EL ESPEJO ARRUGADO
No quiero hablar de mí. Sólo de un niño
que jugaba con trozos de cristales
con los que despistaba a los adultos
desde una ventana soleada.
O el que amaba la lluvia, y en los charcos
deformaba su imagen con un palo
al sabor de una época estancada.
No quiero hablar de mí. Y ese muchacho
que bebía cerveza en soledad,
y, al llegar a la casa con el alba,
abrazaba entre lágrimas la almohada
rogando a Dios que fuese una mujer.
No quiero hablar de mí. De ese hombre joven
que construye castillos de papel
con las manos manchadas con el vino
de los amigos, señas del cansancio
y el amor mercenario y que, ahora mismo,
estrena su mirada en el espejo
con el miedo de haberse traicionado.
Es un poema de Pelayo Fueyo, de su libro Poesía completa, Valencia Pre-Textos, 2008.
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