Mi?rcoles, 18 de febrero de 2009

 

OBSERVO desde mi mesa

la consagración de la tarde,

los despuntes primerizos del crepúsculo.

 

Hay un hálito de primavera recién estrenada,

un olor soleado de dicha y entusiasmo.

 

Vaporosas las nubes serpentean

en la bóveda mortecina del cielo.

Un pájaro trina:

lindezas de una música arcana,

ininteligible en su belleza.

 

Miro desde mi recodo

repleto de libros y papeles,

el horizonte azulino.

 

Lejos, rotundo e infinito

pespuntea un cuerpo desnudo de mujer:

preclara geografía de senos y carne ignota.

 

Desde el alma veo marchitarse

la rosa de unos labios jugosos

al contacto acerbo del olvido.


 Del libro Aprendiz de Poeta, San Juan, Puerto Rico, Editorsa Imago Mundi.

 

 

PORTAL DE POESÍA

 


Tags: Carlos X. Ardavín

Publicado por gala2 @ 5:40  | POEMAS
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios