LEVANTATE
Levántate maldita perenne justicia
que se me acaban las horas de la calma
que se me acaban las horas del gallo mudo
que se me acaban las horas del frío
que se me acaban las horas de la laguna lluviosa
que se me acaban las horas de la casita de campo perdida
que se me acaban las horas alcalinas
de los treinta y cinco días de encierro claustral
que se me acaban las horas del otoño
que se me acaban las horas de la luna compañera
que se me acaban las horas en plena tarde
de cada pedazo de tarde que se me ata
aprisionándome hasta los respiros que no son míos
mientras espero sin pestañear
quieto la aparición de la santa virgen del morbo
en la coqueta silueta de sus besos mentirosos
de sus besitos latinamente mentirosos
porque simplemente debo hacer tiempo
antes de iniciar la marcha
la larga y seca caminata que espera por mí
ahora tras de mí en la inutilidad sabida
antes de mover mis piernas
o antes de intentar mover mis piernas
hacia la sediciosa abrupta sonrisa
que de seguro me lanzará para creer en su regreso
y comiencen a caerse mis rodillas
después que se me extirpen sin remordimientos
los ojos que la vieron feliz en otra casita de campo perdida
el mentón de un sopetón al suelo por el frío
las orejas como pintor enloquecido
o la propia cabellera en medio del lavamanos
frente al mismo espejo que me escupió la torpeza
por las mejillas que alguna vez me ruborizaron el alma
en medio de la nada
cuando todos los demás emblanquecieron
de pena por este insensato creyente
de angustias y rituales en soledad escéptica
como cuando bailé La Consentida
mientras lloraba el llanto de todas las penas mías
por tus partidas.
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