Mi?rcoles, 08 de octubre de 2008

 

                    LA NOCHE DE LOS CUENTOS

 

 

¿Puedo yo, François Villón, malviviente y proscrito,

saludar a las constelaciones desde mi soga

de ahorcado?.

 

Yo maté a los espías de las estrellas delatoras

al señor feudal de las tempestades

a los guerreros templarios de la Edad Media

tampoco niego haber matado a Nietzsche y a Kant

me entristecí por Pound y Genet

me conmovió Rilke

he amado a Rimbaud en el corazón de Paris

me emborraché con Dylan Thomas en las tabernas

de Gales

idolatré siempre a los malditos y alucinados

admiré a los metafísicos y surrealistas

a los que fueron precoces en su muerte

todos los versos alcohólicos de los bohemios

a los heterodoxos desde hace mil años

a todos los poetas suicidas de todos los siglos

a Maupassant en su manicomio,

he visto a Karyotakis disparándose al corazón

un verano de mil novecientos veintiocho,

a Lowry bajo su volcán en Cuernavaca

a Celan en el Sena, a Silvia Plath

seducida por el arte de morir a los treinta años

a Pavese el bello verano del cincuenta

¿acaso tendrá la muerte tus ojos, Pavese?.

 

Poetas de las pirámides

soñadores de las estrellas

el pájaro duerme.

Se acabó la noche de los cuentos.

 

 

 

            CAPÍTULO ANACRÓNICO PARA UN ADÁN LÍRICO  

 

 

Ya escribiste tu epopeya falsaria

y eres uno de los sobrevivientes en este umbral

de los siglos, un Fénix

que ha escrito su genealogía aferrado a su cruz lignaria,

el sicario maldito lapidándose enloquecido

entre las reliquias de los jerarcas

y un sicomoro espectro de un Egipto fúnebre.

 

¿Has tocado ya la esquila de los leprosos

o el cuerno de los faunos?

¿te has asomado a las balaustradas

donde Juan el Evangelista anunció el Apocalipsis?.

 

Caín no gozó el próspero paraíso

y se escondió bajo el helecho y la hojarasca.

Ya abriste los diminutos infiernos

en los que zumban los aguijones de los elegidos, pisaste

los erizos y musgos que poblaron los desiertos,

anidaste letárgicas malezas.

Todavía hay la misma hendidura bajo la tierra

y el tambor de ébano suena aún

sobre las lápidas de un campamento donde florecen

el roble sagrado y el hierro de las espadas.

El mismo séquito se alimenta en la oscuridad

de la misma lluvia

que ahuyentó a las alfareras del Éufrates.

 

¿Cómo se empuña un cuchillo

contra el humo rojo de la sangre?

¿bajo qué helados páramos

reposarán las vísceras de tanta hambrienta soledad?.

 

Ningún cautiverio será tan infame como ese refugio

con el aroma cortante del invierno

bajo la morada de tu propia desnudez.

Cuando el desconocido que duerme bajo las estatuas

encienda la lámpara 

con la llama de los alquimistas,

presérvate de la injuria

y de la arpía soberbia de la justicia,

en el bestiario idolatrado de los regentes

hay un decálogo

que se rompe con la fragilidad del barro, y no atiende

al intruso dios que contempló la luz primera

ni al fósil flamígero

que se asombró ante el primer ocaso.

 

Las saturnalias son crespones para el viejo imperio,

Heliogábalo sobrevive en el Tíber

y sus restos resucitarán

en las valvas de otra historia.

No crezcan tus alas

con el fraguado polvo de la maquinaciones,

no reposen sobre el precario vidrio deslumbrante

por la nevada,

a veces cimbra una esfinge hasta su derrumbe

y tiembla el claustro de los faraones

y los escorpiones de Isis

abonan el oro de las tumbas.

 

¿Qué esplendor,

qué rostros agraviados por la tristeza

se corromperán aún entre raíces

hasta hacer su metamorfosis y yacer, sin embargo,

en el túmulo profanado del colibrí?.

 

 

Libros publicados: Liturgia Del Tiempo (2006), Caballos Del Paraíso (2007), Últimas Devociones (2007), La Vida y Otros Agravios (2008). Editorial : Vision Libros.

 

 


Tags: FLORENTINO G. GABELA

Publicado por gala2 @ 6:31  | POEMAS
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