Viernes, 04 de abril de 2008


Mi encuentro con Francisco Mena Cantero

 

Escuché hablar de su poesía a muchos otros escritores con respeto y admiración hacia su obra. Entre ellos al desaparecido Francisco Creis, y a su hermano Julian Creis, en la casa de la calle Cárcel Vieja de Valdepeñas. También a Ana Moyano por citar algunos. Había leído su poesía como suelo leer a los poetas, deleitándome, con ese placer que siento cuando me sumerjo en la lectura de las imágenes poéticas. He escuchado reiteradamente decir a muchas personas que prefieren leer prosa, antes que poesía y, escucho sin opinar nada ante esa afirmación. Luego he ido descubriendo que esa misma gente, o muchos de ellos, han escrito poesía, o al menos lo han intentado, pero curiosamente casi ninguna de estas personas conocen la obra de nuestros poetas. A lo sumo, citan a los poetas populares y poco más.
Francisco Mena Cantero es uno de nuestros grandes y buenos poetas manchegos. Ciudadrealeño de bien, y manchego en su porte y en su hablar. Aunque creo que su permanencia en el Sur, concretamente en Sevilla, le ha dejado en la mirada el sello y la hondura que marca el destino de pertenecer a dos tierras.
No sé si en Francisco Mena Cantero, a estas alturas de su sabiduría, la poesía que lo habita y sostiene, le ha aportado la grandeza que se desprende en sus composiciones, o esa grandeza de alma le fue regalada desde antes de su nacer. Pero, sea como sea, sumergirse en la lectura de su poesía es encontrarse con un filósofo que al escribir muestra las múltiples acciones que los humanos podemos sentir, hacer y pensar. Dones, que dirían los clásicos, de la mente y el corazón, que son las que abren el universo a los mortales. Porque Mena Cantero es un poeta para la posteridad ya que su poesía seguirá viviendo después de él. Imponerse la tarea de escribir es sucumbir a dejar las reflexiones íntimas para que sean conocidas por todos. Es compartir las emociones con otras personas, a las que probablemente, jamás conoceremos. Por eso es tan importante conocer al autor de esa emoción. A este poeta y articulista le había seguido sin ponerle rostro. Porque para un autor su verdadero rostro es su obra.
Pero la amistad que siempre es milagrosa, fue la que me brindo conocer su rostro y su figura. Ocurrió un sábado, 17 de noviembre en la cervantina Argamasilla de Alba, con motivo del homenaje que, Los Académicos de la Argamasilla, rindieron a la escritora Ana Moyano. Impecable en su modo y en su hacer Francisco Mena Cantero leyó unos sonetos en homenaje a Ana Moyano, y después con esa discreción de las grandes personas se me perdió al final del acto entre el barullo de los congregados.
He de confesar que me sentía algo azorada al dirigirme a él para saludarle. Con el pasar de los años he ido aprendiendo lo importante que es respetar el espacio de los otros. Pero también soy consciente de lo afortunada que soy cuando coincido con escritores a los que sigo y leo. Me agradó su sencillez y su acogida llana y afectuosa, sin presunción ni engolamiento, y supe que su obra poética y de artículos, no desmerecían en nada con el hombre que tenía delante de mí. Días después me llegó el regalo de su Antología Poética (1967-2002) editada por el Ateneo de Sevilla.
He leído, y vuelvo a su lectura en ocasiones, para reencontrar la humanidad que se destila en los poemas. Y no es este un artículo donde pretendo analizar la obra poética, si no mas bien, un recordatorio de lo satisfactorio que puede resultar un encuentro.
Un nombre y un hombre. Un poeta y un escritor, que medita sobre sí mismo, y luego, nos lo deja para que los demás hurguemos en su heridas y en sus descubrimientos.
Francisco Mena Cantero habla de la besana y de la tierra, del caz de la noria del tiempo, y de las alforjas cargadas de dolor, de los cardos y del barbecho en un libro al que llamó "Motivos de tierra" escrito en 1977 y al que leyéndolo hoy, "Todavía puede sonar la undécima esperaza", para esta tierra donde él nació y yo vivo. Porque es cierto que nos une aquello de lo que hablamos y amamos, porque carece de edad y de época.
Todo poema y verso escrito en esta antología resuda interés por lo acontecido, y no sería vital ni actual, si no fuera así. La poesía verdadera es aquella que rezuma energía, la que no pasa, la que mantiene su mensaje sin disgregar lo esencial de la vida. Es una fotografía de signos donde el negativo es el alma. Y de esa línea universal donde todo transcurre escribe Mena Cantero, en "El otro libro de Job" y su poema "Credo".
Libros por donde un hombre escribe desde la soledad del Ser, y sé que al verle, muchos no supondrán que detrás de sus gafas y su mirada directa y sin tapujos, ese poeta lleva dentro de su envoltura, tanto equipaje de humanidad.
Veinte libros reseñados en esta antología que dejan al descubierto la trayectoria magnifica de su autor. Por eso hay que volver a él. A sus datos, y a su filosofía. A su verificación de lo que es humano, y a la vez busca a Dios en el libro que cierra la antología con el titulo de, "Esta fe que nos lleva" que es Premio Mundial de Poesía Fernando Rielo del año 2000, y donde en el poema "El Dios de la palabra" resume la creación del lenguaje y su significado del amor, con la difícil sencillez de lo que parece sencillo, y no lo es. Me tomo la licencia de trascribirlo por su belleza. "Darle nombre a una cosa/ es crearla otra vez, una manera/ de otorgarle la vida,/ como cuando te nombro, amor,/ y tú ni me contestas./ Esto que está ocurriendo:/ el nombre de las cosas;/ llamarte;/ verte dentro de mí, no con los ojos;/ y otras cosas que se hacen con palabras/ es demostrarnos a nosotros mismos/ que somos/ hijos del Dios de la palabra/ y de su misma estirpe,/ por más que no reconozcamos/ que esto sucede siempre/ y es así de sencillo."
Sin lugar a dudas que este manchego - sevillano es un poeta de sumo interés, y esta crónica, pequeña acerca de su persona y de su obra, es una pincelada escasa, que solo relata un encuentro fortuito en una noche de otoño bajo el cielo manchego.

 

 


Tags: natividad cepeda

Publicado por gala2 @ 5:33  | RESE?AS
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