De frágil luz
encubierta la tarde
bajo
la sombra
azulada
de los tilos
transcurría la infancia.
Qué cierta
y qué fugaz
la vida... entonces.
Su apacible reflejo
desplegado en tu espalda,
la frescura del aire
repetida en los niños.
Vestida la tarde
con
tu
sola presencia
y la paz instaurada de tu
voz
poderosa
llamándome a gritos.
Del libro Epitafio de primavera, Prólogo de Aurelio González Ovies, Oviedo, Hesperya, 2008 (información en
http://edicioneshesperya.wordpress.com).
Tags: Víctor García Mendez
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