Lunes, 08 de diciembre de 2008

 

Ángela S. &  Patti S.




No puedo dejar de mirarlas. Ni quiero

Dejar de mirarlas, ahora que la poesía las ha unido como si ellas fueran dos canicas rodando por el mundo, una desde las enormes extensiones de América, la otra desde una ciudad muy pequeña donde muchas veces llueve.

 

Lo que la poesía ha unido, que no lo separe el hombre.

 

Una vivía vestida de cuero y cantaba canciones con un sombrero negro. Ella,

la del cabello del color de un puma.

Ella escribía asomada al puente colgante de Queensboro. Las luces de Long Island sobre el ocaso del East River brillaban cerca de su pelo de puma.

Ella soñaba con ser un dibujo de Picasso mientras tocaba una guitarra llamada Bob. Ella, la mujer temeraria como una motera del Bronx, era la gata parisina de Rimbaud, la que se dormía acariciando las plumas negras de su lomo de ángel caído.

Ella cruzaba cantando el océano, cantando y remando en una barca de siete remos, a la caída de la tarde sobre las siete lunas de Manhattan.

Ella que se creó y se devoró, ella se renació. Y vino a reposar su brazo de golondrina sobre la otra. Su mano de hielo seco.

 

La otra, la del cabello del color de una pantera más negra que una flor de Baudelaire, más negra que una garganta de Munch, más negra que la perla de Jack Sparrow.

Ella escribía en una pléyade de cuadernos, como si éstos fueran un laberinto de espejos, fragmentos expandidos por los parques de castaños, por los cafés parisinos, bajos las estrellas heladas.

Ella soñaba con ser una fuente de palabras, con ser un refugio de palabras, con ser un amparo de palabras, con ser un consuelo de palabras, mientras escribía sobre su propia piel. Su piel tan cálida.

Ella declamaba con su voz esculpida en roble, con su voz bajando entre los riscos, con su voz de mujer bandolera. Ella encendía una hoguera para darnos calor.

Ella que se imaginó y se fundó, ella que se erigió como un campanario para recibir a la golondrina, para tocar su escalofrío.

 

Siempre llega ese momento en que dos almas se encuentran. Aunque esas almas cobren la forma de dos mujeres desmelenadas. Una color de puma, otra color de pantera.

 

Yo no puedo dejar de mirarlas. Ni quiero.

 



Ángela S. & Patti S.


Tags: Patti Smith

Publicado por gala2 @ 11:37  | POEMAS DEDICADOS
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