María Zambrano,
consuelo, y...
pañuelo,
de Miguel Hernández,
en los duros adoquines de Madrid.
Ella,
sólo ella,
ella sola fue
el ángel que falta le hacía.
Su saber y delicadeza,
le hizo ver en Miguel,
a un poeta sin fronteras.
La Mallo,
comparada con María,
sólo fue un opaco espejo.
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