DESTINO
Nunca he de preguntar si he de serte fiel, señor
y grandeza de lo oscuro,
si he de seguirte hasta que te estrelles
en el vastísimo vientre del universo,
siempre a la hora incierta
en los días pequeños y confiados
cuando danzas el ritual de fiesta pagana
devorando los ciervos temerosos de todos los siglos
y me posees con benevolencia
y me extingues complaciente
en la muerte puntual y exacta
con ese tinte de la noche renacida y luminosa.
No me acostumbro a que tu sombra lo inunde todo,
enlute azucenas como castigo para suicidas
o encienda la hoguera terminal que me condena
como un gobierno sin leyes,
no me acomodo a sucumbir a tu espada
y derramar en la huída
los últimos ecos del gris en los ojos.
¿POR QUÉ MUEREN LOS POETAS?
Cuando bebemos ese licor amargo
en medio de espejismos turbios,
percibimos olor a pólvora,
oímos el cargador en la sien humilde
o a esa bestia de alcoholes y sudor bajo la piel,
las frías corrientes derraman la hiel en parajes
donde la luz se agobia,
las pasiones deshabitan su hondo perfume
y las olas se estrellan contra la suciedad trashumante
de los recuerdos.
Mientras, en mitad de un jardín endemoniado,
consignas ofrecen el cuello de púrpura
a las arañas danzantes de una lluvia espesa
para el asalto final al corazón.
Entonces cuelgan los pies de los áticos,
cae metralla por las venas
y un lodazal de pecados rutilantes
nos cierra los ojos.
Una oscuridad amante queda como herencia.
La belleza sobre la arcilla ingrata de la muerte.
Maiakovski, Pavese, ¿por qué mueren los poetas?.
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