Mi?rcoles, 04 de febrero de 2009

 

Perfume  (2005) (Selección )

 

 

1. Artesanías

 

Artesanías sonidos, murmullos,

vocablos, fonemas, sílabas, rumor

de piedras sonoras por el río

rodando, quebrando, roturando

su áspero idioma, haciéndolo canción,

haciéndolo cascada de notas

en la partitura del aire temblor.

 

Bello el día y sus sonoridades

desprendiéndose, iluminatorias,

áfonas, fónicas, invertebradas,

desde oquedades, planetas, gargantas,

desde planicies, océanos, bosques,

herrerías, volcanes, cascadas,

cataratas, lluvias, tempestades,

astilleros y constelaciones.

 

Aquí congregación de instrumentos,

aquí congregación de rapsodas,

congregación de príncipes, dioses,

semidioses, bardos, monarcas,

héroes, monjes, pastores, patriarcas,

sacerdotes y sobrevivientes,

 

aquí congregación de númenes,

congregación de chispas azules

refulgiendo en la noche sagrada.

 

Artesanías templos y estrellas,

arquitecturas y oraculares

prodigios escritos en el firmamento,

los vaticinios de númenes astrales,

la escritura ágrafa del universo.

 

Artesanías voces áfonas,

voces apenas leves susurros

que sólo nosotros versión al canto,

versión al pneuma, al desgarro pítico,

al sonido de apolíneas cuerdas.

 

 

 

 

 

12. La otra voz

 

Aunque desgarradoramente,

aunque estremecedoramente

la voz detrás de los critales,

y un sólo movimiento mío,

apenas un girar la mano

y empujar la muda ventana…

 

Pájaro de la víspera,

animal de la dura expiación,

indescriptible criatura

temblando de frío en la tarde

ya plegando sus alas mojadas,

 

aquí dentro la tibia atmósfera,

la habitación amparándome

en su calidez doméstica,

los títulos protegiendo

mi identidad amenazada.

 

Desde mi butaca al ventanal

apenas unos cuantos pasos,

apenas girar la manilla,

empujar la hoja hacia dentro

abriéndola a tu desamparo…

 

Pero aunque desgarradoramente,

aunque conmovedoramente

tu voz destrás de los cristales,

tu tembloroso órgano vocal,

 

yo petrificado de espanto,

yo buscándote en mi memoria,

yo dotándote de algún rostro,

inmerso en las páginas del tiempo.

 

 

15. Perfume

 

Quien haya escrito, quien haya

roto sus sellos secretos,

destruído sus códigos,

y vaya por el idioma

con sus perros de caza,

con sus halcones de cetrería,

en pos de las parábolas,

entremezclando fórmulas…

 

O haya indagado en sí mismo,

haya penetrado al sótano,

a sus mazmorras nauseabundas

con una pluma de paloma,

con un amuleto de Eleusis,

y un niño apenas vidente

reconociendo a ciegas,

nombrando por los contornos.

 

Quien haya impreso sus dedos,

sus incisiones de cálamo,

y se haya reconocido

en el taciturno zagal,

en el aprendiz de varón

oculto tras los visillos,

ebrio de perfume de mujer.

 

Por cualquier comienzo la misma

puerta, las mismas ventanas,

el mismo zaguán con alguien

sentada allí desde siempre,

imborrable de la memoria.

 

Haya, entonces, testimoniado

la escritura de los prófugos

asomado a aquella ventana,                                                                                     

mirando alejarse su sombra.

 

O mirándola regresar,

y buscarse entre las páginas,

buscarse a ciegas, tactando,

turbio aún de aquel perfume.

 

 

 

 

23. Polvo

 

Polvo de viejas alacenas,

polvo de desvanes y buhardillas

el que acumulado en mi memoria,

el que conmigo por los años,

por habitaciones y calles,

por ciudades y domicilios.

 

Polvo de venir desde lejos,

polvo de haber ya vivido,

y vivido, y vuelto a vivir,

y seguir acumulándose,

seguir caminando a la vejez.

 

Primer estrato de la memoria,

el mar, los cerros, el primer hogar:

polvo de inolvidables muebles,

polvo filial como la sangre,

polvo de nunca más olvidar.

 

Y de nunca más encontrarlos

reunidos en el gran salón

rememorando a los ancianos,

recordando a los antepasados,

asumiendo su polvo ancestral.

 

 

 

 

 

29. Hermandad

 

En la hermandad de las hojas muertas

ser acogido, y también fallecer

en la humedad del otoño tardío,

desgastándose, entonces, mi vida,

en el roce del tiempo y la intemperie,

en la más desolada desolación.

 

Desgastar allí, pues, mi existencia,

hacerla polvo, detritus corpóreo,

orgánica materia mezclada

a millones de mínimos cuerpos,

de minimísimos corpúsculos

incorporándose al humus vital.

 

Y regresar hoja, pétalo, fruto,

regresar rama, raíz, corteza,

regresar a la vida vertido

en su fuente inextinguible, hojas.

 

 

 

 

 

 

34. En puntillas

 

En puntillas de regreso a casa,

como un ladrón furtivo husmeando

en las habitaciones ya vacías

de ti y de mí, de todos nosotros,

difusas en losa viejos calendarios.

 

Alguien de cuya semejanza

mis rasgos huyendo por el tiempo,

detenida allí todavía,

amamantando a sus cachorros

con una leche de extraña textura,

seca ya en los pechos fláccidos,

seca en los labios del niño husmeador.

 

Llegaréis todos el mismo día,

y a la misma hora penetraréis

en las alcobas, sin hacer ruido,

en la luz difusa escudriñando,

removiendo el polvo y las telarañas.

 

Mas tarde la llave en la cerradura,

tarde la reverencia a los caídos,

tarde las últimas campanadas.

 

Mañana otra vez volver, hermanos,

cada día regresar y hallarla

allí sentada, allí esperándonos,

intangibles sus pálidas manos.

 

Como un ladrón furtivo, a deshora,                                                                              
alumbrando los dormitorios

con una lámpara de luz opaca,

seca en los labios la leche tribal.

 

 

 

36. De la noche al alba

 

De la noche al alba

cabalgar por serranías,

cabalgar por los montes

dejando atrás esposa,

casa, huerto, profesión,

amigos, libros, campanario.

 

Cabalgar vastedades

en pos de la aurora

huyendo delante de ti,

casi pisando su estola

de fibra rosácea,

su palio monumental.

 

De la noche al alba

nunca más regresar,

perdernos en el límite,

en la zona de transición

como una tierra de nadie,

sin salida ni regreso,

sin volver la vista atrás.

 

De la noche al alba

abandonarlo todo,

y nunca más regresar.

 

 

 

 

 

 

49. Partir

 

Obscuridad partir de noche,

partir a mis lares nuevamente

llevándome todo conmigo,

mi morral, mis piedras, mis cuadernos,

mis castañas y mis amapolas.

 

Partir, partir otra vez de noche

a mis pagos, a mi terruño

al otro lado del planeta,

y llevar conmigo mis bártulos,

mi talismán y mi poesía.

 

Al atardecer ya consumado,

desde estas orillas brumosas,

reunido en torno a mis piedras,

ponerme en camino, salir, zarpar,

navegar otra vez las Simplégadas,

las islas, las Columnas de Hércules,

el océano voluminoso.

 

¿Quién en las playas de rubias arenas,

quién oteando desde los cerros,

quién haciendo señales, quiénes

esperándome en los mares patrios?

 

Oh partir, partir, partir otra vez,

salir desde aquí al anochecer

con mi barca cargada de sueños,

pasar el país de los lotófagos,

la isla de Circe, la de Calipso,

la de los enormes Cíclopes,

 

y tocar con la quilla las orillas

patrias, las playas con ágatas,

arribar a la ciudad costera

abierta para mí en abanico,

llena de gargantas saludándome.

 

Obscuridad partir de noche,

partir a mis lares nuevamente.

 


Tags: ULISES VARSOVIA

Publicado por gala2 @ 2:05  | POEMAS
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