Viernes, 22 de agosto de 2008

 

ENRIQUE LOUZADO MORIANO

 

Nace en Villanueva de la Sierra (Cáceres) el 24 de abril de 1933. Profesor Diplomado Auxiliar de Letras. Estudió en los seminarios de Coria y Cáceres, donde fue ordenado sacerdote en septiembre de 1958. Ha colaborado en las revistas “Alcántara”, “Alconetar”, “Lus Mundi”, “Valbón” y en el periódico “Extremadura”. Está en posesión de los siguientes galardones literarios: “Cereza de Oro” en la II “Fiesta del Cerezo en Flor” del Valle del Jerte. Primer Premio y Accésit en la 3ª edición del “Ruta de la Plata” - Premio García-Plata de Osma en Habla Popular. Ha publicado “Señales de los pasos”. Y tiene inéditos “Postales de urgencia”, “En la estación de Dios” y “Tu espiga crecida”. Figura en la obra “Cantores de la Virgen de la Montaña” del ensayista V. Gutiérrez Macias. Algunos de sus poemas se han traducido al  alemán  para una Antología de poesía española de los años 60 y 70. En la actualidad reside en Plasencia.

Louzado Moriano es un poeta sencillo y clásico a la vez que transmite lo que siente en bellas imágenes cargadas de realismo. 

                                                                                         

LLanto

 

Jui una madri cansina de esperanzas

con entrañas cansinas de deseos.

Esperanzas que al nacel ya se morían,

que los hijus al nacel ya nacían muertos.

Y no eran mis entrañas eriales,

ni la tierra e mi senara era desierto.

Era tierra jolgá, con mucha juerza

y en su punto conseguío de tempero.

Juerun muchos los hijus que yo truji

y de tos cuasi ya ninguno tengo,

que apenas de nacel ya galgueaban

a la busca del calol de otros alientos.

Desperté y dormí yo muchos solis

y regué con mi suol mucho pan negro

y esgarraron mis ojos muchos llantos

y el frío mi regazo jizu yelo,

que los hijus se ajuían de mi casa

y el hogar se ajogaba en el silencio.

Mi oficio era parilos, no gozalos,

que el gozu pa los probis no está jecho.

 

No sabían que en la entraña de los probis

también bulli un corazón en los adrentos.

Un corazón, que, porque está tallao

a golpis de martillo, como el jierro,

es capás de querel con tanta juerza

que lo esponjan los querelis más pequeños.

 

Cuántos hijos he parío, cuántos hijos,

y apenas de nacel ya estaban muertos.

Me quisieron consolal con las historias

de toas la jazañas que jicieron

al calol de los solis de otras tierras

y al amparo de los solis de otros cielos.

Pero a mí esas historias no me duermin,

ni calientan mis entrañas esos jechos.

Yo los quiero tenel junto a mi lumbri.

                             Que yo los he parío y a mis pechos

jicieron los primeros gorgoritos,

y yo jui quien veló su primel sueño.

No quiero más historias. No me duermin.

Son los hijos qu’he parío los que quiero.

 


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Publicado por gala2 @ 4:51  | POEMAS
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