QUERIDA FRIDA
Mujer de pasos breves,
de esbelta figura,
y piel aceitunada.
Musa de algún escritor
amante de pintor,
adorada por mujeres
y señora, señora de corazón indígena
que hunde sus raíces
en las tierras de Cuathemoc.
Miles de colores
adornan tu existencia,
de sangre y oro
te vistió el atardecer
y un hierro sin destino
tu cuerpo taladró,
cuando feliz reías
el caos sustituyó tu candor
mas como eras mujer
de firme parecer
no cejaste en el empeño
e hiciste del padecer
un nuevo modo de ser,
retrataste tu vida
desde ese instante
el dios del sol
asomó por Teotihuacán
y con sus rayos pintaste
los colores de tu tierra
ocres, rojos, verdes y amarillos
se mezclan en tus lienzos
y entre flores recreaste tus dolores.
Una obsesión recorrió contigo
tu corto camino,
entre odios y amores
forjasteis algunos lazos,
le amaste y te amó,
reísteis y llorásteis
entre tormentas de pasión,
tocaste el cielo
y bajaste a los infiernos.
¡Cuán largo fue el trayecto
de una vida que se truncó al amanecer!
¡Cuánta pasión pusiste
en todo lo que te dictó el corazón!
Valiente hasta el final,
a tu pueblo fiel,
a tus ideas entregada,
por la causa hasta el último momento,
por la vida hasta la última canción,
por la muerte hasta hoy.
Los que en Coyoacán
te recordamos,
los que con tu vida
construímos fantasías,
los que contemplamos tu obra
y hacemos poesía,
los que en tu México querido
te hemos sentido,
los que al partir una lágrima dejamos
en el suelo de Cuathemoc
te llevaremos siempre,
querida Frida,
en nuestro corazón.
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