Mi?rcoles, 03 de septiembre de 2008

 

Nací con la piel rosada,
era piel de recibir caricias.
Era tan suave, tan abierta a la luz,
que distinguía cada mano,
cada labio que se acercaba.
El agua que me lavaba,
la crema que me nutría,
el aire feliz de mis pataleos,
el sol tibio de mi madre,
el hilo de la sábana,
el aliento dulce de las palabras.
El frío de la colonia,
el escozor de la orina,
la nocturna mirada desde los cielos,
cualquier rasguño leve.
Con la primera desollada  rodilla,
mi piel hizo una costra oscura.
Con el primer traspiés
me fabriqué una coraza,
una segunda piel que me asegure
que no sangraré si no es preciso.
¡Qué buen invento! me digo cada día,
si no fuera porque he olvidado aquellas sensaciones
de una piel rosada para recibir caricias
y porque además no me defiende del miedo.
 
                 mayo 07
 


Tags: BEGOÑA ABAD

Publicado por gala2 @ 4:26  | POEMAS
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios