S?bado, 21 de junio de 2008


II CERTAMEN DE RELATO BREVE 2008 Artesanías Literarias
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GANADORA YOSE ALVAREZ-MESA (España)



ME HAN DICHO


Me han dicho que lo cuente. Pero las palabras se resisten a salir de su encierro, adormiladas como están tras años hibernando debajo de las piedras con las que sepulté sus cuerpos infantiles.

A veces visito aquellas catacumbas de atardeceres mudos, con la insana intención de fustigar mis culpas y mis resentimientos. A veces hasta puedo percibir el tiempo deambulando por los cuerpos inertes, arañando la piel con su garra enguantada. A veces la traición se me aparece contoneando sus caderas entre la cadenciosa melodía de la impunidad. Y hasta veo pasar la dama con guadaña soplando nubes púrpura sobre los arrecifes donde perdí mi océano.

Me han dicho que lo cuente. Y una parte de mí lo necesita. Necesita purgar la mala sangre, envenenada y turbia, podrida de congojas, convertida en arenisca negruzca y áspera que desgarra la memoria en cada pulso. Pero de qué me servirá deshacerme de un peso si luego tendré que cargar con otro mayor, el de expiar mi culpa.

Cómo decir que escondo la mirada culpable del cobarde tras silencios de plomo, que los párpados huidizos se esconden a su vez de los ojos del mundo detrás de densos bosques de abandono y renuncias. Lunas negras ruidosas me asaltan en la noche clavándome sus dardos de sensaciones rotas. Escapo de la luz, y las tinieblas me cubren lentamente con sus punzadas frías.

Ahogo los gritos de la garganta ajena en mi propia garganta, donde los alerones del arrepentimiento han surcado los hálitos dolientes, hasta formar estrías que acumulan los restos del tiempo que pasaba por allí. Y en este deambular por las marismas de mi desasosiego, no consigo asumir la carga de tanta iniquidad.

Charcos de fango espeso alfombran mis pisadas beodas, y me quedo enterrado en el preciso instante en que hundí la daga en el pecho inocente. Y es posible que el instinto de supervivencia dirija el subconsciente que encadena mis pies a la locura, y a la vez la consciencia me impide enloquecer.

La vida continua atada a mi camisa, sin soltarme ni asirme, ni adueñarse de mis circunstancias, ni llenarme la piel de atardeceres que no tengan pretérito. En algún lugar descansa en paz la calma, amortajada con la sangre de los días maltrechos, con el último aliento que se llevó la brisa de la sinrazón.

Me han dicho que lo cuente, que excarcele el secreto de un pecado inconfeso para el que no hay perdón. Para que el aire impío le devuelva su forma más humana, y recorra otros tímpanos, y llene otros espacios que no sean el penoso recinto donde vago en silencio.

Me lo han dicho las voces que viven en mi oído, las que nunca descansan, las que siempre definen todo cuanto no entiendo. Me lo han dicho cansadas de fustigarme el alma, de retorcerme el gesto, de abrirme las heridas que el tiempo va cerrando.

Y yo sé que esas voces son mi propia conciencia esclava de mis miedos, hastiada de mis lágrimas, rebelde a mis lamentos, asqueada de mi oscura existencia. Y ante mi sumisión total al ostracismo, me dice que lo cuente, me susurra al oído su eterna perorata, cuéntalo, cuéntalo, sólo así serás libre.

Sin embargo otro miedo me paraliza más que el peso de mi culpa: el miedo a la vergüenza, a la desnudez pública, a sentirme exhibido en un escaparate de cristal biselado ante las insaciables bocas que pedirán mi sangre.

Y mi sangre es tan solo la de un sucio cobarde que un día lo fue aún más. Mi sangre es calderilla caída del bolsillo que nadie se molesta en recoger del suelo. Los días se me enredan en la soga que cuelga bajo el techo, y me enclaustro en mi guarida de fiera acorralada, me entrego al desespero con la actitud del ciego a lo intangible.

Me han dicho que lo cuente, como si fuera fácil expulsar de uno mismo las náuseas afiladas que pueblan el estómago, como si tras el daño quedásemos indemnes. Nadie va a devolverme las mañanas de cegadores brillos, o cambiarlas por estas tempestades de sombríos presagios. Nadie se dormirá en mi abrazo enflaquecido, sin fuerzas ya para albergar las noches.

En los oscuros laberintos donde oculto mi herida, una espuma salada va abriéndose camino, emisaria del infierno que viene a por mí, anegando el espacio, llenándolo de imágenes repetidas mil veces, conspirando contra mi inconsistencia.

Las costas del escrúpulo se quedaron desnudas, laceradas y rotas, la entraña a la intemperie corrosiva del mar. Y en el fondo de todo lo que escuece perviven los rencores, adúlteros y cínicos, que provocan el vómito perpetuo e incisivo sobre la voluntad.

Así soy yo, un cerco lleno a reventar de pánico, consciente de su crimen, horrorizado por unas consecuencias que no pudo prever. Me dicen que lo cuente para quitarme un peso, pero el peso no existe, más bien la gravedad. Sólo existen los ojos de mirada azulada que no entienden mi gesto, no comprenden los límites, no me dejan pasar.

No tengo vida propia, pues vivo en el latido que se rompió en silencio, vivo en ese silencio que pretendo olvidar, vivo en la pesadumbre que gangrena mis labios.

Me han dicho que lo cuente. Mañana, tal vez. Tal vez lo haga mañana

 


Comentario del relato ganador:

Apreciada escritora:
Usando sus palabras: usted también me sorprendió muy gratamente.
En esta oportunidad, más personal que mi anterior mensaje, deseo hacerle llegar mis felicitaciones en carácter de Miembro del Jurado del Certámen de Artesanías Literarias.
Le comento que, desde el momento en que llegó a mis manos y di la primera lectura a Me han dicho, quedó seleccionado para estar en ese primer puesto. Posteriormente algunas idas y venidas entre jurados, pero siempre el texto, comparado a lo que iba leyendo, permaneció para mí como candidato al ese merecido lugar que obtuvo finalmente. Creo que un lector aguzado tiene la capacidad de ir desglosando críticas personales, sociales y hasta universales a partir de un texto, digamos como el suyo; eso, independientemente de que lo consideré único entre todos los que se presentaron, primeramente, por considerarlo monólogo interior y la mayoría de los participantes enviaron cuentos que, en verdad, es un género específico al que finalmente la narrativa incluye de cierta menera, pero no es a lo que estábamos convocando. Un monólogo fína y poéticamente hilado de principio a fin con buena introducción y un final impredecible aparte del buen dominio de la ortografía y su sintaxis impecable. Ese panorama que crea el narrador utilizando un tema escabroso, por cierto, el asesino inconfeso que lucha no sólo con la culpa, sino con algo peor: la vergüenza. Un crimen que apunta a cuerpos infantiles y en que aparece implicada la traición de alguien; una mujer?, un hombre tal vez?, chi lo sa!. Un texto con fuerza y enjundia, que deja al lector en un sondeo del drama en que la culpa es la verdadera protagonista, y en el que el autor se vale de una prosa poética bastante bien lograda, exceptuando el primer párrafo que considero algo débil en lo que a atractivo textual se refiere (no así al enganche al texto), en comparación con casi todo el resto del trabajo. Nada! un círculo casi perfecto que deviene un ingrediente capaz de conducir al lector 'prendido' hasta el final.
En fin, nuevamente mis felicitaciones y un abrazo,

María Eugenia Caseiro

 


Tags: Yose Alvarez

Publicado por gala2 @ 4:22  | RECONOCIMIENTOS PREMIOS
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