Lunes, 09 de febrero de 2009

MEDITACIÓN SOBRE LA POESÍA  

 

 

Que hable la impecable poesía sobre los altares,

la temeraria poesía

sobre el pedestal de oro y especias de los antiguos,

que se obligue si es preciso

por el diminuto mar inviolable de los ahogados,

que se adentre por los desfondados seres sin fortuna

con su espolón de lenguas y zozobras

y palpite y brote como un monstruo colorado

 

que llegue a los sentenciados,

deslumbre entre los nimbos

el desove de la tierra salvaje, se asome

por los farallones de los verbos,

ahuyente el remordimiento con metáforas

de prehistórica memoria.

 

Hay que hacer que se duela a su manera

que se repita constantemente,

sin medida

 

con la sabiduría encuadernada de los libros

o desnuda por los ociosos traficantes de la palabra,

bajo la gloriosa luz de los alcázares

o la cobriza luz de las cabañas

y los cobertizos

 

intemporal por la arboladura de piedra

de los navíos cavernarios

y empiece a poblar de tréboles

las avenidas desiertas de las mariposas.


 EL DESTIEMPO DE NACER             

 

 

Edificar verdades

o alumbramientos sobre el fango

es buscar a Dios

detrás de suntuosa ceniza.

Si hemos amado inútilmente,

o vivido, golpeando el viejo muro del recuerdo,

es otra cicatriz en esta historia.

 

Ha transcurrido la existencia

en mortales mediciones de un círculo inmanejable,

químicas protectoras

moldeadas con paciencia de artesano

por irreductibles utopías

y penumbras.

 

La minúscula materia, el hollín de los vitrales,

construyen un eje de geometrías

hasta derribar los últimos alientos.

 

Dime, Dios,

detrás de la profunda tristeza en la mirada

después de la hondura triste de la voz

¿qué le queda al hombre?.


DESVELO

 

 

Tú que alteras mi sosiego cotidiano

que llenas de horas inquietas el espliego de la piel

la que rompía mi pereza con desesperación

 

¿por qué ama la nieve

la cicatriz helada de la muerte?

 

¿por qué se niega el corazón a latir

y se pudre con la sangre?

 

dónde estás ahora, con qué gozo, en qué prodigio

 

¿en la entraña hambrienta y profunda de una sombra?

¿en el liquen frío de tu carne amarrada al viento?

¿en la tersa bruma que se hunde como polvo?.


LAS HORAS       

 

 

Las horas no son minuteros de nácar

ni mariposas esmaltadas

que se clavan a una esfera

y solo marcan los latidos de los días.

 

En días como hoy

dejan caer esa lanza de hastío en un rincón

donde todas las horas caen

conjurando los viejos humores

o buscando la complicidad de la piel o de los años.

 

Y un día con nosotros

se alejan por la espesura de los sentidos

dejando una estela de misterio

y hermosura

 

una música estelar

de lo que una vez fueron y fuimos.

 

 


Tags: FLORENTINO GUTIÉRREZ G.

Publicado por gala2 @ 4:13  | POEMAS
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