Mi?rcoles, 24 de diciembre de 2008

 

MI MADRE JULIANA BERROTARAN, MI AMATXO

 

 

 

Empiezo a escribir estas líneas al escuchar en la calle las primeras notas del “titi-biliti” por los “txilibitos”, indicio de que comienzan los preparativos de las fiestas patronales de Hondarribia. Dentro de mí hay sentimientos contradictorios. Por una parte está todo lo que tú nos has inculcado durante toda tu vida: la devoción a la Virgen de Guadalupe, la ilusión por el Alarde, las tradiciones… Por otra, la tristeza de tu ausencia porque ya no estarás más entre nosotros.

 

Recuerdo con cariño cómo desde que éramos muy pequeños nos contabas a toda la familia historias de tu Fuenterrabía, nos enseñabas a quererla, a sentir nostalgia por ella cuando nos encontrábamos lejos; la misma que tú sentías el año que no podíamos visitarla, sobre todo si faltábamos el día 8 de Setiembre. Y cómo, aunque no estuviéramos aquí, celebrábamos por todo lo alto ese día tan especial. Bien temprano sonaba la música del Alarde, la Salve a la Virgen de Guadalupe y 1cómo no! ... las consabidas lágrimas por estar lejos. La Salve por supuesto en euskera, aunque sólo lo supieras tú; pero la cantabas tú y nosotros los extremeños te acompañábamos también todos en euskera, ¡milagro!. Todavía me pregunto cómo nos salía. Llevabas cincuenta años fuera y el euskera que aprendiste de niña nunca se te olvidó. Si, cincuenta años fuera de Fuenterrabía desde que te casaste en 1942, por supuesto en el Santuario de Guadalupe a la sombra del Jaizkibel, con un extremeño y te fuiste a vivir a Badajoz hasta hace cuatro años que regresaste, como tú deseabas, a pasar tus últimos años en tu querida y añorada Hondarribia; de donde te has ido definitivamente hace unos meses.

 

Volviste para reencontrarte con tu familia, con tus cosas, tus amistades, tu lengua que nunca olvidaste. Sobre esto recuerdo de un modo especial cuando te enfadabas con nosotros, en esos momentos tus regañinas siempre eran en euskera: “sinsorga”, “simple arrayua”, “txonia”, “sakarra”, “beritxu”,

 

Tenias tan metidas dentro de ti tus vivencias de Fuenterrabía que, en ocasiones, comentábamos entre nosotros: “ya empieza mamá o abuela otra vez con Arkolla, las campanas  de  Fuenterrabía,  con  la  casa  de  la  calle  Mayor”…  Y  es que nos gustaba


oírte contar esas historias, nos sentíamos orgullosos, ¡pero es que nos las contabas tantas veces...! Ahora que venimos más aquí, ahora que soy más mayor, ahora que ya no estás tú entre nosotros físicamente, me siento más orgullosa aún de pertenecer yo también a toda esa historia.

 

Cuando nos hablabas de las campanas de Fuenterrabía nos decías con orgullo: “esas campanas las hizo mi abuelo Antonio Berrotarán”. Y así es, ciertamente, pues de las que se encuentran en la torre de la Parroquia de Santa María de la Asunción y del Manzano hay constancia de que hizo la denominada “Grande”; y en el Santuario de la Virgen de Guadalupe, en una de las dos existentes (que lleva la dedicatoria SANCTE JOSEPH PROTECTOR NOSTER ORA PRO NOBIS) puede leerse: “Por Antonio Berrotarán año 1881”. Pero sobre tu abuelo todavía nos contabas más cosas: que también hizo la fuente con la Virgen de Guadalupe que está junto al camino que baja a Jaizubia (fuente que anteriormente se encontraba entre los árboles de la explanada, al lado de las mesas de piedra, y cuya ubicación original reclamabas una y otra vez). Y la cruz de piedra que se encontraba en la campa, encima del Santuario, realizada con tres enormes bloques de piedra procedentes de la cantera denominada Arriestueta (cruz erigida el 31 de Diciembre de 1876 y demolida el 18 de Agosto de 1936) y cuyos restos todavía pueden verse en ese mismo lugar. También en Guadalupe realizó, tallándolas sobre la roca a base de martillo, las escaleras de 36 peldaños que bajan a la gruta de la Virgen.

 

Por cierto que con respecto a tu abuelo Antonio Berrotarán no hace mucho tiempo te comentó D. José Etxaide que durante las recientes obras efectuadas en el Santuario se había encontrado una talla en piedra cincelada por él, la cual estaba en la sacristía y pensaba enseñártela. Esta talla realizada en 1878 representa la Ascensión del Salvador a los Cielos y formaba parte del antiguo Calvario existente junto a la cruz de piedra. Recuerdo que, precisamente, el sábado anterior a tu fallecimiento nos acercamos a hacer la visita a la Virgen y te comentamos que podíamos ver esa imagen pero tú ese día te encontrabas cansada y lo dejamos para otra ocasión.

 

1Y qué decir de la calle Mayor! Era tu barrio, tus recuerdos de niñez y juventud, tu casa, la brecha,  la pasadera,  la Parroquia,  etc.  Tu casa,  con la  fachada en  ladrillo azul  y el


escudo de los Ladrón de Guevara, en cuya planta baja tu madre Marcela Urtizberea tenia una tienda de recuerdos (La Española) donde, entre diversos objetos, se vendían postales de Fuenterrabía; la mayoría hechas por tu padre Tiburcio Berrotarán, gran aficionado a la fotografla, muchas de las cuales permanecieron siempre contigo y ahora conservamos nosotros con cariño.

 

Y ya que ha salido el nombre de Marcela Urtizberea, tu madre, recuerdo con cuánta emoción hablabas de Arkolla y del caserío Marikiñ-enea, de donde ha sido y es toda la familia de tu madre. Pero Arkolla era también para ti la compañía del Alarde, portadora de la bandera de la ciudad. Bandera que es llevaba por la corporación municipal el día 15 de Agosto a la Parroquia, donde queda depositada hasta que el día 8 de Setiembre se entrega a la compañía de Arkolla para su participación en el Alarde. Todo esto que siendo muy pequeña veías desde el balcón de tu casa de la calle Mayor te quedó grabado tan intensamente, que cuando nos lo contabas a nosotros siempre te producía una gran emoción.

 

Era tal el amor que tenías por tu tierra que esa misma pasión hizo que aprendiéramos de ti a querer también a la nuestra, a Badajoz, en la que te sentías integrada; aunque siempre con nostalgia hacia Hondarribia. Veo nuestra casa de Badajoz, donde nada más abrir la puerta se veía en lugar preferente el escudo de armas de Fuenterrabía, presidiéndolo todo. ¡Y pobre del que preguntara por qué estaba ese escudo ahí! Porque no se iba de casa sin saber toda la historia de tu ciudad de Fuenterrrabía, de tu calle Mayor, de Arkolla, de la Virgen de Guadalupe… Ahora ese mismo escudo ocupa un lugar principal en nuestro txoko, aquí en Hondarribia.

 

… … … Y sigo teniendo sentimientos contradictorios. Quiero estar el día 8 de Setiembre en la calle Mayor, escuchar la Diana. Quiero estremecerme cuando oiga y vea los hacheros traspasar el arco de Santa María a los acordes de la marcha “Campamento Alarde”. Quiero… Pero no se sí podré hacerlo, tú ya no estás con nosotros.

 

Publicado en setiembre 1996  


Tags: GUADALUPE SERRANO

Publicado por gala2 @ 11:03  | RELATANDO
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