A LA HIJA MUERTA
(en recuerdo de tu hija Joan Margarit)
Joven te fuiste, no diré que llena de vida
¿o si lo estabas pequeña enjaulada?
Ahora que ha pasado el verano
no se apaga el dolor de la ausencia,
me duelen hasta las esquinas del alma.
Aun sueño que estás en tu cama
rodeada ahora de soledad,
gotas de lluvia sobre el mar
ahogándose una a una no sacian su sed,
recuerdos son de tu niñez y mi cuerpo el agua.
Imagino que me lleno de ti,
todo sigue igual, todo se diluye en la soledad.
AL POETA OLVIDADO
Sueñe el alma en las almenas
de la Estepa Castellana
que guerreros de corceles briosos
y ardor bravío la tierra reconquistan.
Sueñe el corazón herido
que inflama los muros que cobijan
la sabiduría de mujeres
que con armas no combatían.
Sueñe el viajero en estas tierras
que hielan los cuerpos
tuvo morada al abrigo del muro milenario
cuando el sol olvida Castilla
para mecerse en la tierra del infiel.
Sueñe la cigüeña con las tierras cálidas
del trópico encendido
que en las torres de románicas iglesias
encuentra refugio y abrigo.
Sueñe el Santo y cante
en la noche oscura del alma su pena
que esta tierra se olvida de que en Ella
nació un gran poeta.
AKER
A VITORIA
Pasan las horas,
los minutos ,los segundos,
el reloj de la catedral
tañe sin cesar,
un tibio rayo de sol
se filtra entre las torres
del casco medieval,
la ciudad despierta
de su letargo otoñal,
mujeres de ojos llorosos
caminan agachadas
entre las sombras y la claridad.
Amanece en Vitoria,
siglos de nostalgias
cubren las piedras
de tus calles empinadas,
recuerdos del pasado
surcan mi mente
en este lapso de tiempo
de un despertar doliente.
¡Que hermosos momentos
cuando la ciudad dormía eternamente!
¡Que grandes sueños en los lejanos
instantes cuando la luz del alba
tus campos teñía!.
Otoños de mi infancia,
tardes de mi niñez,
ocasos de mi adolescencia
en la tierra que nos vio nacer.
¡Cuan profundos fueron los sueños
que de rojo se cubrían en el atardecer!
Arcos ojivales de San Pedro,
cúpulas de san Miguel,
cuesta de San Vicente,
oscuridad en la catedral,
cantones empinados,
palacios renacentistas,
Florida romántica,
Senda arbolada,
María Inmaculada
envidia la vieja ciudad.
Desde tu antigua muralla
guardo con cariño
esas voces del niño
que en tus barrios industriales
forjaron los arrabales de la adolescencia
que guarda en tus entrañas
la historia de esta ciudad.
Soy profesora en un instituto de Vitoria, mi experiencia en la literatura es muy corta, este año he comenzado a escribir algo y espero seguir en ello pues he descubierto un mundo apasionante. En el mes de Octubre obtuve el premio de público en el III certamen de poesía de miedo que organiza la editorial Olifante con el poema “El Sacamantecas”
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