Martes, 20 de enero de 2009



POEMAS DEL LIBRO:
LITURGIA DEL TIEMPO

 

               

                      POETAS MALDITOS

 

 

Un aire de autodestrucción y decadencia

desata el pensamiento en las tinieblas.

 

Baudelaire, la modernidad maldita. Los trapos

sucios de la moralidad prostibularia

y tu epitafio descarnado: -Yace aquí

quien por haber amado demasiado a las zorras,

descendió joven aún al reino de los topos-.

Nosotros, los -lisiados de la vida-, te llevaremos

las flores del mal a Montparnase,

tu eterno paraíso artificial de opio terrestre.

 

Verlaine, ¿qué has hecho tú, maldito entre los malditos?  

la bohemia te llenó de excesos

y de absenta hasta el amor pasional y el encierro.

Nostalgia y música por los versos de alma

simbolista. Místico insaciable,

se llenó de tu figura el Barrio Latino.

Saturno nunca protegió al Don Quijote del Parnaso.

 

Y tú, joven Rimbaud, bohemio

vagabundo, consumiendo tu vida de rebelde precoz

entre manifiestos comuneros y tu Verlaine,

protector y amante desairado. Asfixiándote

con el humo evasor y clandestino del Hotel Pimodán,

traficando carne humana por el África

dormida en la miseria, paseando

tu fatalidad sin redención

por el barco ebrio del infierno.

 

Aún tiembla el Paris decimonónico

con el espíritu de vuestros nombres oliendo

a escándalo y ajenjo.


                     EXILIO DE AZUCENAS PARA UN POETA  

 

 

Adónde vas sin tregua, Federico García Lorca

 

¿al inmortal ocaso

donde la tarde es un exilio de azucenas celestes?

¿donde el universo es una hambrienta paloma

que devora la sal?.

 

Tu boca nos responde

con un orgulloso latigazo de silencios

¿un desdeñable consuelo ante tanta demencia?

¿un prodigio de obstinación más allá de la muerte?

sin embargo nos acoges

con el corazón dolido de las horas más oscuras

y nos miras con tu mirar de mirlo enamorado

y jubiloso.

 

Olvida el sueño despojado

por una ceguera de cuchillos edificando calamidades,

no pretendas sembrar el odio

cuando el firmamento es estéril

y empaña la hospitalaria sala

donde declina el día. Sé siempre dichoso

desde cualquier cautividad en que te encuentres.

Solo pedimos

llevarte por esa noche hinchada de racimos

o un inquebrantable jazmín para apuntalar

el desguarnecido frío de la pureza,

adónde sino ese desorden de rimas

extraviadas por tus manos.

 

Desde aquí abajo se te ve un huérfano terrestre

pisando los astros de vistosas alas,

un halcón despreciando

el derroche perfecto de la aurora.


             ALEJANDRA   PIZARNIK

 

 

Apagaron las luces de una clínica

donde no sonaban melodías

por los barrotes de la razón,

solo el desorden de la fría niebla 

y el ardor innombrable de una droga

para traicionar el cuerpo.

 

Vienen náufragos con urgencia a tu ceremonia

y humedecen el hastío de tus alas

con suspiros de niña inquieta

y relojes de campanario.

 

Solo abrazas lava y cuchillos

como una mujer que no se avergüenza de morir.

 

Nadie más que tú va a estrechar la muerte.

Los suicidas no siempre mueren tan delicadamente

con las marcas del destino

descuidadas como flores en una caja de zapatos.

 

Como último acto

te plegaste a las fragancias de un precipicio

donde el silencio es una costumbre

por los rosados senderos de la mente.

El seconal cómplice

hizo la última mueca cruel a la vida.

 

Lejos de tu cuerpo mudo, hace frío.


                        BUKOWSKY

 

 

Bukowsky, viejo amigo,

nos veremos

en algún sórdido bar,

algún hipódromo

o cualquier burdel de triste vida

apestando a cerveza

y verás en que mediocres

nos hemos convertido,

-perdedores urbanos del alcohol

y la tristeza-.

A nosotros

también nos estrangularon

el corazón

sin contemplaciones

y el amor

todavía se pasea hoy con tacones altos

oliendo a tabaco

y se compra con billetes

de cincuenta.

(Así es la cosa, viejo perro.

Vaya un trago

por tus huesos).

 


Tags: FLORENTINO G.GABELA

Publicado por gala2 @ 4:25  | POEMAS
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