AHORA QUE RECUERDO
Basta admitir
que estos ojos, nuestros ojos, son los ojos de las nubes.
JUAN GÓMEZ MACÍAS
Puedo verlos ahora,
frágiles, eternos ojos
que todo lo han visto inútilmente.
A veces las nubes se tornan grises,
ocres y violetas, se exhiben como cuencos,
botellas, cofres, cicutas, cuencas ciegas
donde la melancolía contempla con ojos de niño.
Sucede también en las nubes inmaculadas,
en los cielos celestes de los días soleados.
Como esta tarde, cuando vi a los viejos
descansando plácidamente al sol
en los bancos de aquella plaza.
Viven solos, o muy solos
puede percibirse la ceniza
que bulle en su sangre.
Los viejos caminan despacio
porque saben que todo conduce a la muerte.
Se conforman con no ser felices, sin embargo.
Y parecen decirnos, desde los bancos
que la historia ha cincelado para ellos:
ahí está el futuro que es vuestro.
En los bancos de una plaza,
ahí donde aún persiste un primer amor
que como en una caracola, clama y revive.
Los viejos viven solos, al borde del olvido.
En la noche, los grillos dan voz a su silencio.
del cuarderno nº 141 del Aula de Literatura José Cadalso, San Roque, Cádiz, diciembre de 2008.
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