Martes, 24 de febrero de 2009

 

EL ALARDE, ANTES DEL ALARDE

 

                                                  ... hoy tienen en este lugar de Ondarribia una reunión que                                                                  llamamos  batzarre,  los moradores de mis riberas, y me voy                                                                   para cederles la palabra.

                                                                                                                                                             PÍO BAROJA.

 

 

         Ocho de Setiembre, 9 de la mañana. Calle Mayor, abajo, junto al Arco de Santa María. Se oye el rumor de  las pisadas de los hacheros (chaps, chaps, chaps ...), al compás de la Marcha “Campamento Alarde”. Cruzan el Arco. Se siente el silencio, se oyen las pisadas (¡CHAPS!, ¡CHAPS!, ¡CHAPS! ...),  hay  emoción,  mucha  emoción.  Ha  salido  el Alarde ...

         Se suele decir que “el Alarde sale solo” pero para que esto sea así, fechas antes, hace falta coordinar una serie de distintos detalles y el esfuerzo de muchas personas. Hay un trabajo en la sombra, desconocido por muchos pero de gran responsabilidad y que es lo que hace que el día ocho de Setiembre el Alarde sea lo que es.

         Pensando en esto he ido recogiendo de mis vivencias, y de lo que me han contado,  algunos de los aspectos más curiosos y emotivos de los días anteriores al Alarde y que tienen que ver con él. Algunas de estas cosas son como un ritual que forman parte del Alarde y se repiten año tras año.

         Uno de los actos más solemnes que preceden a las Fiestas Patronales, se celebra el día 15 de Agosto, día de la Asunción de la Virgen. En la Parroquia hondarribitarra de Nuestra Señora de la Asunción y del Manzano tiene lugar la Misa Solemne a la que acude la Corporación Municipal. Emociona ver ascender por la Calle Mayor a los corporativos, precedidos por la Banda Municipal de Txistularis, al son del “Alkate Soinua”, y con la Bandera de la Ciudad de Hondarribia portada por uno de los concejales, que es costumbre que sea el más joven de ellos. Desde hace unos años forman parte de esta comitiva el General y los Mandos del Alarde.

         Finalizado el acto religioso la Bandera queda depositada junto al altar mayor  hasta el día ocho de Setiembre en que se incorpora al Alarde,  siendo

recogida y custodiada durante todo el trayecto por la Compañía del Barrio de Arkoll y Santiago. Por cierto que, según me han dicho, hace unos setenta años este Barrio sacaba dos compañías en el Alarde: una, con el nombre de Arkoll, para la zona comprendida encima del Barrio de la Costa y Santa Engracia, y la otra compañía, con el nombre de Santiago, para los caseríos cercanos a la ermita de Santiagotxo.

         Una vez ha regresado la Corporación Municipal al ayuntamiento, el alcalde se reúne con el General y demás Mandos del Alarde, que han sido elegidos días antes. Estos aprovechan la ocasión para tratar de los preparativos del mismo.

         Con respecto a la bandera de la ciudad hay que decir que la actual es totalmente nueva desde el año pasado y fue confeccionada por las monjas Clarisas del Monasterio de la Asunción de Burgos. La anterior, ricamente bordada en oro y plata, estaba muy deteriorada debido a su antigüedad, ya que data de 1761. La nueva bandera se ha realizado como una copia exacta de la anterior, con sus dimensiones, materiales y reproducción del escudo de la ciudad. Estas mismas monjas Clarisas se están encargando de restaurar la bandera antigua, tarea que durará hasta el próximo año.

         Esporádicamente los he oído antes, pero a lo largo de este mes de Agosto se escuchan más aún, por los montes y rincones de Hondarribia, los txilibitos y redobles, ensayando las marchas del Alarde. Más adelante comienzan ya los ensayos de las distintas compañías.

         Recuerdo que antes los ensayos de las compañías no se hacían como ahora, recorriendo las barriadas de la ciudad. En las compañías “baserritarras” solían juntarse los “txilibiteros” y tambores con la cantinera en el caserío del  capitán de la compañía.  Allí ensayaban el “Tití-bilití”  y la

cantinera se acostumbraba a “llevar el paso”, haciendo un pequeño recorrido alrededor de dicho caserío.

         Estos pequeños ensayos fueron creciendo hasta llegar a la actualidad, en que los realizan todas las compañías, haciendo recorridos más o menos largos por sus correspondientes barrios, animando con sus sones la ciudad y sus alrededores. Suena de un modo especial escuchar por los montes, en el silencio de la noche,  el sonido de los txilibitos y tambores: TITÍ-BILITÍ-BILITÍ, TITÍ-BILITÍ-BILITÍ, ..... TARRAPATATÁ-PATATÁ, POM-POM-POM ...

         La Tamborrada del Alarde es la compañía que durante muchos años fue la única que ensayaba recorriendo las calles de la ciudad, “alborotando” la misma; hasta que, poco a poco, se incorporaron el resto de las compañías a estos típicos ensayos. El otro día, hablando con un antiguo “tamborrero”, me contaba que la primera vez, recién apuntado a esta compañía,  le pasó lo que a algunos otros jóvenes, cuando empiezan en la Tamborrada. El primer día les parece que es muy fácil ir con el tambor y empiezan a tocar: POM, POM, POM ...  Entonces el Tambor Mayor o algún compañero le dicen “que eso no es así, que hay que tocar de otra manera”. “¿Cómo?” -pregunta. “Pues: TRAN, TRAN-TRAPATRÁN;  TRAN, TRAN-TRAPATRÁN ...” “¡Dios mío! esto es otra cosa, esto es más difícil...” Entonces se dio cuenta que acompañar las marchas con el tambor también tiene su “intríngulis” ... Pero poniendo empeño e ilusión por hacerlo bien, todo se consigue y participar en el Alarde merece la pena.

         ¡Que si merece la pena...! Que se lo pregunten a las personas que cuando se acerca el Ocho de Setiembre se encuentran fuera de Hondarribia, y algunos bastante lejos, el esfuerzo que tienen que hacer para llegar,  desde

los distintos lugares donde se encuentren, a tiempo para desfilar en el Alarde.

         Este es el caso de unos pescadores el año pasado (y como a estos, les habrá pasado a muchos, en distintas épocas).  Se encontraban pescando en las Azores, tenían todo preparado para volver a Hondarribia, justito, justito, al comienzo de las Fiestas Patronales. Y de pronto... les coge un temporal tremendo, se rompen todos sus planes y aparecen un montón de dificultades para su regreso... Para ellos lo más importante en ese momento era llegar a tiempo para estar en el Alarde. Y, a trancas y barrancas, lo consiguieron.

         Llegaron a Hondarribia a las ocho y algo de la mañana del día ocho. Ya no había problema, pues estaban en casa y, como siempre, tenían preparada toda la ropa para poder salir en el Alarde... Y llegaron a punto.

         ¡Qué importante es el papel de la mujer en estas fiestas...! Aparte de divertirse y disfrutar, ¡de qué variadas formas intervienen en ellas...! Y casi se podría decir que gracias a su pundonor salen tan “txintxos” los hombres.

         A partir del 25 de Julio se empieza la elección de las cantineras. A consecuencia de esto, el nerviosismo de aquellas chicas a cuyos oídos ha llegado el rumor de que pueden ser elegidas, empieza mucho antes. Esta inquietud o impaciencia se transmite al resto de la familia; pues cuando se vive el Alarde como algo propio, es un orgullo para la familia que una de los suyos sea la cantinera de la compañía del barrio.

         Me contaba una antigua cantinera la emoción que sintió ante el ritual de la entrega del abanico y el barrilete por su amona, que había sido cantinera en sus tiempos jóvenes. Nunca olvidará el momento en que la amona abrió la kutxa donde guardaba sus pertenencias personales, sacó el barrilete y el abanico lucidos por ella anteriormente, y, con emoción contenida, se lo entregó cariñosamente a su nieta: la nueva cantinera de la familia. Aunque, pensándolo bien, ¿quién se emocionaría más, la amona, la nieta o el resto de familiares, que les acompañaban en ese entrañable momento?

         Este día de Santiago se elige la cantinera de la Compañía Arkolla, aprovechando las fiestas del Barrio y también en algunas compañías de la zona de La Marina. Y de aquí en adelante, todas las demás.

         Una tarde, poco antes del día ocho de Setiembre,  subía desde la Alameda a la Calle Mayor y oí un ruido que me parecía haberlo escuchado otras veces, pero no acababa de localizarlo. Al llegar al callejón que comunica la Calle Mayor con la Plaza del Obispo me pareció ver los cañones del Alarde y, claro, reconocí ese ruido “tracatrá-tracatrá”. Continué por esa calle y, efectivamente, ahí estaban.  Pregunté: “¿Dónde van “estos” hoy?”  Explicándome los alguaciles que los acompañaban, “que se dirigían a la trasera de la iglesia parroquial (Paseo de la Barra) para hacer el ensayo de los cañones”. O sea: “su puesta a punto”.

         Me quedé para verlo, por parecerme una cosa curiosa. No sé desde cuando se hacía esto, pero no lo conocía. Y es que los cañones también “ensayan para el Alarde”

         Observando este ajetreo me vino a la memoria cuando la cantinera de la Batería de Artillería iba sentada, acompañada de su sargento, en un “carrito” al que se enganchaba uno de los cañones, pasando por la Calle Mayor con su característico “tracatrá-tracatrá”.  Este sonido es uno de los “ruidos” más peculiares del Alarde. Aunque el alarde está lleno de “sonidos”: las pisadas de los hacheros, los cascos de los caballos, los aplausos de la gente, las descargas y, por supuesto, las músicas del Alarde.

         Ya que he hablado de la Batería de Artillería del Alarde, existe una anécdota curiosa respecto a su vestimenta. Durante muchos años vestían los “artilleros” de manera semejante a las compañías de infantería, con pantalón blanco, chaqueta negra y pañuelo estampado al cuello. Un año, recientemente, coincidiendo con el rodaje de una película en el Jaizkibel sobre  las  Guerras Carlistas,  se solicitó la colaboración de los componentes

de las respectivas “caballerías” y “artillerías” de los Alardes de Irún y Hondarribia. Cuando terminó la película los “artilleros” del Alarde hondarribitarra  pidieron  que  les prestaran los trajes que habían usado durante el rodaje, para poder participar con ellos en el Alarde del 8 de Setiembre, resultando ese año  para el público muy llamativa y colorista aquella vestimenta. En la actualidad llevan casacas azul marino, confeccionadas especialmente para esta sección del Alarde.

         Ahora para disparar las descargas con las escopetas se utilizan preferentemente cartuchos nuevos de los llamados “de fogueo”, pero antes no era así. Los cartuchos para el Alarde se fabricaban más artesanalmente. Un día ocho de Setiembre, después de una buena comida en su casa y esperando la hora de la salida del Alarde por la tarde, me contaba un amigo ya fallecido, que el Ayuntamiento repartía a los capitanes de las distintas compañías la pólvora y los pistones, para su distribución entre los componentes de su compañía. Cada “soldado” se encargaba de preparar sus cartuchos de la siguiente manera: al cartucho vacío, seguramente recogido en el monte, de los que han sido utilizados por los cazadores, se le ponía el pistón y después un poco de pólvora, terminando de rellenar el cartucho con trozos de papel de periódico metidos a presión.

         Por otro lado me cuentan que ha habido alguna cuadrilla de amigos (de esos que se juntan habitualmente a cenar en una sociedad, quizás los primeros martes de cada mes...) que en fechas próximas al Alarde (el último martes de Agosto) organizaban una “cena de relleno de cartuchos”, en la que, mientras se iban comiendo un buen jamón, preparaban entre todos los cartuchos para el Alarde. En esta operación intervenían tanto los que salen con la escopeta, como con txilibitos, tambores.... e incluso de hachero. ¡Esto sí que es compañerismo y organización!...

         8:30 de la mañana, jardines del Árbol de Gernika: la explanada prácticamente llena por todas las compañías. 8:40 horas: los hacheros dan los últimos toques a su vestimenta, colocándose ritualmente el mandil, la barba postiza y el morrión. Ya están todos los componentes del Alarde preparados para la llegada del General y que éste realice, seguidamente,  la revisión de las tropas. Todo está listo, sólo falta la llamada del cornetín que dé la orden de marcha.

         Son las 8:55 de la mañana. Suena el cornetín: ¡TARARIIII...!. Empieza a tocar la Banda. Ha salido el Alarde. 9 de la mañana (¡CHAPS!, ¡CHAPS!, ¡CHAPS! ...): los hacheros cruzan el Arco de Santa María, al compás de la marcha “Campamento Alarde”. La emoción se desborda, la alegría se extiende por todas partes. El Alarde sube la Calle Mayor...

 

 

                                                                


Tags: guadalupe serrano

Publicado por gala2 @ 3:58  | RELATANDO
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S?bado, 15 de agosto de 2009 | 19:55
La bandera de la Ciudad ya hace a?os que no va en la Compa?ia Arkoll, ni se incorpora al Alarde. Todo lo que hacemos es un paripe, olvidandonos de la promesa que en reunion celebrada el 15 de Agosto de 1639 hicieron nuestros antepasados, y los capitanes del a?o 2009 se han encargado de destruir.
Modificando la ordenanza del alarde y quitando la Bandera de La Ciudad.