Siento tus ojos cómo se dirigen al lado triste de la acera
El sonido del tráfico bajo el manto opaco de la lluvia
Los zapátos húmedos
Siento tu mano sostener el paraguas y la otra una carpeta de hojas desordenadas
El paso es tranquilo
El que esquiva huecos encharcados
El que esquiva personas resguardadas en balcones intermitentes
El que traza el ritmo pausado de los pensamientos que no ven
Que sólo sienten
Siento tu rostro inexpresivo de estatua de cera
Las farolas encendidas observan tu pies siguiendo un melodioso ritmo en cada zancada
Tardan en iluminarse
Más que en mostrarse ocultos bajo el resguardo de tu sombra
Siento tus dedos frescos de manos transparentes
Tu camisa de cuello ancho y botones de nácar
La chaqueta negra abriga una sensación de vacío
Los pantalones cubren piernas largas y de tropiezos marcadas
Siento tu nariz fresca que une pómulos de color rosado
Tus cejas francas y largas pestañas
Tus orejas diminutas sin saber de sonidos de tormentas de primavera
Tu barbilla enjuta y barba descuidada
Siento tu corazón latir pausado
Como tambores
De una procesión de semana santa
Como el ruido
Constante del martillo sobre rejas de hierro
Siento tus llaves en la mano abriendo un portal
Siento tu sonrisa dibujar tu cara
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