Lunes, 20 de octubre de 2008


María Zambrano,

consuelo, y...

pañuelo,

de Miguel Hernández,

en los duros adoquines de Madrid.

 

Ella,

sólo ella,

ella sola fue

el ángel que falta le hacía.

 

Su saber y delicadeza,

le hizo ver en Miguel,

a un poeta sin fronteras.

 

La Mallo,

comparada con María,

sólo fue un opaco espejo.

 


 


Tags: MIGÉ S. APARICIO

Publicado por gala2 @ 5:26  | POEMAS
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Comentarios
Publicado por PaxtelMat
Lunes, 20 de octubre de 2008 | 20:13
Hola, q tal??? Me gusta tu pagina. A mi me gusta mucho la poesia y encontre a un se?or q me gusta mucho, se llama Rafael Sarmentero y lo dejo a continuacion, a ver si os gusta. Ya me direis.

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Publicado por nombre
Jueves, 23 de octubre de 2008 | 21:50
Francamnte no lo entiendo???