: el del ave y la rosa.
8
SI VIERAS que también
en los meses cálidos del trópico
sueñan las hojas de los lotos.
Es blanca tu piel sobre almohadas.
Blanca la risa alegre de tu boca.
Si vieras que de la tierra
nacen flores sin semilla,
¿esconderías la vista de los ciegos?
Es negro tu pelo contra el crepúsculo.
Negros tus ojos que infinitamente beben.
Si vieras que la ceniza
llega hasta mi frente,
y en mi frente, se derrama...
Vienen afluentes de sal y agua
a besar tu tierra dolorida por el paso.
Si vieras que en la noche
la luna se ha dormido
alcanzarías mejor a ver las estrellas.
Vienen las manos a las manos.
Busca mi barco tu cálido seguro abrazo.
9
DÉJAME.
Ser agua déjame.
Caer tendido a tus pies primeros
y sentir el parpadeo del agua.
Llover, sí, llover, y volcar en ti mi cuenco.
Llover en ti mi barro y mi carne y mis huesos.
Déjame caer bajo tus plantas
y ver como de ellas nacen las palomas.
No, no digas nada. Haz sólo que viva en tu boca.
No, nada, no digas:
dame lo que en ti de ausente queda,
lo que colma el vaso y se derrama.
Dame tu flor, también tus colinas.
No, no digas: agua.
Y el agua cae y se doblega,
cae la luz y se dispersa
en mis manos, sobre tu cabellera.
En mis dedos tiemblan los ruiseñores.
Sueñan los ruiseñores porque se dejan
acariciar como el tiempo te acompaña
Déjame, a tus pies, déjame
(Ser agua, déjame),
y me desate muy suavemente
al son vivo del líquido elemento.
10
OLAS, ALAS.
Ha llovido otra vez.
El agua inunda los adoquines
de las calles y las aceras.
Drenan torrentes de vida
por las amelgas abiertas.
A lo lejos, del rayo
el estruendo detenido.
La llovizna trae olas
que como alas sobre
las riberas se despliegan.
Olas, risas de gentes despiertas
que bajan por las calles vivas.
Alas, verdes faroles lejanos
a la conciencia humana.
Olas, estruendo de martillos
golpeando el yunque justiciero.
Alas, guardianes aquiescentes
de una moral que no se pierde.
Olas. Alas.
Alas. Olas.
Deslice de elementos sobre la arena.
Deslice de arena sobre la playa:
Agua.
Olas.
Alas.
11
NIEBLA.
La niebla pasa como un velo
por entre los rostros de la tierra.
La niebla pasa como un vuelo
por entre la carne de mis piernas.
Desde detrás de los cristales
apenas si se aprecia,
pero creo que son dos distintas nieblas.
Niebla blanca,
tu blanco aliento el de la tierra.
Blanca niebla,
tu blanco bostezo el reclinar de mi cabeza.
Niebla blanca.
Blanca niebla.
12
ISLA DEL EGEO.
De calor de luna y restos de perlas
te recuerdo de la palma de Neptuno.
Por tus riscos lacerados corren vientos...
y se esparcen las aves en hileras.
Tus ojeras son tan largas como la noche fuera,
y en tus oídos sólo cantan las leyendas.
¿Acaso se esconden en tus entrañas los titanes
o se enroscan de plata a tus pies delfines?
Adivino a Venus mirándote sonriente.
Eros nació de tu vientre sereno.
Desde tus labios se esparcen las Hespérides
como brisas que Pandora libre deja.
¡Oh isla amada bajo el carro de Helios,
en brazos del Egeo tu cintura se estremece!
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