Viernes, 28 de noviembre de 2008

 

                                         Mujer: hado inmisericorde

 

                                     

 

Porque a pesar de todo el 25 de noviembre es memoria para recordar la violencia internacional del hombre contra la mujer, ahora que estamos en noviembre, mes de ánimas, mes donde desde antiguo se reza a los difuntos, también se escribe de ese mal añejo y feo de la violencia humana. Un noviembre que ya tiene la temprana alegría de la Navidad presente en las tiendas y en las calles, donde también siguen gozando los asesinos al ver la sangre de sus víctimas derramada. Manos de hombres nacidos de mujer.

Asesinos que delante del juez tienen amnesias. Hombres que dicen no recordar los hechos. Individuos que se amparan en el frágil sistema legislado. Y ante ese panorama de muerte disculpadas, yo me siento burlada. Impotente y engañada. Los lazos en las solapas de diferentes colores no remedían mucho, las campañas son tan débiles que no calan. Y las palabras huecas de sociólogos y políticos no devuelven la vida. La ciudadanía se dopa con palabras e imágenes perfectas en su ejecución, pero que no solucionan nada. La violación de los derechos humanos no es planteada dentro de las asociaciones, cuando difundirlos y conocerlos es lo inmediato.   Mujeres muertas en lo que va de año, ¿realmente importa?  ¿Cuantas?  ¿70 veces 7 ?  ¿Quien es capaz de ser buen matemático y decirnos el número exacto de mujeres maltratadas hoy en el mundo? ¿Quien se atreve a firmar un manifiesto asegurando que las leyes de todos los países del mundo, que conocemos, están pensadas para la igualdad de todos los seres humanos? ¿Y dónde reside la justicia y la moralidad de los que vuelven la cabeza hacia otro lado, cuando firmar tratados con aquellos gobiernos donde no se contemplan los derechos humanos de las mujeres, ni de nadie ? ¿Quien, hoy, se atreve a asegurar que fue Dios quien escribió los códigos religiosos, donde se lee que la mujer es inferior al hombre?  Acaso no se está demostrando que apenas si sabemos algo. Y que también la vida no es posible sin la función conjunta de hombre y mujer. No se puede negar que hay hechos asombrosos que nos plantean dudas acerca de la sabiduría humana. Y por ello rebuscamos los vestigios de seres inteligentes en las grandes pirámides de Gizeh, y en otras culturas donde se han encontrado dibujos y maquetas de aviones hace 10,000 años. Leyendas y misterios que no aseguran que la hegemonía del hombre se deba a su inteligencia, si no mas bien, a su soberbia y a su deseo de esclavizar amparándose en su propio ego.

Porque llamar hoy a los asesinatos de mujeres, violencia de género, es una forma de enmascarar el nombre propio del asesinato. Matar a una mujer es un asesinato, y al asesino no hay que concederle jamás la sombra de la duda de que lo es. Las desigualdad es una rémora que impide la justicia en el mundo. En nuestro mundo actual los medios de comunicación tienen un poder desmedido. Su valor en las transacciones es conocido y utilizado por las multinacionales. Esas sociedades mercantiles que son las que tienen la riqueza y el poder de nuestra globalizada sociedad.. Pero ante ese avance en los productos y en el consumo, se contempla el abandono en el cambio de la sociedad. Y así, asistimos impertérritos a tolerar y no denunciar a esas sociedades que todavía se rigen por leyes medievales. Los desajustes entre esas dos realidades no son casuales, son el fruto de que la sociedad humana es todavía una sociedad regida por los hombres en su gran mayoría, por lo que la violencia ejercida para con en la mujer, no es nada más que un atisbo de la fea y cruda realidad imperante. Los mensajes sociales y la sociología gubernamental encauzada a satisfacer a todos los sectores sociales, no podrá erradicar estos asesinatos, si antes, no se mira con lealtad y honradez la problemática actual. Los que emigran, de un país a otro país, no pueden cambiar de manera de ser y de pensar de la noche a la mañana. La mentalidad no es un traje que se pone y se quita según marca la moda, esta enmarcada y sujeta en una visión arraigada en la génesis de la persona, y mientras Occidente, o lo que es lo mismo nuestra civilización, no denuncie todo aquello que es trasgresión y acumulación de viejas tradiciones defendidas por algunas religiones y las leyes actuales, las muertes de mujeres continuaran. Todo lo demás son parches. Cuando una rueda se pincha lo mejor es cambiarla,  no es bueno ni seguro parchearla. La violencia sigue estando presente entre nosotros sin guerra declarada, pero es una guerra donde nos jugamos la ética y la integridad de un momento histórico. La exclusión social de la mujer en los organismos de poder de cualquier grupo social, evidencia, que la sociedad, la nuestra, no es tan avanzada como se nos quiere hacer ver. Morir, sin otra causa, que la de morir, por haber nacido mujer, es una degradación moral. Lo demás, se llame como se llame es cinismo y cobardía. 

                                                                                           

 

 


Tags: Natividad Cepeda

Publicado por gala2 @ 11:34  | POR UN MUNDO CON + POESIA
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