Jueves, 15 de mayo de 2008

 

R: Cierto. Siempre con la misma cantinela: igualdad. No se cansan de repetirlo. Me pitan los oídos de tanta sandez, pero ¿crees que saben quiénes fueron y qué hicieron Marie Curie, Rosa Luxemburg, Melanie Klein u Olga Orozco?
B: Sin duda, no.
R: Sin embargo, ya puedes apostarte lo que quieras a que saben quienes son Madonna, Nikole Kidman, Jennifer Lopez, Cayetana Guillén Cuervo, Leonor Watling, el engendro ese de Amy Winehouse...
B: Seguro, seguro. De ellas te podrán desde la fecha de cumpleaños hasta la crema facial que usan.
R: Sarah Jessica Parker, Julia Roberts o Penélope Cruz.
B: Perfecto. Claro como el agua.
R: De hecho, podrás admitir que muchas de esas mujeres, de esas que se jactan de liberadas y modernitas, se esfuerzan por imitarlas, las toman como canon, copian sus valores e intentan remedar el estilo de vida que éstas cutredivas les venden en sus programas integrales.
B: Por supuesto. Desde la ropa que deben vestir, subraya el deben, hasta la pechos que deben tener o el tamaño de los labios menores.
R: Es evidente, por tanto, que estas... divas, entre comillas, ejercerán un modelado profundo y duradero en su personalidad e, incluso, sobre esa estupidez burguesa que recibe el nombre de espíritu del pueblo, en cursiva, en tanto que forman parte de él. Es una influencia perniciosa que las denigra y, dicho de sea de paso, las androginiza.
B: Está muy claro: La mujer competitiva que hace frente al hombre y derrota la falocracia.
R: Y he ahí la primera gran contradicción. Es decir, y creo que esto ya lo hemos comentado, que toda esa letanía de la santificación del trabajo, la productividad, la identificación y justificación ontológica de la persona con su rol de objeto productivo, esto último ponlo en cursiva, en fin, que toda esta historia no es más que una abstracción decimonónica creada por hombres de mentalidad decimonónica y apañada en la actualidad para servir de coartada ideológica al sistema neocapitalista. En tres palabras: economía política neoconservadora.
B: Efectivamente. Da pena pensar en cómo, bajo el ideologema de una supuesta liberación de las fuerzas productivas, la mujer se ha transformado en una miserable parodia de hombre insatisfecho, sacrificando así, llámame idealista si quieres, aquéllas que justamente eran sus mejores virtudes. Ahora, cuando las miro, no puedo dejar de percibir un vació; no pudo dejar de sentir que han perdido su capacidad de amar, que se han cosificado hasta un punto de no retorno en el que la máxima aspiración, su máxima aspiración, es encontrar un trabajo que les permita pagar el mismo coche que las ha de llevar hasta ese trabajo, sin olvidar la casa que les permita seguir siendo eficientemente productivas. Me da la impresión de que ya solo guardan algo de amor por los objetos... Es exactamente igual de obsceno que ver a un hombre acariciando su coche, salvo que ahora también es la mano de ellas la que se desliza por la palanca de cambios. Cuando lo cierto es que todo ese rollo del trabajo no es más que una mentira, otra más; y que si le quitas a la mujer aquello que la diferenciaba y privilegiaba sólo queda un hombre castrado. Ya sabes: los negocios son la guerra.
R: Sí, de acuerdo; pero creo que no solo guardan algo de amor por los objetos, también, al igual que los hombres, ahora aman la muerte y la destrucción, algo que, bien pensado, no es más que la otra cara del objeto. Por lo demás, ningún tabú más grande en la sociedad biempensante, eficiente y productiva, que hablar de superioridad masculina; porque, si no recuerdo mal, los hombres no se pueden quedar preñados y etcétera. Ahora bien, esto ya no es un problema puesto que ni siquiera les importa la educación de sus hijos: tienen los hijos no para amarlos, educarlos y hacer de ellos unas personas, unas personas libres y responsables de sus actos, sino para realizarse como mujeres. Es decir, por simple y puro egoísmo. Los paren y acto seguido, avaladas por el estado, los mandan a la guardería para seguir trabajando y poder para pagar la hipoteca, su ropa y las letras de los dos coches. Tienen algo de caballeros feudales ¿no crees? No, esa no, la negra, la de dieciocho años, esa... Y no te atrevas a insinuar el penoso papel femenino durante esta última década... Ministras posando para revistas de moda junto con artistas de la o en los guaquetes del Cosmopolitan...
B: ¿En la última década? ¿Y la Thatcher qué? ¿Y Eva Perón qué? ¿Qué me dices de esos marimachos que combinan la sensiblería de una niña de ocho años con la perfidia y la maldad de una Lady Mcbeth?... Pero ellas siempre están libres de cargos, son mujeres y nuestra sociedad sigue siendo igual de machista que hace un siglo, sólo que de un modo invisible y, por tanto, más eficaz. Y si se te ocurre decir que una de esas artistas, en cursiva y entrecomillado, una de esas borregas que no se cansa de explotar una feminidad de anuncio de perfume, es mala por el mismo hecho de querer ser tan mujer, por no saber despegarse un solo milímetro de su condición para intentar ver que hay más allá, entonces estás acabado. Puedes ir haciendo las maletas y buscándote una universidad en Méjico en la que nadie haya oído hablar de ti.
R: Sí, si osas decirlo serás condenado. Te pondrán el sambenito de machista y ahí se acabo tú historia. Ninguna de ellas, las mismas que pueden criticar el cine de John Ford por machista, ignorando, por supuesto, la labor que éste realizó durante la segunda guerra mundial, bueno, pues ninguna de ellas va a salir a defenderte. Es más, puedes apostar a que irán a por ti... No sé si sabrás, por cierto, que a Harold Bloom las feministas le montaron el numerito en Yale para exigir que dejara de enseñar a Borges; al parecer juzgaron que su literatura era machista. Y eso por hacerles leer Ficciones, no te quiero decir nada si al bueno de Harold se le ocurre decir algo de Henry Miller. Hoy en día la estupidez ha llegado a un grado de encumbramiento tal, que si te ocurre decir algo a favor de un Miller o un Platón, ya puedes ir reservando vuelo.
B: Puedes apostar que para ir al infierno.
R: Pero para un momento y piensa en el papel creativo de la mujer en las cuatro últimas décadas. Cuatro décadas de liberación, entre comillas y en cursiva, y ¿qué nos han dejado las mujeres?
B: ¿Te refieres a María de la Pau Janer o Lucía Etxeberría?
R: No exactamente, pero también valdría pues yo soy de los que sigue pensando que los mejores retratos femeninos, junto con los de Jean Austen, son los de Flaubert y Proust... Yo pensaba en la música, porque es innegable que al menos en la música existe una igualdad de oportunidades para ambos sexos, y, por lo tanto, si realmente hubiera una igualdad de genio, de talento, la situación sería paritaria. Y bueno, yo soy el primero en quitarme el sombrero y postrarme de hinojos ante una Martha Argerich, una Argerich que posiblemente sea una absoluta desconocida para el noventa y nueve por ciento de las mujeres supuestamente liberadas, ¿por qué?, pues porque ellas prefieren a Chambao y chorradas por el estilo; no, no les hables de Birgitt Nilsson, bien las veo bostezar, háblales de monigotes sexuales que más que nada parecen burdas prostitutas de carretera, háblales de Shakira y Beyonce. Háblales de títeres que sólo se dedican a explotar una libido masculina. Obscenos productos, sin comillas, de multinacional.
B: Lo mismo se podría decir de la dirección cinematográfica, la literatura o las aptitudes culinarias.
R: Sí. Pero en este caso me refiero a la música; luego, si quieres, lo examinemos desde otra perspectiva. ¿Ha quedado claro?
B: Perfectamente, pero has de tener en cuenta que ellas argumentaran que la liberación aún no se ha completado.
R: Sí, es cierto, y después analizaremos cuánta verdad puede haber en tal afirmación, pero antes responde a esta pregunta: ¿Podemos observar un dominio aplastante del hombre en el dominio de la música?
B: Sí. Una supremacía demoledora. Sólo un ignorante podría afirmar lo contrario.
R: Veámoslo más en detalle. A ver, a ti te gusta el jazz... pero dime, ¿cuántas grandes instrumentistas de jazz conoces?
B: ¿Instrumentistas?, mmm... Sólo me viene Carla Bley.
R: Sí, efectivamente, la proporción es mínima, minúscula, sencillamente irrisoria.
B: Me cago en... toda la historia, con mayúscula, encerradas en la cocina y no saben ni cocinar. Tuvimos que ser nosotros quienes desarrolláramos la nutrición y toda esa pijada.
R: No, las mujeres no saben interpretar ni componer. No les interesa. No compares a Johnny con su hija.
B: Una enchufada.
R: Y lo mismo pasa en la contemporánea o la electrónica, dime tú cuántas Brian Enos conoces.
B: Sin embargo, te recuerdo que en el ámbito de la música pop si existe una simetría, incluso un dominio femenino. No tienes más que consultar las listas de ventas.
R: Pero querido amigo, acércame la cubitera y ponte cómodo por que ahora llegamos al quid de la cuestión. Por una parte esto que afirmas, y que es indiscutiblemente cierto, demuestra que tanto hombres como mujeres pueden dedicarse a la música, entrecomillas, en igualdad de condiciones. Pero por la otra, ¿de verdad podemos considerar música al pop, mancillar tan sublime arte con tan horrible demostración de mal gusto, superficialidad, torpeza, y en fin, vitanda panoplia de despropósitos encontrados en el fondo del retrete? ¿De verdad crees que ese espectáculo adolescente e idiotizante que se traen entre manos los mass media, MTV a la cabeza, que ese sutil pero perverso lavado de cerebro que representan U2, REM o Bruce Springsteen, entre otros, y no los peores, es homologable a Bach o Beethoven?
B: No. Es cierto. Ja, ja, ja. Sólo un sordo podría decir tal estupidez.
R: Sí. Je, je. Sólo un retrasado.
B: Me haces cosquillas. Ja, ja, ja...
R: Sí. Je. je... Música para retrasados. Música que una vez caído el sueño de la ilustración predica tinieblas e irracionalidad, ya sabes, sigue tus impulsos: Compra. Pásame la botella, por favor.
B: Toma. Sin duda es a esto a lo que se deben de referir con paridad: Todos, mujeres y hombres, debemos tener el mismo derecho a generar cuanta basura nos plazca, a expresarnos aunque no tengamos nada que decir, a ocupar el puesto de los mejor dotados y más preparados, a hacer que muchos músicos excelentes y de estro (observo la doble acepción del sustantivo) indómito tengan que mendigar mientras Shakira cobra un pastón por cada gala televisada a la que acude con su playback.
R: Dinero del estado, del atontado contribuyente que le toca las palmas.
B: Demencial tío. Con los putos impuestos.
B: Luego se quejan del precio de la gasolina y las guerras y bla, bla, bla.
R: Qué se jodan.
B: Qué se mueran de cáncer de pulmón.
R: Qué por misericordia alguien les conecte sus tubos de escape cromados a sus narices remodeladas.
B: Vamos a ir al infierno.
R: Sí. Je, je.
B: Pero lo que ya me rompe es lo de la moda, sin cursiva, moda contra los malos tratos.
R: Joder, no me extraña, es una cortadura de meada.
B: Hay canciones y todo. Auténticos pelotazos pop anunciados en TV. Ya sabes.
R: Imposible mantenerse a salvo de tal maremoto séptico.
B: ¿Y dónde están ellas dentro de toda esa historia? En el supermercado. Comprándose los discos. Dispuestas a denunciar cualquier desliz de tu mano; la más pequeña carantoña o halago y te meten un paquete que te dan ganas de hacerte transexual...
R: Es justo lo que pienso, joder, yo no digo que esté bien dejarlas KO o violarlas, pero hasta cierto punto es algo natural que un día se te vaya un poco la mano... Ahora, después de haber asumido el rol del hombre, quieren exterminar la violencia, la lucha, la crueldad, como si esta no fuera parte de la naturaleza, como si el hombre no hubiera hecho gala de ellas durante milenios o como si ellas mismas no la ejercieran en la actualidad; seamos serios, siempre habrá desgraciados que la ejerciten e imbéciles que consientan su ejercicio. Los malos tratos no nacen de un día para otro, si ellas mismas eligieron a esos tipos violentos no sé de que se extrañan cuando éstos atraviesan la puerta del salón con el cuchillo de cocina en la mano; que se lo hubieran pensado un poquito mejor, que hubieran re-fle-xio-na-do antes de pasar a compartir cama, sin que nadie las obligara, con cualquiera de esos animales. Pero el rumbo que está tomado este asunto ya huele a revanchismo e incapacidad, subraya incapacidad, para afrontar los propios errores. Tan faltas de humanidad como los maltratadores no dudan en pedir la cabeza de los asesinos, quieren y exigen castigo, con mayúscula, castigo. Como si el castigo fuera la solución. Como si pudiera haber castigo y enmienda sin contrición... en fin: ridículo. Y se niegan a admitir, por no decir que sean incapaces de pensar, que la violencia pueda ser, en parte, el resultado de un modelo social que la fomenta en aras de la sacrosanta productividad, estafando diariamente a miles de millones de personas mientras vende el sexo y la violencia como signos de éxito y triunfo social. No pueden hacerlo porque ahora ellas también quieren ser productivas y han quedado atrapadas en este nudo gordiano. Por lo demás, ha llegado un punto en que si les das una palmadita en el culo posiblemente te saquen los ojos y luego te pongan una denuncia y te jodan la vida; las muestras de cariño han de quedar excluidas de las relaciones laborales y a ser posible también del mundo.
B: Es lógico. Un mal día, el metro atestado, los de salud mental que se niegan a darte el cheque, la niña que se ha hecho un piercing y... ¿Te lo puedes creer?, el garrulo con el que está se la folla en su cuarto. Sí. Ten niños para esto, para que luego acaben acostándose con el primer subnormal al que conocen y tú no les puedas dar ni un triste cachete por miedo a que te empapelen.
R: Vamos, que no se te puede ir la mano ni un centímetro. Acércame el cenicero. Es alienante, joder. No puedes ni darles un buena bofetada o rozarles un poquito el culo cuando vas en el metro. ¿Tanto les cuesta? No sé, es el cuerpo, yo no hablo de violación mental o torturas psicológicas... Todo ese rollo de la liberación es una patraña, mira lo que pasó con el Sida.
B: Hablando de Sida: en Sudáfrica muchas mujeres se quedan embrazadas por violación y no están traumatizadas ni todas esas mierdas cógnitotrinitodepresivas.
R: Sí. Sé de lo que hablas. También lo he leído. Y te diré algo: muchas de ellas se casan con el tipo que las violó a punta de navaja entre las ruinas de algún descampado, tienen juntos un montón de negritos y ellas los quieren y hasta se ponen tristes cada vez que encierran a sus maridos una temporadita por haber violado a alguna otra.
B: La clave es no hacer un problema de lo que no lo es. Muchas de esas mujeres afirman que aquella violación fue lo mejor que les ha ocurrido.
R: Suele pasar.
B: Sí. Ja, ja, ja... Pero la mujer competitiva, andrógina, auto barra suficiente, más creativa que el anacrónico y obsoleto macho barra alfa, tiene cantidad de mierda psíquica en su hidratada cabeza y enseguida hace un problema de una gota de agua y no se deja rozar nada. Tienen tanta tecnología blanda de control, subráyalo todo, en sus cerebros que ahora se ven constantemente asaltadas por ridículas dudas; ya no saben si te quieren o no, si deben follar y ser agresivas y dominantes, o tímidas y recatadas... Muchas incluso se plantean las relaciones afectivas como una maldita inversión, en términos de costes y beneficios, miran qué es lo que van a salir ganando y qué es lo que van a tener que sacrificar, y si no les salen las cuentas y tienen que sacrificar cualquiera de esas chorradas que les han vendido en el Telva como, por ejemplo, su independencia, entre comillas y en cursiva, ya puedes ir sacando el pañuelo. No quieren entender que una relación monógama es ante todo un sacrificio y una represión (refoulement). Permíteme que me explaye con esto; mi mujer y mi hija leen ese tipo de revistas, sé de lo que hablo y te diré algo: creo que los medios, aprovechándose de la debilidad mental de las mujeres, ejercen una presión brutal sobre ellas. Observa por un momento el canon de belleza femenina imperante. No sólo es inalcanzable sino que es irreal. Es falso. Es una imagen grotescamente retocada y deforme: Pamela Anderson. Mujeres liposuccionadas que se trasvasan la grasa de la cintura al culo para darle volumen, que se operan los pechos y al día siguiente ya se siente más seguras, que se recortan los labios menores y la vulva para parecerse a las actrices porno. A eso hemos llegado. A la reificación total del cuerpo. A una sacralización superoficial de la superficialidad. Y ¿sabes qué? Creo que la mayoría de ellas, ministras incluidas, ni siquiera se sienten a gusto con sus cuerpos, se miran al espejo y a pesar de ser hermosas se deprimen porque inconscientemente se comparan con todas esas zorritas de portada. No entienden que tal y como la naturaleza las hizo ya son absolutamente perfectas, no entienden que ese canon de belleza y todas las pamplinas que les venden en esas revistas son una enorme mentira. Y pasando por alto lo que esta mentira oculta, parecen no querer saber que esas revistas dependen de la industria de la moda y los cosméticos hasta el punto de que jamás serán capaces de decir nada en contra de ellas... Luego se miran al espejo y se sienten acomplejadas porque no se parecen a la chica de la portada. Bravo por ellas y su emancipación. Bravo por todas y cada una de las feministas de Sexo en Nueva York. Larga vida al botox. Pero quizás no estaría de más que alguien les dijera y les subrayara que con su actitud transforman todo ese rollo de la liberación en una farsa para vender cosméticos y a ellas mismas en un chiste sin gracia.
R: Se ha escrito mucho al respecto. ¿Otro?
B: Doble y con un hielo. Eso es parte del problema; la era de la sobredesinformación subsume a los hombres y, especialmente, a las mujeres, en un maremagno de necesidades, en cursiva y entrecomillas, y aspiraciones, solo entre comillas, básicamente incompatibles.
R: Y ya no puedes ni darles una galletita de vez en cuando o frotarte distraídamente en el ascensor porque enseguida te sueltan de memorieta toda la homilía de la igualdad, el moving, los malos tratos, el progreso...
B: Un rollo.
R: Lo único que sabemos es que la violación no ocurre necesariamente para mal, ni es necesariamente traumática...
B: Ah, claro, eso sí, si es la estrella de turno, se abren de patas a velocidades cósmicas, pero si eres un tío normalito, no digamos ya feo, tienes que hacer todo un intrincado rito basado en aspectos tan absurdamente complejos como la simulación de ciertas compatibilidades, el fingimiento de un interés profundo, la adopción de un postura aparentemente dialogante en la que ficcionas no despreciarlas o incluso admirarlas por sus desarrolladas facultades mentales, sus elevadísimos sentimientos, su excelsa cultura... En pocas palabras: has de intentar a toda costa no ser tú mismo, porque a pesar de que se les llena la boca con palabras tan rancias como auténtico, sin cursiva y sin comillas, cuando ven a un hombre de verdad, con mayúsculas, y no a una estrafalaria pantomima hollywoodiense cuya personalidad se basa en un look y una nómina, entonces, cuando ven a ese hombre, se cagan de miedo y piensan que ese tío debe de estar completamente loco y que lo deberían encerrar en un sanatorio australiano.
R: Puede parecerte increíble pero muchas veces tengo que fingir que soy menos culto de lo que realmente soy para no hacerlas sentir inferiores, para hacerles creer que realmente existe un diálogo, entre comillas y en cursiva; porque si me atrevo a demostrar un ápice de agudeza o un poco de cultura, con mayúscula, ellas automáticamente sienten que las estoy ofendiendo, que sólo quiero quedar por encima, cuando en verdad lo único que intento es mantener una conversación que se salga de los tres tópicos y las dos anécdotas. Es más, cuando hablo con una de esas intelectuales de la o muchas veces tengo que simular un vivido interés por el fútbol, la política y ese tipo de cosas solo para lograr que me vean como a un tío normal, con minúscula. Sí. Para que me puedan considerar como un macho susceptible de apareamiento. Les hablo de viajes, deportes y aspiraciones laborales, y después de fingir, con mayúscula y sin cursiva, que me importan sus ideas de mercadillo y sus vivencias personales, las tengo que felicitar por sus originales puntos de vista y sus vastos conocimientos, cuando todos sabemos que no leen más que revistas de cotilleos, o, como mucho, novela de acción y misterio. Créeme, no hay otro camino si quieres tirarte a una intelectual que tenga un buen polvo.
B: Exageras. También leen a Paulo Cohelo. Ja, ja, ja.
R: Sí, je, je. ¿No tienes calor? Creo que me voy a quitar la camisa.
B: ...
R: ...
B: Es de locos, ya no sabes a qué atenerte con ellas, a todo le encuentran defectos, tienen que estar en evolución constante, todo debe ser dinámico y sorprendente. Se creen que somos una tienda de electrodomésticos y la vida un parque de atracciones. Y lo peor es que si piensan, entre comillas y en cursiva, que no las mantienes satisfechas a su rebuscada manera multinivel de manual de autoayuda, te dan la patada y siguiente... Mi mujer, de hecho, no cesa de amenazarme subrepticiamente con frases del estilo: <>, <>, <>, <>, y etcétera. Es francamente increíble la capacidad que tienen muchas mujeres para aburrirse..., supongo que debe ser un efecto secundario del ruido blanco que deben escuchar en sus cabezas cuando se quedan a solas.
R: Lo sé, créeme, lo sé... Los hombres, sin embargo, somos fieles a nuestra naturaleza, a nuestro pathos erótico; es decir, no somos maniqueos, nos gusta dar y obtener placer siempre que sea posible, por eso nos podríamos follar prácticamente a cualquiera, es nuestro ethos y no andamos con disquisiciones idiosincrásicas barra neuroticonarcisitas acerca de cómo afectara eso a nuestro self; sabemos que follar es algo genial y que cuanto mayor variedad pues... ¡Qué coño! Mucho mejor.
B: Estoy de acuerdo en parte. Por un lado me parece falso y contranatural esa idealización del acto carnal que haces, pienso que no es más que el resultado de un lavado de cerebro publicitario, para mí el sexo sin amor no es más que deporte (eso sí: el mejor deporte), no conduce a nada y en última instancia prefiero un buen libro; pero por el otro, es irrefutable lo que dices acerca de esa arbitraria selección en busca del príncipe azul, la felicidad y toda esa sincrética parafernalia psicológica de revista mensual.
R: Apúntate el titular, es literal, sacado de una revista pseudocientífica con una población diana fundamentalmente femenina y barra o adolescente: Descubre el sexo de tú cerebro. Tirada: trescientos setenta y cinco mil ejemplares.
B: Terrible...
R: Pero no sorprendente. Para la mujer media, la pequeña burguesa perfumada, la mujer emancipada y emprendedora, El Principito es el equivalente de lo que es el Fausto de Goethe para un hombre con mayúsculas, Alicia Keys es Schumann, Medem es Antonioni y la princesa un ejemplo de glamur y triunfo... Pero no deberíamos quejarnos tanto de las mujeres, la pregunta es ¿cuántos hombres, con mayúscula, quedan entre tanto maricón depilado, entre tanto cachitas de gimnasio y entre tanto lívido petimetre?
B: Buena pregunta, pero me temo que ya sabes la respuesta.
R: Sí. Je, je.
B: Ja, ja, ja.
R: Dímela tú.
B: Mejor aún; te apuntaré la razón: la inserción en el mercado de consumo, en la sociedad cosmopolita en que la ingeniería, imbuida de eficacia rentable, opera su programa planetario de uniformización, nos ha deparado, no sólo que la mujer haya adquirido todos los malos hábitos masculinos, el tenderéo, el afán desmedido de riquezas, el violento egoísmo y etcétera, sino que a la par que ha destruido todo lo bueno de la feminidad - la inocencia, la pureza, la entrega irracional, el instinto de crianza, de una educación maternal afectuosa-, ha contagiado al hombre con los defectos de un eterno femenino que no solo no tiene ni dos décadas de antigüedad, sino también fecha de caducidad en el dorso.
R: Perdona, pero no te estaba escuchando, ¿me lo puedes repetir?
B: Sí claro. ¿Hielo?... Te decía que ahora el hombre, debido a esta nueva coyuntura en cuanto a los roles sexuales, ha asumido caracteres femeninos como la indecisión, la ambivalencia emocional, la obsesivo barra compulsividad, el desprecio por la cultura y por todo aquello que suene silogístico, analógico o analítico.
R: De acuerdo. Esto lo puede entender hasta el presentador más estúpido.
B: ¿Te refieres a Matías Prats?
R: No.
B: ¿Lorenzo Milá?
R: Déjalo. Es algo muy competido. Además, no tiene gracia, todo el mundo sabe que los presentadores no son estúpidos, sino simples deficientes mentales, imbéciles que venderían a sus hijas por un minuto de prime time. ¿O no has observado con qué facilidad sacan la sonrisa blanqueada después de enseñarte unas cuantas muertes atroces? Por dios, ¡qué falta de sensibilidad!... Y no solo deben de creer que lo que dan es información, sino que incluso se jactan de ser los adalides de la realidad, con mayúscula. Pero lo mejor son las presentadoras, no has visto...
B: Está bien, déjalo ya, no te cebes con las desgracias ajenas como hacen ellos, piensa que los pobres nacieron así... Volviendo a lo de antes, te diré lo que creo. Creo que debido al poder que tiene la mujer sobre el hombre en cuanto a su realización sexual, en cursiva y entre comillas, y dado la relevancia que ha cobrado en los últimos decenios tal realización (pienso en toda una generación de adolescentes obsesionados con meterla en el primer agujero que encuentren), el hombre se ha visto impelido a adoptar una semántica o, mejor dicho, una semiótica ahistórica y carente de elaboración, es decir, ninguna tía se va abrir de patas a velocidades taquiónicas sólo porque seas un tipo cultivado... Por lo tanto es condición necesaria que el hombre, el hombre joven, moderno, agresivo a la par que gregario, cosmopolita y que disfruta conociendo otras culturas, ya sabes, sea tan inepto como la mujer a la que se pretenden tirar...
R: En efecto, con ese discurso aburrirías a cualquier mujer; vamos que si esto fuera una conferencia ya te abrían corrido a hostias las pocas que quedaran despiertas.
B: Claro; por eso el hombre feminizado, asaltado y desvalijado de sus roles, ha elaborado un nuevo código semiótico al que la mujer, generalmente indiferente,...
R: Las tienes caladas
B: ...pueda acceder; un nuevo modelo de comunicación, más simple, más impersonal, menos elaborado, no exigente con la potencial receptora, y, de ser posible, que tenga gancho para echar un buen polvote. Es la cultura, entrecomillada y en cursiva, del panfleto.
R: El cine de estreno, el tema candente...
B: La hipersensibilidad que te arrastra a la neurastenia romántica mediante la cual la otra persona de la díada afectiva post barra finisecular se presenta como la solución a todos tus problemas, complejos y frustraciones; cuando en verdad lo primero que miran de un hombre es su estatus y lo primero que ellos miran en ellas es el tamaño de sus pechos.
R: Eso era redundante.
B: Depende de la escuela. Yo no estoy diciendo que estas pautas de contacto vayan más allá del look e impliquen dudosas estructuras profundas de la personalidad.
R: Como quieras. De todas formas algo es seguro: El metrosexual es la variante del Homo Sapiens más ridícula de la historia. Y por voluntad propia. Quiero decir, que lo más alucinante es que lo hacen convencidos, sin que nadie les ponga una pistola en la cabeza. Creo que la mujer puede haberse degradado, pero el hombre, sin duda, ha tocado fondo. Antes los hombres aspiraban a ser los mejores, para lo bueno, lo malo y lo peor. A cada uno según sus capacidades se solía decir en la acrópolis, pero ahora lo único que cabe en nuestros estrechos corazones y pequeños cerebros es el deseo de dar la mejor impresión, subraya impresión, posible de nosotros mismos. Ahora la mayoría de nosotros apenas podemos soñar con algo más que con un coche enorme, una nómina enorme, unos músculos enormes y, sobre todo, una polla enorme. Dada esta situación la vulgaridad solo puede ser la norma, la finalidad y la carta de presentación, y claro, cualquier cosa es posible.
B: Ministras de cultura. Ja, ja, ja.
R: O el consentimiento tácito - no te rías, es algo serio-, la admiración y el deseo de enormes concentraciones de capital... Uno pensaría que después de casos tan aberrantes como el de Sacco y Vanzetti los hombres unirían sus fuerzas para intentar que los abyectos errores del pasado no volvieran a repetirse. Pero resulta que los hombres están demasiado ocupados depilándose el sobaco, buscando el coche más adecuado a sus necesidades, en cursiva y entre comillas, y comparando el tamaño de sus penes como para reclamar absolutamente nada. No son conformistas. Son hiperconformistas con mayúscula.
B: Un momento, rebobina. ¿Estás diciendo que la mujer es indirectamente la causa de la pobreza?
R: Quizás sí. Quizás no. Sólo sé que la hermenéutica social posmoderna, el eclecticismo dinámico barra Cosmopolitan y el hiperconformismo con mayúscula, en el que ha caído el primer mundo, tiene, en las clases medias y pequeño burguesas, una naturaleza marcadamente femenina. En la publicidad están las respuestas.
B: Ya... Sabías que eres un grandísimo sofista hijo de puta. Casi no puedo creerme lo que oigo. O sea que según tú, después de que los hombres se han encargado (con el consentimiento tácito de la mujer) de haber destrozado cualquier posibilidad de igualdad barra liberación con mayúsculas y sin cursiva, ahora va a resultar que encima la culpa la tienen ellas. No, siento decirte que te equivocas, que nadie tiene la culpa de lo que está sucediendo ya que no hay responsabilidad, y que si el hombre se ha convertido en poco más que un fantoche ultratecnológico y desindividualizado ha sido por voluntad propia. Al fin y a al cabo, sospecho que a la mayoría de las personas esos sueños ilustrados se la traen floja con mayúscula. Lo único que les importa es su propia comodidad y justamente por eso pueden comer mirando una pantalla en la que las escenas de muerte y dolor se suceden sin respiro.
R: No, dale una oportunidad a esta idea, piénsala. ¿O crees que el sexo sería tan importante para el hombre si no estuviera bajo control femenino? Sí cada vez que quisiéramos soltar la lechada pudiésemos violar a la primera que nos encontrásemos por la calle...
B: Te estás yendo.
R: No, no, no... Es obvio, el individuo XY se ha vuelto loco, de repente todas esas tías con sus bikinis, con sus escotes, con sus suéteres de terciopelo y sus piernas recamadas de seda han asaltado las calles, las pantallas, nuestros trabajos, nuestros lugares de relax... Ya no podemos pensar más que en joder y follar y meter y chupar y sacar y...
B: Lo capto.
R: Hemos hecho un Dios del sexo, un ente totémico y absoluto que no está bajo nuestro control y que es fomentado por ambos...
B: ¡Qué demonios! ¡Sí! ¡Joder, se han apoderado de nuestro ello! ¿Otra?
R: Claro. Más o menos sí, porque si el acceso al sexo estuviera bajo control masculino, y no sólo bajo el control de unos cuantos hombres, este tendría mucha menos importancia y nos permitiría centrarnos en las...
B: Pero no podemos hacer lo que dices, sería demasiado, demasiado... Muchos hombres con mayúsculas, de esos que incluso pueden creer en la familia barra trabajo barra productividad, subráyalo todo con mayúsculas sin comillas y sin cursiva, no aprobarían que te pudieses tirar a su mujer cada vez que te plazca; a ti mismo no te gustaría si tuvieras una mujer que estuviera...
R: Sí, es cierto... Pero a mí me gusta.
B: Quizás algo más suave.
R: Me he perdido.
B: ...
R: ...
B: Algo menos radical. Digamos que todas las mujeres que no tuvieran pareja estable pero que hayan afirmado estar disponibles se deberían acostar gratuitamente con desconocidos que estuviesen en la misma situación. Coge los que quieras.
R: ¿Sin poder rechazarlos?
B: Sin poder rechazarlos.
R: ¿Siempre?
B: No, digamos en razonables plazos de tres meses.
R: Sería un jaleo: la burocracia, los depravados que como tú mintiesen sistemáticamente, los tongos...
B: Para que cojones queremos los ordenadores si no ¿Para hacer macro operaciones bursátiles, animaciones infográficas y simulaciones termonucleares?
R: Cuando tienes razón hay que dártela.
B: Ya lo veo: un registro por el cual todo hombre barra mujer disponible y no comprometido monogámicamente sería asignado por ordenador a otra mujer barra hombre de manera totalmente aleatoria y sin posibilidad de renuncia a menos que los dos se nieguen.
R: Sería genial. Me apunto ¿Dónde hay que firmar? ¿No dicen querer acabar con la prostitución ilegal? Pues toma decretazo. Chupaos ésa feministas.
B: Que les toca con algún conocido al que probablemente detestan y del que sospechan que se masturba pensando en ella, aaaah, se siente, a bajarte las braguitas muñeca. Te tocó.
R: Y punto.
B: Que hay que hacer revisión médica: se hace y todos felices.
R: Vaya que sí.
B: Se acabó la patología erotomaniaca, la humanidad da un salto evolutivo, el hombre se libera de sus obsesiones carnales.
R: La mujer es restituida en su papel de diosa, de vestal demónica capaz de llevarte al cielo en el fruitivo goce de la concupiscencia.
B: Adiós a los maricones con patillas. Bienvenida era de la racionalidad.
R: Adiós a la adolescencia acomplejada y anhelante. Hola orgías brutales.
B: El puto paraíso.
R: ¡Qué se arranquen lo sostenes!
B: ¡Qué se quiten las braguitas! ¡Qué empiece la fiesta!
R: ¡Sí, eso!
B: ...
R: ...
B: ¿Mmm?
R: ¿Nos vamos de putas?
B: Vale, pero esta vez pagas tú.

 


Tags: Israel Linde

Publicado por gala2 @ 4:03  | RELATANDO
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Comentarios
Publicado por Maria
Mi?rcoles, 28 de mayo de 2008 | 17:24
Aombroso, sin tapujos, excelente relato. Formato estilo di?logo socr?tico, original, muy bien escrito, divertido y reflexivo. Hombres hablando de mujeres de la forma m?s at?pica, sin recurrir a los mancillados t?picos, haciendo reflexiones serias a la vez que se plasta de una forma divertida. Todo ello mientras se va jugando a un juego entre los dialogantes s?til y que hace arrantar al lector m?s de una sonrisa