S?bado, 03 de enero de 2009

 

 Sforzinda De  Alfirieri

 

 

I

En una esquina observo una hilera de autos, a esta hora las calles empapadas de sol, mantienen el peso de nuestros pasos ansiosos, el aire es caliente y se introduce a los pulmones recalentándolos…

Espero los 10 minutos que recomendaste, el sudor comienza a hacerme cosquillas en la frente.

Tu auto aparece al fondo, se desplaza despacio, siguiendo el curso del ruido, la desesperación de los pilotos y el calor de los motores.

A lo lejos veo tus ojos, infranqueables primero, luego amables, cuando tu sonrisa aparece, tu candor me abraza y mi vida comienza a gorjear.

Subo al auto, el tiempo se adelgaza, tu voz se vuelve azúcar que se rocía en mis labios, me toma unos segundos hacerte la pregunta.

¿A cuántos siglos de distancia se percibe el reflejo malva que provoca el choque del centro del universo y la tundra de tus manos?

Otra vez la misma pregunta! Hace dos años de siglo te la conteste, acuérdate, estábamos junto al mar, cuando un bostezo me obligó a derramar una lágrima, el calor se apoderaba de nuestra piel y los colores se jerarquizaban en olas suaves con espuma milenaria.

Sujetaste mi mano y mis labios besaron tus dedos quemados por el mismo sol que ahora arremete.

Escuché todas las palabras, el silencio me detuvo en una palabra, cuál era ese mar; en mi mente el Bósforo llenó mi recuerdo, Rumeli o Anadolu, el Mármara, el Negro o el Egeo... Dejé escapar un suspiro imperceptible.

Mi visión era de asfalto, tu respirar se acomodó en mi pecho, cerré los ojos para no revelarte el lenguaje enigmático que se apoderó al decir la palabra Bogazici…

 

II

 

Bogazzziiiiiiiciiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii…!

Desperté sin aliento, me incorporé, la brisa del mar llegaba hasta mojar las cortinas del amplio cuarto donde se encontraba la recamara… mi pies tocaron el tapiz del turkestán.

La habitación era sobria, el lamento de un navío comercial rasgaba el silencio de mi voz. Me dirigí a la jofaina que se encontraba en una esquina, sentí el metal de la asa del cántaro… El contacto con la estructura de cobre derivó en el recuerdo de haber sujetado fuertemente otro metal hacía poco tiempo, el recuerdo se expandía y mi vacilación comenzaba. Vertí el líquido, me incliné hacia el agua y un fuerte dolor penetró en mi dorso… ¡El sable! 

Volví hacia la cama, me distrajo la forma en que acomodaste tus brazos antes de dormir, como si estuvieras saltando el dique de nuestros destinos, con la firmeza que te caracteriza cuando tomas decisiones, una pierna estirada y la otra flexionada, me imagino que yo estoy abajo tomando la mejor foto de tu salto, con los cabellos echados hacia delante ocultarían, seguramente el brillo de tus ojos por alcanzar el otro lado de las estrellas, tu respirar acompasado detuvo de pronto el ímpetu… tu rostro competía con el último resplandor de luna otoñal y mis manos aún mojadas se crisparon ante el dolor de tu ausencia…

 

III

 

Ausencia es también huída, viaje… Mi boca pronunció záfarrrr cuánta arena había en mis labios.

La palabra salió con torpeza, queda, me sorprendí hasta cierto punto de su aspereza cuando mis labios la pronunciaron…

Ausencia también es privación de alguien o de algo…No será la mayor ausencia el soñarnos despiertos y estériles de cualquier aprehensión…

El aire frío se acerca por detrás, escucho un dolor añejo que trepa como serpiente por la espalda, se aloja muy despacio atrás de mi corazón…

Observo el cielo estrellado por un rectángulo de la tienda de campaña, mi boca expele aire caliente… trato de acercarme más a tu cuerpo, mi mano izquierda alcanza tu vientre desnudo…la victoria por alcanzar un pedacito de ti suscita un gozo que baja con estrellas fugaces. El olor a estiércol de animales inquietos se propala por todos los puntos cardinales. Mi mano acaricia tu ombligo y mis dedos intentan penetrarlo, pronuncias palabras cortantes de una árabe legendario… Volteas súbitamente, me imagino tus ojos escondidos en la oscuridad, vigilantes del plisado de mi voz, me imagino tu nariz de bajada suave, me imagino tus labios de fruta madura…

 

IV

 

Los árboles apenas y sostenían las frutas maduras… Eran árboles de troncos completamente secos pero con ramas vigorosas, el sepia de la epidermis de los árboles cubría el bosque hasta la mitad, mirando de abajo hacia arriba, la otra mitad sobresalía el verde de ramas tupidas, las frutas parecía aceitunas que cuando se desbarataban producían una sustancia blanca que manchaba el suelo…

Desde lo alto parecía aquella arboleda un óleo que el artista, en su imaginación concibiera su vida como una gran refriega entre el recuerdo y vida futura, mi pensamiento llegó más lejos: ¿acaso el presente no es el fruto negro que cuando revienta derrama su jugo blanco para manchar el suelo invisible de una pasado seco y un futuro siempre verde de ramas tupidas?...

Mis pies caminaban en la orilla del camino, se escuchaba el comienzo de un vendaval, sentía el calor de la tierra y debajo de las uñas el polvo que se acumulaba con el paso de las estaciones.

Tus pies dejaban huella en el camino, marcabas los meandros por donde mis huellas te acompañan, dibujabas en el piso el gran tronco del linaje. Tu paso juicioso se detuvo…

Me observaste a los ojos y tu dedo índice señalaba el mapa de una nube de polvo, era el país de las estrellas, gritaste es el báladdddya no escuché tu voz, solo sentía que mis ojos eran de polvo y mi patria desierto…

 

  

V

 

El desierto de mi vida…

Decía un estribillo que como cinco voces al unísono pero disonantes cantaban, a veces  gritaban los hombres alrededor de la improvisada fogata.

Cuando discriminaba su canto, me quedaba con el rumor del océano infinito. Un susurro milenario como el de mi madre que me adormecía. En mi sopor te detenías frente a mí, observabas e interpretabas mis gestos, te acercas tanto que casi me besabas, siento el calor de tu piel en mis mejillas, tomas mis manos y las aprietas, escucho tu voz: el reflejo malva es solo una dimensión de nuestro hado…o en otros términos una yadddd de nuestro destino… te vuelves hacia mí, me besas pero tus labios están fríos. Despierto, la marea ha crecido, pronuncio tu nombre tan fuerte que mi voz es el rugido de un  mar precipitado.

La playa es un lugar que nos permite separar la vastedad de nuestros sueños y nuestro caminar de cangrejos…

 

VI

 

… Los cangrejos ermitaños y afines y los verdaderos cangrejos. Estos grupos distintos tienen un cuerpo muy parecido…

Escuchaba la voz del guía, éste se inclinaba, con su dedo indicaba las especies que se encontraban en el fondo del inmenso acuario. Observaba como los turistas de diferentes nacionalidades asentían… pero me encontraba lejos, muy lejos de ellos.

Tus manos sujetaban mi rostro, colocabas la toalla húmeda en mi nuca, sentía tus manos, sabía de tu cercanía. Tu voz se ensanchaba por el espacio, rebotaba en las paredes del universo y regresaba dando pequeños saltos hasta que caía en mi paladar. La debilidad comenzaba en la espina dorsal y se difundía hacía el pecho. Sentía que la presión desterraba a mi ombligo, pero el que me acariciara tu voz sosegaba al dolor.

Pronunciaste Sadïq, abre la boca, inmediatamente un sabor acibarado se expandió en toda la boca… como si un sable se introdujera lentamente en la garganta y atravesara hasta hacer pedazos la misma columna vertebral. En ese momento quebradizo, tu rostro borroso se hizo nítido, eras la de siempre: intangible a mis manos sin fuerza, insoluble a la tarea, indescifrable para con los demás, inestimable en tus acciones e impenetrable para lo exánime de mi condición. Tus ojos leyeron mis labios, tu respirar se detuvo cuando observaste el precipicio que nos separaba, la luna se turbaba y un silencio frío nos envolvía. Los dos solos, frente a frente, otra vez, como tantas veces, como tan pocas veces, cerca y lejos al mismo tiempo.

Todas las especies de cangrejo tienen sexos separados. Ocurre a menudo que el apareamiento sólo se produce cuando la hembra acaba de mudar su caparazón y el nuevo aún no se ha endurecido. Llevan los huevos en una bolsa de cría, y estos atraviesan dos fases larvarias antes de producir diminutas larvas, que nadan en el agua… Continuaba el guía explicando.

Aproximé las manos al cristal del acuario, mi frente fue enfriándose hasta que gritaste…

 


VII

 

 

 

S   a   m   s   ssssssssssssssssssssssssssssssssssss!…

Te escuchaba… Mis manos se tornaron calientes y mis ojos se cerraron por el reflejo del sol.

La colina no tenía demasiada pendiente, pero la arena no permitía el fluir de mis pensamientos, adelante entre brumas aparecía la ciudad santa, depositaria de todos los lamentos del rebaño.

Recorrer tu ciudad, es caminar sobre todas las veredas del universo… Detenerme en cada es      quina para esperarte es mi destino en la ciudad santa.  En cada esquina te presiento, escucho el ruido de tus pasos, el silencio que aflora de la insinuación de una sonrisa. Andar sobre la aceras de ésta es acariciar la orilla de tu piel, el refugio de tus brazos se convierte en el amparo de una sombra de un árbol y saborearte solo me es permitido a partir del agua de la fuente principal.

Llegar desde el norte de esta ciudad es callejear en los dedos de tus pies,  en estrechas pero suaves vías por la arena blanca del desierto. El sur es más complicado aunque bajar por las grandes avenidas plateadas de tus cabellos es admirar todo el comercio de la ciudad antigua.

En una esquina te encontré...

 

VIII

 

La ciudad se testimonia en cada esquina: ciudad de infinitos vértices, en cada arista se verifican incontables equilibrios, las tangentes se multiplican en las puntas imaginables de la ciudad, de esta manera todos los vértices sintetizan inventarios de soluciones humanas y no humanas. Aún más, si te encuentras en una esquina podrás mirar las avenidas principales en los ángulos rectos, las calles en ángulos obtusos y los atajos en los agudos. Cualquiera de los que escojas, cuando tu mirada los capte, observarás futuros enrevesados sobre una simetría de riesgos e incertidumbres. Esa es mi ciudad blanca, la de piel de alabastro… Pronunciaste mi nombre en lengua árabe. Mi madïna, mi hermosa madïna… pregunté, ¿me hablas de otra ciudad? Siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii!, contestaste. Sin dejarme hablar mencionaste: la ciudad del sol, la ciudad que se testimonia en cada acera: ciudad de una retícula inacabable, de calles donde se verifican incontables desequilibrios, tangentes que se reducen a su origen y su propio material termina expulsado de la ciudad, de tal forma que los orígenes sintetizan inventarios de problemas humanos y no humanos sin resolver. Aún más, si te detienes un momento cerca del origen de cualquier tangente pensarás que te estás imaginando las calles, las avenidas y los atajos. Si escoges alguno para captarlo mejor, observarás solo un pasado viejo sobre un tapiz de los riesgos e incertidumbres que se soslayaron. Esa es mi ciudad soleada, de piel sudorosa …

Pronuncié tu nombre en lengua árabe. Mi madïna, mi hermosa madïna

 


Palabras en árabe utilizadas:



Bogazici: Bosforo         
Sadïq: Hermano

Záfar: Viaje                 S a m s: Amigo

Bálad: País                   Madïna: Ciudad

Yad: Mano

 


Tags: José Ramón Ramírez Peña

Publicado por gala2 @ 3:03  | RELATANDO
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Publicado por Jessica Harp
Domingo, 29 de marzo de 2009 | 6:47
Hablar de tu poes?a es hablar de la sensibilidad y visi?n plasmados con una voluntad descriptiva; lo cotidiano se convierte en un acontecimiento,creo que ante los ojos de un buen poeta trascienden la mirada y la propia existencia que te lleva a una elevada capacidad po?tica.

Mi percepci?n hacia este hermoso poema es el descubrimiento de tu yo interno, escuchar la voz del alma del poeta, transmitiendo con pasi?n sus ra?ces,sentimientos,miedos y pasiones mismas que conllevan un torrente de imaginaci?n y originalidad enmarcando cada verso.

?s sorprendente y fant?stico la agilidad con la que manejas met?foras acertadas dentro de la narrativa. Asi mismo, resulta interesante la incorporaci?n de vocablos de otra lengua,remarcando con este juego de palabras el significado en s? de la palabra traida de otro idioma.

Eres sencillamente brillante, un poeta vanguardista con mucho futuro. ?En hora buena!