POEMAS DEL LIBRO:
LITURGIA DEL TIEMPO
POETAS MALDITOS
Un aire de autodestrucción y decadencia
desata el pensamiento en las tinieblas.
Baudelaire, la modernidad maldita. Los trapos
sucios de la moralidad prostibularia
y tu epitafio descarnado: -Yace aquí
quien por haber amado demasiado a las zorras,
descendió joven aún al reino de los topos-.
Nosotros, los -lisiados de la vida-, te llevaremos
las flores del mal a Montparnase,
tu eterno paraíso artificial de opio terrestre.
Verlaine, ¿qué has hecho tú, maldito entre los malditos?
la bohemia te llenó de excesos
y de absenta hasta el amor pasional y el encierro.
Nostalgia y música por los versos de alma
simbolista. Místico insaciable,
se llenó de tu figura el Barrio Latino.
Saturno nunca protegió al Don Quijote del Parnaso.
Y tú, joven Rimbaud, bohemio
vagabundo, consumiendo tu vida de rebelde precoz
entre manifiestos comuneros y tu Verlaine,
protector y amante desairado. Asfixiándote
con el humo evasor y clandestino del Hotel Pimodán,
traficando carne humana por el África
dormida en la miseria, paseando
tu fatalidad sin redención
por el barco ebrio del infierno.
Aún tiembla el Paris decimonónico
con el espíritu de vuestros nombres oliendo
a escándalo y ajenjo.
EXILIO DE AZUCENAS PARA UN POETA
Adónde vas sin tregua, Federico García Lorca
¿al inmortal ocaso
donde la tarde es un exilio de azucenas celestes?
¿donde el universo es una hambrienta paloma
que devora la sal?.
Tu boca nos responde
con un orgulloso latigazo de silencios
¿un desdeñable consuelo ante tanta demencia?
¿un prodigio de obstinación más allá de la muerte?
sin embargo nos acoges
con el corazón dolido de las horas más oscuras
y nos miras con tu mirar de mirlo enamorado
y jubiloso.
Olvida el sueño despojado
por una ceguera de cuchillos edificando calamidades,
no pretendas sembrar el odio
cuando el firmamento es estéril
y empaña la hospitalaria sala
donde declina el día. Sé siempre dichoso
desde cualquier cautividad en que te encuentres.
Solo pedimos
llevarte por esa noche hinchada de racimos
o un inquebrantable jazmín para apuntalar
el desguarnecido frío de la pureza,
adónde sino ese desorden de rimas
extraviadas por tus manos.
Desde aquí abajo se te ve un huérfano terrestre
pisando los astros de vistosas alas,
un halcón despreciando
el derroche perfecto de la aurora.
Apagaron las luces de una clínica
donde no sonaban melodías
por los barrotes de la razón,
solo el desorden de la fría niebla
y el ardor innombrable de una droga
para traicionar el cuerpo.
Vienen náufragos con urgencia a tu ceremonia
y humedecen el hastío de tus alas
con suspiros de niña inquieta
y relojes de campanario.
Solo abrazas lava y cuchillos
como una mujer que no se avergüenza de morir.
Nadie más que tú va a estrechar la muerte.
Los suicidas no siempre mueren tan delicadamente
con las marcas del destino
descuidadas como flores en una caja de zapatos.
Como último acto
te plegaste a las fragancias de un precipicio
donde el silencio es una costumbre
por los rosados senderos de la mente.
El seconal cómplice
hizo la última mueca cruel a la vida.
Lejos de tu cuerpo mudo, hace frío.
BUKOWSKY
Bukowsky, viejo amigo,
nos veremos
en algún sórdido bar,
algún hipódromo
o cualquier burdel de triste vida
apestando a cerveza
y verás en que mediocres
nos hemos convertido,
-perdedores urbanos del alcohol
y la tristeza-.
A nosotros
también nos estrangularon
el corazón
sin contemplaciones
y el amor
todavía se pasea hoy con tacones altos
oliendo a tabaco
y se compra con billetes
de cincuenta.
(Así es la cosa, viejo perro.
Vaya un trago
por tus huesos).
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