S?bado, 19 de abril de 2008

 

Selección de poemas del libro
Y ME DESNUDO LENTAMENTE



JOSÉ CHAVES,
pasajero del Stanbrook 1939


Sendero estático, retorcido,
que se pierde en el musgo glauco
de las reminiscencias y del devenir.

Sendero obsoleto que se desvía
en los meandros opiáceos de la mente
y del recuerdo agrio del ayer.

Sendero henchido de grieta
que ciñe la memoria frágil
del hombre sin fe y sin señas.

Sendero de la emoción escondida
entre las páginas céreas de un almanaque
que alguien arrancó de una pared polvorienta.

Sendero mutilado de la vuelta al hogar,
no sabes si avanzar o retroceder
hacia ese mundo que ya no te pertenece.

Sendero de ida y vuelta
sendero sin principio y sin fin
sendero de la vida y de la muerte.

  

PASADO

Cortina de humo opaco,
sábana deslucida del insomnio,
agua gris solidificada,
prieto aire sombrío,
tapan la frágil estría del pasado.
El recuerdo mustio lucha
contra las mareas de tierra mezquina
que quieren ahogarle con el peso del olvido,
la costra de la marchita indiferencia
y la escara blanquecina de la senectud.
La querella tétrica del pasado
se disipa en un lodo ennegrecido
que absorbe la ligera reminiscencia
del quebradizo raciocinio tambaleante

 


El sol murió

El sol murió. Lo mató un misil.
El cielo ambiguo y deslucido no tiene razón de ser
y paulatinamente se endereza
hacia los lodazales de la insensatez.
Las nubes mareadas se pierden en el sombrío anochecer
mientras el viento transita con su rancia congoja.

El sol murió. Lo mató un misil.
Los niños no conocerán ya los amaneceres de oro,
las primaveras púrpuras, las praderas esmeraldas,
los firmamentos cerúleos ni las olas añiles.
Llevarán el luto del astro perdido.

El sol murió. Lo mató un misil.

 

FALSA VIRGEN

Del sol cálido, del viento irisado y de la lluvia naciste
en unas laderas arrasadas y alejadas de la civilización.
Tu tez cenicienta se mezcla con el polvo del sendero
y eclipsándote hacia no se sabe que esferas lejanas
huyes angustiada de un universo
de permuta y compensación
al cual te canjearon a cambio de dos bolsas de arroz.
Eres ya, con tus pocos años, la falsa virgen de la lujuria,
el lúbrico espejo vacío de la infancia vejada e injuriada.
No existen los cuentos infantiles de hadas y princesas,
solo eres el felpudo
desgastado de centenares de hombres
quienes, impunes, acuchillan
la mirada inocente de la infancia.


ME VESTÍ DE LLUVIA Y DE MAR

Me vestí de lluvia y de mar,
me engalané de mirra y jazmín,
me oculté detrás de la quimera del tiempo.
Del infinito y del ensueño hice un manto
que escondiera mis pensamientos.
Me vestí de lluvia y de mar
disimulando mis sentimientos
y a hurtadillas entré en el vergel de tu corazón.
Sorbito a sorbito bebí el néctar de tu amor.

Despierta mi amor, ebrios de tu esencia
mis ojos afligidos buscan tus miradas abrasadas,
tus labios encendidos y tus manos ardientes.
Más el arpa de tu cuerpo dolido
se pierde en unos meandros,
meandros incógnitos que turban tu mente.
Recuerda que me vestí de lluvia y de mar,
me engalané de mirra y jazmín
para que descansaras tu pena
sobre el jardín de mi seno.

 

COLORES Y MATICES

Me dormí sobre la paleta y a través de mi etéreo sueño
los colores emprendieron el vuelo.
El añil quiso ser azul cerceta
y el metálico se disfrazó de celeste
desdeñando el índigo y el zarco.
El azul real renegó el cadete y el pálido
para mudarse en poderoso azulino.
El rojo púrpura despidió sus matices
y se fugó con el rosáceo, el rúbeo,
descuidando el bermejo, el cárdeno y el cobrizo.
El bermellón, el grana y el rojizo
no tuvieron más remedio
que pactar con el aloque y el rubí.
El blanco alba ya no aspiró a ser flor de rocío
sino níveo, cándido y efervescencia nacarada.
El verde escandaloso maldijo su ascendencia glauca
y codició los reflejos esmeraldas de la naturaleza
antes de blasfemar sobre las tonalidades cítricas.
El amarillo, cansado de ser a veces bilioso
y otra veces limonado o cetrino
se adentró en tonos más noble.
Áureo y ambarino fueron sus matices predilectos.
Cuando desperté, vislumbré sobre mi lienzo
la unión de la orquídea pajiza con el blanco navajo,
la de la hierba fresca con el rosa lavanda.

 

 LA PIRÁMIDE DE MAYO

"Treinta años de vida venciendo a la muerte",
treinta años dándole vueltas a la pirámide.
Todos los jueves de mi pobre y oscura vida
aquí estoy, luchando contra la guerra sucia,
rezando para que me devuelvan a mis hijos.

Aquí estoy rodeada de otras madres:
cabezas blancas, desdichadas mujeres sin esperanza.
Miradas turbias perdidas en el ayer y en el mañana
esperando una respuesta del silencio, de la ausencia,
fanales ensombrecidos
que mantienen vivos en el recuerdo
a treinta mil almas desaparecidas
en el pozo de la tiranía.
Sueños de sangre envuelven nuestro corazón.
Treinta años de vida venciendo a la muerte,
y somos milicia sin fusiles, tropa sin uniforme,
ejército blanco de la ausencia que resucita la memoria.
Somos las madres de la Plaza de Mayo,
somos las madres universales
las que paren, amamantan con leche agria
a estos hijos que ya están predestinados a la muerte.


CENICIENTA

Cenicienta grisácea
que llora cerca de la lumbre ahogada,
recuerda el ayer sofocado,
evoca las palabras y los gestos del cariño,
rememora las cálidas sonrisas de la pasión,
las miradas incandescentes,
la fogosidad de ese amor pasado.
El amor, al igual que tú,
tiene arrugas en el rostro y en el corazón,
le duelen las piernas, las manos, el alma y la vida,
no distingue en este almanaque amarillento
el hoy del ayer,
el ayer del mañana,
sus días están hechos de momentos huecos y deslucidos,
de frases sin sentido,
de vocablos que se repiten para rellenar el vacío.
Amor, amor...
¿Cuándo se desvaneció el amor?
¿Cuándo se extraviaron las caricias?
Cenicienta ya no recuerda.
Se pierde en ese pasado reciente,
se revuelve afligida
en la materia opaca de la indiferencia,
en el lodo gris de la indolencia,
en el barro pardo de la desgana.
El espejo mágico
refleja el rostro pálido de la princesa para recordarle
que ya no tiene veinte años,
y que nacieron las primeras canas,
que los sueños hechiceros tienen un fin,
que los príncipes se cansan de las bellas damas,
de sus ideales, y de su conversación,
que hoy sus miradas mudas y desiertas
se extinguen en la pantalla de un televisor,
en un vaso de whisky barato
o en la carrocería de un Laguna último modelo
y que el amor fue sólo un espejismo
que duró el tiempo de un cuento de hadas.
Cenicienta, ya no eres princesa...
No te duermas, despierta. Ya no eres princesa...
Pero puedes ser reina. Despierta...
La corona te espera.

 

Y ME DESNUDO LENTAMENTE

Y me desnudo lentamente delante del espejo traidor.
Mis piernas
engalanadas de sinuosas varices añiles
y de nubecitas foscas
sostienen un raudal de carnes grasientas,
que luchan año tras año contra el sobrepeso,
los dolores, los regímenes milagrosos
y los consejos de los médicos.
Mi cuerpo asqueado
por las dietas nacidas de la quimera,
la vida sana, el deporte moderado, la vida sin humo,
aguanta las miradas
inquisitorias de la familia y de los amigos
que no entienden que una mujer que fue bella y delgada
se transforme poco a poco
en un cúmulo de carnes flácidas.
Y me sigo desnudando lentamente
delante del espejo traidor,
y veo mi mano atrofiada
que se balancea como una tonta
a lo largo de mi cuerpo, de mi cuerpo de mujer madura,
y distingo esa barriga, que alojó tantos embarazos,
esconderse con vergüenza detrás de la otra mano
que poco le falta
para seguir el camino de su compañera.
Y miro hacia abajo y oigo a mis pies casi perfectos
lamentarse de padecimiento y poca comprensión.
¿ Nadie aliviará su dolor?
Que se fastidien,
otras partes del cuerpo sufren y no se quejan.
Y cuando me fijo hacia arriba,
mis ojos deformados y nebulosos
me recuerdan a través de unos nimbos foscos
que la vida pasa,
pasa sin reparar en los estropicios que causa,
pasa con demasiada premura, pasa sin vuelta atrás.
Y me sigo desnudando lentamente
delante del espejo traidor,
y percibo que lo único que me queda son mis neuronas,
más valiosas que un ejército de cuerpos de top-models,
mi amor hacia todos los que me rodean
y siempre el grito de la vida y de la libertad,
albergado en mis senos cansados y flácidos.

 


Tags: Haramonie Botella

Publicado por gala2 @ 7:38  | POEMAS
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